Un hombre conocido por su gran poder esta en busca de una esposa.
Lidia Paige que se dedica al campo laborando junto a sus hermanas, recibe la propuesta de dicho hombre. En un principio se rehusaba a desposarse con el, por ser conocido por su intimidante presencia; sin embargo, termina aceptando.
El verdadero reto comienza desde que pone un pie en la gran mansión del Sr. Lennox.
¿Es verdad los rumores que circulan sobre el?
Sellando su destino tras la boda, se embarcara en una vida llena de incógnitas acerca de su esposo.
Trilogía Lennox.
Libro I. Conociendo a mi Esposo.
Libro II. Lagrimas en Soledad.
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Nubes grises.
Lidia miraba por el balcón de su recamara, como en lugar del sol brillar en lo alto, grandes nubes cubrían el cielo, pronosticando una tormenta.
La señora Jones caminaba de un lugar a otro por la habitación, desesperada.
-El tiempo corre y la señora Wendell aún no aparece con el vestido- mencionaba.
Se encontraba sentada frente al tocador mientras una mujer, al parecer una empleada de la mansión que se ofreció voluntaria para peinar a Lidia, sujetaba su cabello hacia un lado para que cayera sobe su hombro, dejando a la vista su cuello. Su cabello era decorado con una corona de flores pequeñas. El ama de llaves se detuvo y miro a Lidia.
-Oh señorita, luce hermosa, con el vestido puesto resplandecerá aún más este día- tal cumplido la hizo sonrojar.
-Muchas gracias - le dijo a la empleada que se había tomado la molestia de peinarla
-Es un placer señorita, hoy es un día importante, solo quería ayudar un poco-
-Siempre has sido tan amable Amelia- dijo la señora Jones sonriendo. Tocaron la puerta y ahí estaba el mayordomo sosteniendo un paquete envuelto.
-Señorita Paige, su vestido a llegado- anuncio el señor Jones. El ama de llaves se apresuró, le quitó el vestido de sus manos y lo despidió alegando que no debe entrar la habitación ya que estaba repleta de mujeres. Con la ayuda de Amelia, ayudaron a vestir a Lidia.
Al terminar de atar el corsé del vestido y acomodar todo como debía ir, se dio la vuelta esperando alguna expresión de las presentes. Ninguna hablo. Vislumbro en los ojos de la señora Jones como esta se contenía para llorar.
-Definitivamente resplandeces señorita, luces hermosa- sé apresuro y abrazo a Lidia envuelto en cariño maternal. Amelia la felicitaba por la boda. La empleada se despidió de ambas informándoles que regresaría a su puesto, ya que había cosas que hacer antes de que los invitados llegaran.
Por un breve tiempo quedaron a solas, mientras la señora Jones se dedicaba a guardar la envoltura de paquete que venía envuelto el vestido, cuando fueron interrumpidas. Tocaron a la puerta; se trataba de una empleada que iba en busca de la señora Jones.
– El señor Lennox la busca- fue la única oración que anuncio, y el ama de llaves se despidió rápidamente, saliendo de la habitación. Estando de pie únicamente ella en la recamara se miró en el espejo del tocador.
-Mamá, Leah, Larissa… papá. Voy a casarme- su voz se entrecorto con ganas de llorar. Se contuvo, en cualquier momento podía aparecer alguien y no quería que la vieran llorar.
La puerta detrás de ella se abrió, no giro a mirar confiando que se trataba de la señora Jones.
-¡Es hermosa señorita! - exclamo Connor. Demostraba lo alegre que se encontraba.
-Estoy seguro que el señor Lennox la amara todavía mas- dijo extendiendo sus pequeños brazos a los lados. Envidiaba la inocencia del niño, anhelaba que nunca se llegase a enterar que este matrimonio estaba en base a las necesidades de ambos y no sobre el amor.
-¿De verdad lo crees? - le pregunto Lidia siguiendo el juego a Connor.
-Por supuesto, yo confío mucho en el señor Lennox, eso me dijo anteriormente- anunció emocionado. Las palabras que acababan de decir no podían ser ciertas ¿verdad?, como podría amarla cuando no se conocían siquiera. Podría ser solo un juego del pequeño, pero parecía muy confiado. No entendía que estaba sucediendo. Entonces, Connor conocía al señor Lennox. Disponía a preguntarle al niño.
-¡Connor! No deberías estar aquí- lo reprendió una joven empleada, que entro a la habitación, al ver su rostro la reconoció, era la joven de la cocina, la que parecía tener edad igual a Larissa.
-Mamá, solo quería felicitar a la señorita-
-Disculpe señorita Paige, Connor es un niño muy tranquilo, hablare con él para que no la moleste de nuevo- se disculpaba la joven, como si algo terrible hubiera pasado.
-Tranquila, no ha pasado nada malo, Connor es mi amigo- dicho esto el pequeño pareció estar más orgulloso y sonrió.
-Te lo dije mamá, la señorita es mi amiga- le aseguraba Connor. La joven asemejaba la edad de Larissa, le parecía muy joven para ser madre. Tal vez por el hecho de que, al ser la mayor de sus hermanas, y haber tomado un papel importante como responsabilizarse por ellas es que las veía como niñas aun en su cabeza.
-Señorita muchas gracias por su amabilidad, y felicidades por su boda. Estoy segura que será un día espectacular y será muy feliz en el futuro- agradecía las palabras de la joven, pero miro fuera y las nubes grises parecían dar lo contrario a lo que había dicho. La joven siguió la mirada de Lidia y sonrió.
- No se preocupe, si llueve significara que es algo bueno- aseguró
-¿Cómo es eso? -
-Se dice que cuando llueve el día de tu boda es porque trae consigo bendiciones. Viendo cómo está el cielo, debe alegrarse, es señal de que el porvenir será muy bueno-
Las palabras de la empleada parecían reconfortantes, sumando a lo que Connor dijo hace un momento. Podía permitirse un mañana prometedor.
-Es cierto señorita, mamá pocas veces se equivoca- insistió Connor.
-Margaret, Connor- los nombro el ama de llaves – estoy segura que han venido a felicitar a la señorita Paige- dijo, mientras ingresaba a la recamara.
-Así es señora, ella es mi amiga- dijo Connor orgulloso.
-Veo que ya se conocen, eso es bueno- la señora Jones no parecía tener problemas con el lazo que se comenzaba a forjar entre Lidia y el pequeño.
-Señorita Paige, es momento de comenzar-
El tiempo había transcurrido, la boda daría inicio y los nervios se apoderaban de ella.
-No pensamos que vendrían muchos invitados, en su mayoría solamente son personas que quieren crear un lazo con el señor Lennox, debido a su estatus- decía el ama de llaves. – no importa, nosotros estaremos cerca por si necesita algo- dijo la señora Jones, contando con Connor y su mamá. Estos dos asintieron confirmando.
Salieron de la mansión y un carruaje esperaba por ella.
-El ya se encuentra esperando- le dijo el ama de llaves antes de separarse de ella y enviarla a la iglesia.
El trayecto duró poco, sentada esperaba a que le abrieran la puerta, consejo que le dio la señora Jones.
-Espera hasta que abran la puerta y acepta la ayuda para bajar- y así lo hizo.
Un camino empedrado la guiaba a una iglesia con grandes esculturas. Se dirigió y unas puertas de madera se abrieron dando su entrada. A los lados se ubicaban personas que nunca había visto en su vida a excepción, de la familia del señor Lennox, personas con su mejor vestimenta, tan elegantes.
Poseída por los nervios sentía como sus piernas parecían perder su fuerza. Avanzo aun así y al final del tramo, de pie, se encontraba su futuro esposo.
No sonreía, su rostro estoico, su cabello peinado hacia atrás, con un traje completamente negro. Solamente estando ahí de pie, la atención de Lidia se dirigía a él. No quería reconocerlo, pero se miraba muy atractivo. No importaba la cicatriz en su rostro, todo en el lucia espectacular.
Se acercó hasta donde estaba, y sorpresivamente tomo su mano. El corazón de Lidia latió rápidamente ante el tacto. No podía apartar los ojos de su rostro. Se sentía hipnotizada por él. No presto atención a su alrededor ni a la moción del tiempo, hasta que el señor Lennox, parecía hablarle por lo bajo.
-Señorita Paige- regresó su concentración, parecía confundida.
-¿Qué? - fue lo único que salió de su boca y murmullos comenzaron a escuchar por parte de los presentes.
-¿Acepta o no, al señor Lennox como su esposo? - preguntó el padre presente.
-Si- dijo y vislumbro como los hombros del señor Lennox se relajaron.
Después de eso, no recordaba nada más, se imaginaba que la iba a besar, pero no fue así. El único tacto que compartieron fue el sostenerse de las manos, y estaba profundamente agradecida. Solamente ese gesto la tenía con las piernas temblando, no podía imaginarse que pasaría si se hubieran dado un beso.
Su pensamiento se llenó de eso, aun sosteniendo su mano salieron de la iglesia, y se subieron al carruaje. Dentro la soltó.
El silencio se mantuvo en el corto trayecto. Llegando a su destino. De nuevo a la mansión.
-No te apartes de mí lado- dijo antes de bajar del carruaje y ayudarla. De nuevo con sus manos unidas entraron.
Hace solamente una hora era Lidia Paige, regresó siendo Lidia Lennox.
Sonreía a las personas que esperaban dentro de la mansión, la mayoría eran empleados, puesto que los demás apenas se habían retirado de la iglesia.
Los guiaron a un gran salón que no había explorado antes, algunos invitados estaban presentes, poco a poco el lugar se fue llenando.
Ya no se sostenían de la mano, pero estaban cerca uno del otro. Se sentaron en una gran mesa que era solo para ellos dos. Siendo aún la novia, se sentía invisible entre tanta multitud, las personas solo se acercaban queriendo platicar con su ahora esposo. Las mujeres que los acompañaban barrían su mirada de arriba abajo, echando un vistazo a todo su cuerpo. Ni se inmutaba, al parecer era un requisito al ser de un estatus alto.
Entre las personas que conversaban en el gran salón, visualizo a la señora Edwards sentada al lado de su madre, al otro lado estaba un señor con barba, supuso que era el señor Edwards. No se acercaron a saludarla en ningún momento.
El señor Lennox continuaba serio a su lado, no sonreía a los invitados que se le acercaban. Sintió como la miró en un instante, seguido despidió a los hombres que se le acercaron alegando que necesitaba un tiempo con su esposa.
Se sentó derecha al escuchar.
-¿Se encuentra bien? - pregunto
-Estoy bien, solamente siento un poco de cansancio- expuso
-Solo unas horas más y podrás descansar, hay que terminar esto juntos- sintió afecto al escuchar la palabra “juntos” en la oración, desde que llego, el señor Lennox no compartía nada con ella, sin contar las horas de comida que no solían durar mucho. Asintió estando de acuerdo con él. Una idea se sembró en su mente, ahora siendo esposos, dormiría a su lado.
Percibió como el hombre sentado a su lado se tenso de pronto. Giró su cabeza a observarlo, su mirada estaba fija en el hombre que se acercaba a ellos.
-Enhorabuena, primo, ha sido una boda perfecta, digna de alguien que porta el apellido Lennox- dijo Julius, que se acerco con una copa en mano. Su rostro reflejaba estar ebrio.
-Señorita Paige… lo siento, señorita Lennox. Esta tarde se ve resplandeciente, tome este humilde cumplido con honestidad, lamento informarle que su belleza será opacada al lado de este hombre- continúo diciendo. Lidia no sabía cómo reaccionar.
-¡Detente! - alzo un poco la voz el señor Lennox, nadie pareció escuchar y los que lo hicieron fingieron no hacerlo.
-¿Por qué? - desafió Julius, dejando la copa en la mesa. Lidia deseaba detenerlos, sobre todo al joven que se encontraba ebrio, comenzaba a llamar la atención de los demás.
La tensión y el silencio albergaban, temía que comenzaran una pelea. Por suerte un hombre mayor llego por detrás de Julius y lo sostuvo del brazo.
-No crees una escena en la boda de Asher- reprendió el hombre que sostenía a Julius, era el mismo que había visto con la señora Edwards.
-Asher, lamento el inconveniente- se disculpó aquel hombre y su hijo se quedó callado. El señor Lennox asintió en respuesta.
-Señorita Lennox, disfrute el resto de su boda, nosotros nos retiramos- se despidió el señor Edwards y se llevó a Julius, en dirección a las habitaciones en la segunda planta.
El ambiente se relajó al instante que los dos hombres de hace un momento se retiraron, menos el señor Lennox, continuaba con su ceño fruncido. Lidia buscaba con que distraerle del mal momento.
-Así que su nombre es Asher- fue todo lo que dijo y pareció funcionar. Su rostro se relajó un poco. – desconocía su nombre, por un momento pensé que solo era señor Lennox- bromeo.
Su esposo no respondió, al contrario, alargo su brazo hacia ella y tomo su mano, apretándola gentilmente. El acto la dejo sin aliento.
-Señor Lennox- la sacó de su trance el señor Jones, no se percató en que momento llego – han informado que se avecina una tormenta.
Cuenta la historia de dos personas que se enamoran aunque siempre hay baches y desconfianzas, por no hablar claro desde el primer momento.
Es una historia muy dulce.
Y ahora a leer el siguiente