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BAJO LA MISMA ORDEN

BAJO LA MISMA ORDEN

Status: En proceso
Genre:Romance / Malentendidos
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Después de años de separaciones, heridas y secretos, Natalie Cardona, una valiente capitana de élite, y Dereck Stein, un estratega marcado por la guerra, se reencuentran entre el deber y el amor que nunca pudieron apagar, descubren que incluso las almas rotas pueden volver a latir...

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No te metas en mis asuntos

El reloj marcaba las siete y media cuando cerré el último informe. Había pasado todo el día encerrado entre papeles, estrategias y pantallas, intentando que el trabajo apagara lo que me quemaba por dentro. Pero ni la guerra ni las órdenes podían silenciar su voz repitiéndose en mi cabeza. "No necesitas apartarme para demostrar autoridad."

Apreté los puños. No era autoridad lo que buscaba... era protegerla. Aunque eso a ella nunca le bastó.

Golpearon la puerta de mi oficina.

—Adelante —dije sin alzar mucho la voz.

James entró con su habitual sonrisa despreocupada, aunque noté que observaba con cautela.

—¿Te vas a pasar toda la noche acá, jefe? —preguntó, sentándose frente a mí sin invitación.

—Hasta terminar con los reportes —respondí, sin apartar la vista de los papeles.

Hubo un silencio incómodo. Luego él cruzó los brazos.

—¿Qué te pasa conmigo, Dereck? Estás raro. Me hablas como si te debiera dinero.

Levanté la vista y lo miré directo.

—Solo quiero que te mantengas alejado de Natalie.

James soltó una carcajada corta.

—Ah, ya entiendo. Así que esto es por ella.

—No, esto es por mí —dije con voz seca—. No me interesa si crees que puedes jugar con su atención o burlarte, pero no la uses para provocarme.

Él arqueó una ceja, divertido.

—Tranquilo, hermano. Lo de ella era puro juego. Si te soy sincero, a mí me gusta otra persona.

—¿Ah, sí? —pregunté con tono escéptico.

—Emma —admitió, bajando la voz, casi como si revelara un secreto.

—Con Natalie solo bromeaba porque... bueno, todos saben que entre ustedes hay fuego, y verla reaccionar contigo es divertido.

—No hay fuego —dije bruscamente—. Hay historia. Y las historias a veces se queman solas.

James me miró con una mezcla de compasión y sarcasmo.

—Sí, claro. Y por eso la miras como si fuera el único aire que te queda.

Me quedé callado. Él sonrió, se levantó y me dio una palmada en el hombro.

—Haz lo que quieras, pero si la amas, deja de fingir que no. Porque al paso que vas, ese fuego se te va a apagar sin darte cuenta.

No respondí. Me limité a cerrar la carpeta, tomar mi chaqueta y salir del edificio.

El viento afuera olía a lluvia. Conduje hasta mi apartamento en silencio, dejando que las luces de la ciudad se mezclaran con los recuerdos. Cuando llegué, abrí la puerta y solté las llaves sobre la mesa. El silencio me recibió con la misma frialdad que yo había aprendido a dominar.

Estaba por cerrar la puerta cuando un golpe seco la empujó hacia adentro.

Natalie.

Entró con el ceño fruncido, la mirada llena de rabia contenida y la respiración agitada.

—¿Qué demonios te pasa? —soltó, sin preámbulos—. ¿Por qué me dejaste fuera de la misión?

—No tienes que entrar así a mi casa —respondí, sin mirarla del todo.

—Respóndeme, Dereck. —Su voz tembló, entre furia y decepción—. ¿Qué estás haciendo? ¿Crees que apartándome me estás cuidando?

—Estoy haciendo mi trabajo. —Tomé un vaso y serví agua, fingiendo calma—. No necesito justificar mis decisiones ante ti.

Ella dio un paso al frente.

—No me vengas con tu maldita autoridad. Me gané mi puesto igual que tú, y merezco estar ahí.

—No después de lo que pasó —solté, y supe que la herí.

Sus ojos se encendieron.

—Sigues atado al pasado. No puedes vivir cargando con eso para siempre.

—¿Y cómo diablos lo dejo atrás, Natalie? —grité finalmente, girándome hacia ella—. Si el pasado acaba de volver a tocar mi puerta. Si estás aquí, respirando el mismo aire, actuando como si nada hubiera pasado.

—Porque aprendí a seguir adelante —replicó ella, alzando el mentón—. No pienso quedarme atrapada en algo que tú destruiste.

Reí con amargura.

—¿Yo lo destruí? ¿En serio? Tú fuiste la que decidió traicionar órdenes, la que cruzó la línea y me obligó a tomar esa decisión.

—¡Tú firmaste mi baja! —gritó, con los ojos vidriosos—. Me quitaste lo único que sabía hacer, lo único que era mío.

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