¿Pueden dos personas que se buscan una y otra vez encontrarse?
Ella es Katiuska Velázquez una mujer divorciada y madre de una adolescente de 13 años de edad cuya vida ha estado llena de dificultades debido a sus malas decisiones.
Él es Alexander González, un viudo de 38 años y padre soltero cuyo único objetivo en la vida es criar a su hijo y administrar su empresa.
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Capítulo IX: El Oscuro secreto de Katy parte 1
Katy estaba en shock porque un par de horas antes discutía acaloradamente con su madre debido al cambio de facultad, sin embargo, ahora ella estaba muerta, se colocó las manos sobre sus oídos porque necesitaba que las voces a su alrededor desaparecieran, le dolía la cabeza horriblemente, además de que aún escuchaba los gritos histéricos de Julia acusándola
—¡Es tu culpa, Katy! —gritaba Julia.
—¡Mamáaaaaaaa!
Katy pensaba que era la peor persona del mundo porque acababa de morir su madre y ella solo sentía alivio, y las lágrimas se negaban a salir de sus ojos y en su mente se cuestionaba si realmente era culpable y tal vez por
eso no podía llorar.
—¡Katy desgraciada, mataste a mi mamá! —repetía Julia una y otra vez.
El personal médico veía la escena y no sabían cómo debían actuar porque Julia era una adolescente, Katy solo deseaba que ella se callara la boca y por momentos sentía el impulso de sacudirla y darle un par de cachetadas que la hicieran reaccionar, pero se contenía, se acercó a las enfermeras y pidió ayuda. Le inyectaron un sedante que calmó a Julia hasta dejarla dormida. Por fin, en silencio, Katy comprendió que debía avisar del fallecimiento de su madre.
—Debería llamar a Mario —se dijo.
Mario se encontraba en su habitación de la hacienda cuándo recibió una llamada de su hermana en horas de la madrugada y sabía qué había ocurrido algo muy malo, la noticia lo afectó aunque no lo sorprendió porque hacía tiempo que sabían que Francia era alcohólica y nadie había tomado en serio su problema.
—Katy, ya voy en camino. No te preocupes.
—Gracias, Mario.
—¿Por qué me das las gracias? También era mi madre.
El funeral de Francia fue muy discreto, lo peor es que ellos son católicos y el forense dictaminó su muerte como un suicidio, Francia mezcló alcohol con píldoras para dormir, esto fue devastador para los tres hermanos porque ni siquiera podían darle cristiana sepultura, por eso decidieron cremarla. Marcos también viajó a la ciudad capital para hacerse cargo de toda la situación, aunque obtuvo el divorcio, la sociedad conyugal no había sido repartida aún y estaba la situación con sus hijas.
—Francia, aun muerta, sigues echando vaina —dijo con frustración.
Katy y Mario estaban muy serenos ante el fallecimiento de su madre, pero Julia de 16 años estaba inconsolable, luego de la cremación era tiempo de conversar sobre los cambios que experimentarían las dos chicas a partir de ahora.
—Empaquen sus cosas porque ustedes dos regresan a la hacienda conmigo.
Katy observó a su padre con mucho resentimiento y no estaba de acuerdo con su decisión, ahora era mayor de edad y podía tomar sus propias decisiones sobre su futuro.
—Papá, yo no me puedo ir porque estoy estudiando en la universidad
Marcos observó severamente a su hija, de la cual solo recibía malas noticias debido a su conducta rebelde, además recientemente cambió de facultad sin consultarle a nadie en una carrera que ellos consideraban no tenía futuro.
—Estás estudiando una carrera que no tiene futuro, así que te regresas a la hacienda y vas a trabajar conmigo, y esta es mi última palabra.
Katy se sentía muy enojada porque ella se lo propuso antes, pero él se negó únicamente para complacer a su novia y no le importó el hecho de que no se llevaba bien con su mamá, y su vida en la ciudad capital iba a ser un infierno, estaba harta de toda la situación y su papá tenía mucha responsabilidad en todo lo ocurrido.
—Lo lamento, papá, pero no lo voy a hacer, me quedo en la ciudad capital a culminar mi carrera universitaria.
Marcos estaba sorprendido porque su dócil hija nunca le llevaba la contraria, le preocupaba dejarla sola en esta ciudad porque fue criada muy protegida y por eso no podía dejarla por su cuenta, únicamente quería protegerla.
—Katy, no era eso lo que querías. Ahora te lo estoy ofreciendo.
—Esa oferta ya expiró, papá. Me quedo en la capital. Es mi última palabra. Te recuerdo que ya soy mayor de edad.
—Entonces págate tú misma los estudios.
Antes eso le hubiera producido mucho temor a Katy, pero lo mejor de tener un amigo que estudie derecho es que siempre se aprende un poco sobre leyes.
—El código civil dice que mientras estudie en la universidad y no cumpla 25 años es tu obligación pagar mis gastos. Además, es deducible de tu declaración de impuestos.
Marcos no lo podía creer porque no tenía argumentos para refutarla y eso lo enfureció.
—Te advierto que solo te daré lo estrictamente necesario. Se acabaron los lujos. Y si repruebas alguna asignatura, regresas a la hacienda de inmediato.
—Está bien por mí —respondió Katy, segura.
Marcos se dio cuenta de que debía darle un voto de confianza a Katy después de todo siempre fue una chica muy responsable y una buena estudiante e incluso obtuvo excelentes notas en el semestre de la carrera de administración de empresas a pesar de que no le gustaba.
Julia se acostumbró a vivir en la ciudad capital y no deseaba volver a la hacienda, pero a diferencia de Katy aún era menor de edad y dependía de la decisión de su padre para quedarse, ella era muy manipuladora y desde pequeña estaba acostumbraba a hacer lo que le venía en ganas.
—Papá, ¿me puedo quedar con Katy? —preguntó con voz suplicante.
Katy respondió antes que Marcos. Ni loca iba a hacerse responsable de su hermana menor.
—No te puedes quedar conmigo, Julia —advirtió con severidad.
—Si me devuelvo a la hacienda voy a tener que dejar la orquesta —dijo Julia, con tono lastimero.
—Papá, estoy todo el día en la universidad. No tengo tiempo para cuidar de Julia.
Julia quedó sorprendida. Su palabra siempre había sido ley para sus hermanos mayores.
—Por favor, Katy, no seas egoísta. Es tu culpa que mamá haya muerto. Papá, ordénale que me deje quedarme con ella —gritó, llorando descontroladamente.
—¿Julia, por qué no eres honesta y admites que están a punto de expulsarte de la orquesta? La razón es que siempre faltas a los ensayos y nadie sabe dónde te encuentras.
Ese mismo día Marcos, el cual estaba muy enojado con su hija Julia por mentirle, le exigió recoger su equipaje de inmediato y partieron hacia la hacienda, Julia tardaría mucho tiempo en perdonar a su hermana a pesar de que era inminente su expulsión de la orquesta sinfónica.
Antes de salir del apartamento, lanzó su última estocada:
—Me llevo las cenizas de mi mamá. No creo que quiera estar al lado de la persona responsable de su muerte —dijo Julia, con voz cargada de odio, antes de aventar la puerta con violencia.
El golpe resonó en todo el lugar, como un eco de resentimiento que sellaba la distancia entre las dos hermanas. Katy, inmóvil, sintió que las palabras de Julia eran más pesadas que las cenizas mismas: un recordatorio cruel de la culpa que aún la perseguía.
Katy tiene conocimiento de que estuvo expuesta a Clamidia. ¿Como es posible que no se haya realizado examen formal y exponga a Alex a contagio? (Ni recuerdo cuánto tiempo ha pasado)