Estaré subiendo capítulos diario y es una historia corta sin muchas complicaciones y personajes
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Capítulo 6
La invitación al Palacio Real no fue una sorpresa para Evelyn, sino un movimiento calculado. Tras el éxito de L'Éclat, el Rey exigió que la "Diva de los Dulces" presentara sus creaciones en el banquete de aniversario. Sin embargo, Evelyn no apuntaba al Rey; su objetivo era la Reina Isadora, una mujer que, según los chismes de la corte, vivía a la sombra de su esposo, marchitándose entre protocolos rígidos y vestidos que pesaban más que su propia alegría.
Evelyn llegó al palacio con un cargamento especial. No solo traía sus famosos postres, sino varias cajas de madera de cedro cerradas con llave.
En los pasillos del palacio, Rose y Julian acechaban. Rose, desesperada por recuperar su estatus, había sobornado a uno de los mozos de cocina para que vertiera sal en la mezcla de los famosos pasteles de Charlotte.
—Hoy será tu fin, Charlotte —susurró Rose desde un rincón, observando cómo Evelyn entraba a los aposentos privados de la Reina.
Lo que Rose no sabía era que Evelyn, acostumbrada a los sabotajes en los sets de filmación, nunca dejaba su mercancía desatendida. Había traído sus propias bases preparadas y las cajas "manipuladas" por el mozo eran solo señuelos llenos de harina vieja. El verdadero espectáculo estaba ocurriendo en la recámara real.
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La Reina Isadora estaba sentada frente a su espejo, luciendo un vestido de brocado gris que la hacía parecer veinte años mayor. Sus ojos reflejaban una tristeza profunda.
—Majestad —dijo Evelyn con una reverencia que mezclaba respeto y una familiaridad encantadora—, he traído algo más que azúcar. He traído libertad.
Evelyn pidió a las damas de compañía que salieran. Una vez solas, abrió una de las cajas de cedro.
Dentro no había pasteles, sino piezas de lencería que ella misma había diseñado y mandado a confeccionar en secreto: sedas finas, encajes delicados y cortes que realzaban la figura sin necesidad de los asfixiantes corsés de metal.
—¿Qué es esto? —preguntó la Reina, tocando la seda roja con dedos temblorosos—. Parece... indecente.
—Se llama confianza, Majestad —respondió Evelyn con una sonrisa pícara—. El Rey la mira con respeto, pero ha dejado de mirarla con deseo porque usted se ha convertido en parte del mobiliario del palacio.
Es hora de que vuelva a ser la mujer que lo cautivó. La elegancia exterior atrae, pero lo que llevamos debajo... eso es lo que nos da el poder en la alcoba.
Durante tres horas, Evelyn actuó como la mejor estilista de Hollywood. Le enseñó a la Reina a usar un maquillaje casi invisible que resaltaba su juventud, a peinar su cabello en ondas suaves que invitaban a ser tocadas, y finalmente, le regaló un conjunto de ropa íntima moderna, diseñada para la seducción.
—Háblele como si no fuera el Rey, sino el hombre que la ama —le aconsejó Evelyn—. Y cuando las luces se apaguen, deje que esta seda haga el resto.
La pasión no muere, Majestad, solo se queda dormida bajo demasiadas capas de protocolo.
La Reina Isadora, por primera vez en años, sonrió con malicia. —Charlotte, eres un peligro para este reino... y mi salvación.
El Banquete y la Sombra de Maximilian
Esa noche, en el gran salón, la entrada de la Reina causó un estrépito.
No era la mujer gris de siempre; caminaba con una seguridad magnética, luciendo un vestido azul profundo que Evelyn le había ayudado a ajustar.
El Rey no podía apartar los ojos de ella, olvidando por completo a las jóvenes nobles que solían revolotear a su alrededor.
Mientras tanto, en una esquina del salón, Rose esperaba el desastre de los postres. Cuando el Rey probó el postre de Evelyn —una torre de profiteroles con crema de lavanda—, cerró los ojos y exclamó:
—¡Es un milagro! ¡Lady Charlotte, ha superado cualquier expectativa!
Rose se puso pálida. El plan de la sal había fallado. Pero su humillación no terminó ahí. El Gran Duque Maximilian von Sterling entró al salón. Se dirigió directo a Evelyn, ignorando las reverencias de todos los demás.
—Parece que hoy no solo ha endulzado el paladar del Rey, sino que ha transformado la corte entera —susurró Maximilian,
ofreciéndole una copa de champán.
—Solo estoy moviendo las piezas, Maximilian —respondió ella, usando su nombre por primera vez en público.
Él la tomó del brazo y la llevó hacia un balcón apartado. La luz de la luna iluminaba su cabello rojo y sus ojos verdes, que ahora se veían más oscuros.
—Ten cuidado —le advirtió él, su voz era un murmullo bajo—. El Rey está encantado ahora, pero hay quienes en el consejo están asustados por tu influencia sobre la Reina.
Y sobre mí. Mi pasado no es tan limpio como mi uniforme, Charlotte. Mi familia fue traicionada por los antepasados del Barón, el padre de Rose. Si te alías conmigo, heredarás mis enemigos.
Evelyn se acercó a él, su rostro a centímetros del suyo. —Maximilian, vengo de un mundo donde los enemigos son solo publicidad gratuita.
No me asustan las sombras, siempre y cuando el hombre que está a mi lado sepa manejar la espada tan bien como maneja sus secretos.
Él la tomó por la cintura, rompiendo toda etiqueta. —Entonces prepárate. Porque mañana, el Barón intentará acusar a tu familia de fraude en las minas.
Rose no se detendrá hasta verte en la ruina.
Evelyn soltó una risa seca. —Que lo intenten. No saben que una diva nunca se retira... solo prepara un cambio de vestuario para el acto final.
Justo en ese momento, la Reina Isadora salió al balcón, radiante. Miró a Evelyn y le guiñó un ojo discretamente antes de volver al lado del Rey.
Evelyn sabía que ahora tenía el arma más poderosa: la gratitud de la mujer que dormía junto al trono.
que no tiene una obsesión por humillar más de lo debido.
y que el pelirrojo va hacer su piedra de tropiezo. 😂