NovelToon NovelToon
La Villana Que Dejó De Perseguir Al Príncipe

La Villana Que Dejó De Perseguir Al Príncipe

Status: Terminada
Genre:Mundo mágico / Villana / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Alina Drayce nació para ser la villana. Sufrió tanto que creyó que si era mala, al menos el Príncipe Kian la miraría. Pero cada vez que se le acercaba, él la trataba mal.

Todo cambia cuando llega Leo, un chico humilde y becado. El príncipe, que nunca la quiso, sí se interesa en él. Ahí Alina entiende que gastó años persiguiendo a quien no la valora y decide dejar de hacerlo.

Empieza a darse tiempo para ella. Es inteligente, hermosa, hábil y perfecta cuando se quiere. Deja de ser mala y se vuelve feliz, y todos notan que ahora brilla más.

Es entonces cuando descubre su don: puede hablar con los animales y entenderlos. Antes ni un pájaro se le acercaba por ser la villana, ahora todos la buscan. Empieza a ayudarlos y abre su propia clínica veterinaria "El Susurro Salvaje".

Allí la encuentra el Rey Silas, un joven rey que siempre la vio, incluso cuando ella no se veía a sí misma.

Una historia de amor propio, magia y segundas oportunidades.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9 - El vuelo de Viento

A la mañana siguiente, el pueblo olía a barro y a pasto mojado. El sol salió temprano y secó las calles rápido. Yo llegué al local a las siete con mi madre. Traíamos una escoba nueva y un balde limpio. Adentro había todavía un poco de agua en una esquina y la manta de la yegua seguía en el suelo, con pelo marrón pegado.

Tizón me esperaba en la puerta, maullando fuerte. Había dormido en el local porque lo dejé ahí para que no estuviera solo con Viento. Cuando abrí, se subió a mi hombro y me mordió el pelo como siempre hace cuando tiene hambre. Le di un poco de pollo que me había dado Marta y agua fresca.

Viento estaba distinto. Se paraba en la caja sin apoyo y movía las dos alas. La venda ya estaba floja y con un poco de sangre seca en el borde. Le saqué la venda con cuidado. El corte de la pata estaba cerrado y el ala ya no estaba hinchada. Lo agarré con las dos manos y lo puse sobre la mesa. Abrió las alas grandes, más grandes de lo que me acordaba. Una tenía todavía una pluma doblada, pero la movía bien.

En mi cabeza escuché, quiero aire, quiero arriba. Entendí que ya quería irse. Me dio un poco de pena porque me había acostumbrado a tenerlo ahí, al lado de Tizón. Pero sabía que no podía tenerlo encerrado.

Le mandé un mensaje a Leo con el teléfono viejo de mi madre y le dije que viniera. A los veinte minutos llegó con el niño que había traído al halcón, el de la caja de zapatos. El niño se llama Milo y tiene ocho años. Vino con su mamá, que traía una bolsa con pan para agradecer.

Pusimos a Viento en una caja más grande para llevarlo al cerro. Caminamos los cuatro hasta el cerro que está detrás de la academia. Es un cerro bajo, con pasto corto y con un árbol grande solo en la punta. Desde ahí se ve todo el pueblo y se ve el establo del rey.

Cuando llegamos arriba, hacía viento. Saqué a Viento de la caja y lo puse sobre una piedra. Estaba nervioso. Miraba para todos lados. Milo le dijo bajito, vuela, ya estás bien. Yo le saqué la última venda chiquita que tenía en la pata y lo solté.

Se quedó quieto dos segundos. Después abrió las alas y saltó. Al principio voló bajo, torcido, como si le costara. Después agarró aire y subió. Dio una vuelta arriba de nosotros y gritó. No fue un grito de dolor. Fue un grito fuerte y largo. En mi cabeza escuché, gracias, casa grande, vuelvo. Milo lloró y lo saludó con la mano. Yo también lloré un poco, pero no lo dije.

Nos quedamos ahí arriba un rato mirando el cielo. Silas apareció por el camino del establo, con los dos perros. Nos vio y subió. Me dijo que había visto al halcón volar desde abajo y que volaba bien. Me dijo que lo había hecho bien. Le conté que me había dado pena dejarlo ir. Me dijo que esa pena es parte del trabajo, que si los curas bien, se van.

Bajamos juntos. En el camino, Silas me contó que su padre, cuando curaba a un animal que podía volver a la naturaleza, siempre lo dejaba ir aunque le diera pena, porque decía que un animal curado tiene que estar libre. Me dijo que yo tenía la misma idea que su padre.

En el local, cuando llegamos, había gente esperando. Era la profesora de matemáticas de la academia, con un perro chico que temblaba. Me dijo que el perro no quería comer y que el doctor Ramos le había dicho que había que operarlo y que salía mucha plata. Me dijo que una alumna le dijo que yo podía mirarlo. Lo puse sobre la mesa y le toqué la panza. Estaba llena de algo duro. Le pregunté qué había comido. La profesora me dijo que se había comido una media de su hijo. Le dije que había que esperar a que la largara y que le diera aceite y agua. Le mostré en el libro la página que hablaba de objetos tragados. La profesora me miró con sorpresa y me dijo que no sabía que yo sabía tanto. Le dije que estaba aprendiendo.

Esa tarde vinieron cuatro personas más. Ya no tenía lugar donde poner a todos. Leo me ayudó a hacer una lista en un papel grande y a poner números, como en la panadería. Mi madre trajo una mesa que le prestó una vecina y la pusimos afuera, bajo la ventana, para que la gente pudiera esperar sentada.

Kian vino a las cinco con una caja de herramientas. Me dijo que su padre le dijo que podía ayudar a arreglar la puerta del local que se trababa con la humedad. La arregló y después se quedó barriendo el piso sin que yo se lo pidiera. Cuando terminó, me dijo que se iba a presentar a un concurso de esgrima y que quería que yo supiera que ya no iba a molestarme más en la academia. Le dije que estaba bien, que podía venir al local cuando quisiera si era para ayudar.

A las seis, cuando ya no quedaba nadie, llegó una señora que no conocía, con un zorro chiquito en brazos. El zorro tenía una pata atrapada en una trampa y estaba muy flaco. Tenía los ojos cerrados y respiraba rápido. La señora me dijo que lo encontró en el campo y que no sabía a quién llevarlo porque todos le decían que lo dejara morir. Me dijo que escuchó que acá ayudaban a todos.

Lo puse sobre la mesa y le limpié la pata con agua. Tenía un corte profundo y sangre seca. En mi cabeza escuché, miedo, me duele, no me maten. Le dije bajito, no te vamos a matar, te vamos a curar. Silas todavía estaba ahí y me ayudó a sostenerlo porque los zorros muerden cuando tienen miedo. Le pusimos una venda limpia y le dimos agua con una jeringa chica que me había dado la señora Lía.

La señora me dejó al zorro y se fue diciendo que volvía mañana. Lo puse en la caja grande donde había estado Viento, con una manta limpia y con agua cerca. Tizón se acercó, lo olió y se acostó al lado de la caja, como haciendo guardia.

Esa noche, cuando cerré el local, mi cuaderno ya tenía treinta y dos animales anotados. Conté la caja de galletas y tenía veinte monedas. Era la primera vez que tenía más de diez. No era mucho, pero alcanzaba para comprar más vendas y para pagarle a Marta una parte del alquiler del mes que viene.

Mi madre me esperaba en la puerta de mi casa con la cena caliente. Me dijo que había hablado con don Ernesto y que don Ernesto le dijo que el permiso de refugio se iba a extender por tres meses más porque la gente del pueblo había ido a hablar bien de mí. Me dijo que estaba orgullosa, aunque no me lo decía mucho.

Subí a mi pieza y escribí en mi cuaderno, día veintiuno, Viento voló, treinta y dos animales, un zorro con trampa, veinte monedas, permiso por tres meses. Abajo escribí, hoy dejé ir a uno y me dolió, pero entendí que curar también es dejar ir.

Apagué la luz y me quedé mirando por la ventana. Desde mi ventana se veía la luz chiquita del local de El Susurro Salvaje que había puesto Leo. Seguía prendida y se veía desde lejos, como un farol chiquito en la calle del fondo.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me gustó mucho está historia 🥰
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play