Capítulo IX

Samay

Me visto rápido, tengo que correr, hoy mi día empezó mal pues me he levantado tarde, no quiero llegar después de mi jefe. Logró entrar primero y en lo que comienzo a acomodar la información dos mujeres que no conozco se detienen delante de mi escritorio.

—¡Seh! El jefe debe sentir vergüenza de tener que presentarse contigo en cualquier negociación.

—Así mismo, la imagen de esta empresa caerá por el suelo.

—Si algo así les preocupa, vayan y quéjense directamente al CEO, no pretendo dejar mi trabajo porque no les gusta mi imagen.

—¡Ja! Al menos podrías intentar ser menos floja e ir al gimnasio.

—O quizás hacerse una cirugía que le reduzca el estómago y así dejar de comer como cerdo.

No voy a negar que me estaban destruyendo, pero mostrárselo no era un buen paso.

—Gracias por sus consejos, pueden estar seguros de que lo tomaré en cuenta, aunque no son las primeras ni las últimas que lo dirán. Ahora con su permiso debo ganarme mi pan.

Y con eso las ignoré y seguí a lo mío, tratando de contener mis lágrimas, no podía dejar que viesen mi dolor. Qué diablos saben ellas de mí para hablar así, no saben nada. Cuanto me he esforzado, cuan enferma estuve teniendo un desorden alimenticio justo porque el ser humano es un ser egoísta y malvado que lo único que sabe es opinar sin que se le pregunté. No, no es así, tampoco debo exagerar. Solo aquellos con problemas en su vida atacan a otro ser humano de forma mezquina, queriendo desquitarse con alguien por ser incapaces con su propia existencia o infelices.

Mi psicólogo me lo explicó muchas veces, no debo dejar que las malas opiniones me venzan. Debo aprender a filtrar las críticas, solo aquellas constructivas son las que debo absorber, lo demás desecharlo. Pero como siempre, es más fácil decir que hacer, aunque trate de convencerme de que todo está bien. Mi piel aún no es inmune, aunque las malas lenguas me provocan llagas.

A los pocos minutos, siento que tocan en la mesa y mi estúpido yo salto como resorte. Mala costumbre que tiene mi cuerpo de estar sobresaltado luego de haber sufrido por un buen tiempo abusos en mi adolescencia. Cuando me pongo nerviosa o mis defensas están muy bajas mi cuerpo asume la posición de defensa a lo más mínimo, así de jodida estoy. Su preocupación y molestia se notan al mirarlo luego de saludarlo, al final me pide un café y rápidamente salgo de su vista para no provocarlo más.

Termino rápido el pedido y luego de tocar entro a su despacho y le sirvo. Pregunte si necesitaba escuchar sus actividades de hoy, a lo que me dice que no y luego me asombra con lo que expresa. Se dio cuenta de que algo malo había pasado y enseguida me dejó claro, que jamás me debería dejar pisotear por nadie. ¿Qué soy valiosa? ¿Valiosa? Escuchar eso en su boca me emociono, aunque la realidad es que no me quede callada, les dije lo que pensaba solo que él no lo sabía.

Tampoco iba a aclararlo, ya que me daba vergüenza que mi jefe supiese sobre mis problemas, así que yo solo acaté su orden de trabajo y me dirigí hacia el archivo. Esta sección tenía un cuarto especial que era para documentos confidenciales y nada más aquellos con huella autorizada podían pasar, justo de ahí necesitaba lo pedido.

Entro y cuando ya lo tenía todo que abro la puerta, me quedo congelada con lo que oigo. No puedo repetirlo, solo eran sonidos fuertes y palabras subidas de tonos que en mi vida había escuchado en directo. Cerré despacio y ahora me pregunto cómo diablos no me di cuenta si todo se oye. Me resbalo por la puerta y trato de no explotar de la risa porque me dio por eso el nerviosismo.

Aunque el cuarto tiene aire centralizado, siento que sudo y mis orejas van a explotar. Dios es como oír porno, pero casero y no del bueno realmente. Vamos, que no soy tan inocente y ella grita como gallina culeca. Yo quiero salir para cumplir con mi jefe, pero me da lástima interrumpir su momento. En eso suena mi teléfono y es Armando, pero no puedo responderle o los descubrirán. No quiero que los despidan, un calentón lo tiene cualquiera. De repente me llega un mensaje y es mi albaricoque preguntando cómo me ha ido hoy.

Le dije la verdad, el día fue de mal en peor. Insistía en saber dónde estaba, pero no sabía cómo decirle hasta que lo hice. Y en minutos sentí que me llamaban, al parecer la pareja había terminado, así que con trabajo me levanté. Al abrir y ver quien estaba afuera me paralice, ahora que le invento, como me justifico. Y de la nada mi jefe explotó en risa, yo no podía entender nada. Al final me dijo que fuera a refrescarme porque me veía fatal, así que rápidamente obedecí. Cuando vi mi rostro en el baño, entendí su burla, Dios, hasta el maquillaje está corrido. ¡Qué desastre de día!

Cuando regresé a su oficina esperé que me pidiera explicaciones, pero al final solo me ignoró y pidió que le trajera un café. Me quedé perpleja por su actitud, pero eso no fue lo más extraño con él, sino que cuando me acerqué a dejar el café un olor a albaricoque me rodeó. Lo miré y no sabía si debía hablar o no.

—Sucede algo Samay.

—Ah… por alguna casualidad usted siente ese olor.

—¿Qué olor?

Mordí mis labios, no podía ser o quizás él usaba el mismo aroma que Albaricoque. Decidí dejarlo pasar, debí haberme equivocado.

—No, nada, si no necesita más me regreso a mi puesto.

Él asintió y yo tomé camino hacia mi buró con dudas, pero rápido la deseché. ¿Cómo podía ser o si podía ser? Había cosas que encajaban, pero él ya me hubiese dicho. Un hombre respetable como él que ganaría escondiéndome algo así. Con esa duda dejé el tiempo correr y la experiencia de trabajo predicha se hizo realidad al lado del CEO.

Han pasado ya seis meses desde que empecé aquí y no tengo tiempo ni para respirar. Qué crees, ha habido una fuga de información y quien es el posible culpable, yo. Quieres saber algo más raro, llevo cinco meses con mi Albaricoque, si volvimos a encontrarnos. Yo de tonta no quería aceptarlo, me dio señales de sobra, pero yo estaba ciega por completo. ¿Cómo sucedió? Te cuento.

Llevaba una semana y algo trabajando con el CEO, tenía unos días recibiendo mensajes de Albaricoque algo provocativos y extraños. Hacía alusiones a que siempre estaba cerca protegiéndome, que me veía a diario y mil cosas. La turulata, que no era otra que yo, en su mareo e ingenuidad le preguntaba si trabajaba cerca, que donde me veía y un sinfín de estupideces.

Una noche, mientras chateaba con él, mi hermana llegó y me dijo que nos íbamos a un club. Yo me negaba, pero con sus ojos tristones me gano, al final me vistió como quiso y hasta el lugar no paramos. Demás está decir que soy mala bebiendo, por lo Que al segundo vaso de alcohol ya había perdido todo tipo de realidad.

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Comments

rubi salgado

rubi salgado

viejas envidiosas ya quisieran estar en el puesto de ella por eso la insultan

2024-09-12

1

Viviana Bustos Aldana

Viviana Bustos Aldana

Muchas veces nos hacemos daños a nosotros mismos por tratar de encajar en la mugre sociedad

2024-08-01

1

Maria Rosales

Maria Rosales

para k hale ahira n se cuanto tiempo no suben mas capitulos por diosss

2023-07-19

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