Mayra debe sacar a sus hermanas menores de la cárcel, ya que fueron emboscadas y caturadas por la policía aluego de que alguien las traicionó.
Las sicarias son llamadas "Hadas sangrientas" por la facilidad de escape y la escena terrorifica que dejan detrás. Al tener semejante reputación, se volvieron el interés de los oficiales policiales que apuuestan por sus cabezas, pero no todos son así.
El capitán solo quiere justicia para su ciudad, y aunque no le guste admitirlo, debe reconocer que las hermanas Dimou han logrado desaparecer escorias de la sociedad; esas que siempre salen libre de prisión gracias a sus contactos. Sin embargo, al hacerlo también cometen delitos y deben pagar la pena correspondiente a la gravedad.
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La llamada
Cuando Ares se va, dejando a sus tres hijas solas y sin pedirle más explicaciones a Mayra; las hermanas observan a la mayor, sin disimulo alguno, quien parece cenar con calma.
—¿Qué quieren?— cuestiona Mayra, levanta la mirada y deja los cubiertos sobre el plato, prestando atención.
—Saber la verdad— asegura Alicia— ¿Por qué lo has besado?
—¿Te gusta el capitán?— cuestiona Selene impaciente.
—No digan estupideces.
—Entonces, lo secuestraré para mí— menciona la menor, pero es broma, sospechando de las intensiones del hada mayor.
—¡¡¡NO PUEDES HACERLO, ALICIA!!! —grita Mayra levantándose de la mesa.
La menor también se levanta en una postura defensiva por las dudas de que la broma se salga de control. Lo que no significa que le permitirá un golpe por más que sea su hermana mayor.
—¿Por qué no? ¿Tú quieres prohibírmelo?— provoca.
Selene las mira a ambas sin saber cuándo y por qué todo se ha descontrolado, aunque ya dispuesta a separarlas antes de que siquiera puedan tocarse.
—ES MUCHO MÁS GRANDE— avisa Mayra, aunque realmente no quiere gritar eso.
—Mejor— sonríe Alicia— Más edad, más experiencia.
Mayra toma un cuchillo que está en la mesa y lo aprieta, lastimándose sin darse cuenta, pero sin poderlo evitar, ya que no quiere dañarla.
—No te meterás con Dorian— asegura.
—Entonces...— Alicia apoya las manos en la mesa y le guiña un ojo a la mayor, sacándola de quicio—, hazle caso a papá y secuestra al hombre que te tiene tan loca que estás dispuesta a enfrentar a tu propia sangre por él. Eso sí, te aviso que soy fiel a esta familia y si debo enfrentarte por el honor y la protección al capo o a nuestra hermana, lo haré. Sin pena, ni lástima.
La mayor hace silencio y mira su propia mano, dándose cuenta de que lo dicho por Alicia es cierto. La mención de Dorian por la boca de otra mujer y saber que podría quererlo para ella, casi la vuelve loca.
—Los celos son malos, hermanita— asegura Selene riéndose a carcajadas.
—Bien—asiente Mayra, sus hermanas la miran sin entender y ella suspira para continuar hablando— Por alguna razón, ese hombre me llama la atención.
—¿Vas a secuestrarlo?— cuestiona Alicia.
—No. Eso sería una locura.
—Peor hubiese sido la guerra que se iba a armar aquí— señala Alicia directamente.
—Se notaba que querías callarla— asegura Selene.
—Ustedes hablan demasiado— menciona la mayor, excusándose.
—Lo necesario— asegura Alicia— ¿Lo harás o dejarás que otra oficial pueda seguir acercándose a él?
La única intensión de las hermanas es saber qué está dispuesta a hacer Mayra por ese hombre y si realmente le gusta tanto como para cometer una locura tan grande, pero no piensan ir más allá de esas palabras, aunque la mayor responde algo que las deja congelada.
—Ese capitán es mío, aunque sea a la fuerza.
—¿De verdad vas a obligarlo a estar contigo?— cuestiona Selene sorprendida.
La mayor asiente y entonces la menor las mira con cautela, la suficiente para saber si debe hacer la pregunta que piensa o callarse por el momento. Sin embargo, habla, no se queda con la duda ni con la intriga.
—¿Precisas de nuestra ayuda?— la mayor asiente, por lo que vuelve a hablar— ¿Cuándo planeas ir por él?
— Tengo que conocer sus rutas y cada uno de sus movimientos— asegura volviendo a sentarse en la silla y continúa cenando como si solo hablara del clima.
— Podría ser en un mes. Lo suficiente para conocer su rutina y observar si tiene alguna mujer escondida— avisa Selene.
Mayra la mira y asiente, aunque su mandíbula se tensa por la idea de que él esconda a alguien en su hogar.
— Cuando estuvimos en las celdas, él no abandonó la comisaria, así que dudo que tenga mujer— responde Alicia.
—Pero nunca se sabe— dice Selene volviendo a hablar— Aunque le hayas hecho una broma a nuestra hermana, la realidad es que ese hombre sí es atractivo. No podemos negarlo.
Alicia y Mayra asienten al unísono, pero la menor intercambia miradas con la mayor y decide aclarar lo que antes mencionó.
— No lo quiero para mí. Ni siquiera es mi tipo— asegura.
Selene por las dudas también decide hablar, por si su hermana mayor piensa mal de ella.
— Solo me gusta mi novio. El capitán no.
—Bien, chicas, lo entiendo.— asiente y ríe más tranquila.
El celular de ella suena y arruga el ceño sin saber quién podría ser porque es un número desconocido, de esos que no pueden rastrear y tampoco le puede pedir al hacker, ya que se lo comentará a Ares.
Mayra atiende la llamada y coloca el celular en su oreja, escuchando la voz del hombre que está mencionando con sus hermanas.
Alguien que ha conseguido su número, su nombre y tal vez también ya sabe su dirección.
Ese "alguien" es Dorian que quiere esconderse inútilmente, ya que ella también tiene su contacto, pero por alguna razón, esa "invisibilidad" o "ignorancia" puede mantenerlos tranquilos o los engaña de cierta manera antes de que todo explote.
—Señorita Mayra Dimou, espero que la visita de su padre, Ares, haya sido agradable. Al igual que la cena con sus hermanas, Alicia y Selene.— menciona él desde su auto, estando del otro lado de la calle.
Nadie sospecha del vehículo porque está allí desde la tarde, justo en el horario donde los guardias cambiaron su turno disimuladamente, ya que se supone que son vecinos del edificio; y ya es de noche, así que no han habido movimientos raros.
Dorian deja en claro, con pocas palabras, que ya conoce a la familia Dimou; que sabe dónde vive y que sus hermanas están presentes en ese preciso instante.
Lo sospechoso es que no esté intentando detenerlas, sino que, por el contrario, la llama, dando a conocer esa información. En vez de sorprenderlas con una emboscada.
—Usted no es la única que tiene buenos contactos— le asegura él.
Ante el silencio de Mayra, sus hermanas se acercan a ella y Selene le hace una seña para que les comunique qué pasa, pero la mayor no lo hace, sorprendida aún.
—Cuando me llamaste para recordarme el beso, te oías más segura y ahora parece que alguien te han cortado la lengua, hadita. ¿Mi llamada te ha puesto nerviosa o es que realmente alguien te ha quitado lo que estuvo dentro de mi boca? Tú dime...— él suspira y vuelve a hablar, ahora con un tono más grave, amenazador— ¿Quién ha sido capaz de tocar lo que no debe, Mayra?
A la mayor solo le cruza un pensamiento, gracias a esas preguntas.
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Una sonrisa surca los labios de la sicaria y le hace una seña a sus hermanas para que la dejen sola, a lo que le hacen caso dudosas, pero también tranquilas, sabiendo que ha reaccionado de quién sea que le haya notificado algo interesante.
—Capitán, no esperaba su llamada. ¿Está celoso?
Alicia y Selene la escuchan antes de entrar a la habitación de Mayra e intercambian miradas, sonrientes.
—No precisaremos un gran plan— bromea la menor.
—Ese vendrá solito y se arrodillará frente a ella, totalmente entregado a su merced— continúa y chocan los cinco, como si fuesen niñas escolares después de una travesura que les ha salido bien.
Aunque comparten un pensamiento: Por más que Ares lo haya mencionado, no creen que le guste ver a su hija con un policía que no se vende ante ninguna corrupción. Aun cuando le han ofrecido millones de dólares.
No justamente Ares, pero sí otros mafiosos. Esos mismos que están detrás de las rejas o muertos gracias a la puntería del capitán.