Dentro de nosotros hay una batalla entre dos fuerzas. Unos le llaman el bien contra el mal. Otros en cambio le llaman destino. Pero para Saulo Di Ángelo de Abner esa eterna contienda estaba en las páginas gastadas de un antiguo libro. De pronto sentía el peso de todos sus ancestros a sus espaldas. Pedían sin voz que escuchará y estuviera quieto porque era el resultado del amor de miles antes que él.
¿Podrá cambiar lo que está escrito? ¿Quién triunfará en su alma? El bien, el mal... Acompañame en esta nueva obra y descubrirás si el destino puede torcerse.
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Humillante fiesta de té
Camila se había adaptado bastante bien a la vida en Abner. Adoraba aprender a tocar el violín. Todavía no dominaba la técnica y a veces sacaba sonidos espantosos, pero Lucía la ayudaba y también el amable Kai. Ya era habitual verlos siempre juntos por la Academia de Música y baile. La amistad se consolidaba poco a poco de forma tan natural que parecía que se conocían de toda la vida. Camila les hablaba de Castela, de Sugey y de la Academia Delta Adhara y Lucía y Kai la introducían en la alta sociedad de Abner a cambio. Por tal motivo hoy se encontraban en una fiesta de té en casa de la señorita Sila Solís. La cual tenía fama de ser la más preciosa jovencita de Abner.
La conversación del aburrido evento giró como siempre en torno a las temáticas habituales. Es decir, el compromiso de mengana y el de fulana. Que si ciclana se vistió horrible para tal o más cual cosa. Que si aquella debutó y la otra no. De lo afortunada que era la Señorita Sila por tener el favor del señorito Francisco. Camila no pudo dejar de notar que en este punto la anfitriona trató de avergonzar a Lucía.
-Claro que es obvio que el señorito Francisco solo tenga ojos para mí. Soy un buen partido, bonita, refinada y además vivo en la capital. No como otras. ¿No está de acuerdo conmigo la Señorita Lucía? ¡Ah disculpe! Se me olvidaba que el año pasado los dos marquesados casi concretan un compromiso. Perdón por mi indiscreción. No me lo tome en cuenta.
No obstante, Lucía hábilmente redirigió la conversación al tema de los regalos que se le harían al Príncipe heredero para su próximo cumpleaños y de las invitaciones que ya habían sido enviadas.
- No tenga cuidado. Casualmente ayer fui a la tienda del marquesado del Señorito Francisco. Hablamos de la invitación para el cumpleaños del Príncipe heredero y del regalo que escogeríamos para él.
Aquellas cotorras parlanchinas se explayaron entonces con la temática. Nadie se acordaba a esa hora de si Francisco prefería a Sila o a Lucía. Les dio por mencionar las cosas más absurdas y extravagantes como posibles regalos para el Príncipe. Sila al ver esto se puso furiosa y como para desquitarse usó otra estrategia. Avergonzaría a Lucía por la compañía con la que vino a su fiesta de té. Por ese motivo hizo sonar la cucharilla en la taza de té y se hizo silencio.
Para disimular explicó qué tipo de regalo haría ella este año y seguidamente se concentró en Camila. Esta no había hablado en todo el tiempo. Salvo cuando llegó y apenas si pudo saludar antes de ser conducida sin mucha ceremonia hasta el puesto degradante que ocupaba junto con Lucía. Estar tan alejado del anfitrión de la fiesta, significaba que no contaban con el favor de esa persona. Esto realmente no le importaba. Eran unas chicas idiotas y unas perfectas desconocidas para ella. Estaba allí por Lucía.
- ¿Y usted? ¿Cómo dijo que se llama? Bueno no importa ni queremos saberlo, pero sí nos interesa en cambio saber. ¿Qué regalará al Príncipe heredero? Digo...si es que ha recibido invitación a ese exclusivo acontecimiento. - había comentado Sila haciéndose la curiosa.
Varias chicas sonrieron por lo bajo. El desdén en las palabras de la anfitriona fue evidente y mal intencionado. Lucía hizo por intervenir, pero Camila le hizo un gesto para que se tranquilizara. Ella estaba indiferente hasta ese momento y pasaba de todo aquello. Eran las "amigas" de Lucía. Si ella les aguantaba el desprecio, eso era cosa suya, pero con ella eso no era así. Le iba a dar una lección a esa chica por ser petulante y presumida.
- No sé. - dijo limpiándose las uñas distraída, luego agregó como si nada. -A mi primo Saulo le gustan las cosas que sangran.- luego cogió elegantemente la tasa de té y sorbió. Hizo una mueca de disgusto y posó cuidadosamente el recipiente en el platillo.- ¿Es verdaderamente horrible? ¿Señorita Sila, ha dicho usted que este té es arándanos de Castela? Yo soy de allí y le puedo garantizar que esto es sin lugar a dudas té de cerezas verdes.
En la mesa se había hecho un silencio incómodo. La implicación de las palabras de la joven desconocida eran impactantes de ser ciertas.
-¿Pero qué insinúa? Es té de arándanos de Castela, un producto muy especial. Si quiere puedo darle algunas bolsitas por caridad. Seguro que nunca ha tomado nada así en su vida.- la Señorita Sila se había ido alterando a medida que hablaba y lo último lo dijo casi gritando. Incluso algunos sirvientes se acercaron como para estar a mano y echar a quien perturbara la fiesta de su señorita si se los pedía
- Bueno Señorita Sira... Sila... cómo sea ¿Así es como dijo que se llamaba no? No suelo recordar el nombre de la gente que no me interesa.- la aludida tenía la cara roja del enfado y hasta una vena le saltaba en la frente. En contraste Camila muy serena continuó.- Lamento informarle que ha sido embaucada. Mi madre es la dueña del negocio del té de arándanos en Castela y le garantizo que este no lo es. Yo diría que este horrible sabor ácido corresponde al té de cerezas verdes como le indiqué antes. Yo que usted investigo quién se ha burlado de su persona, vendiéndole un té de tan baja categoría. Ahora si me disculpa necesito ir al baño. Es que necesito echarme agua en la cara para que se me quite el sueño. Su fiesta es... Monótona, por decirlo de forma considerada.- la chica se levantó con la dignidad de una Reina 👑 y con confianza ordenó ser conducida al baño.
Si una bomba hubiese estallado en la mesa. No hubiese provocado el caos que las palabras de Camila produjeron. A esa hora se olvidaron de la Señorita Sila y todas preguntaban a Lucía por qué no les dijo que la desconocida era alguien tan importante. Pues ahora podían estar en dificultades por ofender a un miembro de la familia real. Bombardeaban a Lucía con múltiples preguntas como:
- Es verdad lo que dijo la chica que vino contigo.
- Sí.
- ¿Por qué no nos dijiste que venías con alguien tan importante?
- La Señorita Sila no me dejó presentarla. Solo saludamos y se nos exigió ocupar este lugar.- todas se viraron para Sila con mirada condenatoria
- ¿Es eso verdad Señorita Sila? ¿Fue usted tan descortés?
- Yo...Es que se hacía tarde y...- Sila dejó de hablar pues las chicas se habían girado nuevamente hacia Lucía y no le hacían caso.
- ¿Y cómo se llama su acompañante?
- Es Lady Camila Flamme Del Alba.
- ¡Dios mío es la hija de la Santa de Castela y del Director de la Academia Delta Adhara! - exclamaban cada vez más azoradas. Muchas de ellas si no conseguían un compromiso pretendían matricularse en Delta Adhara.
- Sí, pero ella no habla de eso. No le gusta presumir de su linaje.
- ¡El Consorte Real de Abner es su tío entonces! - Exclamó otra muchacha.- ¿Dios qué ha hecho Señorita Sila? Ha ofendido gravemente a un miembro de la realeza de dos Reinos. - Todas miraban con desprecio a la que tan solo unos minutos antes le lamían las botas, porque así es la vida social. Con el menor soplo de viento los prestigios se consolidan o se destruyen.
- Señorita Lucía, como usted ha venido con ella. Imagino que debe llevarse muy bien.
- Sí.
- ¿Pudiera decirnos dónde conoció a tan ilustre Señorita?
- En la Academia. El Consorte Real me la presentó.
- ¿Por qué el Consorte hizo eso?
- Porque Lady Camila ha venido a Abner a aprender el arte del violín en la Academia de su tío.
- ¿Y se queda en la Academia con usted?
- No. Nada de eso. Lady Camila se aloja en la habitación de la fallecida Reina Amalia en el Palacio Real.
- Dios Santo. ¿Tanto la honra nuestro Rey?
- Sí y no solo él. El Príncipe heredero también la adora.
Mientras esto sucedía en el patio. En el baño Camila se refrescaba la cara. No había mentido en lo de estar aburrida. Odiaba este tipo de fiestas. Se enajenó. Tenía problemas reales que resolver, como por ejemplo sacar un tiempo para poder comprobar si la esmeralda continuaba en el lugar donde ella la había dejado nuevamente. Ya llevaba un mes en Abner y la verdad se sentía frustrada. Saulito se había aficionado a ella y la seguía a todas partes cuando estaba en el palacio. Incluso todas las noches dormía con ella. Aunque esto último no le molestaba realmente.
Le tenía pavor a la habitación de la difunta Reina, pero ahora prefería vérselas con el fantasma real, si con ello podía sacar chance y comprobar lo de la esmeralda. La segunda noche después de su llegada se durmió con miedo en esa habitación, pero volvió a tener el sueño recurrente y se despertó asustada solo para casi morir de un infarto. A los pies de la cama estaba Saulito parado con los ojos abiertos. Encendió dos velas y le preguntó qué era lo que hacía en su habitación a esas horas. El niño no respondió. Ella comenzó a enfadarse. Acababa de tener su pesadilla y ahora tendría que lidiar con este mocoso malcriado.
Se acercó furiosa a él y entonces se le heló la sangre. El chico estaba ahí, de pie, con los ojos abiertos. Solo que había un problema. Esos ojos que siempre fueron violetas ahora eran amarillos, casi dorados y miraban a un punto fijo que parecía no hallarse en esa habitación. Ella siguió su mirada hasta perderse en la pared detrás de la cabecera de la cama. Giró para mirar a su primo y ya no estaba. Caminaba hacia la puerta de salida. Lo llamó bajito con voz aterrada, pero él no la escuchó. Temerosa salió de la cama y lo alcanzó antes de que llegara a la puerta. Lo tocó y él no reaccionó. Lo siguió con la vista desde el marco de la puerta. Su tío Saulo le había dicho que en Abner no podía salir de su habitación cuando usara ropa de dormir.
Saulito iba arrastrando los pies como si fuera un títere. De pronto se giró hacia ella. Estaba oscuro, pero podría jurar que vio por un momento el destello dorado de los ojos y una sonrisa cruel. Luego el chico se cayó al suelo. Ella no lo pensó dos veces. Salió corriendo a recogerlo. El niño abrió los ojos y estos eran violetas como siempre. Su voz somnolienta preguntó que si había vuelto a caminar en sueños. Y Camila lo llevó hasta su cama lo arropó y le dejó una vela para que no se asustará de la oscuridad. Lo dejó allí con los ojos suplicantes y se encaminó a su propia alcoba. Nunca llegó a ella. Viró atrás y le dijo al peque que se iba a quedar con él.
La verdad fue que en el pasillo recordó los aterradores ojos dorados que miraban algo que no se veía en la cabecera de su cama y también estaba esa inquietante sonrisa como una advertencia. Camila pensó en su sueño y como algo sin nombre intentaba entrar a este mundo y no pudo dejar de pensar que el chico no era sonámbulo. Algo estaba dentro de él y había salido a pasear en la noche. Abrazó fuerte a Saulito como si con esto impidiera que ese "algo" pudiera volver a salir. Después de esa segunda noche Saulito iba hasta su cuarto y ella no tenía corazón para rechazarlo. Eran dos personas asustadas que se hacían compañía.
Camila se volvió a echar agua en la cara. Se secó el rostro e inspiró hondo. Debía volver a la "fiesta de té" con esas Señoritas, cuya única preocupación era ver si habían recibido otra invitación, para repetir el ciclo de sus vidas insípidas.