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MIELY

MIELY

Status: En proceso
Genre:Terror / Maldición / Leyendas de fantasmas / Poderosas criaturas sobrenaturales / Casos sin resolver / Mitos y leyendas / Completas
Popularitas:95
Nilai: 5
nombre de autor: Powder34

Sydney Brown, una joven asocial desafortunada se ve forzada a trabajar en los baños de un templo.

Unos baños que cargan con una maldición que acecha desde los rincones en una espiral de rencor y odio que parece no terminar jamás.

Donde deberá elegir si...

¿Ser una heroína?

¿Ayudar a la maldición?

¿O no hacer nada y observar como el rencor destruye a las personas de su alrededor?

NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #10: Detective Nishida

Esa madrugada antes de ir a mi trabajo fui a la comisaría para denunciar al acosador que días antes había entrado a mi casa por la ventana, esta vez salí sin mi madre debido a que no quería preocuparla. No quería asustarla, ni tampoco causarle más problemas.

—¡Syd! ¡Ya hay que irnos! —gritó Yoko afuera de mi casa—.

“Tú… tú puedes… ¡Tú puedes! ¡Tú puedes! Tú puedes” pensé mientras abrazaba mi celular antes de ponerme música para calmar mi miedo a salir

—¡Syd! ¡Vámonos! ¡No quiero llegar tarde!

Debido a que la escuela de Yoko estaba cerca de la comisaría, le pedí que me acompañara al menos hasta la puerta para no huir y regresar a casa, como siempre lo hacía.

—Tu… tu-tu puedes… —susurré repetidas veces mientras me quedaba de pie frente a la puerta de la comisaría—. Aquí voy —añadí sintiendo un burbujeo en mi estómago—.

Unos policías me tomaron la declaración al igual que se quedaron con la fotografía y la nota que me había dejado Horu. Los policías parecían bastante interesados en ayudarme, creía que sería como en las películas que había visto y solo me tomarían como loca.

—Señorita, le informaremos en unos días sobre su demanda

—Y no olvide llamarnos, si ese tal Horu se acerca, por favor, no queremos que esto escale a una tragedia mayor

—S-sí —respondí en voz baja y con la cabeza agachada—

Lo curioso es que en esa visita a la comisaría me encontré con el hermano de Yoko, él al verme se me acercó intrigado, imagino que se pensaba que había ido a dar una declaración por la muerte de la señorita Nozomi.

—¡Señorita Brown! —gritó el detective mientras se me acercaba—. Oye —se interpuso en mi camino para detenerme antes de que escapara—. ¿Sucedió algo? ¿Al fin decidiste hablar sobre el caso?

—N-no vi-vine por e-eso —respondí con la mano en la boca—.

—¿Qué? Entonces por qué… viniste a la comisaría —se detuvo cuando se dio cuenta de que estaba temblando y que tenía los ojos llorosos—. Mm… voy para el templo ¿Quieres que te lleve?

Tragándome mi vómito asentí, no quería regresar en camión o sola a casa, lo mejor era irme acompañada al menos por un detective, el cual parecía ser bueno. Sí me pasaba algo, él me protegería por lo que debía sentirme segura con él.

El detective me llevó al templo en una camioneta, que olía a tierra y que tenía la mayoría de los asientos rotos. En el camino no pude dejar de sentir frío, un frío que me daba escalofríos y una presión en mi pecho, casi como si mamá me abrazara con fuerza, solo que a diferencia de la calidez y tranquilidad que sentía con mamá, este abrazo me hacía sentir rara. También escuchaba un jadeó en mi oído y un pequeño peso en mi hombro.

Ese abrazo tan frío como el agua en tiempo de invierno, no era bueno, ni malo, solo sé que sentía menos náuseas por la ansiedad.

El detective parecía notar el frío, por unos segundos me pregunté el porque de eso hasta que vi el reflejo del retrovisor; unas manos pálidas estaban abrazándome con fuerza, y la cabeza de una mujer estaba apoyada en mi hombro.

No alcancé a ver el rostro de aquella mujer debido a que mi visión se tornó borrosa y me sentía tan cansada que dejé caer mi cabeza en el cristal para quedarme dormida.

Aunque antes de caer rendida por el sueño, pude ver a Horu de pie frente a la que era mi casa mirando enfurecido hacia la camioneta, y justo después sentí como alguien me acariciaba la cara y la cabeza con ternura, mientras me murmuraba que ella me protegería… que ella se encargaría del insecto.

Cuando llegamos al templo me desperté al momento, el detective parecía más amable que antes, suponía que era una extraña estrategia para obtener información del caso.

—Te compré un café con leche, la señorita Makawa me dijo que te encantaba —dijo risueño mientras me daba un café—. Y por cierto, ¿la conocías mucho? O… ¿O hubo algo extraño?

—¡Puta madre! ¡Oiga! Sí tanto quiere saber respuestas, solo entre al puto baño y déjeme en paz —me quejé moelsta mientras tiraba el café al suelo—.

—Señorita, oye, lo siento no quise ser grosero

—バカヤロー —grité enfurecida mientras caminaba a los baños—.

—¿Qué? ¿Desde cuándo habla japonés?

No sabía porque pero me sentía muy molesta, el nerviosismo que sentía había desaparecido y ahora podía hablar como una persona normal, aunque… en el interior sentía que quien estaba hablando no era yo, sino alguien más.

—¡¡Oye!!

Con solo pisar los baños me sentí mareada, perdí la mayor parte del equilibrio y en un acto reflejo de mi cuerpo corrí al baño para vomitar, solo que debido a que el detective me detuvo antes de llegar, y terminé por vomitarle a él para después caer al suelo con la visión borrosa.

—¡¡Señorita!! ¡¡Señorita!!

Cuando mi visión volvió a ser normal me llevé la sorpresa al ver que no había vomitado comida o cualquier otra cosa que sea normal vomitar, sino que había vomitado cabello, uno negro y rasposo.

—¿Estás bien? ¿Te puedes levantar?

—S-sí, so-solo… cre-creo que ne-necesito un ca-café —tartamudeé avergonzada—

—¿Tienes frío? —el detective corrió a su auto para agarrar su chaqueta y cubrirme con ella—. Estás temblando mucho

El detective preocupado me llevó al interior del templo para que los Shirakawa me cuidaran mientras él iba por un café con leche a la tienda.

—Brown-san, rápido toma esto. Esto te ayudará a mantener alejados a los malos espíritus —dijo el señor Shirakawa mientras se me acercaba con una taza en sus manos—.

El señor Shirakawa también estaba preocupado, él en su buena fé por ayudarme a recuperarme me dio una taza con un líquido que tenía un sabor extraño.

Por una extraña razón, eso me hizo sentir de nuevo como me sentía todos los días, es extraño lo sé pero a decir verdad no sé qué es peor; si sentir todos los días un burbujeo en tu estómago y sentir como tus manos no dejan de temblar o sentirte normal pero mareado y en una especie de parálisis del sueño.

Al menos para mí en ese momento sentir ese burbujeo fue un gran alivio agridulce. Debido a que había mejorado salí del templo para tomar un poco de aire, encontrándome con una mujer embarazada que tenía en su mano un celular.

—¿Qué? Oye ¿Por qué llevas la chaqueta de Reiko?

Antes de que pudiera responder me arrebató la chaqueta de forma brusca y comenzó a gritarme en japonés.

No entendía nada porque no hablo japonés y mucho menos lo entiendo cuando las personas me gritan exaltadas.

Lo único que sabía eran cosas simples que aprendí viendo anime pero por sus gestos y su tono de voz entendía que me estaba insultando.

A causa de los insultos, volví a sentir un peso en mi pecho, un pitido en mis oídos y un frío abrumador. Segundos después la mujer cayó al suelo inconsciente con una hemorragia en la nariz.

—¡¡Se-señorita!! —grité asustada y preocupada—.

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