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Latidos En La Cumbre

Latidos En La Cumbre

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Elara, una veterinaria de élite en Seattle, lo pierde todo tras una negligencia médica provocada por el estrés de un matrimonio abusivo. Buscando anonimato, se muda a Valle Sombrío para dirigir un refugio de animales al borde de la quiebra. Su llegada choca frontalmente con Jason, un hombre huraño y misterioso que vive en una cabaña aislada tras un accidente en el cuerpo de rescate que le dejó una cojera permanente y un alma cerrada bajo llave.

​La rivalidad estalla cuando Elara intenta modernizar el refugio, mientras Jason cree que la naturaleza debe seguir su curso. Sin embargo, la aparición de animales heridos con marcas de redes ilegales los obliga a unir fuerzas. Entre el frío de la montaña y la calidez del refugio, Elara y Jason descubrirán que las cicatrices más profundas no son las que se ven, sino las que sanan cuando alguien decide quedarse.

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capitulo 14

El evento en el refugio era un caleidoscopio de ruidos y colores que Valle Sombrío rara vez presenciaba. Había olor a chocolate caliente, el murmullo de las familias y el crujido de la nieve pisoteada por docenas de botas. Elara, con una sonrisa que se sentía como una máscara de porcelana a punto de quebrarse, recorría los pasillos saludando a vecinos que antes la miraban con recelo. Pero, a pesar de la aparente normalidad, un escalofrío persistente le recorría la columna.

​Entre la multitud, tres hombres destacaban por su quietud. No llevaban ropa de montaña desgastada como los locales, sino parkas tácticas de color gris oscuro, demasiado limpias para el barro de la zona. No reían, no tomaban café; simplemente se movían con una eficiencia mecánica cerca de las jaulas donde el lobo alfa y el lince rescatado descansaban.

​Jason apareció de entre la gente, moviéndose con esa cojera rítmica que ahora Elara reconocía como un aviso. Se situó a su lado, pero no la miró. Sus ojos grises estaban fijos en uno de los hombres de gris, un sujeto de cabello rapado y una cicatriz que le cruzaba la ceja derecha. La mandíbula de Jason estaba tan tensa que las venas de su cuello sobresalían como cuerdas.

​—Te dije que esto atraería a las moscas —susurró Jason, su voz era un siseo cargado de veneno.

​—Son solo visitantes, Jason. No hagas una escena —respondió Elara, aunque sus dedos se cerraron con fuerza sobre su portapapeles.

​—Aquel de la izquierda, el de la cicatriz... se llama Miller —dijo Jason, y su tono hizo que la temperatura alrededor de Elara cayera diez grados—. Estuvo conmigo en la unidad de rescate de las Cascadas. Era el mejor rastreador de la zona hasta que empezó a vender las coordenadas de los nidos de águilas reales a coleccionistas árabes. Lo expulsaron, pero no antes de que casi matara a un compañero por dinero.

​Elara observó a Miller. El hombre no miraba al lince con admiración; lo observaba con la frialdad de un tasador. Sacó un teléfono y, discretamente, tomó una ráfaga de fotos de las patas del animal, enfocándose en las marcas de la recuperación. Luego, sus ojos se cruzaron con los de Jason.

​Miller no se ocultó. Esbozó una sonrisa torcida, un gesto de reconocimiento que carecía de toda humanidad, y le hizo un leve saludo militar con dos dedos desde la frente. Fue un gesto de propiedad, como si estuviera marcando no solo al animal, sino a Jason mismo.

​—No están aquí por el chocolate caliente, Elara —continuó Jason, sus manos apretando el pomo de su bastón hasta que sus nudillos perdieron el color—. Están evaluando la mercancía. Valle Sombrío no es solo un pueblo; es la "Puerta Trasera".

​Jason tomó a Elara del brazo y la condujo hacia la oficina trasera, lejos de los oídos indiscretos. Una vez dentro, cerró la puerta con un golpe seco. El contraste entre la alegría del exterior y la oscuridad del interior era sofocante.

​—Miller trabaja para una red que mueve pieles de lujo y especies exóticas hacia la frontera norte —explicó Jason, extendiendo un mapa arrugado sobre la mesa de exploración—. Usan los túneles de las minas abandonadas que conectan con este valle. Siempre lo han hecho, pero el refugio solía ser su punto ciego porque el anterior veterinario miraba hacia otro lado a cambio de que no quemaran el lugar.

​Elara sintió una náusea repentina. Las donaciones, el éxito del evento, su deseo de visibilidad... todo se sentía ahora como un escaparate para criminales.

​—Ese Husky, el número 042... —susurró Elara, conectando los puntos con una claridad dolorosa—. No fue un maltrato al azar. Fue un descarte. Era un animal que ya no servía para la ruta.

​—Exacto —asintió Jason—. Y ahora que has curado al alfa, le has devuelto el valor de mercado. Un lobo alfa con vida y sano vale una fortuna en el mercado negro de taxidermia de lujo o para criaderos ilegales. Al abrir las puertas, les has dado el inventario detallado de lo que pueden robar.

​Elara se dejó caer en una silla, cubriéndose la cara con las manos. La culpa la golpeó con la fuerza de un alud. Había intentado ser la heroína, la mujer moderna que no se escondía, y en su arrogancia, había puesto un precio sobre las cabezas de los seres que juró proteger.

​Jason se acercó. Esta vez, no hubo sarcasmo. Se arrodilló frente a ella, obligándola a bajar las manos. Vio que sus ojos estaban empañados, no de miedo por Marcus, sino de dolor por los animales.

​—No sabías a qué te enfrentabas —dijo él, su voz suavizándose por primera vez en todo el día—. Tú vienes de un mundo donde las reglas se escriben en papel. Aquí, las reglas las escribe el que tiene el rifle más largo.

​—He traído el peligro a sus jaulas, Jason —dijo ella, su voz quebrada—. Soy tan peligrosa para ellos como los traficantes.

​Jason tomó sus manos. Eran manos pequeñas, marcadas por el uso constante de desinfectante, pero fuertes.

—No. Tú eres lo único que los mantiene vivos. Pero ahora tenemos que dejar de jugar a las "puertas abiertas". Miller ha visto lo que hay aquí, pero también ha visto que yo estoy contigo. Eso complica sus planes.

​El capítulo cerró con el evento terminando. Las familias se marchaban y las luces se apagaban, dejando al refugio sumido en una penumbra inquietante. Fuera, en la entrada del camino forestal, las luces traseras de una camioneta gris desaparecían en la niebla.

​Elara se quedó mirando por la ventana. La nota de Marcus seguía en su bolsillo, pero ahora tenía una amenaza más inmediata y tangible frente a ella. Valle Sombrío ya no era solo su escondite; era una ruta de sangre y codicia donde ella y Jason eran los únicos obstáculos.

​—No vamos a dejar que se los lleven —dijo Elara, mirando a Jason.

​—No —respondió él, colocándose a su lado, sus hombros rozándose—. Pero a partir de mañana, este lugar deja de ser un refugio. Va a ser una fortaleza.

​El respeto mutuo había dado paso a una alianza de guerra. La veterinaria y el rescatista sabían que las sombras del mercado no se irían solas; tendrían que luchar por cada centímetro de esa montaña, bajo la mirada vigilante de un pasado que se negaba a morir.

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Carmen Malpica
Excelente novela
Felisa Bendisky
excelente novela felicitaciones a la escritora súper recomendado 🥰👏👏👏
Toña Chong Montes
Después de haber leído tantas historias aquí,está novela me fascinó,con una narración limpia,bonita,con toques románticos y de aventura.👏👏👏👍👍👍
Antonia Garcia
muy bonita historia gracias por compartir
celimar
Hasta el momento me parece interesante 🥰🥰🙏🏽
celimar
Hasta el momento me parece interesante 🥰🥰🙏🏽
Celina Espinoza
me gusta🥰/Pray/
Celina Espinoza
excelente historia 🥰😍🙏
Lobelia ❣️
🙏😘😊
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