Capítulo XVII

Con bebida en mano, hablamos de tantas cosas, sobre todo de mis padres. Los cuales están molestos conmigo porque ya saben que ando con alguien, pero aún no se las he presentado. En mi defensa, esta vez la culpa no es mía sino de Sami. Según ella se muere de vergüenza, aún no sé bien por qué. Incluso comienza a sudar cada vez que toco el tema. Me he molestado con ella, porque varias veces pone como excusa el final de nuestra relación. Ella piensa que no vale la pena presentarla, si en un final yo puedo tras un pronto desencantarme y dejarla.

“Ay mi Sami, que poco me conoces”. Con solo esta cantidad de meses juntos, que para otros puede no ser nada, para mí solo significan un camino final. Es verte vestida de blanco avanzando hacia mí, para dar el sí y ser mi esposa. Quizás estuve inseguro los primeros dos meses y fue así no porque no me gustará con locura, sino porque ella buscaba excusas para no vivir conmigo. De nuevo sus miedos limitando lo nuestro y yo teniendo que aprender a controlarlos, solo llenándola de seguridad y amor. En fin, he llegado a casa, casi son las diez y todo está apagado. No tengo ni una llamada en mi teléfono.

—¡¿Sam?! ¡¿Estás en casa?!

Nadie me responde por lo que tomó mi teléfono y la llamo, me da que está apagado. Esto no me gusta, marco al otro móvil y también me da apagado. Sami jamás apaga sus teléfonos, ella es tan preocupada que no los deja ni descargar. Algo me huele mal y llamo a mi hermano.

—Alexis… ¿Leila está contigo? —Me contesta que lleva un rato tratando de comunicarse, pero nada, llamó a su casa y no está. Trato con sus amigos y tampoco saben nada. Eso es suficiente para saber que algo les pasó—. ¡Ven para acá ya!

Como siempre mi tono es duro, pero cuando se trata de Samay, no hay forma de tener control sobre mis emociones. Entro a mi despacho corriendo e intento localizar el teléfono de Sam utilizando la última vez que estuvo encendido y me da un área fuera de la ciudad. Es bastante amplia, pero es nuestra única pista.

—¡Armando!

—¡Estoy aquí!

Mi hermano entra agitado, nunca lo he visto tan nervioso.

—¿Dónde pueden estar?

—Leila no te dijo nada.

—No, solo que saldría con su hermana y ya.

—Sus teléfonos están apagados y la última ubicación está fuera de la ciudad, deberíamos empezar por ahí. Llama a Rodi y dile que organicé a nuestros guardaespaldas, debí ponerle uno, aunque me rogó que no.

Golpeo la mesa en frustración, ya debería saber que si mi instinto me advierte debo seguirlo, pero sigo fallándome. Mi hermano habla con Rodi en lo que estamos saliendo, hoy en mi turno está Marcos. Sí, claro que tengo guardaespaldas, de hecho, toda mi familia, solo que me protegen a distancia, ya que puedo cuidarme perfectamente.

Descendiendo en el elevador para llegar al carro, el móvil de Alexis suena y durante la llamada lo veo palidecer. Vamos a salir del elevador y tuve que agarrarlo para que no se cayera, en eso veo cómo las lágrimas corren por su rostro. Lo tomé de su barbilla para atraer su atención.

—¡Hey! Mírame, necesito que respires y me digas que pasó.

Sus ojos estaban desenfocados y un sollozo se escapó de sus labios, temblaba como una hoja. Mandé a buscar agua y enseguida me dieron una botella, lo hice beber de esta. Para cuando logró volver en cierto grado a ser él, me miró de nuevo.

—Es… Están en el hospital… en el salón, ambas.

Lo perdí, todo sentido me abandonó y lo tomé por el cuello de su camisa.

—¡¡¡¿Qué hospital?!!!

—El… Santa Teresa.

Estamos frente al elevador aún y sin pensarlo, me mandé a correr hacia nuestro auto. Una vez frente a este me monté sin pensarlo para arrancar. Pero Marcos me detuvo y aunque peleé con él para que me dejara ir, hasta partí su labio de un puñetazo. No fue intencional, sé que él lo sabe y me quedo quieto mientras lo escucho hablar.

—Me puedes matar ahora mismo si quieres, pero igual no vas a manejar. —Me agarró por los hombros—. Respira y aclara tu cabeza, tu hermano te necesita, tú eres más fuerte. Monta, yo los llevaré.

Solo asiento y tomando a Alex del brazo lo siento en la parte de atrás conmigo. Enseguida estamos en camino, mi hermano está como un niño chiquito perdido. El amor de su vida, el que logró obtener hace nada, está en un salón grave. Le rodeo los hombros con mi brazo y lo aprieto para que sepa que no está solo. Además, me disculpo con Marcos, quien solo niega con la cabeza. Termino de preguntarle a Alexis que pasó y me cuenta que le dijeron que tuvieron un accidente mientras manejaba.

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Comments

rubi salgado

rubi salgado

accidente espero no sea la hermana aily quien lo proboco

2024-09-12

1

Viviana Bustos Aldana

Viviana Bustos Aldana

No creo que un accidente, eso fue intencional

2024-08-01

1

Anabella González

Anabella González

ummmm hay gato encerrado

2023-04-19

4

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