Matrimonio por conveniencia
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CAPÍTULO 21: La galaxia del pecado
La puerta de la suite principal se abrió de un golpe. Alessandra y Dante entraron como una unidad de fuerzas especiales, pero en lugar de rifles, llevaban un vaso térmico con un brebaje radioactivo y una desesperación absoluta.
—¡Rápido! —ordenó Alessandra, quitándose los tacones y lanzándolos al vestidor—. ¡El perito debe estar doblando la esquina!
Dante no perdió tiempo. Se lanzó sobre la cama King size y empezó a revolcarse como un poseso, pateando las almohadas y tirando las mantas al suelo.
—¡Necesito sudor, jefa! —gritó Dante mientras se ponía a hacer flexiones a una velocidad inhumana sobre el colchón—. ¡Si la cama brilla pero las sábanas están frías y planchadas, Rodrigo va a saber que esto es un montaje!
Alessandra, con manos temblorosas pero precisas, vertió la mezcla de fluoresceína y albúmina en un atomizador de perfume vacío.
—¡Muévete, Larconne! —Alessandra empezó a rociar el líquido con movimientos erráticos sobre las sábanas desordenadas—. Estoy creando un patrón de "actividad intensa". Según mis cálculos, este ángulo de dispersión sugiere una posición de... —se detuvo un segundo, sonrojándose—... bueno, una posición muy poco científica.
Dante se detuvo, con el torso brillando por el esfuerzo físico, y la miró desde el suelo de la cama.
—¿Poco científica? Jefa, lo que estamos haciendo es una obra de arte post-moderna. Deberías firmar el colchón.
De pronto, el eco de un grito histérico llegó desde el jardín delantero.
—¡NO PUEDE PASAR! —era la voz de César Iván, sonando como un profeta desquiciado—. ¡DETÉNGASE, SEÑOR LECONTE! ¡EL GÉNESIS DICE QUE LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO Y CONDENÓ A LA HUMANIDAD! ¡NI EN SODOMA HABÍA TANTA... TANTA COCHINADA COMO LA QUE ESTÁ PASANDO AHÍ ARRIBA! ¡REGOCIJAOS EN EL ARREPENTIMIENTO!
Alessandra y Dante se miraron.
—Es ahora o nunca —susurró ella.
Alessandra tiró el atomizador por la ventana hacia los arbustos, se soltó el cabello y se rasgó un poco la manga de la camisa. Dante se tiró sobre ella, justo cuando escucharon los pasos pesados de Rodrigo y el clic de la lámpara ultravioleta encendiéndose en el pasillo.
—¡PREPAREN LOS OJOS PARA LA VERDAD! —bramó Rodrigo, pateando la puerta mientras sostenía la luz negra como si fuera la espada de un ángel vengador.
La luz azul inundó la habitación, y lo que Rodrigo vio lo dejó catatónico. La cama no solo estaba desordenada; bajo el espectro ultravioleta, las sábanas brillaban con una intensidad alienígena. Había manchas, rastros y salpicaduras que, bajo esa luz, parecían un mapa estelar de un pecado galáctico.
Dante, con la respiración agitada (por las flexiones, aunque Rodrigo no lo sabía), cubrió a una Alessandra aparentemente "exhausta" con la sábana.
—Rodrigo... —dijo Dante, con una voz cargada de una fingida fatiga triunfal—. Espero que hayas traído gafas de sol. Porque lo que acabas de interrumpir... no se puede "desver".
El perito judicial retrocedió un paso, tapándose la boca con el pañuelo.
—Por todos los santos... —murmuró el forense—. Señor Lecontte, esto no es una prueba de fraude. Esto es... esto es una emergencia sanitaria de pasión. Nunca había visto una luminiscencia tan... persistente.
Rodrigo estaba pálido, mirando el rastro verde neón que cubría incluso la cabecera de la cama.
—¡Es... es demasiado! —chilló Rodrigo—. ¡Nadie brilla así! ¡Es imposible!
—Es biotecnología, Rodrigo —replicó Alessandra desde la almohada, con una voz gélida y perfecta—. Mi metabolismo es... superior al tuyo. Ahora, fuera de mi vista antes de que te cobremos la entrada al show.
Cuando la puerta se cerró y los pasos de un Rodrigo derrotado se perdieron en el pasillo, el silencio en la habitación se volvió pesado, roto solo por la respiración entrecortada de ambos.
La luz ultravioleta seguía encendida en el rincón donde el perito la había olvidado en su huida, haciendo que la cama pareciera el escenario de una película de ciencia ficción barata.
Al mismo tiempo, como si estuviera coreografiado por su propia competitividad enferma, ambos soltaron un suspiro y exclamaron:
—_¡MARCADOR!_
Dante, todavía apoyado sobre sus codos, miró a Alessandra con una chispa de triunfo en los ojos.
—_Dante: 8_. Mis flexiones y el sudor real convencieron más a Rodrigo que tus garabatos de kínder con el atomizador. El realismo físico siempre gana, jefa.
Alessandra, que sentía el peso del cuerpo de Dante y el calor de la adrenalina bajando, lo fulminó con la mirada.
—_Alessandra: 8_. Estamos empatados, Larconne. Mi huida a 180 km/h esquivando arbustos y mi respuesta científica sobre el "metabolismo superior" fueron dos puntos directos a la yugular de su cordura. Sin mi química, solo serías un hombre sudando sobre un colchón.
—¡Injusticia! —protestó Dante, acercando su rostro al de ella—. Mis flexiones fueron arte dramático. Rodrigo casi llora de la envidia. Eso merece un punto de bonificación por esfuerzo físico.
—¡Ni lo sueñes! —replicó ella, tratando de empujarlo sin éxito—. Yo rocié la fluoresceína con precisión quirúrgica. Tus manchas parecen un mapa de Google Maps hecho por un ciego.
Antes de que Alessandra pudiera soltar otro insulto técnico, Dante se dejó caer pesadamente sobre ella, aplastándola con su peso muerto y su piel todavía caliente, riendo entre dientes por la indignación de la Reina de Hielo.
En ese instante, la puerta se abrió lentamente y apareció la cabeza despeinada de César Iván Castrop.
Se quedó mirando la cama deshecha, la luz neón brillando en la oscuridad y a sus jefes enredados en una pelea de lucha libre matrimonial.
*«Señor sálvanos del cornudo de nuevo. De los experimentos con ratas que mi jefa aprobó para Dante y los precios elevados en Rappi si me despiden», pensó César. «Bitácora de quilombos, quilombo 18: Galaxia del Pecado. Lápiz y papel: "habemus revolcón" prohibido, cambiar por "Código Galaxia". P/D: si sobrevivo, me hago conserje de motel.»*
—*¡Código Galaxia detectado!* —sentenció César, persignándose con una mano y sosteniendo una botella de desinfectante industrial con la otra—. Y ahora supongo que yo tengo que limpiar este cochinero radioactivo. ¡Por el amor de Diosito, esto brilla más que mi futuro!
¡¡BAM!!
Un estruendo sacudió la habitación cuando Alessandra, reuniendo una fuerza que ni ella sabía que tenía, le propinó un empujón a Dante que lo hizo salir volando de la cama y aterrizar con un golpe seco en la alfombra.
—¡Limpia el "cochinero", César! —gritó Alessandra, sentándose en el borde de la cama y respirando profundamente, como si finalmente recuperara el oxígeno después de una inmersión profunda—. Y tú, Larconne... duerme en el suelo. Porque si tocas una sola mancha de esa fluoresceína, te juro que te quedas brillando hasta el día de tu jubilación.
Dante, desde el suelo, soltó una carcajada limpia y ruidosa mientras se pasaba la mano por el cabello.
—Vale la pena, jefa. El marcador dice empate... pero tu cara de pánico cuando entramos dice que esto se está poniendo divertido.
César soltó un grito de horror al ver una mancha neón en su zapato y empezó a fregar el suelo como si le fuera la vida en ello.