Acompáñame a ver la historia de Luisa Mendez..
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Lo que duele recordar
Los días siguentes habían pasado rápidos
Quince días.Quince días antes del bautizo.
Y Diego ya no era exactamente el mismo.
Luisa lo observaba desde la distancia, con Ilian en brazos, mientras él se inclinaba sobre la cuna revisando si el bebé estaba bien.
—¿Ya le diste la medicina? —preguntó él sin mirarla.
—Sí hace una hora —respondió ella.
Diego asintió.
Se quedó un momento más ahí.
Mirando al niño.
Luisa bajó la mirada, sintiendo algo extraño en el pecho.
—No sé qué bicho le picó ahora—pensó—. Pero me está gustando su cambio.Y ese pensamiento la asustó.
Porque una parte de ella quería creer que queria a su hijo.
—Tal vez cambió de opinión—susurró para sí misma—. Tal vez ahora sí quiere formar una familia con nuestro pequeño Ilian.
Sus ojos se llenaron de una ilusión que intentó apagar de inmediato tenía esa vocecita que le decía:No, no seas tonta Diego no te va amar nunca.
Pero aun así, no pudo evitarlo tener esa esperanza.
—Ojalá haya cambiado.Diego ahora estaba más presente.No todo el tiempo.Pero sí más que antes.
Iba a la universidad volvía y preguntaba por el niño.
A veces incluso se quedaba.
Una tarde, acompañó a Luisa a la clínica.
Ella no lo esperaba.
—No era necesario que vinieras —dijo mientras sostenía al bebé.
—Es mi hijo —respondió él, serio—. Claro que era necesario.No quizo discutir con él.
Durante la consulta, Diego observó todo en silencio.Atento.
Como si intentara aprender algo que nunca le enseñaron.
Cuando el médico terminó, Diego preguntó:
—¿Está bien mi hijo?
—Completamente sano —respondió el doctor—. Es un niño fuerte.
Diego asintió.se permitió respirar tranquilo.
Pero Luisa,no bajaba la guardia.
Lo miraba.Lo analizaba.
—Este hombre no cambia de la noche a la mañana es inestable—pensaba—. Un día está bien y otro no
Recordaba demasiado bien.
Las palabras.El desprecio.
El rechazo.No podía olvidar.
Aunque quisiera.
Y Estefany...
No había aparecido.Nada.Y eso,no la tranquilizaba.
—Esa mujer no se queda quieta —pensó Luisa—. Algo está planeando lo presiento.
Pero aun así en el fondo de su corazón deseaba que se mantuviera lejos.
Muy lejos.
Esa noche, mientras Ilian dormía, Luisa se quedó sentada en la cama.Pensativa todo lo que le pasó.Los recuerdos regresaron.
—¿Estás embarazada? —la voz de su madre había sido un grito.
Luisa apretó las manos.
—Sí
—¿Cuántos meses tienes? —preguntó su padre.
—Casi dos
Su madre se levantó de golpe.
—Todavía estás a tiempo… —dijo con frialdad—. Mañana mismo vanos al doctor para que te quiten esa cosa.
Luisa sintió que el mundo se le abría en dos.
—¿Esa cosa?
—El aborto —respondió su madre—. Ese bebé te va a arruinar la vida.
—No—susurró Luisa.
—No puedes tenerlo —insistió su padre—. ¿Qué va a decir la gente? ¿Qué clase de vergüenza es esta?
—No voy a abortar —repitió ella.
El golpe en la mesa la hizo temblar.
—¡Mientras vivas en esta casa, haces lo que nosotros decimos!
Luisa levantó la mirada, no retrocedió. No lo voy hacer papá.
—Entonces tendras que irte a la calle, hija estúpida.
Su madre la miró con desprecio.
—¿Quién es el padre?
Luisa dudó.
Pero ya no tenía nada que perder.
—Diego Sotomayor.
Sus padres se quedaron en shock.
Y minutos después
todo cambió.
Luisa cerró los ojos.
Ese día nunca lo olvidaría.
La forma en que la llevaron a jalones a la casa de Diego.
La vergüenza.La humillación.
Como si fuera un problema que debían resolver rápido.No una hija.No una persona.
—Los había defraudado—susurró, con lágrimas en los ojos.
Desde entonces.No volvió a verlos.Ni una llamada.Ni una visita.
Nada.Y ella,tampoco volvió.
—No quiero escuchar reproches —murmuró.
Se limpió las lágrimas.
Miró a su hijo.
—Pero ahora te tengo a ti mi amor.
Lo cargó con cuidado.
—Y eso es lo único que importa.
A la mañana siguiente, Rosa entró con una sonrisa suave.
—Señorita, debería descansar más.
Luisa suspiró.
—No puedo.Rosa se acercó al bebé.
—Ese niño tiene suerte —dijo—. Tiene una madre que lo defiende con todo.
Luisa bajó la mirada.
—Es lo único que tengo.
Rosa la miró con ternura.
—No diga eso usted puede tener mucho más.
—¿Cómo qué?
Rosa dudó un segundo, como por ejemplo Estudiar, salir adelante, no depender de nadie.
Luisa levantó la vista.
—¿Estudiar?
—Sí, ahora hay universidad en línea. Podría hacerlo desde aquí.
La idea quedó en su cabeza.
—Lo he pensado —admitió Luisa—. Pero ahora no puedo.
Miró a su hijo.
—Después del bautizo, tal vez.
Rosa sonrió.
—Ese es un buen comienzo.
Esa tarde, Diego llegó más temprano.
Luisa lo notó.
—¿Hoy no tienes clases? —preguntó.
—Salí antes —respondió él.
Se acercó a la cuna.
Ilian estaba despierto.Moviendo las manos.
Diego lo miró unos segundos.
Y sin decir nada lo cargó.
Como si ya fuera normal.
Luisa lo observó.
En silencio.
—Está cambiando poco a poco —pensó.
Pero inmediatamente se corrigió.
—No, todavía no.
—¿Cómo van los preparativos? —preguntó Diego.
—Bien ,todo listo para dentro de dos semanas.
—Mi madre está que invita a sus más distinguidas amistades
—Lo sé.
Diego dudó un segundo.
—Si necesitas ayuda dímelo.
Luisa lo miró sorprendida.
—Está bien…
Esa noche…
Cuando todo estaba en silencio Luisa entendió algo.
Su vida había sido triste.Difícil.
Llena de humillaciones.Pero ahora
tenía algo que antes no tenía.
Un motivo que era su motor para seguir.
—Ya no soy la misma —susurró.
Miró a su hijo dormir.
Pero muy lejos de ahí…
Estefany sonreía.Mirando una invitación.
El bautizo.
—Perfecto —murmuró.
Sus ojos brillaron con malicia.
—Ahí es donde todo se te va acabar, inteligentonta Luisa, espera y verás como te saco de mi camino.