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Volví Ocho Años Antes De Mi Muerte

Volví Ocho Años Antes De Mi Muerte

Status: Terminada
Genre:Romance / Venganza / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:18.3k
Nilai: 5
nombre de autor: May_Her

Valeria muere asesinada por su esposo, Alejandro, un empresario frío y perfecto ante el mundo.
Pero despierta 8 años en el pasado, antes de conocerlo.
Decide cambiar su destino, evitar ese matrimonio…
y vivir una vida tranquila.
Lo que no sabe es que en su vida pasada, ella ignoró a la única persona que realmente intentó amarla.
El hombre que siempre estuvo a su lado…
pero al que nunca miró.

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Capítulo 9: La primera vez que lo vi

Cuatro días después de su último encuentro, Valeria tomó una decisión. No podía esconderse para siempre. Su madre empezaba a hacer comentarios sobre "esa racha de vagancia" que no era propia de ella, y la universidad llamaba con recordatorios sobre exámenes finales y entregas pendientes. Necesitaba retomar su vida, o al menos la apariencia de una.

Además, había tomado una resolución en la madrugada, mientras miraba el techo con los ojos muy abiertos: no iba a dejar que el miedo gobernara su existencia. No otra vez. En la otra vida, había vivido años paralizada por el miedo a perder a Alejandro, a perder su estatus, a perder la vida que pensaba que quería. No pensaba repetir ese error. Si él estuviera ahí, si la perseguía, tendría que enfrentarlo. Con cabeza fría y con la experiencia que le daba haber muerto una vez.

Daniel la esperaba en la entrada de la facultad con dos cafés en las manos, como había hecho tantas veces. Era ya una costumbre, un ritual que ambos disfrutaban sin decirlo, una pequeña burbuja de normalidad en medio del caos que era la vida de Valeria.

—Negro, sin azúcar —dijo él, ofreciendo uno a Valeria—. Como a ti te gusta. Bien caliente. El día está fresco.

—Gracias. No tenías que...

—No tenía, quería. ¿Cómo amaneciste? Tenías un tono preocupado en los mensajes de anoche.

—Mejor. Un poco más tranquila. Gracias por preguntar.

Caminaron juntos hacia el aula, mezclándose con la multitud de estudiantes que se apresuraban para no llegar tarde. Todo parecía normal. Los pasillos llenos de vida, las risas, las conversaciones a gritos, el bullicio característico de la mañana universitaria. Valeria empezó a relajarse, a pensar que tal vez había exagerado, que su paranoia era solo eso: paranoia.

Y entonces lo vio.

Estacionado frente a la biblioteca, desafiando las normas de tráfico del campus con la arrogancia de quien sabe que las reglas no aplican para él, había un auto negro. Modelo alemán, último modelo, caro, con los cristales tintados y una línea de diseño que gritaba dinero y poder. Una matrícula que Valeria conocía demasiado bien, que había visto en sus pesadillas y en sus recuerdos de otra vida.

Su corazón se detuvo.

—Valeria —la voz de Daniel sonó lejana, como si hablara desde el fondo de un pozo—. ¿Qué pasa? Te pusiste blanca como un papel. ¿Te sientes mal?

Ella no respondió. No podía apartar la mirada del auto. El cuerpo le había dejado de responder, congelado en un instante de terror absoluto.

La puerta del conductor se abrió con un movimiento suave, controlado.

Alejandro bajó.

Traje gris impecable, hecho a medida para encajar en su cuerpo como una segunda piel. Zapatos italianos brillantes que ningún estudiante podría permitirse. Pelo perfectamente peinado, ni un pelo fuera de lugar, un estilo que requería tiempo y dinero. Expresión de seguridad absoluta, de quien sabe que el mundo está hecho para satisfacer sus deseos y que cualquier obstáculo puede ser eliminado.

Caminó hacia ellos con paso tranquilo, midiendo cada movimiento, controlando cada gesto como un actor en un escenario. Como un depredador que ha olfateado a su presa y no tiene ninguna prisa, sabiendo que no hay escapatoria.

—Valeria Soto —dijo cuando estuvo lo suficientemente cerca, y su voz era la misma que ella recordaba. Ese tono suave pero firme, meloso pero peligroso, que había confundido con seguridad y ahora reconocía como control absoluto—. Qué coincidencia encontrarte aquí. Justo estaba pensando en ti.

Daniel se colocó instintivamente medio paso delante de ella. Un gesto protector, inconsciente, que a Valeria se le clavó en el pecho como una daga de gratitud y miedo. No quería que Daniel se metiera en esto. No quería que Alejandro lo viera como una amenaza, como alguien a quien eliminar.

—¿La conoce? —preguntó Daniel, con una educación tensa que ocultaba su desconfianza—. ¿En qué contexto?

Alejandro lo miró por primera vez. Lo evaluó de arriba abajo con esa mirada que siempre hacía sentir a los demás como si estuvieran siendo medidos y encontrados insuficientes. Como quien observa un insecto, sin verdadero interés ni amenaza aparente, solo una curiosidad distante y despectiva.

—No... No todavía —respondió con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Pero me gustaría. Mucho.

El silencio fue tenso, cargado de electricidad estática. Alrededor, otros estudiantes comenzaban a mirar, atraídos por la presencia del auto, por la figura de Alejandro, por ese aire de poder que siempre lo rodeaba y que alteraba la atmósfera como una piedra en un estanque tranquilo.

—No tiene nada que hacer aquí —dijo Daniel, y su voz era más firme de lo que ella esperaba, más segura—. Esta es una universidad privada. Si no tiene negocios aquí, debería irse.

Alejandro arqueó una ceja, divertido por la insolencia. Nadie le hablaba así. Nadie se atrevía.

—¿Y tú quién eres? ¿Su hermano? ¿Su novio? ¿Su guardaespaldas?

—Soy un amigo. Y le estoy pidiendo que se vaya.

—Vaya, vaya. Qué protector. Qué... tierno. Pero no te preocupes, amigo. Solo quiero hablar. No es un delito, ¿verdad? En este país todavía se permite hablar con alguien en público. Aunque, viendo las caras que ponen, diría que ya me están juzgando. Y eso no es justo. Soy un hombre de negocios. Un benefactor, incluso. Tengo mucho que ofrecer a la persona adecuada.

Valeria respiró hondo. Sentía el corazón latiéndo en sus sienes, en la garganta, en las yemas de los dedos. Pero también sentía otra cosa. Una rabia fría, controlada, que había ido cultivando desde que volvió al pasado. Una rabia que venía de haber muerto en el suelo frío, de haber perdido años de su vida, de haber sido tratada como un objeto.

—No tengo nada que hablar con usted —dijo, y su voz salió más firme de lo que esperaba, más clara. Una voz que no recordaba tener—. Y le agradecería que no me buscara más. No tengo interés en lo que tenga que ofrecer.

Alejandro se quedó quieto. Sus ojos se clavaron en ella con una intensidad que casi dolía. Parecía genuinamente sorprendido, como si no estuviera acostumbrado a que lo rechazaran, y al mismo tiempo fascinado por el rechazo. En la otra vida, ella nunca le había hablado así. Siempre fue sumisa, complaciente, dispuesta a adaptarse a lo que él quisiera.

—Interesante —murmuró, como si hubiera descubierto algo fascinante—. Muy, muy interesante. Eres... diferente a lo que imaginé.

—Soy exactamente lo que ve frente a usted. Y lo que ve es a alguien que no está interesada en hablar con extraños.

Luego sonrió. Era una sonrisa profesional, calculada, que no llegaba a sus ojos. Una sonrisa de vendedor, de político, de alguien que sabe que las apariencias lo son todo y que perder los estribos en público es un error amateur.

—Otra vez será, entonces. La gente cambia de opinión todo el tiempo. Especialmente cuando conoce las opciones correctamente.

Dio media vuelta y regresó al auto con la misma parsimonia con que había llegado, dueño absoluto de su tiempo y su espacio. Pero antes de subir, se giró una vez más, y esta vez la sonrisa había desaparecido. Solo quedó una mirada fría, calculadora, que prometía que esto no había terminado.

—Hasta pronto, Valeria. Cuento los días.

El auto arrancó con un rugido suave y se perdió calle abajo, dejando tras de sí un rastro de miradas y susurros. Valeria sintió que las piernas le flaqueaban. Daniel la sostuvo sin decir nada, un brazo alrededor de su cintura, esperando a que pasara el mareo, a que el color volviera a su rostro.

—¿Quién era? —preguntó finalmente, en voz baja, cuando el auto desapareció de la vista.

Valeria lo miró. Podía ver la preocupación en sus ojos, la confusión, el deseo de entender. Pero también veía algo más: determinación. La determinación de alguien que no iba a dejarla sola, pasara lo que pasara.

—Alguien peligroso —respondió, con una verdad que pesaba como plomo—. Alguien de quien tengo que mantenerme alejada. A cualquier costa.

Daniel asintió lentamente, aceptando la información sin pedir más detalles.

—Entonces lo haremos juntos. El alejarnos. Juntos.

—No —dijo ella, con más brusquedad de la que pretendía—. Tú no te metas. Esto no es asunto tuyo, Daniel. Es... es complicado y peligroso y no quiero arrastrarte a algo que no tiene nada que ver contigo.

—Valeria...

—En serio. Por favor. Déjalo así. Puedo sola. Siempre he podido sola.

Él la miró largamente. Algo en su expresión cambió. No era enojo. Era algo más parecido a la resignación, a la tristeza de quien está acostumbrado a ser dejado de lado, a que le digan que sobra.

—Siempre dices eso.

—¿Qué cosa?

—No es asunto mío. Que tienes que alejarme. Que puedes sola. Como si needing help fuera un defecto. Como si permitir que alguien te cuidara fuera una debilidad.

—No es eso...

—Sí lo es. Pero si tú quieres creerlo, no voy a discutir. No aquí. No ahora.

Se dio la vuelta y caminó hacia la entrada del edificio, con los hombros encorvados y las manos metidas en los bolsillos, dejándola sola con el café ya frío en la mano y una sensación en el pecho que era peor que el miedo que le provocaba Alejandro.

Era la sensación de haber lastimado a alguien que no merecía ser lastimado. De haber repetido, sin darse cuenta, el mismo patrón que en la otra vida la había llevado a la soledad más absoluta. De haberle dicho "no eres importante" sin usar esas palabras exactas, pero con el mismo efecto devastador.

Y eso, pensó mientras lo veía alejarse, era casi peor que cualquier amenaza que Alejandro pudiera hacerle.

Porque esta vez, la herida era suya. Total y absolutamente suya.

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Mariana Muñoz
buena muy buena novela la leí de dos veces tenía que hacer otras cosas o la habría leído de una vez bendiciones 🙏🙏🙏 escritora
Luisa Amarilis Blanco Blanco
Interesante 🙀
Chel Garcia
bonita historia 👌🏽 felicidades
💜Isa torres💜
no comprendo nada retrocedió el tiempo y ya había peleado con la prima porque la envidiaba y le dijo que Alejandro no era bueno y resulta que no conoce Alejandro. 🤔
Pily Valdés Pineda: Aja si, sigo perdida desde el capítulo anterior, se supone que pelearon porque la prima la ponía sobre aviso del tipo y que le tenía envidian ahora resulta que no lo conoce, que alguien me explique!
total 2 replies
Natty Suleika Salvatierra Clavijo
Que miedo con ese hombre
Ana Yolanda Valerio Rodriguez
. E perdí, yo pe sana qué el pleito con la prima había sido por el marido que la mató
Rosa Sandoval
yo también ya me confundí porque se supone que en esta nueva vida de Valeria todavía no era novia de Alejandro
Socorro Simental
regreso cuando tiene 14 años en k momento paso eso
Yolanda Vaca
Y el chofer🤬 donde quedó??
Ana Yolanda Valerio Rodriguez
Empezamos con todo!!! Me encanta este inicio 👏👏👏
Miriam Colín
Daniel es un amors y además muy maduro y centrado.
Angeline
Muy buena y me gustó que se realmente si hubiera venganza
Angeline
ya está acorralado
Angeline
depredador? ese Alejandro es un loquito
Angeline
cómo que no? No fuiste más basura porque no te dieron tiempo
Mirna Lobo
Buena muy buena, tanto así que me mantuvo con la vida en un hilo por decirlo así, felicidades y que sigan los éxitos 😊
Angeline
Se armó un equipo contra Alejandro
Angeline
Que suspenso
Mirna Lobo
ojalá no sea una trampa 😞
Mirna Lobo
A correr 💨 y muy rápido
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