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The Silent Luna of Silver Crown

The Silent Luna of Silver Crown

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Mujer despreciada / Enfermizo / Completas
Popularitas:52.8k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Celeste Marín fue abandonada frente a toda la manada el día de su ceremonia. Sin Alpha, sin voz y con su madre agonizando en una clínica privada, quedó marcada como la esposa muda que nadie quería proteger.
Dos años después, Damián Valcárcel regresa a Silver Crown decidido a cerrar un matrimonio político que nunca deseó. Pero en cuanto se acerca a Celeste, su lobo reconoce un aroma imposible: jazmín nocturno, lluvia fría y una promesa de luna que ningún contrato puede romper.
Celeste no quiere un dueño. Quiere recuperar la voz que le arrebataron, destruir a la familia que la usó y descubrir por qué su madre desapareció al despertar. Damián no quiere otra Luna. Quiere a la mujer que su lobo ya eligió, aunque los Ancianos, una falsa salvadora y una manada entera intenten separarlos.
Cuando la verdad del incendio salga a la luz, Celeste tendrá que decidir si acepta el vínculo que la consume o si rechaza al Alpha que una vez la dejó sola ante todos.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8: La Luna que nadie vio venir

La primera regla que Damián cambió en la Hacienda Valcárcel fue simple.

Celeste no dormiría más en el cuarto del ala de servicio.

—Nunca dormí ahí —escribió ella cuando él lo dijo en el pasillo principal.

Damián miró la pantalla. Luego miró a Inés.

Inés no parpadeó.

—Tenía una habitación asignada cerca del ala este.

—El ala este está junto a las habitaciones del personal.

—Es tranquila.

—No era una pregunta.

El aire se tensó.

Celeste estaba demasiado cansada para disfrutarlo. Red Thorn le había dejado acónito en la sangre y un dolor bajo las costillas. Dr. Elías la había revisado al llegar y ordenó descanso, líquidos lunares y cero discusiones.

Nadie obedeció la última parte.

—La suite del ala norte es mía —dijo Damián—. Y por contrato, también de ella.

Celeste levantó el teléfono.

No.

Damián leyó y la miró.

—No voy a tocarte.

Inés hizo un sonido casi inaudible.

Celeste escribió:

No dije que fueras a hacerlo. Dije no.

Por primera vez esa noche, algo parecido a una sonrisa tocó la boca de Damián.

Desapareció enseguida.

—Entonces elige otra habitación del ala norte.

Celeste dudó.

El ala norte olía a él.

Eso era precisamente el problema.

Desde que el aroma de Damián había atravesado su bloqueo, su cuerpo ya no sabía comportarse. El cedro oscuro se le quedaba en la piel incluso cuando él estaba lejos. Su loba, antes una prisionera agotada, ahora golpeaba cada vez que él entraba en una habitación.

*Cerca.*

No.

*Cerca.*

Cállate.

La loba respondió con un gruñido débil.

Inés observó el intercambio silencioso con una tensión que Celeste no supo leer.

—Damián, esto dará una impresión equivocada.

—La impresión correcta es que nadie en esta casa decide por mi esposa.

Otra vez esa palabra.

Celeste no sabía qué hacer con ella.

Así que eligió la habitación más alejada de la suite principal, al final del corredor norte. Tenía ventanas hacia los pinos, una cama amplia, un escritorio y un balcón pequeño. También tenía el aroma de Damián en las paredes, más tenue pero imposible de ignorar.

Cuando los servants salieron, Damián quedó en la puerta.

No entró.

Celeste lo notó.

Él también notó que ella lo notó.

—Dr. Elías dijo que el acónito debería salir de tu sistema en unas horas.

Celeste escribió:

¿Desde cuándo obedeces a Dr. Elías?

—Desde que parece ser el único en esta casa que no mintió durante dos años.

Eso fue justo.

Demasiado justo para alguien que había llegado tarde.

Celeste apoyó las carpetas de Elena sobre el escritorio. Sus manos temblaron al soltarlas. Odiaba ese temblor. Odiaba que Damián lo viera.

Él dio medio paso, se detuvo y apretó los dedos.

—¿Puedo llamar a una enfermera?

Celeste negó.

—¿Agua?

Negó otra vez.

—¿Quieres que me vaya?

Sí.

No.

El hilo en su pecho se tensó antes de que pudiera escribir.

Celeste cerró los ojos.

Esto no era deseo. No podía serlo. Era veneno, cansancio, trauma, una respuesta animal confundida por el poder de un Alpha que acababa de salvarla de una trampa.

Su loba se rió.

Fue un sonido roto, pero risa al fin.

*Mentira.*

Celeste abrió los ojos y escribió:

Necesito ver a mi madre mañana.

Damián aceptó el cambio de tema.

—Irás.

Otra vez esa seguridad.

—Y después hablaremos del contrato.

Celeste sostuvo su mirada.

Él bajó la voz.

—No para encerrarte. Para entender qué estás pidiendo que firme.

Ella escribió:

Libertad no es difícil de entender.

La frase lo golpeó.

Celeste lo vio en su scent antes que en su rostro: humo limpio volviéndose ceniza.

—No —dijo él—. Lo difícil es aceptar que alguien te la quitó en mi nombre.

El silencio quedó entre ambos.

No era perdón.

Pero tampoco era defensa.

Eso la desarmó más de lo que quería.

Un golpe sonó en el pasillo. Mateo Cruz apareció con una mochila al hombro, cabello revuelto, olor a café, menta y lluvia sobre asfalto.

—Llegué tarde al drama familiar, ¿verdad?

Damián cerró los ojos un segundo.

—Mateo.

—Eso sonó a “qué bueno verte, primo, gracias por abandonar la ciudad a mitad de la noche para rescatar mi desastre emocional”.

Celeste no pudo evitar mirarlo.

Mateo sonrió.

—Tú debes ser Celeste. Perdón por mi familia. La mitad muerde, la otra mitad cree que no muerde pero sí.

El comentario fue tan absurdo que algo en el pecho de Celeste aflojó.

Damián gruñó.

Mateo levantó las manos.

—Bien, bien. Trabajo. Revisé los registros que pediste. Hay permisos bloqueados, pagos raros a Red Thorn y demasiadas cámaras apagadas cerca de la clínica.

Celeste se enderezó.

La habitación se inclinó un poco.

Damián lo notó y esta vez sí entró, apenas lo suficiente para tomar el respaldo de una silla y acercársela sin tocarla.

Celeste se sentó porque sus piernas la traicionaron, no porque él lo ofreciera.

Mateo perdió la sonrisa.

—¿Acónito?

—Sí —dijo Damián.

Mateo miró a Celeste con seriedad nueva.

—Entonces mañana no irás a la clínica sola.

Ella escribió:

No necesito niñera.

Mateo leyó y asintió.

—Perfecto. Yo soy pésimo de niñera. Seré transporte con café y acceso ilegal a cámaras.

Por primera vez en dos años, Celeste sintió que alguien en esa casa hablaba como si ella fuera una persona y no un problema.

Damián, en cambio, la miraba como si cada segundo cerca le costara control.

Cuando salió al pasillo con Mateo, su aroma quedó en la habitación.

Cedro.

Tormenta.

Algo que su loba siguió buscando incluso después de que la puerta se cerró.

Celeste se acostó sin quitarse del todo la ropa, las carpetas de Elena bajo llave, el teléfono junto a la almohada.

Durante la madrugada despertó una sola vez.

No por miedo.

Por ausencia.

El ala norte estaba en silencio, pero su cuerpo sabía exactamente en qué dirección estaba Damián.

Eso era imposible.

Y, sin embargo, la parte rota de su loba suspiró como si hubiera encontrado el borde de un hogar.

Celeste odió ese suspiro.

Luego lo dejó existir.

Odiarlo no lo hacía menos real.

1
Marleys Sofia Cervantes
Me gustó muy diferente a la que he leído que más son conejos todo el tiempo aquí ni supimos en qué horas fue 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Marleys Sofia Cervantes
Todos juntos como debe ser
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
que víva los novios
Sofia Carruso
por algo se empueza
Sofia Carruso
La ley llegó tarde pero llego
Sofia Carruso
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏 Celeste
Sofia Carruso
A patear el trasero 👏🤣👏🤣👏🤣
Sofia Carruso
Una madre siempre será una madre
Dmary
linda , merecía su final feliz
Sofia Carruso
Juntos por la libertad y el amor
Sofia Carruso
Espectacular 👏👏👏👏👏👏
Sofia Carruso
Arturo faltas tu por caer
Sofia Carruso
Mateo y Valeria hacen una bonita pareja
Sofia Carruso
Con madres así para que enemigas
Sofia Carruso
Bien Paloma
vamos tu puedes
Sofia Carruso
Juntos
siempre
luchando
Sofia Carruso
😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Que lindo
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Sofia Carruso
Entre cielo y tierra no hay nada oculto
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Sofia Carruso
De aquí tu eres dueña de tu destino
Sofia Carruso
Todos están aprendiendo lecciones de vida
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