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No Soy La Debilidad De Nadie.

No Soy La Debilidad De Nadie.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Aventura Urbana / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Dentro de la Mafia Rusa, existen pactos, lealdades y acuerdos, es por eso que las hijas son monedas de cambios para el ascenso de los jefes de las familia, es un modo facil modo de obtener más poder..
La familia Lombardi resultado de la unión del hijo de un capo de la Cosa znostra Italiana con la unica hija del lugarteniente y mano derecha de la Mafia Rusa. Su decendencua fue su primogeniro Alexander y kas gemelas Laura y Lorena.
El hijo y futuro jefe de la mafia rusa elvfrio y cruel Dimitri Volkov, siente una pasión descontrolada por una de las gemelas, mientras es el mejor amigo de sus hermanos, es que Lorena es un espiritu libre que odia la vida de la mafia y sueña con escapar de eze mundo, no quiere ser como.su madre, una mujer triste que se refugia en frivolidades y alcohol para olvidar su triste vida.
Dimitri logra casarse con Lorena, pero ella no quiere ser su debilidad, ni la de nadie, es por eso que aprendio defenza personal, yvparticipa en peleas clandestinas

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Risas y alegría

El grupo regresó a la mesa VIP del Zerkalo con la energía renovada que solo da la pista de baile. Alexander, que había estado observando desde la barra con un gin tonic en la mano, se levantó al ver a Dimitri y a Máximo cruzar la sala con esa elegancia de hombres acostumbrados a que el espacio se abriera a su paso. El hermano mayor de las gemelas, aunque receloso del entorno, conocía las reglas no escritas del mundo nocturno moscovita: si el dueño del local te saluda, se devuelve la cortesía. Dimitri le tendió la mano con un gesto seco pero educado, y Máximo asintió con la cabeza mientras sus ojos recorrían el perímetro con instinto de seguridad. Alexander, sin pensarlo demasiado, quizá empujado por el alcohol o por el deseo de que sus hermanas se sintieran protegidas en un lugar que no era el suyo, los invitó a unirse a la mesa. “Hay champán de sobra y las chicas agradecerán compañía interesante”, dijo con una sonrisa que pretendía ser despreocupada.

Dimitri aceptó antes de que Máximo pudiera siquiera susurrarle un recordatorio sobre la reunión pendiente con los inversores. Se sentaron en los extremos opuestos del sofá de terciopelo burdeos, y la mesa, que hasta hacía un momento bullía con las risas de las cuatro chicas, adquirió de repente una tensión eléctrica. Laura movió la copa para hacer espacio; Katia, siempre perspicaz, levantó una ceja; Karla y Lorena intercambiaron una mirada cargada de significado. La noche cambiaba de ritmo, y nadie sabía muy bien si para mejor o para peor.

Lorena y Karla, instaladas en un rincón del sofá con sus copas de rubí, comenzaron un cuchicheo que pronto se convirtió en una cascada de risas contenidas. Cotilleaban con la complicidad de quienes han compartido secretos desde la infancia. “¿Viste la cara que puso cuando Alexander lo invitó?”, susurró Lorena, imitando la expresión hierática de Dimitri. Karla, que había crecido en las colinas de Bogotá antes de que su familia se trasladara a Moscú, manejaba un lenguaje callejero que sus amigas adoraban. “Ay, hermana, ese man está guapérrimo, pero es un peluche… y no del suave, sino de esos de adorno que nadie puede tocar”, dijo con su acento cantado. Explicó que en Colombia, llamar “peluche” a un hombre era el mayor halago de belleza masculina, pero añadió que Dimitri era “más frío que el hielo ruso en enero”, una combinación letal. Se rieron tanto que Laura les lanzó una servilleta arrugada desde el otro extremo.

Karla, sin embargo, no pudo evitar lanzar una mirada fugaz hacia donde Dimitri hablaba con Máximo y Alexander, y reconoció en voz baja que, frío o no, el tipo tenía un carisma magnético. “Pero no me gustan los termostatos, yo quiero un fogón”, sentenció, mientras ambas chocaban sus copas. Lorena, aunque seguía la broma, sintió un cosquilleo incómodo en el estómago. Sabía que Karla solo jugaba, pero el simple hecho de que otra mujer notara la presencia de Dimitri le provocaba una mezcla de orgullo y celos que no quería analizar.

Laura, la gemela más observadora y pragmática, no había dejado de apreciar a Dimitri durante toda la velada. No era solo su físico: alto, de mandíbula marcada y ojos del color del acero, sino la forma en que ocupaba el espacio sin necesidad de alzar la voz. En un momento en que la conversación grupal decayó, ella se inclinó hacia él con la copa en la mano y le preguntó directamente: “Dimitri, siempre nos distingues. En cualquier fiesta, en cualquier lugar, sabes pocos lo logran. Y sin embargo, la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de que Laura y Lorena son dos personas diferentes. ¿Por qué?” La pregunta flotó en el aire mientras Máximo disimulaba una tos y Alexander contenía el aliento.

Dimitri se tomó su tiempo, girando el hielo en su vaso de whisky. Luego alzó la mirada y habló con una precisión quirúrgica. “Laura, tú eres fuego que calcula: vistes de rojo cuando quieres poder, de negro cuando quieres pasar desapercibida, pero siempre llevas un reloj analógico porque no confías en lo digital. Lorena es agua que desborda: sus vestidos tienen siempre un asimétrico, un dobladillo roto, un color fuera de temporada. Ella ve el mundo en acuarela; tú, en planos de ingeniería.” Las gemelas se quedaron mudas. Nadie, nunca, las había descrito así.

Dimitri añadió que él no confundía a las personas porque las miraba como si fueran códigos únicos. Laura, impresionada, solo atinó a decir que era un cumplido extraño. Dimitri sonrió por primera vez en la noche, una sonrisa que no llegó a sus ojos. “No era un cumplido. Era una observación.” Y la conversación murió ahí, dejando a Laura con una sensación de haber mirado por el ojo de una cerradura sin querer.

Poco después, Lorena y Karla anunciaron que iban al baño. Se levantaron con sus carteras, dejando a Katia y a Laura en animada charla con Alexander sobre los horarios de la universidad. Dimitri y Máximo, que estaban siendo abordados por dos socios de rostro afilado que querían comprar acciones del nuevo antro que planeaban abrir en el distrito financiero, se disculparon con una cortesía mecánica. “Hablamos mañana”, dijo Dimitri sin mirarlos, mientras sus ojos seguían a Lorena que se perdía por el pasillo iluminado con luces de neón. Máximo suspiró, conocedor de las obsesiones de su jefe, y lo acompañó.

En el pasillo que llevaba a los aseos, tres jóvenes con camisas abiertas y pulseras de oro, evidentemente borrachos y con el coraje alimentado por la cocaína, habían interceptado a Lorena y Karla. Uno de ellos intentó rodear la cintura de Lorena; otro bloqueó el paso a Karla. “Las princesas no se pasean solas”, dijo el de la voz engolada. Pero antes de que Dimitri o Máximo pudieran intervenir, Lorena giró sobre sus talones y encaró al tipo con una fiereza que heló el ambiente. “No somos damiselas en apuro, idiota. Nos defendemos solas de los engreídos como tú”, espetó. El doble sentido era evidente, y aunque se refería al acosador, sus ojos se clavaron un instante en Dimitri.

Máximo soltó una carcajada franca, la primera de la noche. “¡Esta chica tiene más huevos que medio Moscú!”, exclamó, mientras él y Dimitri apartaban a los tres imbéciles con un par de empujones secos y una amenaza susurrada que los hizo huir. Lorena, aún respirada agitada, le lanzó a Dimitri una mirada desafiante. Él, en lugar de enfadarse, sintió una oleada de admiración que lo desconcertó. Regresaron a la mesa y la fiesta continuó hasta la madrugada, entre risas nerviosas, champán que se derramaba y miradas furtivas que cruzaban la sala como flechas silenciosas.

Lorena fingía no notar cuando Dimitri la observaba; él fingía no estar observándola. Y Máximo, al ver el teatro, solo negó con la cabeza y brindó con Alexander, que ya estaba demasiado borracho para darse cuenta de nada, Lorena le hablo a su hermano, ya es hora de regresar a casa, la verdad estos tacones me estan matando y Laura comenzo a reir, eres una aguafiestas querida hermana, esta es la mejor hora y miro al resto y todos rieron.

Alexander miro a su hermana y expreso, claro princesa ya es suficiente por hoy, para ti, dirigió su mirada a Laura, nos vamos. Se despidio de Dimitri y Máximo y salieron rumbo a la salida.

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