Es una historia intensa y visceral sobre pasión, ambición y lealtad en un universo donde cada decisión puede ser la última.
Un romance envuelto en balas.
Una guerra donde el corazón es el único territorio que no están dispuestos a perder.
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CAPÍTULO 9.
Gabriel volvió al taller un jueves.
Simplemente apareció en la puerta del taller cuando el sol empezaba a caer y el aire tenía ese tono dorado que aveces engaña.
Lo sentí antes de verlo.
Esa sensación de que alguien ocupa un espacio exacto en el mundo y cuando entra en tu radio invisible, se siente en el pecho.
Levanté la vista, ahí estaba Gabriel... Solo, sin auto detrás y sin Valentina.
El ruido del taller pareció apagarse alrededor. No porque se detuviera, sino porque mi atención se estrechó hasta quedar únicamente en él y yo.
Se veía distinto, más tenso y más decidido.
_ ¿Podemos hablar? _ preguntó.
Su voz no tembló y la mía tampoco.
_ Salgo en diez minutos _ respondí.
Asintió en silencio y esperó afuera.
Simplemente permanecía quieto, las manos en los bolsillos, mirando hacia la calle como si estuviera midiendo algo más grande que el tráfico.
Cuando salí del taller, el cielo ya estaba oscureciendo.
_ ¿Está todo bien? _ pregunté.
Era una pregunta práctica, pero debajo había otra: ¿Por qué estás aquí?
Gabriel exhaló lento para responder.
_ No _ dijo sin rodeos _ No está todo bien.
Caminamos en silencio, doblando la esquina hacia una calle menos transitada. El barrio a esa hora era un murmullo lejano de bocinas y carros transitando.
Nos detuvimos bajo una farola que parpadeaba intermitente.
_ No debería estar aquí _ dijo.
_ Entonces, ¿Por qué estás aquí?
Me miró como si la respuesta fuera obvia.
_ Porque te vi y todo lo que creí acomodado en mi vida dejó de estarlo.
(Silencio)
_ Tienes una vida _ respondí _ La vi en tu carro.
Le di un golpe directo a la realidad, a su realidad. Mientras Gabriel pasaba la mano por su cabello, gesto que hacía cuando intentaba ordenar sus pensamientos.
_ Valentina es buena conmigo.
Eso dolió más de lo que esperaba, dolió porque estaba siendo honesto.
_ Estuvo cuando yo era un desastre _ continuó _ Cuando no dormía y cuando despertaba empapado de sudor pensando que seguía en esa bodega.
Su mandíbula se tensó apenas mencionó el lugar.
_ No te estoy pidiendo que la traiciones _ dije molesta.
_ No vine por eso.
Me sostuvo la mirada y por primera vez desde que lo vi de nuevo, dejé que el muro bajara un poco.
_ ¿Entonces que quieres?
Se acercó unos cuantos pasos, invadiendo mi espacio.
_ Vine porque necesitaba verte sin todo alrededor. Sin el taller, sin ella y sin el pasado gritando.
El aire entre nosotros se volvió más espeso, yo lo había imaginado tantas veces en estos tres años. Pensaba en un reencuentro cargado de emoción desbordada, pero fue así y eso en el fondo de mi alma duele y mucho.
_ Pensé que estabas muerta —dijo otra vez.
_ Pensé que tú lo estabas.
_ Esa noche…
_ Sobrevivimos _ interrumpí.
_ Pero no salimos intactos _ eso era cierto.
Nos observamos como si estuviéramos redescubriendo el alma del otro. Buscando cicatrices visibles, las invisibles, la madurez en los gestos y la forma en que ya no éramos impulsivos, pero tampoco indiferentes.
_ Te imaginé mil veces _ admitió de pronto.
Mi pulso se alteró.
_ ¿Ah, sí? _ intento contenerme.
Una sombra de sonrisa cruzó su rostro.
_ Más fuerte, más fría y más lejos de mí.
_ ¿Y acertaste?
Su mirada bajó apenas, recorriéndome con una lentitud que no era descarada, pero tampoco inocente.
Ya no era el chico que evitaba mirar demasiado para no delatar que le gustaba. .. Era un hombre que entendía exactamente lo que estaba haciendo.
_ No imaginé que te verías así _ dijo.
_ ¿Así cómo?
Se acercó otro paso, hora sí quedó a centímetrosde mí. Pero yo no retrocedí.
_ Segura _ le vuelvo a decir
Sus ojos no estaban en mi rostro, ellos bajaron por mi cuerpo donde la piel se tensaba al sentir su respiración.
Sentí un calor antiguo, familiar, pero distinto.
_ Tú tampoco eres el mismo _ murmuré nerviosa.
_ Lo sé _ me responde.
_ Se nota.
Gabriel levantó la mano y luego rozó mi brazo donde la cicatriz se escondía bajo la manga de mi sudadera.
_ ¿Duele? _ preguntó.
_ A veces _ le digo, intentando contener la reacción de mi piel.
Nuestros ojos se encontraron otra vez y ahí fue cuando entendí la diferencia. A los diecisiete, lo que sentíamos era una mezcla de necesidad y promesa.
Ahora era algo más profundo y más oscuro. No solo quería estar cerca, ahora quería tocarlo, sentirlo y comprobar que no era una alucinación creada por la nostalgia.
Gabriel lo sintió también, lo vi en la forma en que su respiración cambió. En cómo su mano dejó de ser solo apoyo y empezó a deslizarse con una intención que ninguno verbalizó.
_ Esto no es solo recuerdo _ dijo, casi para sí mismo.
_ No.
_ No es solo amor _ vuelve a decir.
La palabra "Amor" quedó suspendida entre nosotros, ya no habian dudas que seguía ahí. Pero ahora había algo más.
Un "Deseo adulto" Cargado de todo lo que no tuvimos tiempo de explorar cuando el mundo nos quemó a los dos.
Su mano desendio por mi brazo y mi cuerpo respondió antes de que mi mente pudiera poner límites.
Me acerqué, no fue un impulso desesperado, esta vez fue por mi propia decisión.
_ Aurora… _ mi nombre en su boca ya no era herida.
Era advertencia.
_ Gabriel…
Su frente rozó la mía... Ese segundo de proximidad fue más intenso que cualquier contacto.
_ Si cruzo esta línea… _ empezó.
_ Lo sé.
No terminó la frase, ya no hacía falta. La vida que había construido existía y aun así, ahí estábamos y no como adolescentes imprudentes.
Su mano se deslizó hasta mi cintura... Mi corazón golpeaba fuerte, pero no con miedo, esta vez con hambre de sentirlo, muy distinto a lo que sentía cuando tenía diecisiete años.
Nuestros labios finalmente se encontraron, no fue un beso torpe ni urgente... Fue lento, profundo y cargado de años acumulados.
El mundo desapareció por unos segundos. Mientras yo reconocí su forma de inclinar la cabeza y él reconocia la mía.
Y cuando nos separamos, ninguno sonreía. Porque lo que acababa de pasar no era tan simple...Era enorme.
_ Esto cambia todo _ dijo con voz grave.
_ Sí _ no lo podía negar.
Gabriel apoyó su frente contra la mía una última vez.
_ No quiero hacerte daño otra vez.
_ No lo hiciste _ le respondo.
_ Te dejé sola.
_ Me salvaste la vida.
Sus ojos se cerraron un segundo.
_ Necesito pensar _ dijo.
_ Hazlo.
No lo retuve... No le pedí promesas... Porque ya no éramos chicos que se juraban eternidad sin entender consecuencias.
Éramos adultos que sabían que el deseo no es excusa y tampoco mentira.
Se apartó despacio.
_ No eres un recuerdo, Aurora _ dijo antes de irse.
_ Tú tampoco _ respondí, mientras lo veía alejarse bajo la luz intermitente de la farola.
No corrí tras de él y no lloré.
Pero mi cuerpo seguía vibrando por dentro, porque tres años me hicieron fuerte. Ya que volver a besarlo me recordó que la fortaleza no elimina el fuego... Solo lo contiene.
Y ahora ambos sabíamos algo que ya no podíamos ignorar:
No era solo amor lo que seguía ahí... Era deseo... Era historia...Era elección pendiente... Y esta vez, no habría incendio que decidiera por nosotros.
ella claramente le dijo que era una trampa pero el de disque macho se fue y cayó en el anzuelo a si que no venga a reclamar nada 😡
despues de aquí seguro aparecerá la valentina esa ocupando el lugar de aurora