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Colision Inevitable

Colision Inevitable

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Posesivo / Escuela / Completas
Popularitas:220
Nilai: 5
nombre de autor: Mi Autoria

Cuatro parejas universitarias lidian con las secuelas de una cruel apuesta impulsada por una motocicleta, enfrentando mentiras y accidentes hasta redimirse a través de la pasión, el perdón y el amor verdadero.

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Capítulo 14: Fuego mojado, toallas y cubos de hielo

El motor del auto de Bruno rugió con fuerza cuando dobló la esquina, alejándose a toda velocidad de las sirenas y de la zona de la quinta patrullada por la policía. Dentro del habitáculo, la calefacción comenzó a subir de temperatura poco a poco, pero el ambiente seguía cargado de una fricción completamente distinta.

Mara estaba acurrucada en el asiento del copiloto, tiritando de frío y soltando una carcajada histérica que retumbaba en el espacio cerrado. Tenía la ropa completamente empapada, la tela oscura pegada a la piel por el agua de la piscina y el rímel corrido por las mejillas.

—No te rías de esa forma, vas a congelarte —escupió Bruno con la voz seria, mientras mantenía los ojos fijos en el camino oscuro, con los nudillos blancos aferrados al volante. Él tampoco se salvaba: llevaba la camisa empapada y las gafas opacas por la humedad de su propio rescate.

Mara se giró hacia él, frotándose los brazos con ambas manos, y le regaló una sonrisa sincera, aunque los dientes le castañetearan.

—Oye... gracias de verdad por lo de la piscina, cerebrito —dijo ella en un tono más suave, aunque con su chispa habitual—. Si no te tiras a sacarme, ahora mismo estaría flotando como una boya borracha.

Bruno desvió la mirada un segundo hacia ella, y el aire se le quedó atrapado en la garganta. Con la ropa de Mara completamente pegada al cuerpo por el agua, las formas de su ropa interior se transparentaban de manera inocultable bajo la penumbra del auto. Bruno tragó saliva con brusquedad, apartando la vista de inmediato hacia el parabrisas y sintiendo que las orejas le quemaban de una forma inusual.

Sin decir una palabra, estiró el brazo hacia el asiento trasero, hurgó en un bolso de lona y sacó una toalla limpia y seca, tendiéndosela sin mirarla a los ojos.

—Toma. Cúbrete con eso antes de que te dé una neumonía y tengas que culparme a mí —le soltó Bruno con su tono más cortante e indiferente.

Mara tomó la toalla, soltando una maldición entre dientes mientras intentaba secarse los brazos y el cabello.

—Maldito idiota el que me empujó... Juro que si lo vuelvo a ver en la facultad, le voy a volcar un tacho de grasa en la cabeza —bufo ella molesta.

—La culpa es tuya por andar bailando y bebiendo con cualquier desconocido en una fiesta clandestina —replicó Bruno de inmediato, cruzándose de brazos por un segundo antes de volver a tomar el volante con la luz verde—. Las estadísticas de terminar en el fondo de una piscina en esas condiciones son del noventa por ciento.

Mara lo miró de reojo, entornando los ojos ante su tono de sabelotodo.

—Ay, por favor, relaja la cara, gruñón. Pareces un anciano de ochenta años —le reprochó ella con una sonrisa traviesa.

Sin previo aviso, Mara se inclinó hacia el asiento del conductor, acercándose demasiado a su espacio personal, y comenzó a pasarle suavemente la punta de la toalla por el hombro y la mejilla para quitarle los restos de agua de la piscina a él también.

Bruno se congeló por completo. Las manos se le tensaron sobre el volante y sintió un vuelco inusual en el estómago.

—¿Qué... qué diablos estás haciendo? —balbuceó Bruno, con los ojos abiertos de par en par, sintiendo un nerviosismo que jamás experimentaba con sus ecuaciones financieras.

—¿No ves? Secando a mi salvavidas —respondió Mara con una sonrisa pícara, rozando con los dedos su pecho con total desparpajo—. ¿O es que no quieres que te toquen, señor intelectual?

—Basta, deja de jugar —le ordenó Bruno con voz ronca, tomándola firmemente de ambas muñecas para apartar sus manos, aunque la cercanía entre ambos hacía que el aire en el auto se volviera irrespirable—. Dame la dirección de tu casa, te dejaré allí y luego tendré que volver a ver si puedo rescatar a los demás.

Mara soltó un suspiro divertido, rindiéndose ante su rigidez, y le dictó la calle y el número de su departamento a pocas cuadras de allí.

El trayecto transcurrió en un silencio tenso, donde el único ruido era el zumbido del motor y la respiración de ambos. Cuando Bruno estacionó frente al edificio de Mara, ella abrió la puerta, le devolvió la toalla mojada y le dio una palmadita en el brazo.

—Toma, tu toalla.

—Quédate con ella, me la devuelves después... cuando la laves, porque la empapaste toda —respondió él, intentando mantener la compostura.

—¡Exclavista! —bromeó Mara con una risa cristalina, antes de cerrar la puerta del auto de un golpe y adentrarse corriendo hacia la entrada de su edificio para buscar algo seco que ponerse.

Bruno se quedó unos segundos con el auto detenido frente a la acera, mirando la puerta por donde ella había desaparecido. Negó lentamente con la cabeza, pensando en lo ruidosa, caótica y alborotadora que era aquella chica, pero por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa genuina e inevitable se dibujó en su rostro mientras metía primera marcha para volver al caos.

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Ivanna Fernandez
esta interesante la historia ahora a ver vamos desenriedan este lio
Mi Autoria: 🤭🤭 gracias por tu comentario
total 1 replies
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