Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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El día comenzó agitado para Ema: sus estudios estaban a punto de concluir, solo le restaba un examen final que realizaría temprano para poder asumir plenamente las responsabilidades de la manada. Pero existía algo que debía extirpar de raíz: una absurda ley que permitía únicamente a «hombres alfa» tomar el trono, y que una «mujer» solo podría hacerlo si contraía matrimonio. Sabía con certeza quién había sido el artífice de esta medida; no tenía dudas de que se trataba de Verfor, quien se había atrevido a implementarla sin permiso y de manera clandestina.
La situación la enfurecía profundamente, pues como alfa le correspondía decidir sobre su propia vida, no a otros. Pidió una reunión con el consejo y puso todas las cartas sobre la mesa.
–Dado el hecho de que solo por ser mujer creen que no puedo gobernar sin un hombre, ¿creen que ese asunto les concierne? —preguntó filosa, mirando a los cuatro lobos ancianos.
–Creemos que sí. Una mujer no puede manejar asuntos delicados que requieren la madurez de un hombre, ni cuenta con la fortaleza necesaria para muchas tareas. ¿Y en caso de guerra? ¿Cómo la enfrentaría? —argumentó Verfor.
–¿Acaso me está llamando débil, Verfor? —lo miró con los ojos rojos de ira—. Si no recuerdo mal, hace mucho tiempo existió una alfa mujer y no hubo tal ley insensata. Entonces explíquemenme: ¿por qué ahora sí? Y si la guerra es lo que les preocupa, créanme que soy lo suficientemente astuta para ello; incluso los propios generales pueden confirmárselo cara a cara —gritó golpeando la mesa con fuerza.
Los tres ancianos temblaron de nerviosismo; ellos también consideraban la medida indebida y conocían las excelentes cualidades estratégicas de Ema, pero Verfor los mantenía bajo amenaza.
–Esa ley se estableció porque usted no demuestra el compromiso que debe tener una alfa —dijo Verfor alterado.
–¿Cómo se atreve a levantar la voz contra su alfa? —intervino Fernando con odio.
–Soy excelente en mi labor y más que calificada, Verfor. Mis calificaciones y todo el trabajo realizado en estas semanas lo demuestran; incluso fui seleccionada para la guardia real —afirmó directamente.
Verfor se quedó boquiabierto al escuchar esto. Tomó la carta que Ema les mostró y sintió una furia desmedida: con este hecho, ya no podía hacer nada… o eso creía, pues planeaba ir personalmente a hablar con el Rey e inventar algún pretexto para negar tal solicitud.
–No piense demasiado. El Rey ya tiene conocimiento de ello, así que si cree que logrará arrebatármelo todo lo que por derecho me pertenece… —le mostró sus ojos rojos—. No dude en que haré con usted lo mismo que hice con la sirvienta —dijo, mirando a los ancianos, quienes se quedaron pálidos ante su furia.
–No puede cambiar la ley… Está… ya promulgada —balbuceó Verfor.
–¡JAJA! Ya la cambié, y el mismo Rey debe estar leyendo mi petición en este instante —se sentó victoriosa.
La carta que había enviado con gran detalle había sido dirigida al reino apenas descubrió aquella ley absurda. Solo esperaba la firma y el sello real, pero dada la solidez de sus argumentos, acompañada de sus registros académicos y demostraciones de capacidad, era imposible negarle la revocación.
–Eso… no puede ser verdad —balbuceó Verfor.
–Ahora que lo he dicho, espero no volver a ser molesta con sus estúpidas ideas machistas. Todo tiene un límite, caballeros, y les estoy siendo sumamente generosa —dijo con frialdad.
Los tres ancianos asintieron, pero Verfor la miró de soslayo sin pronunciar palabra alguna y se retiró del lugar completamente furioso.
Ema suspiró en su sillón; hubiera querido acabar con aquellos ancianos de un solo golpe, pero su descanso duró poco: debía dirigirse a la academia, pues ese día realizaría el examen escrito final.
...
En el reino
Adrián ingresó acompañado de los guardias y Patrick, ordenando que sacaran a rastras a Casia, quien gritaba como una desquiciada por aquella falta de respeto.
–Mi Rey… Tengo una petición de suma urgencia —dijo Patrick.
–¿Y ahora qué?… —suspiró—.
Adrián leyó la carta que le entregó, levantó una ceja con interés y se dirigió directamente a buscar el libro de leyes oficial.
–¡Increíble! Ese viejo inepto y sus ideas anticuadas… —exclamó—. Tráigame el sello y envíen esto con una autorización definitiva —ordenó.
–Sí, mi Rey. Fue todo muy rápido… —sonrió Patrick.
–Verfor creó una ley que niega a las alfas mujeres el derecho a gobernar sin un esposo, pensando que yo no me enteraría. Pero su estimada alfa —agitó la carta— es sumamente inteligente en la forma de expresarse —sonrió.
–Entonces Óscar tenía razón… —dijo Patrick leyendo la carta.
–Hablando de eso, ¿qué sabes de la familia de Luis? —preguntó Adrián.
–Según los registros, tiene un hermano. ¿Por qué? ¿Ha hecho algo? —se acercó en señal de confianza— ¿Has descubierto algo? —murmuró. Adrián negó con la cabeza.
–Su sobrina estuvo aquí hoy… Aron sintió su aroma… es mi pareja —suspiró. Patrick abrió los ojos como platos.
–¡Mierda! ¿Qué harás? ¿La buscarás? ¿La aceptarás? —preguntó ansioso.
–Estás igual que mi madre —rodó los ojos—. Primero debo saber quién es realmente; no puedo fiarme de ella, no sé si está involucrada con él —suspiró mirando por la ventana.
–Investigaré de inmediato, y también debo enviar esta autorización —se retiró rápidamente al ver que Adrián asintió.
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