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VEINTICUATRO(BL): Línea Roja

VEINTICUATRO(BL): Línea Roja

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Diferencia de edad / Romance
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Segunda temporada de VEINTICUATRO (BL)


Han pasado Dos años.

Dylan Lara ya no es el novato impulsivo que corría en pistas ilegales. Ahora es uno de los corredores más temidos del circuito internacional. Fama, contratos millonarios y un lugar asegurado entre los mejores. A su lado sigue Nathaniel Liu, el hombre que lo secuestro, lo protege… y lo ama con una intensidad que roza lo posesivo.

Pero el éxito siempre atrae algo más que admiradores.

Un nuevo corredor irrumpe en sus vidas. Nadie sabe de dónde salió. Nadie conoce su pasado. Solo hay un detalle inquietante: parece saber demasiado.

Mientras la competencia se vuelve más violenta, los sabotajes más precisos y viejos secretos familiares comienzan a salir a la luz, Dylan descubre que el peligro no está solo en la pista. Alguien lo observa. Lo estudia. Lo desea.

Quiere poseerlo.

Cuando el amor se mezcla con obsesión, celos y poder… ¿quién cruzará primero la línea roja?

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7 - Primer contacto

El aire de la tarde era fresco, cargado del olor a las buganvilias que trepaban por la baranda. Dylan estaba apoyado contra ella, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el jardín. Su mandíbula estaba apretada, y cada tanto inhalaba profundo, como si intentara controlar algo que amenazaba con desbordarse.

Nathan se detuvo a su lado, sin invadir su espacio. Se apoyó también en la baranda, mirando en la misma dirección, sin decir nada.

Pasaron unos segundos.

—Sabes que tiene razón, ¿no? —dijo Dylan al fin, con la voz ronca—. En parte. Me fui porque no aguantaba más. Porque cada vez que abría la boca, él encontraba la manera de hacerme sentir que todo lo que hacía estaba mal.

Nathan no respondió de inmediato. Dejó que las palabras se asentaran.

—No tiene razón —dijo finalmente—. Está frustrado, asustado, y no sabe cómo decirlo sin sonar como un idiota. Pero no tiene razón.

Dylan soltó una risa amarga.

—Llevo años escuchándolo. Desde que empecé a correr. "Eso no es una carrera", "eso no es un trabajo", "eso no te va a dar de comer". Y cuando me fui a Estados Unidos, casi le da algo. No me habló durante meses.

—Lo sé —dijo Nathan en voz baja.

Y lo sabía. Había visto los mensajes de texto que Dylan guardaba en su teléfono, los que nunca borraba pero tampoco volvía a leer. Conversaciones enteras donde su padre le reclamaba, le exigía, lo hacía sentir culpable por haber elegido su propio camino.

—A veces pienso —continuó Dylan, pasándose una mano por el cabello— que si me hubiera quedado, hoy sería un ingeniero más trabajando en la empresa familiar, amargado y con una vida que no elegí.

—Pero no te quedaste.

Dylan lo miró.

—Y, parece que es algo que papá no me perdonará nunca

Nathan giró el cuerpo hacia él, apoyando un codo en la baranda.

—Y por eso estás aquí. Por eso tienes una carrera, un equipo, un futuro que construiste solo. Y por eso —hizo una pausa, con una sonrisa apenas esbozada— terminaste conmigo.

Dylan soltó una risa corta, negando con la cabeza.

—Eres un creído.

—Soy realista —corrigió Nathan.

El silenció volvió, pero esta vez era distinto. Más ligero.

Dylan exhaló, soltando la tensión que había acumulado durante toda la comida.

—Gracias por venir —dijo, sin mirarlo—. Sé que no es fácil aguantar a mi papá.

—No vine por él —respondió Nathan, repitiendo las mismas palabras que había dicho en el auto—. Vine por ti.

Dylan lo miró entonces, directo a los ojos. Y por un momento, todo lo demás —las discusiones, los reclamos, la tensión familiar— desapareció.

—Bueno —dijo, enderezándose—. Vamos adentro antes de que mi mamá piense que nos escapamos.

Nathan sonrió.

—Eso sería un clásico en esta familia, ¿no?

Dylan rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.

____

No alcanzaron a terminar el postre.

Dylan había clavado el tenedor en el flan apenas dos veces cuando su teléfono vibró sobre la mesa con la urgencia de quien sabe que el tiempo se le viene encima. Era su representante, por supuesto. Que ahora le recordaba, con mensajes que se acumulaban en la pantalla, que debía estar en el evento en menos de una hora.

—Nos tenemos que ir —dijo Dylan, levantándose con un suspiro resignado.

Doña Carmen hizo un gesto de decepción, pero no insistió. Sabía que el tiempo de su hijo ya no le pertenecía del todo, que ahora se lo repartían entre los entrenamientos, los patrocinadores y un calendario que no perdonaba.

—Bueno, bueno —dijo ella, limpiándose las manos en el delantal—. Al menos vinieron. Eso es lo que importa.

Dylan se acercó a darle un beso en la mejilla, y ella lo retuvo un segundo más de lo necesario, como si quisiera guardarse ese momento para los días en que la casa se sintiera demasiado vacía.

—Cuídate, mi niño.

—Siempre, mamá.

Andrik apareció en la entrada, apoyado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados y una sonrisa que no prometía nada bueno. Miró a Nathan de arriba abajo con esa expresión suya de hermano mayor que nunca terminaba de confiar del todo.

—Bueno, Liu —dijo, alargando las palabras—. Cuídame al pollito, ¿eh? Que si le pasa algo, se dónde vives.

Nathan, que ya se estaba ajustando los puños de la camisa, levantó la vista con una calma que rozaba la provocación.

—Tranquilo. Lo cuido mejor que tú, y eso que tú eres su hermano.

Andrik entrecerró los ojos, pero una sonrisa torcida se le escapó.

—Qué carajo, siempre tan creído.

—Es parte de mi encanto —respondió Nathan, impasible.

Dylan, que ya estaba en la puerta, los miró a ambos y soltó una carcajada que le salió del pecho sin filtro.

—Son como dos perros marcando territorio —dijo, negando con la cabeza—. En serio, parecen niños.

—Él empezó —dijo Andrik, señalando a Nathan con el dedo.

Doña Carmen los observaba desde la cocina, moviendo la cabeza con una sonrisa cómplice. Ya se había acostumbrado a esa rivalidad silenciosa entre su hijo mayor y el novio del menor. Era como el pan de cada día: incómoda, pero inofensiva.

—Ya van a empezar —murmuró ella, volviendo a sus trastes.

Dylan salió riéndose todavía, siguiendo a Nathan hasta el auto.

El viaje hasta el recinto del evento duró poco más de una hora, pero el cambio de escenario fue radical. Pasaron de las calles tranquilas del barrio residencial de sus padres al bullicio controlado de un centro de convenciones rodeado de luces, vallas publicitarias y una multitud que se arremolinaba en la entrada principal.

El cartel colgado sobre la fachada lo decía todo: Gran Premio Internacional de España — Noche de Gala y Presentación Oficial.

Era el evento más esperado del año en el mundo del automovilismo español. Corredores de Japón, Italia, Alemania, Brasil y otros países más se habían dado cita para competir al día siguiente en el circuito más exigente del país. Y Dylan, después de años de esfuerzo, estaba entre ellos.

El auto se detuvo frente a la alfombra roja.

—¿Listo? —preguntó Nathan, apagando el motor.

Dylan respiró hondo y asintió.

—Nací listo.

Bajaron del auto casi al mismo tiempo, y el efecto fue inmediato.

Los flashes comenzaron a dispararse desde todos los ángulos. Fotógrafos, reporteros, cámaras de televisión. Todo se concentró en ellos en cuestión de segundos. Dylan, con su conjunto azul cielo que resaltaba bajo las luces del evento, y Nathan, impecable con su traje oscuro y esa presencia magnética que parecía atraer las miradas sin esfuerzo.

Caminaron por la alfombra con naturalidad, como si estuvieran acostumbrados a ese nivel de atención. Y en cierto modo, lo estaban. Dylan ya no era el chico que corría en pistas clandestinas; ahora era un nombre reconocido, un rostro que las cámaras buscaban. Y Nathan... bueno, Nathan siempre había sido el centro de atención dondequiera que fuera.

—¡Dylan! ¡Por aquí! —gritó un fotógrafo.

—¡Una sonrisa, chicos!

—¿Es cierto que correrás con el nuevo prototipo híbrido?

Dylan respondió con gestos amables, saludando a algunos conocidos, posando para las fotos necesarias, mientras Nathan se mantenía a su lado con una calma que parecía decir estoy aquí, pero no me robes el protagonismo.

Una vez dentro, el ambiente cambió.

El salón principal era enorme, con techos altos y candiles de cristal que derramaban una luz dorada sobre las mesas redondas cubiertas de manteles blancos. En el centro, una pista de baile vacía esperaba a los invitados, y alrededor, grupos de corredores, patrocinadores y figuras del automovilismo conversaban con copas en mano.

Dylan reconoció a varios rostros. Ahí estaba el italiano que había quedado segundo en el campeonato europeo, el brasileño que siempre sonreía antes de adelantar en las curvas, el japonés de mirada seria que nunca daba entrevistas. Todos estaban ahí, mezclándose, midiéndose, guardando las apariencias antes de la batalla del día siguiente.

—Dylan Lara —una voz lo llamó desde un costado.

Era un corredor alemán, rubio, de complexión atlética, que se acercó con una copa en la mano y una sonrisa amplia. Habían competido juntos una vez, en un circuito menor, y Dylan recordaba que era rápido, pero también que hablaba demasiado.

—¡Hombre! —respondió Dylan, estrechando su mano—. No sabía que venías.

—Me invitaron de último momento. ¿Cómo has estado? No te veo desde Mónaco.

—Ocupado. Pero bien, muy bien.

El alemán lanzó una mirada rápida a Nathan, que estaba a un paso detrás, y luego volvió a Dylan.

—¿Y este es tu...? —preguntó, dejando la frase en el aire con una sonrisa cómplice.

—Mi novio —respondió Dylan, sin dudar—. Nathan.

—Un placer —dijo Nathan, estrechando su mano con firmeza.

El alemán asintió, evaluándolo con curiosidad, pero no dijo nada más. En este mundo, las relaciones personales eran parte del juego, y nadie se atrevía a juzgar abiertamente.

La noche siguió su curso entre copas, saludos y conversaciones superficiales. Dylan se movía entre los invitados con la soltura de alguien que ya había aprendido a navegar ese mundo, mientras Nathan lo seguía a distancia, observando, aprendiendo, dejando que su presencia hablara por sí sola.

En un momento, cuando Dylan se apartó para hablar con un par de organizadores, Nathan se quedó solo junto a una de las mesas, con una copa de whisky en la mano. No pasó desapercibido. Varias miradas se posaron en él, curiosas, evaluadoras. El novio del corredor estrella siempre generaba interés.

—Usted debe ser Nathan Liu —dijo una voz femenina a su lado.

Era una mujer elegante, de unos cuarenta años, con un vestido negro y una sonrisa profesional. Nathan la reconoció de inmediato: era una de las organizadoras principales del evento, conocida por su mano firme y su red de contactos.

—Así es —respondió él, con cortesía.

—He oído hablar de usted. Liu Motors, ¿verdad? —Ella sonrió—. Su empresa tiene buena reputación en el sector. Lástima que no haya traído ningún prototipo para exhibir.

—Tal vez el año que viene —respondió Nathan, con una sonrisa medida.

La mujer rió, levantando su copa.

—Me gusta su estilo. Cuide bien a su corredor, señor Liu. Mañana necesitaremos a todos en plena forma.

Y se alejó, dejándolo con esa sensación de que, en este mundo, Nathan también estaba siendo observado.

Dylan regresó minutos después, con el rostro ligeramente sonrojado por el alcohol y la emoción.

—¿Qué te perdiste? —preguntó, apoyándose a su lado.

—Nada importante —respondió Nathan, pasándole un brazo por la cintura con naturalidad—. Solo tu fan club preguntando por ti.

Dylan rió, apoyando el brazo un momento en su hombro.

—Déjalos que hablen. Mañana solo importa la pista.

Nathan sonrió, apretándolo apenas.

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Kim Nava
Dylan es muy confiado aceptando todo lo que le den
Kim Nava
algo me dice que esa bebida ni está vien 🤔🤔🤔
Esther Grace
❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥🤯🤯🤯🤯🤯
ary
algo tiene la bebida
ary
no lo puedo creer jaja
ary
ni un besito no nada🥰
Esther Grace: esos besitos serán lo de menos 😂😂ya me pondré más sería a actualizar más capítulos 🤭
total 1 replies
ary
espero i no se ael muerto
Kim Nava
ya empezamos a ocultar cosas Dylan
Francy Eliana Castillo Gallon
q mujer tan directa y astuta tenía todo calculado será una alianza o una trampa
Francy Eliana Castillo Gallon
se dañó la celebración entre todos los amigos y la pareja de Dilan
Francy Eliana Castillo Gallon
Alessandro se arriesgo demaciado y Dilan aprovecho la ventaja se lanzo a la meta para ganar
Francy Eliana Castillo Gallon
empezó la competencia y Alessandro está pegado a la rueda buscando adelantar a Dilan presionando fuertemente
Francy Eliana Castillo Gallon
Nathan está celoso del italiano llamo mucho la atención de Dilan
Francy Eliana Castillo Gallon
q hombre tan misterioso ese antigas lo hace más interesante será alguien de la competencia o un verdadero admirador
Francy Eliana Castillo Gallon
Nathan es un gran novio muy pendiente de su amado Dilan
Dalia Lara
cuando va aparecer el tipo q se encontró con dilan en el aeropuerto de la otra temporada y q parece medio loquito por él
May Wong
hola, como se llama la novela anterior?
Esther Grace: VEINTICUATRO (BL)
total 1 replies
Dalia Lara
siiiiiií por fin la segunda temporada amo esta novela ,se tardó bastante en sacarla asi q como premio de consolación espero q actualize seguido🥰🥰
Kim Nava
ok ok terminé estos dos capítulos en un rato me voy a leer la anterior😍
Esther Grace: 😂👌🏻👌🏻👌🏻
total 1 replies
Kim Nava
son tres las que me he leído de tus historias empezando con la de
morí olvidada reviví intocable 🤭
Esther Grace: jajajajja síii feliz por tu apoyo incondicional 🌷🥰
total 1 replies
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