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Pasaje A Las Vegas: Pacto, Fuga Y Destino

Pasaje A Las Vegas: Pacto, Fuga Y Destino

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Malentendidos / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:7.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Para salvar los imperios de sus familias, Elena aceptó un matrimonio arreglado desde su nacimiento con una sola condición en mente: convencer a su prometido de divorciarse al primer año. El plan era perfecto hasta el almuerzo de presentación, donde una confusión la hace creer que su futuro esposo es un anciano decrépito. Aterrorizada, escapa del salón y salta al primer taxi que encuentra en la calle, suplicándole al chofer que la lleve a Las Vegas para arruinar el acuerdo.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: Luces de neón y votos prestados

El desierto de Nevada era una garganta negra e infinita hasta que, de golpe, la noche estalló en un caleidoscopio de fuego eléctrico.

Cerca de las once de la noche del segundo día, el viejo Ford Crown Victoria coronó la última elevación de la autopista y Las Vegas se desplegó ante ellos como un espejismo dorado: una grieta de neón, rascacielos iluminados, fuentes danzantes y réplicas monumentales que desafiaban el sentido común. El resplandor magenta y turquesa tiñó el capó abollado del taxi, transformando el polvo acumulado en la carrocería en una capa de purpurina barata.

Antonella se enderezó en el asiento del copiloto, bajando la ventanilla. El aire caliente del desierto le alborotó el cabello suelto. Tenía los ojos brillantes, cargados de una euforia salvaje que jamás se había permitido sentir en las frías calles de Nueva York.

—Lo logramos —susurró, girándose hacia él con una sonrisa luminosa que a Andrew le detuvo el pulso por un segundo—. De verdad cruzamos todo el país.

—Este motor es un milagro de la ingeniería de Detroit, no me quites mérito —respondió Andrew con ironía, tamborileando los dedos sobre el volante mientras se incorporaban al Strip—. Ahora dime, estratega: ¿vamos a buscar un juzgado o necesitas una copa antes de inmolarte ante la ley?

—Necesito tres copas —corrigió ella de inmediato, señalando la entrada monumental de un casino con fachada de palacio romano—. Si voy a pararme frente a un extraño y fingir que me caso por amor para joder a mi padre, necesito que la sangre me hierva un poco.

Andrew no protestó. Dejó el taxi en un estacionamiento subterráneo y entraron a uno de los salones de juego más concurridos. El choque sensorial fue instantáneo: el tintineo metálico de las tragamonedas, el murmullo de las mesas de ruleta, el olor a tabaco fino y perfumes caros.

Se sentaron en una barra apartada de mármol negro. Antonella, con su chaqueta de cuero y sus vaqueros desgastados, desentonaba de manera deliciosa con los vestidos de lentejuelas que desfilaban alrededor; parecía una reina en el exilio, altiva y hermosa.

—Dos tequilas dobles —pidió ella al barman, antes de que Andrew pudiera ordenar—. Sin sal ni limón.

Andrew alzó una ceja, impresionado.

—Veo que vienes con intenciones letales.

—Vengo a brindar por el principio del fin —dijo Antonella, levantando su vaso en cuanto el camarero los sirvió—. Por los contratos rotos, por las jaulas abiertas y porque el viejo Prescott se quede esperando a su novia por el resto de la eternidad.

A Andrew se le escapó una carcajada profunda que le vibró en el pecho. Levantó su vaso y lo chocó contra el de ella con un tintineo seco.

—Por el viejo Prescott —brindó él con un cinismo glorioso—. Que Dios le dé paciencia para soportar el infarto que le va a dar cuando se entere.

El licor bajó quemando, encendiendo un calor agradable en el pecho de Antonella. Tres rondas más tarde, la tensión que había cargado durante los últimos doce meses comenzó a disolverse como sal en agua. Antonella reía con soltura, gesticulaba con las manos y lo miraba con una complicidad que Andrew no había experimentado con ninguna otra mujer en su vida de recepciones protocolares.

—Eres un enigma, Drew —dijo ella, apoyando la barbilla sobre la palma de su mano, con las mejillas teñidas de un suave rubor—. Manejas como un piloto de Fórmula Uno, tienes manos de pianista, hablas como si fueras el dueño de la mitad de Manhattan y estás aquí, a punto de casarte conmigo en Las Vegas por diez mil dólares. ¿Cuál es tu historia? ¿De qué estás huyendo tú?

Andrew sostuvo su mirada a través del borde de su copa. Por primera vez en su vida, sintió el impulso genuino de confesarle todo: decirle que era el hombre del almuerzo, que no había ninguna momia esperándola, que el destino les había jugado una broma colosal. Pero la chispa de audacia y la libertad que brillaban en los ojos de Antonella eran tan fascinantes que no quiso romper el hechizo todavía.

—No huyo de nada, Antonella —respondió con voz baja y pausada—. Solo estaba esperando a que pasara algo real en mi vida. Y te cruzaste tú en medio de la calle.

La intensidad en sus palabras borró la risa de los labios de ella. Por un instante suspendido en el aire, el bullicio del casino desapareció. Antonella sintió un cosquilleo peligroso descender por su espalda; aquel falso chofer tenía una mirada que desarmaba cualquier barrera defensiva.

Tragó saliva, rompiendo el contacto visual con un carraspeo nervioso.

—Bien... el alcohol ya hizo su trabajo. Es hora de hacer negocios.

Salieron a la calle bajo el resplandor de los carteles luminosos y caminaron dos cuadras hasta encontrar lo que buscaban: The Neon Heart Chapel. Una capilla pequeña de fachada rosada con un corazón gigante de luces parpadeantes y un cartel que prometía matrimonios legales en quince minutos o menos.

El interior olía a incienso sintético y flores de plástico. Tras un mostrador de fórmica, un hombre calvo con gafas de marco grueso y una corbata chillona de lentejuelas los miró con aburrimiento mientras masticaba chicle.

—Licencia de matrimonio del condado de Clark y dos identificaciones —dijo el empleado en un tono monótono.

Antonella sacó su pasaporte de la chaqueta y lo puso sobre la mesa con una sonrisa triunfal.

—Aquí está.

Andrew metió la mano en el bolsillo interior de su chaleco y extrajo su licencia de conducir de Nueva York. Con un movimiento rápido y calculador, deslizó su identificación sobre el mostrador, tapando con el pulgar la parte central mientras arrojaba discretamente tres billetes de cien dólares sobre la madera.

—Hagamos el trámite exprés, amigo —dijo Andrew en un tono confidencial que no admitía preguntas—. El paquete completo, certificado con sello de oro y sin demoras.

El empleado bajó la vista hacia los billetes, miró el documento de Andrew —donde figuraba con claridad meridiana el nombre Andrew Prescott—, levantó los ojos hacia el porte aristocrático del tipo y luego hacia la chica que tamborileaba los dedos sobre el mostrador con la mirada perdida en las flores de plástico. En Las Vegas, nadie hacía preguntas si la propina era generosa.

—Claro que sí, señor... Drew —dijo el empleado, tragándose el apellido con profesionalismo mientras tecleaba a toda velocidad—. Pasen a la sala número dos. El reverendo Hank los atenderá de inmediato.

El "reverendo Hank" resultó ser un hombre corpulento disfrazado de Elvis Presley con una capa blanca deshilachada y patillas postizas. Al verlos entrar, encendió un reproductor de casetes que comenzó a emitir una versión instrumental desafinada de Can't Help Falling in Love.

Antonella se llevó una mano a la boca para ahogar una carcajada histérica.

—Dime que esto es una pesadilla de la que voy a despertar —susurró entre dientes, mirando el suelo alfombrado de verde chillón.

—Es tu boda soñada, princesa —le devolvió Andrew al oído, tomándola del brazo para posicionarla frente al altar improvisado—. Admítelo, tiene mucho más estilo que el sótano de Wall Street.

Elvis carraspeó, sacando una libreta de notas con una cruz dibujada en purpurina.

—Queridos hermanos, estamos aquí reunidos en la ciudad del pecado para unir a dos almas en santo matrimonio legal bajo las leyes del gran estado de Nevada. ¿Tienen los anillos?

Antonella abrió los ojos de par en par.

—No tenemos anillos.

Andrew sonrió de lado. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó dos arandelas de goma negra que había desmontado del tablero del taxi durante una de las paradas técnicas.

—Provisionales —susurró él, mostrándoselas con total descaro—. De alta durabilidad industrial.

Antonella soltó una risa ahogada que se convirtió en una mueca de incredulidad absoluta.

—Estás completamente loco, Drew.

—Y tú estás a dos minutos de ser libre. Sígueme el juego.

El oficiante no se inmutó; había visto cosas peores un martes por la tarde.

—Drew, ¿tomas a Antonella como tu legítima esposa para amarla, cuidarla y no dejar que ningún fósil con bastón se le acerque jamás? —improvisó el imitador, guiñándole un ojo a Andrew.

Andrew clavó sus ojos ámbar en los de Antonella. La diversión en su rostro dio paso a una sombra de solemnidad que le cortó la respiración a ella.

—La tomo —dijo él, y su voz sonó tan profunda, tan firme y cargada de una extraña promesa que el eco pareció llenar toda la capilla—. En la carretera, en el asfalto y donde sea que el destino decida arrastrarnos.

Antonella sintió que las rodillas le temblaban levemente. El calor del tequila se mezcló con el impacto de esas palabras.

—Antonella, ¿tomas a Drew como tu legítimo esposo para pagarle sus honorarios y soportar su arrogancia hasta que un juez firme el divorcio?

Ella tragó saliva, mirando la arandela de goma en la mano de él.

—Lo tomo —respondió con la voz algo más baja de lo habitual—. Con cláusula de escape incluida.

Andrew deslizó la pequeña goma negra en el dedo anular de Antonella. El contacto de su piel cálida le envió una descarga eléctrica directa al corazón. Ella hizo lo mismo con la mano de él, sintiendo la fuerza implacable de sus dedos.

—Por el poder que me confiere el estado de Nevada y el Rey del Rock... —entonó Elvis, estampando un sello violeta sobre un documento oficial con membrete dorado—, los declaro marido y mujer legalmente constituidos. Hijo, puedes besar a la novia.

—No hay besos —se apresuró a decir Antonella, dando medio paso atrás con las mejillas ardiendo—. Esa fue la regla número...

No alcanzó a terminar la frase.

Andrew dio un paso al frente, la tomó de la cintura con una mano firme que no admitió resistencia y la atrajo contra su pecho con una posesividad arrolladora. Antes de que ella pudiera protestar, sus labios capturaron los de ella.

Fue un beso que comenzó con la audacia de un desafío y se transformó, en una milésima de segundo, en un incendio incontrolable. Andrew la besó con hambre contenida, saboreando el tequila y la dulzura rebelde de su boca, mientras Antonella, incapaz de procesar el abismo que se abría bajo sus pies, cerró los ojos y se aferró a las solapas de la camisa blanca de su falso taxista, respondiendo al beso con una pasión que ninguno de los dos había planeado en su frío contrato de escape.

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Flor Perez
simplemente maravillosa👏👏👏👏
Maria Laura Perez
😍👏
Cliente anónimo
Me encanta!!! No paro de leerla!
Primi Mendez
muy bueno TÚ novela gracias felicitaciones
Flor Perez
tómala, por mentiroso😂😂😂😂
Flor Perez
autora me estoy comiendo las uñas por saber que pasará, muchas felicitaciones por tan excelente novela y espero seguir disfrutando otras obras tuyas 👏👏👏👏👏
Helizahira Cohen
No me gusta lo de los Padres, creo debe ser diferente
Flor Perez
y ojalá hubiera bebé a bordo para acabar de rematar tan buenísima novela 😂😂😂😂😂
Flor Perez
ya quisiera ver la cara de Antonela cuando se de cuenta realmente con quien se casó 😂😂😂😂😂😂
Flor Perez
que sucederá?
Flor Perez
muy biena novela hasta el momento y espero que siga asi 👏👏👏👏👏
Cliente anónimo
Muy buena !!
Helizahira Cohen
Bueno no se , ella culpa a los padres de todo, pero el abuelo paterno también hizo lo suyo, Andrew aprovecho la confusión pero si iba a decir la verdad
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂
Adriana Montoya Velez
eso se ganan ellas po lopetulantes que son
Adriana Montoya Velez
todas tienen la misma trama el embarazo oculto al papá y conocer al hijo después de varios años cambien ya eso
Helizahira Cohen
No hay comentarios pero es muy buena, esta muy fresca la historia
Maria Laura Perez
😍🤭
Pris
Fascinante historia. Es la segunda vez que la leo
Primi Mendez
emocionante tu novela felicitaciones ala escritora
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