una guerra entre el bien y el mal....
un amor que intentará desafiar todo o morirá...
traiciones, amistades, pero por sobre todas las cosas ellos, amándose cuando deberían haberse matado el uno al otro.
la luz no acepta la oscuridad y la oscuridad aborrece la luz.
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capitulo 8
Milena salió de la habitación y se encontró con una horda completa de demonios de bajo rango, hombres lobos y varios vampiros, también había trolls y arañas, pero esos eran sus menores problemas ahora, porque más allá de todo ese ejército, un perro de tres cabezas se alzaba y ella no necesitaba que le dijeran quien era, había peleado alguna que otra vez con él y ambos tenían el mismo nivel de pelea. Esto era una clara desventaja y más aún el hecho de que sus alas no habían sentido que la pluma que le había entregado al hombre para sacarlos de esa muerte segura, se hubiese activado, eso solo quería decir que aún seguían adentro, pero ¿por qué?. Volteó justo en el momento en que la capilla se vino abajo y su grito resonó por todo el lugar.
El hombre en el que había confiado, ahora estaba parado en medio de los escombros con solamente los niños vivos y los cuerpos de los demás adultos rodeándolo. Los pequeños estaban abrazados y lloraban, sus madres, sus tías, las mujeres que los habían protegido ahora se hallaban muertas a sus costados.
Maldito ¿qué has hecho?- dijo ella, pero antes de que pudiese dar un paso hacia él, el hombre levantó por el pelo a una pequeña y le puso un puñal en su cuello.
Siempre fui un asesino, me dieron la posibilidad de salir vivo de todo esto si traicionaba a los celestiales- dijo riendo.
Eres demasiado iluso humano, para creer que una vez que terminen conmigo, perdonarán tu patética vida- escupió con ira mirando a los niños que temblaban en el piso.
sé que él me perdonara- dijo señalando con el puñal a Lorcan que miraba la escena divertida, ninguno de sus súbditos se movía. Eran conocedores de que la celestial era poderosa, por eso debían primero bajar sus defensas antes de atacar y que mejor manera que hacerlo amenazando a los niños que con tanto esmero había protegido.
Suelta a la pequeña, Rubi o juro que no habrá nada que salvar de ti- le dijo mirándolo a los ojos.
No creo que eso sea posible, solamente debo entregarte, así que si quieres que los niños vivan, suelta tu espada- le dijo el hombre.
¿quién dijo que los niños vivirían? Son sangre fresca, inocente y joven, un manjar que casi no se encuentra hoy en día- se rio un vampiro.
Sus entrañas son lo más rico, aún más que las vírgenes- grito un hombre lobo.
Desde lejos Lorcan estaba atento a Milena, siempre le había llamado la atención que a diferencia de sus hermanos y de otros celestiales, ella tuviese el pelo tan rojo como el fuego, extraña ironía, pensaba cada vez que la veía. Su forma de pelear y su velocidad al volar se comparaban mucho con las de él, la única diferencia es que ella si era capaz de dar la vida por otros seres, mientras que él solamente la daría por sus hermanos y nada más.
Milena no podía voltear a ver al enemigo, su mirada se había clavado en el cuchillo que amenazaba la vida de la pequeña niña, no fue hasta que vio una pequeña gota de sangre resbalar por su cuello, que en silencio conjuro un hechizo en latín y la pluma que ahora estaba cubierta de sangre en un charco cerca se elevó del suelo y se clavó directamente en el ojo del hombre. Con esa distracción ella creó de su mano un látigo y lo golpeó alejándolo de los pequeños. Todo ocurrió en segundos, ella corrió hasta ellos y los rodeo a todos con un campo de energía para protegerlos, mientras que los súbditos de Lorcan lanzaban magia negra que chocaba directamente contra el escudo.
Cuanto más atacaban, más le estaba costando mantenerlo en alto, mientras tanto, también iban creando trampas para los que se atrevían a acercarse y de esta manera reducir el número de enemigos, no podía defender, atacar y aparecerse con los pequeños en otro lugar. Estaba segura de que alguno de ellos quedaría atrás y Milena no quería perder a ninguno.
Baja el campo y entrégate, te doy mi palabra de que los niños se irán sanos y a salvo de aquí- grito Lorcan.
¿Tu palabra? ¿Vale algo tu palabra demonio?- le espeto ella con furia.
Mi señor, esos jugosos niños deben saber muy bien- dijo un vampiro relamiéndose los labios.
tú decides celestial, en algún momento vas a cansarte y no solo te atraparé, sino que haré que veas como los devoran- sus palabras hicieron que ella se tensara de solo pensarlo.
Los pequeños cada vez lloraban más y Milena sentía como sus fuerzas iban disminuyendo con el correr de los minutos.
¿Como sé que puedo confiar en tu palabra demonio?- sabía que no podía, pero mientras dialogaba con él intentaba pensar en otra salida.
A pesar de tus estúpidas creencias, nosotros tenemos palabra y si te digo que si te entregas ellos vivirán, es porque así será- Lorcan miro al vampiro que obviamente iba a objetar de nuevo y automáticamente este se consumió en cenizas. El resto volteó a verlo con terror -tú decides, pero hazlo pronto, porque si tu escudo cae y no te has decidido será el fin de ellos- dijo esbozando una sonrisa.
Señora váyase, no creas en sus palabras- dijo el pequeño niño mientras abrazaba a otra niña.
Es mejor que se salve usted- las palabras de los pequeños destrozaban el corazón de Milena y por un momento sopeso todas las posibilidades.
está bien, aceptaré creer en ti, pero si te atreves a mentirme, el cielo será un castigo demasiado acogedor a lo que te espera bajo mi espada demonio- lo amenazó sonriendo.
Ella volteó a ver a los pequeños y dejo caer su escudo, concentro toda su magia y su fuerza en una pluma y al mismo tiempo que los hizo desaparecer unas cadenas negras se aferraron contra su cuerpo lastimándola. Lo último que Milena vio antes de caer desmayada, fue a los niños llorando implorando que no los dejara, pero ya era muy tarde, ella los había mandado con Nael, los había puesto a salvo a costa de su propia vida.