Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 22
...⚔️...
El olor a pólvora aún permanecía en el aire. Pesado, denso. Cómo si la violencia se negara a desaparecer incluso después de que todo hubiera terminado.
Los hombres de chiara trabajaban en silencio, con una eficiencia casi mecánica. No había palabras innecesarias. No había miradas de duda.
Solo acción.
Arrastraban los cuerpos uno a uno, limpiando cada rastro de lo ocurrido. La sangre era cubierta, los casquillos recogidos, las huellas borradas.
Nada debía quedar de esos hombres, nadie podía delatarlos. Era un procedimiento que desde pequeña ella había aprendido a ver y perfeccionado con los años.
Desaparecer era un verdadero arte. Chiara observaba la escena sin expresión. Como si ya no le afectara como si todo aquello fuera parte natural de su mundo. Pero no lo era.
Nunca lo había sido. Solo aprendió a soportarlo, metió la mano en el bolsillo de su abrigo y sacó un cigarrillo junto con un encendedor. Lo encendió con calma, inhalando profundamente.
El humo llenó sus pulmones. Y por un segundo, uno solo logro sentir algo parecido a la tranquilidad. Exhalo lentamente mirando al vació, pero, entonces lo noto.
Grace.
A unos metros de distancia.
Observando.
Demasiado atenta.
Demasiado presente.
Sus ojos no eran de alguien acostumbrado a ese tipo de escenas.
Eran… analíticos.
Chiara entrecerró ligeramente la mirada.
En ese instante, el teléfono de Grace sonó.
Ella se apartó sin decir nada.
Demasiado rápido.
Demasiado conveniente.
Chiara no dijo nada.
Pero lo registró.
Siempre lo hacía.
—Es en serio, Ricci.
La voz de Chiara rompió el silencio cuando él se acercó y, sin pedir permiso, le quitó el cigarrillo de los labios.
Inhaló con tranquilidad.
Como si nada.
—Últimamente fumas más que antes—dijo él con una media sonrisa—Recuerdo que cuando estabas en Serbia eras igual.
Chiara se quedó en silencio un segundo.
—Serbia…
El recuerdo llegó sin avisar.
Violento.
Claro.
—Ya no me acordaba de esa misión.
Ricci soltó el humo lentamente.
—Claro que sí. Solo que no quieres hacerlo.
Pausa.
—Esa misión cambió todo.
Chiara desvió la mirada.
—Sí.
Su voz fue más baja.
Más pesada.
—Pero al menos Dimitar ya no está aquí.
Ricci la observó de reojo.
—Eso no borra lo que pasó.
Chiara negó levemente.
—No.
Pausa.
—Las muertes… se quedan.
Silencio.
—Y aunque ahora tengamos el control de la mafia serbia…
Se cruzó de brazos.
—Eso no significa que estemos a salvo. Siempre habrá alguien queriendo reclamar lo que era suyo.
Ricci asintió.
—Y eso te pone en la mira.
Chiara no respondió.
Porque ya lo sabía.
Ricci volvió a mirar hacia donde estaba Grace.
Ella seguía a lo suyo.
O al menos eso aparentaba.
—¿No crees que esa numérale pasa demasiado tiempo en el celular?
Chiara frunció levemente el ceño.
—¿Grace?
—Sí.
Pausa.
—Siempre que vengo… está igual.
Chiara pensó un segundo.
—No lo había notado.
—Yo sí.
Ricci bajó la voz.
—Y no me gusta.
Silencio.
—En la reunión —continuó—solo hacía preguntas. Observaba demasiado.
Chiara lo miró.
Ahora con más atención.
—Me dijeron que se sentó sin invitación junto a mis tíos.
Pausa.
—Y por cómo se ha comportado…
Entrecerró los ojos.
—Creo que oculta algo.
Ricci no dudó.
—¿Crees que sea una infiltrada?
Chiara negó lentamente.
—No.
—¿Tan segura estás?
—No tiene el perfil.
Ricci arqueó una ceja.
—Es estadounidense.
—Eso no significa nada.
Pausa.
—Y no tiene familia. No tiene vínculos claros.
Ricci la observó con cierta incredulidad.
—Chiara…
Se inclinó un poco hacia ella.
—Siempre viendo el lado bueno de las personas.
Una leve sonrisa irónica apareció en los labios de Chiara.
—Qué gracioso.
Pausa.
—De verdad eres muy divertido, Ricci.
—Lo sé.
Ambos guardaron silencio.
Pero la tensión seguía ahí.
—Cambiemos de tema —dijo finalmente Ricci.
—Negocios.
Chiara asintió.
—Habla.
—Hablé con algunos socios.
Su tono cambió.
Más serio.
—La presión está aumentando.
Pausa.
—La DEA nos tiene encima.
Chiara no se sorprendió.
—Lo sé.
—No.
Ricci negó.
—No lo sabes.
Pausa.
—Nos están cerrando el círculo.
Eso sí llamó su atención.
Chiara lo miró fijamente.
—Entonces necesitamos movernos.
Silencio.
—Y rápido.
Ricci asintió.
—Ya tengo una idea.
Chiara lo observó unos segundos.
—Hablemos en la oficina.
Miró a su alrededor.
—Aquí no confío en nadie.
Minutos después…
La puerta de la oficina se cerró.
Chiara activó el sistema de seguridad.
Nadie podía escuchar.
Nadie podía entrar.
Silencio absoluto.
Se giró hacia Ricci.
—¿Cuál es tu propuesta?
Ricci respiró hondo.
—Basándome en lo que he recolectado…
Pausa.
—Y en cómo se están moviendo…
Se acercó a la mesa.
—Tenemos que desviar la atención.
Chiara cruzó los brazos.
—¿Hacia los Becker?
Ricci negó.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque ellos también son objetivo.
Silencio.
—Si caen… no seremos invisibles.
Chiara lo entendió.
—Entonces… ¿quién?
Ricci la miró directamente.
—La mafia sueca.
Pausa.
—Aliados antiguos de la mafia serbia.
Chiara lo analizó.
—Explícate.
—Es simple.
Se inclinó sobre la mesa.
—Filtramos información.
Pausa.
—Hacemos que la DEA crea que ellos están moviendo algo grande.
Chiara entrecerró los ojos.
—¿Y nosotros?
—Desaparecemos del radar.
Silencio.
Chiara caminó lentamente por la oficina.
Pensando.
Calculando.
—Es arriesgado.
—Todo lo es.
Pausa.
—Pero funciona.
Chiara se detuvo.
—Si hacemos esto…
Se giró hacia él.
—El mundo va a arder otra vez.
Ricci sonrió levemente.
—Siempre arde.
Chiara tomo su celular para marcarle a leonid la llamada entre ambos fue directa, ella le explico su plan con detalle.
Cada riesgo. Cada posible resultado. Silencio.
Del otro lado.
Análisis.
Luego.
—Adelante.
Chiara colgó.
Miró a Ricci.
Sus ojos eran distintos ahora.
Más fríos.
Más decididos.
—Está hecho.
Pausa.
—Prepárate.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
Pero no era de alegría.
Era de guerra.
—Porque el mundo…
Silencio.
—Va arder de nuevo.
Fuera de la oficina…
Grace caminaba lentamente por el pasillo.
Su expresión era neutra.
Controlada.
Pero su mente…
Trabajaba sin descanso.
Había visto demasiado.
Escuchado lo suficiente.
Y aunque no lo sabían…
Cada movimiento que hacían…
Los acercaba más…
A su caída.
...CONTINUARÁ...