trata de Lukas un líder de una pandilla el cuál es hermano mayor de takimechi claro los dos tenían sus diferencias y Lukas tiempo Después conoció a Leonardo que con el pasar de los día se empezó a enamorar de el hasta que ahora estaban a nada de casarse pero acurrucó algo inesperado Lukas fue plantado en el altar
NovelToon tiene autorización de Lukas el fantasma rojo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
el centro del cerebro
El almacén estaba en silencio.
No un silencio vacío…
Uno cargado de atención.
Todos estaban ahí.
Los miembros más importantes de la pandilla de Lukas, alineados frente a él.
Esperando.
Observando.
Lukas estaba de pie frente a una mesa larga.
Mapas extendidos.
Rutas marcadas.
Nombres escritos y tachados.
Su mirada recorría todo con precisión.
Como si ya hubiera visto cada resultado posible.
—Escuchen bien —dijo finalmente.
Su voz fue firme.
Clara.
Incuestionable.
—Vamos a movernos en tres frentes.
Señaló el mapa.
—Equipo uno: bloquean las rutas del este. Nadie entra, nadie sale.
—Equipo dos: presión en el norte. No ataquen… solo observen y esperen.
Pausa.
—Equipo tres…
Sus dedos se detuvieron.
—Conmigo.
El ambiente cambió.
Eso significaba una cosa:
Lo más importante.
—Esta vez no vamos a reaccionar —continuó Lukas—.
Levantó la mirada.
Fría.
Segura.
—Vamos a hacer que reaccionen a nosotros.
Un murmullo bajo recorrió el lugar.
No de duda.
De respeto.
—¿Y si la organización responde directo? —preguntó uno.
Lukas no dudó.
—Lo harán.
Silencio.
—Y eso es exactamente lo que quiero.
Detrás.
En la sombra.
Dos miradas no se movían.
Kai.
Apoyado contra una columna, brazos cruzados.
Sonrisa leve.
Ojos fijos en Lukas.
Como si cada palabra confirmara algo.
Y a unos pasos…
Leonardo.
En silencio.
Serio.
Pero su mirada…
no se apartaba ni un segundo.
Dos razones distintas.
Una misma persona.
—Recuerden algo —continuó Lukas—.
Todos volvieron a enfocarse en él.
—No estamos jugando a ganar territorio.
Pausa.
—Estamos cambiando las reglas.
Silencio total.
—Y cuando lo hagamos…
Sus ojos brillaron apenas.
—Nadie va a poder detenernos.
Detrás—
Kai soltó una pequeña risa baja.
—Ahí está…
Leonardo apretó la mandíbula.
—…idiota…
Pero no era desprecio.
Era algo más complicado.
Porque ambos sabían lo mismo.
Lukas no solo estaba liderando.
Estaba creciendo.
Y eso…
era lo que los mantenía mirando.
Sin poder apartarse.
Lukas terminó de dar las órdenes.
—Muévanse.
En segundos, todos empezaron a dispersarse.
Rápidos.
Eficientes.
El lugar quedó casi vacío.
Solo tres.
Lukas.
Kai.
Leonardo.
Silencio.
Pesado.
—Buen plan —dijo Kai, acercándose lentamente.
—Funcional —respondió Lukas.
Leonardo cruzó los brazos.
—Arriesgado.
Lukas lo miró.
—Todo lo que vale la pena lo es.
Silencio otra vez.
Pero esta vez…
diferente.
Más personal.
Más peligroso.
💥 “Intercambio”
Todo estaba en movimiento.
Tal como Lukas lo había planeado.
El este… bloqueado.
El norte… vigilado.
Las piezas… en su lugar.
Pero algo falló.
—¡Jefe! —la voz en el comunicador sonó agitada—. ¡Nos encontraron!
Silencio.
Lukas se detuvo en seco.
—Ubicación —ordenó.
—Sector 3… pero—
Interferencia.
Los ojos de Lukas se afilaron.
—Vamos.
Kai y Leonardo lo siguieron sin dudar.
🔻 El choque
Cuando llegaron…
ya era tarde.
El lugar estaba rodeado.
Hombres de la organización.
Más de los que esperaban.
Mejor armados.
Y en el centro…
uno de los suyos.
Arrodillado.
Sujeto.
Golpeado.
—Lukas… —murmuró el chico, apenas consciente.
El aire se volvió pesado.
—Justo a tiempo —dijo uno de los hombres, avanzando—. Queríamos hablar contigo.
Kai dio un paso adelante.
—Esto no estaba en el plan…
Leonardo tensó la mandíbula.
—Es una trampa.
Lukas ya lo sabía.
Sus ojos no se movían del chico.
—Suéltenlo.
El hombre sonrió.
—Claro.
Pausa.
—A cambio de ti.
Silencio.
Takemichi, desde el comunicador:
—¡Lukas, no—!
Pero Lukas ya estaba caminando.
—¿Qué haces? —susurró Leonardo, sorprendido.
—Terminando esto.
Kai lo sujetó del brazo.
Fuerte.
—No eres reemplazable.
Lukas lo miró.
Directo.
—Él tampoco.
Silencio.
Kai apretó más fuerte… pero luego lo soltó.
Lento.
Como si no le gustara la decisión.
Leonardo dio un paso adelante.
—Yo voy.
—No —respondió Lukas.
—Esto es por mí también—
—No —repitió Lukas, firme.
Silencio.
Y entonces…
levantó las manos.
—Aquí estoy.
Los hombres sonrieron.
—Buena elección.
Liberaron al chico.
Lo empujaron hacia adelante.
Leonardo corrió y lo sostuvo antes de que cayera.
Mientras tanto…
Lukas avanzó.
Paso a paso.
Sin miedo.
Hasta quedar frente a ellos.
—Arrodíllate.
Silencio.
Lukas no dudó.
Se arrodilló.
Kai lo observaba.
En silencio.
Pero su mirada…
ya no era divertida.
Era peligrosa.
Leonardo apretó los puños.
—Idiota…
Pero no podía hacer nada.
—Muévanse —ordenó uno de los hombres.
Sujetaron a Lukas.
Y comenzaron a llevárselo.
Sin resistencia.
Pero justo antes de desaparecer…
Lukas levantó la mirada.
Y buscó a Kai.
Un segundo.
Nada más.
Pero fue suficiente.
Kai entendió.
Y sonrió.
No por diversión.
Por decisión.
Porque ahora…
esto era personal.