Mi vida ya era un desastre antes de que él apareciera.
Estoy endeudada, vivo en un apartamento horrible y trabajo en una cafetería donde apenas sobrevivo y entonces llega mi nuevo vecino.
Alto, atractivo, arrogante… Y probablemente un asesino serial.
Todas las noches hace ruidos extraños, aparece cubierto de sangre y actúa como si quisiera matar a cualquiera que se acerque a mí.
Pero mientras más intento evitarlo, más comienzan a cambiar las cosas.
Sueños extraños.
Secretos ocultos.
Y una peligrosa verdad sobre mí que nunca debió despertar.
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Capitulo:08
AMELIA:
El olor a carne asada me despierta y por algunos segundos, me quedo pensando en dónde estoy y quién soy… Hasta que todo llega a mi cabeza de golpe y me levanto de esa cama en fracciones de segundos.
Doy vueltas por la habitación paranoica, hasta que con pasos sigilosos entro por una pequeña puerta que resulta ser el baño.
Descargo mi vejiga con un suspiro de alivio, me lavo bien las manos y uso un poco de enjuague bucal que encuentro en el lavamanos; lo último que necesito es andar con mal aliento de vagabunda frente al lobo salvaje.
Me acomodo un poco el cabello con los dedos y salgo hacia la pequeña sala del departamento con el estómago rugiendo.
—Buenos días, señorita.
Me giro al escuchar la voz varonil de un chico y abro los ojos de par en par al ver lo increíblemente guapo que es. Tiene unos ojos claros, una sonrisa amable y unos hoyuelos que desarman a cualquiera... No tiene esa vibra de "te voy a descuartizar" que emana mi vecino guapo... Este parece un príncipe azul de catálogo.
—Bue… Buenos días.
Consigo articular sintiendo que una boba sonrisa se me instala en la cara.
Él sonríe de vuelta de lo más caballeroso, y hace una seña hacia el comedor de cuatro sillas donde hay un desayuno que huele a gloria.
—Al parecer dormiste bien.
Dice Asher y su voz interrumpe mi momento de apreciación visual como un balde de agua helada. Ni siquiera me había fijado en que estaba sentado al fondo, cruzado de brazos y con una taza de café negro en la mano.
Su mirada gris tormenta está fija en mí o más bien, clavada en la forma en que sigo mirando al chico de los hoyuelos... Si las miradas mataran, el pobre muchacho ya sería cenizas.
—Sí, gracias al cielo que no amanecí muerta o sin un riñón.
Respondo intentando sonar digna mientras me siento a la mesa lo más lejos posible de Asher y sospechosamente cerca del chico guapo.
—Supongo que ya debes de saberlo Logan, ella es Amelia la chica del café y nuestra vecina.
Dice Asher arrastrando las palabras con un tono peligrosamente bajo y frío.
Se levanta de su silla, y su imponente tamaño de inmediato llena el lugar eclipsando al pobre de Logan.
—Y ella es… Distraída.
—Un placer Amelia... Soy el beta de la manada, el segundo al mando para que comprendas.
Se presenta el chico con una reverencia juguetona, ignorando olímpicamente la mala vibra que su Alfa está desprendiendo y me emociono bastante al saber que es otro lobito.
—Puedes llamarme Logan. Preparé el desayuno especialmente para ti, ya que Asher me dijo que gastaste demasiada energía… De formas misteriosas.
—¡Oh, eres un ángel Logan! Y cocinas divino, no como otros que solo saben dar advertencias y mirar con mala cara.
Le digo con una sonrisa coqueta clavándole una indirecta directa a mi vecino.
Asher aprieta la mandíbula con tanta fuerza que escucho el crujido de sus dientes desde mi lugar. Da un paso al frente interponiéndose físicamente entre la línea de visión de Logan y la mía, obligándome a mirar su amplia espalda vestida de negro en lugar de los hoyuelos del beta.
—Logan, retírate.
Ordena Asher con su voz de mando, esa que te hace querer obedecer aunque no quieras.
—Pero Alfa, apenas estoy sirviendo el jugo…
—Dije que te retires... Ahora
Gruñe Asher y juro que sus ojos grises destellan con un brillo plateado muy poco amigable.
Logan alza las manos en señal de paz, me guiña un ojo con picardía a escondidas de su jefe y sale del apartamento casi flotando, dejándome a solas con la bestia gruñona.
Asher se gira lentamente hacia mí apoyando ambas manos sobre la mesa del comedor y reclinándose hasta quedar a escasos centímetros de mi rostro.
Su respiración es pesada y su aroma a bosque enfurecido me golpea de golpe.
—¿Te gusta lo que ves Amelia?
Pregunta con una voz tan baja y ronca que se me eriza hasta el último vello del cuerpo.
—¿El desayuno? Sí, se ve delicioso.
Respondo haciéndome la loca mientras clavo el tenedor en un pedazo de carne.
—No me refiero al desayuno.
Su mano se mueve rápida como el rayo y atrapa mi mentón obligándome a mirarlo directamente a esos ojos de tormenta que destilan una posesividad que me corta el aliento.
—Te quedaste prendada de mi beta ¿Acaso olvidaste en la cama de quién te despertaste esta mañana?
—No, no lo olvido señor Asher... ¿Por qué la molestia? Ni que fuéramos pareja.
Le digo mirándolo a los ojos, pero mis entremetidos ojos se desvían hacía sus labios y vaya labios tan hermosos que tiene.
—Entonces ¿Quieres ser mi pareja?
Levanto la vista cuando lo escucho hablar y sus ojos están completamente plateados. Y no sé por qué en vez de darme miedo... Siento que me fascinan...
—Asher...
—Asher no cariño, mi nombre es Arnor
—¿Arnor?