Julián Alfonso Cabrera un CEO de mucho renombre, a pesar de estar casado con Karina Montalvo, llevaba una doble vida. ¿Podrá este CEO ocultar la verdad por nucho tiempo?
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El tema de la homosexualidad
En cuanto Julián regresó a su casa, Karina lo abordó con toda clase de preguntas.
Necesitamos hablar, Julián.
Karina te juro que no es nada importante, esa mujer no deja de presionarme, me acosa todo el tiempo. Le he hecho ver de todas las maneras posibles que soy casado y que no pienso traicionarte, pero fuera de eso yo no le hago caso. Te juro que te estoy diciendo la verdad.
¿Y por qué has vendido la casa colonial?, ese era tu regalo de aniversario.
Lo sé, amor, perdóname, pero el cliente fue muy insistente, además, estaba casi abandonada porque no he podido ir. ¿Me perdonas?
Está bien, pero de ahora en adelante no más secretos ni mentiras, ¿de acuerdo?
Sí, mi amor, gracias.
Julián le dio un beso, ella lo aceptó y juntos se fueron a la alcoba.
Aunque Julián amaba a William no pudo evitar poseer a Karina, una mujer muy ardiente y voluptuosa.
Claro, sus pensamientos estaban con William. Se lo hizo tal y como se lo hubiera hecho a él.
Esa noche Julián sintió como si un huracán perdiera su fuerza. Por el momento, había aplacado a la fiera.
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Varios días después, una foto llegó al celular de Julián Alfonso.
"¿Te gusta esta foto?", "tengo varias por el estilo".
Julián palideció. Alguien lo estaba espiando, pero, ¿quién?
Dilan lo observaba a través del cristal de su despacho.
Se tocó barbilla con el dedo índice. Todo iba a pedir de boca.
"Quién iba a pensar que todo un CEO estuviera escondido en el clóset", un nuevo mensaje anónimo.
Julián observó a través del vidrio de su despacho, no había nada fuera de lo normal; cada quien se ocupaba de sus cosas.
Una sonrisa iluminó el rostro de Dilan. De pronto sus ojos se cruzaron, Dilan levantó una copa y le sonrió con descaro.
Julián, a su vez, le devolvió la sonrisa. Aunque, en el fondo quería ahorcarlo, pero era tanto como hacerse del delito. Ambos sostuvieron las miradas, hasta que un empleado entró a la oficina de Dilan.
Julián siguió con su trabajo. El proyecto estaba casi listo.
Aunque Julián no le diera importancia a la foto recibida, en el fondo sentía temor de que su secreto saliera a la luz.
El resto del día pasó sin mayor importancia.
Pero al salir, Dilan lo interceptó, necesito hablar contigo.
Está bien, vamos a mi despacho.
Al entrar, Dilan cerró la puerta, Karina no le dio importancia a eso y se fue a su casa.
¿Qué es lo que quieres, Dilan?
¿Te gustó la foto que te mandé?, tengo otras parecidas.
Entonces, ¿fuiste tú?, ¿qué te traes?
Nada, solo quiero que renuncies a la presidencia y que me nombres a mí.
¿Estás loco?, ¿y qué le voy a decir a Karina?
Ese no es mi problema. Quiero la presidencia, y lo tendrás que hacer público.
¿O qué?
Es obvio, Karina y todos en la empresa sabrán lo de tu doble vida, dijo Dilan sabiendo que tenía el sartén por el mango.
Pero claro, Julián no se iba a dar por vencido así tan fácilmente.
Lo negaré todo, nadie te va a creer, es mi palabra contra la tuya.
Tu palabra no vale nada en estas circunstancias. Eres un homosexual que aún no ha salido del clóset.
¡Calla, no te consiento que hables así!
Yo hablo como me da mi regalada gana y no es mentira lo que digo. Y la prueba está en esa foto que te envié. Así que, no quieras pasarte de listo, te doy una semana para que me dejes la presidencia.
Pues fíjate que no pienso dejarte nada y hazle como quieras.
Julián salió azotando la puerta de su despacho. No podía consentir que alguien supiera su secreto y encima querer divulgarlo a cambio de algo imposible.
Tendría que pensar en algo que pusiera out a Dilan.
Por lo pronto, habló con William y le dijo que no iría a visitarlo por algunos días porque la cosa estaba que ardía en la empresa.
A William no le pareció bien esa decisión, pero debía acatar lo que su novio dijera.
Julián le había dicho que estaba en planes para divorciarse de Karina, y él le creía ciegamente porque lo amaba.
Aunque ya había pasado cierto tiempo desde que se lo dijera.
Está bien, amor No te preocupes, pero no te olvides de mí, ¿de acuerdo?, dijo William tratando de ser comprensivo.
Por supuesto que no me voy a olvidar de ti, solo dame un poco de tiempo ¿quieres?
Ya te dije que no tengo ningún problema, esperaré el tiempo que sea necesario.
Gracias, te prometo que en cuanto esto se calme iré a verte.
William cortó la llamada, en el fondo le dolía mucho que Julián no tuviera tiempo para él.
Pero le daría tiempo para que arreglara sus problemas. En cuanto Julián volviera a su casa le prepararía una cena muy especial.
Mientras tanto, Julián tenía problemas con Dilan que no cejaba en su empeño de que este lo hiciera presidente.
Lo amenazaba abiertamente, ya no le importaba lo que los demás dijeran; hasta que ese pleito llegó a oídos de Karina.
Karina se presentó en el despacho de Dilan. ¿Quieres decirme qué es lo que te traes con mi esposo?
No tengo nada que ver con él, ¿por qué me lo preguntas? ¿Y por qué vienes así?
He escuchado rumores de que traes un pleito con él y no voy a tolerar esos desfiguros en mi empresa.
Tranquila, Karina, te aseguro que no tengo ningún problema con Julián.
Está bien, eso espero, porque si me pones a escoger entre tú y mi esposo no quisieras saber a quién voy a elegir.
Karina salió del despacho Con la frente muy en alto hacía tiempo que no lo soportaba, pero era una pieza muy importante en esa empresa.
Decidió dejar las cosas así y no hurgar más en lo que pasaba entre los dos, pero eso sí, estaría más al pendiente.
Lo que no sabía era que Dilan estaba chantajeando a Julián con el tema de la homosexualidad.
Ni por asomo se imaginaba que su esposo llevaba una doble vida.
Después de la otra noche en que la había tenido en sus brazos menos lo iba a pensar.