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La Doncella Y El Alfa

La Doncella Y El Alfa

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

En desarrollo
Sinopsis:
Alondra, la hermosa hija de un humilde leñador, es abandonada en un altar de piedra en el corazón del bosque prohibido como un sacrificio humano para apaciguar a las bestias salvajes. Sin embargo, su destino cambia drásticamente cuando emerge de la niebla Caleb, el imponente y tatuado Alfa de la Manada Roja. Al olfatear su piel, el lazo místico de las almas compañeras (mates) se despierta de golpe, transformando a la supuesta víctima en la legítima reina de los lobos. Protegida por las garras de un líder implacable y devoto, Alondra deberá dejar atrás sus miedos mortales para asumir su lugar como la Luna de la fortaleza, mientras el pueblo que la desechó planea una traición que pondrá a prueba la fuerza de su ardiente vínculo.

NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9

​La noche cayó sobre las montañas con una ventisca feroz que aullaba como mil demonios más allá de los gruesos muros de piedra de la fortaleza. El frío del exterior era implacable, pero en el gran salón privado de Caleb, la atmósfera era sofocante, cargada de una electricidad estática que hacía que la piel de Alondra ardiera con una sensibilidad desconocida. El fuego de la chimenea rugía con fuerza, arrojando destellos dorados y rojizos que bailaban sobre la piel bronceada del Alfa, quien caminaba de un lado a otro con el torso descubierto, dejando a la vista la imponente y masiva musculatura de su espalda y los intrincados tatuajes tribales que se tensaban con cada uno de sus movimientos felinos.

​Alondra estaba sentada en el borde de la cama, vistiendo una bata de seda ligera de color blanco que Caleb le había obsequiado. El tejido se adhería suavemente a sus curvas, y su cabello dorado caía en cascada sobre sus hombros desnudos. Su corazón latía con una fuerza desbocada en su pecho; el aroma del Alfa —esa mezcla embriagadora de ozono, tormenta y madera de pino— se había vuelto tan espeso en la habitación que casi podía saborearlo. Era una fragancia que la llamaba, que despertaba en lo más profundo de su ser un instinto salvaje y un anhelo ardiente que ya no podía, ni quería, seguir conteniendo.

​Caleb se detuvo de golpe. El sutil cambio en la respiración de Alondra y el aroma dulce que su cuerpo comenzó a emanar debido a la agitación no pasaron desapercibidos para sus sentidos de lobo. Se giró lentamente, y Alondra ahogó un suspiro al ver sus ojos: las pupilas doradas del Alfa estaban dilatadas por completo, brillando con una fijeza devoradora, salvaje y cargada de un deseo puro y posesivo que la hizo estremecer desde la cabeza hasta los pies.

​A pasos lentos, midiendo el espacio como un depredador que se acerca a su tesoro más preciado, Caleb acortó la distancia entre ambos. La madera del suelo crujía bajo sus pies descalzos. Cuando llegó frente a ella, la sombra de su colosal y esculpido físico la envolvió por completo. Caleb se arrodilló despacio, quedando justo entre las piernas de la joven, rompiendo cualquier barrera de espacio personal que hubiera existido entre ellos.

​—No tienes idea de lo difícil que ha sido mantener la distancia, Alondra —susurró Caleb. Su voz ya no era solo ronca; era un gruñido bajo, espeso, que vibró directamente en el vientre de la joven, haciéndola jadear—. Cada hora del día, mi lobo ruge en mi cabeza exigiéndome que te reclame, que te haga mía. Tu olor me está volviendo loco, mi pequeña luna. Me quema la sangre.

​Alondra, dominada por una valentía que no sabía que poseía, no retrocedió. Al contrario, humedeció sus labios carnosos con la punta de la lengua, un gesto inocente que hizo que Caleb apretara la mandíbula hasta que sus músculos se marcaron dolorosamente. Con manos temblorosas pero decididas, Alondra extendió sus dedos y los posó directamente sobre el pecho desnudo del Alfa. Su piel estaba hirviendo, febril, y el corazón de Caleb golpeaba contra sus costillas con la misma violencia que el de ella. Deslizó sus manos por sus anchos hombros, delineando los patrones oscuros de sus tatuajes, maravillada por la dureza y el poder de ese cuerpo que estaba entregado por completo a ella.

​—Entonces no mantengas la distancia, Caleb... —susurró Alondra, con los ojos azules empañados por el deseo, entregándose por completo al llamado místico de su vínculo—. Yo también lo siento. Este fuego me está consumiendo por dentro. Te quiero cerca. Te quiero ahora.

​El sutil ruego de la joven rompió el último hilo de control que el Alfa poseía. Con un rugido ronco que se ahogó en su garganta, Caleb se impulsó hacia adelante. Sus manos grandes y callosas viajaron de inmediato a las mejillas de Alondra, sosteniendo su rostro con una mezcla de fuerza posesiva e infinita adoración, e inclinó la cabeza para estampar sus labios contra los de ella en un beso que hizo que el mundo entero desapareciera.

​Fue un beso fuerte, hambriento, apasionado y profundamente demandante. No había timidez en la boca de Caleb; sus labios estrujaron los de Alondra con una urgencia salvaje, mientras su lengua reclamaba el interior de su boca, explorándola con una posesividad que hizo que la joven soltara un gemido de puro placer contra sus labios. Alondra enredó sus dedos firmemente en la densa y larga cabellera castaña del Alfa, atrayéndolo aún más hacia ella, abriendo sus labios para recibir la tormenta de su afecto.

​Caleb subió a la cama, arrastrando su cuerpo musculoso sobre el de ella con una gracia abrumadora. Sin romper el beso, acomodó su peso entre las piernas de la joven, permitiendo que ella sintiera toda la dureza y la magnitud de su anatomía de guerrero. Sus manos descendieron por el cuello de Alondra, acariciando la piel expuesta, y con un movimiento firme pero delicado, apartó la seda blanca de su bata, dejando al descubierto la redondez de sus hombros y el inicio de sus pechos.

​El Alfa interrumpió el beso solo para descender por su mandíbula, dejando un rastro de besos húmedos, calientes y mordiscos suaves que hicieron que Alondra arqueara la espalda, enterrando las uñas en los robustos hombros tatuados de su compañero. El aliento caliente de Caleb quemaba su piel mientras él presionaba su boca contra el delicado punto donde el cuello se unía con el hombro, el lugar sagrado donde los lobos marcaban a sus compañeras.

​—Eres mía, Alondra —gruñó Caleb contra su piel, con la voz rota por la pasión, mientras sus manos recorrían la cintura de la joven, apretándola contra sus caderas en un vaivén lento y tortuoso que encendió un torbellino de sensaciones ardientes en el cuerpo de ella—. De la cabeza a los pies, en esta vida y en todas las que sigan. Mi cuerpo y mi alma te pertenecen.

​—Tuya, Caleb... siempre tuya —logró articular Alondra entre jadeos, entregada al ritmo febril de sus caricias, sintiendo cómo el lazo que los unía se sellaba con una fuerza inquebrantable en el fuego de esa habitación.

​La ventisca seguía rugiendo con violencia fuera de la fortaleza, cubriendo las montañas de hielo, pero dentro de los aposentos del Alfa, los dos amantes se sumergieron en una noche de pasión desbocada, donde las barreras entre lo humano y lo salvaje se derritieron por completo bajo el calor abrasador de un romance que ya nada en este mundo podría apagar.

1
Maribeth Minotta
ya me atrapo🥰🥰
Manu
Me ha gustado mucho los 20 capítulos qué he leído. Es algo diferente a lo que escribes pero sinceramente me ha gustado.
Jessica
almenos la va a cuidar
Jessica
hola muy interesante tu historia
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