Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 10
A la mañana siguiente, Renata bajó las escaleras todavía medio dormida.
Y se detuvo apenas llegó a la sala.
Gael seguía ahí.
Dormido en el sofá.
Con la manta todavía encima y varios documentos desordenados sobre la mesa.
Renata frunció ligeramente el ceño.
¿De verdad se había quedado ahí toda la noche?
Se acercó despacio.
Por primera vez desde que lo conocía, Gael se veía tranquilo.
Sin esa expresión seria de siempre.
Sin estar pendiente del teléfono o del trabajo.
Solo cansado.
Y, honestamente… eso la tomó un poco por sorpresa.
Renata apartó la mirada rápidamente.
—Renata murmuró: —Definitivamente necesitas descansar más.
Como si la hubiera escuchado, Gael abrió los ojos lentamente.
Directo hacia ella.
Renata dio un pequeño salto.
—Renata dijo: —¡Dios! Eso da miedo.
Gael tardó unos segundos en reaccionar.
Todavía parecía medio dormido.
—Gael preguntó: —¿Qué hora es?
—Renata respondió: —Las nueve.
Gael miró el reloj y soltó una maldición bajita mientras se incorporaba.
Renata abrió los ojos sorprendida.
Primera vez que lo veía perder la calma por algo tan simple.
Y no iba a mentir…
fue un poco gracioso.
—Renata preguntó: —¿El gran Gael Montenegro se quedó dormido trabajando?
Gael se pasó una mano por el rostro.
—Gael respondió: —Olvida que viste esto.
Renata sonrió apenas.
—Renata dijo: —No prometo nada.
Un rato después, ambos estaban en la cocina.
Gael revisaba mensajes desde el celular mientras tomaba café.
Pero seguía viéndose agotado.
Renata lo observó unos segundos antes de hablar.
—Renata preguntó: —¿Tú alguna vez descansas?
Gael levantó apenas la vista.
—Gael respondió: —Cuando puedo.
—Renata dijo: —Eso no sonó muy convincente.
Gael soltó una pequeña risa por la nariz.
—Gael respondió: —Porque no lo era.
Renata tomó una tostada del plato.
—Renata dijo: —Deberías dormir más.
Gael la miró unos segundos.
—Gael preguntó: —¿Ahora te preocupas por mí?
Renata respondió demasiado rápido.
—Renata dijo: —No te emociones.
Eso hizo que Gael sonriera apenas otra vez.
Y Renata ya empezaba a notar algo peligroso:
cada vez era más fácil hablar con él.
El celular de Renata vibró sobre la mesa.
Camila.
Renata respondió apenas contestó.
—Renata dijo: —¿Qué pasó ahora?
—Camila respondió: —Necesito verte urgente.
—Renata preguntó: —¿Te estás muriendo?
—Camila respondió: —No, pero necesito chisme.
Gael escuchó eso desde el otro lado de la cocina.
—Gael dijo: —Eso explica muchas cosas.
Camila soltó un grito emocionado al escucharlo.
—Camila dijo: —¡Está contigo!
Renata cerró los ojos lentamente.
—Renata dijo: —Voy a colgar.
—Camila respondió: —Ni se te ocurra. Quiero verte hoy.
Renata dudó un momento.
La verdad… salir un rato no sonaba mal.
Todo había pasado demasiado rápido desde la boda.
Miró a Gael.
—Renata preguntó: —¿Tienes problema si salgo hoy?
Gael dejó el teléfono sobre la mesa.
—Gael respondió: —No necesitas pedirme permiso.
—Renata dijo: —Bueno, técnicamente sigo viviendo en tu casa.
Gael corrigió tranquilo:
—Gael dijo: —Nuestra casa.
Renata se quedó callada un segundo.
Y, por alguna razón, escuchar eso sonó demasiado íntimo.
Horas después, Renata estaba sentada frente a Camila en una cafetería.
Por primera vez en días, pudo relajarse un poco.
—Camila dijo: —Okay, necesito detalles reales.
Renata tomó un poco de jugo.
—Renata preguntó: —¿Sobre qué exactamente?
Camila la miró fijamente.
—Camila respondió: —Sobre tu esposo ridículamente atractivo.
Renata rodó los ojos.
—Renata dijo: —No empieces.
—Camila respondió: —No puedo evitarlo. Parece salido de una novela.
Renata soltó una pequeña risa.
Y después se quedó pensando unos segundos.
Porque, honestamente…
Gael era complicado.
A veces parecía distante, pero luego hacía cosas que la confundían por completo.
Como cubrirla con una manta.
O esperar a que desayunara.
O mirarla de esa forma que todavía no sabía cómo interpretar.
Camila notó el silencio enseguida.
—Camila preguntó: —Oh no… ¿te está gustando?
—Renata respondió rápido: —No.
Camila sonrió divertida.
—Camila dijo: —Eso sonó sospechoso.
—Renata respondió: —Solo digo que no es como pensé que sería.
Camila apoyó el mentón sobre la mano.
—Camila preguntó: —¿Y cómo es entonces?
Renata pensó unos segundos.
Y sinceramente… no sabía explicarlo.
—Renata respondió: —Difícil de entender.
Cuando Renata volvió a casa al final de la tarde, encontró la cocina hecha un desastre.
Y a Gael frente a la estufa.
Intentando cocinar.
Renata se quedó mirándolo varios segundos.
Confundida.
—Renata preguntó: —¿Qué estás haciendo?
Gael levantó apenas la vista.
—Gael respondió: —Intentando cenar.
Renata miró la sartén.
Luego el humo.
Luego otra vez a él.
—Renata dijo: —Eso parece un crimen.
Gael suspiró cansado.
—Gael respondió: —La receta se veía más fácil.
Renata soltó una risa sin poder evitarlo.
Una de verdad.
Y Gael se quedó observándola unos segundos.
Como si le gustara escucharla reír.
Eso hizo que Renata dejara de reír poco a poco.
Otra vez esa tensión rara entre ellos.
Gael fue el primero en apartar la mirada.
—Gael preguntó: —¿Vas a ayudar o solo piensas burlarte?
Renata caminó hacia la cocina todavía sonriendo un poco.
—Renata respondió: —Depende. ¿Quieres seguir vivo?
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos