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La Última Mujer Vampiro

La Última Mujer Vampiro

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Dominación / Amor prohibido / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Edgar Romero

Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.

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Capítulo 8

Mi papá era vampiro y mamá es humana. Ni sé cómo se conocieron y se enamoraron, pero se casaron muy prendados el uno con la otra, más mi madre porque lo veía a mi padre muy hermoso, altivo, elegante, cautivante, gallardo y avasallador como un macho alfa y a ella siempre le encantaron los hombres majestuosos, muy viriles, fornidos y también pedantes. Ellos eran muy felices, se querían mucho. Mamá lo veneraba a m padre, lo adoraba e idolatraba, sin embargo papá siempre fue muy mujeriego y tenía múltiples amantes sin que mi madre se enterara.

   Mi mamá era una exitosa empresaria, súper millonaria, maneja cientos de negocios, industrias, hoteles, clínicas,  parques zoológicos, navieras, medios de comunicación ya sea prensa escrita, televisión, revistas y portales de internet, cruceros que van y vienen por el mundo, una línea aérea con aviones gigantes, empresas, fábricas y clubes deportivos que incluían un estadio de fútbol para ciento diez mil hinchas, un complejo deportivo con un coliseo para veinticinco mil personas y papá, en cambio, era un discreto y oscuro músico que se había decantado por la salsa. Él tocaba el trombón en antros, fiestas patronales y  conciertos de barrio ante cuatro gatos.  Ya saben que el amor es ciego y a mamá le gustó mucho mi padre, aún fuera un verdadero pobretón encandilado de la belleza arrebatadora de mi madre, una de las cinco mujeres más hermosas del planeta.

   Se enamoraron, entonces, tuvieron un romance maravilloso y poético y al poco tiempo se casaron. Mamá estaba tan loca por mi padre que adoptó el apellido de él, Dumitrache, por siempre, incluso su imperio económico pasó a llamarse Dumitrache Corporation.

   Mi madre le perdonaba todo a papá porque ya les digo, lo adoraba y veneraba, estaba demasiado prendada de él y rendida a sus pies, incluso jamás descubrió que el hombre al que amaba con locura era un vampiro pese que papá sostenía orgías de sangre y se encontraba con mujerzuelas a las que mordía con embeleso a espaldas de mi madre.

   Ya entonces había empezado la epidemia que mató a todos los vampiros.  Eso fue de repente. Dicen que la sangre humana se corrompió por el fentanilo sintético que reemplazó a la cocaína rosa y que era más adictiva y maligna que el fentanilo común. Era un químico en realidad, letal y mortífero y su uso se extendió de repente como una peste por todo el mundo. Los productores de la droga apelaban a más y nuevas fórmulas químicas de fármacos, degenerándola por completo y volviéndola una bomba atómica. Los humanos morían por miles pero el doble de fallecidos eran vampiros porque al beber la sangre corrompida, se enfermaban gravemente y morían. Y esos padecimientos se volvieron epidemia y finalmente acabó en pandemia, exterminando mi raza.

   Papá sabía lo que estaba pasando. Muchos amigos suyos, amantes ocasionales, parientes habían muerto por los efectos en la sangre de la droga sintética, pero a él le encantaban las orgías sanguinolentas. Eso lo perdió. Mi padre desafiaba la emergencia sanitaria y hacía constantes reuniones donde se bebía sangre, se mordía a prostitutas y a drogadictas necesitadas de dinero y que no oponían resistencia.

    Mamá, finalmente, decidió dejar a mi padre porque él estaba demasiado obsesionado en las orgías y ya no podía seguir siendo ciega a esa realidad en que se veía con mujerzuelas. Mi padre disfrutaba de esas fiestas sangrientas, reunirse con sus amigos sobrevivientes  a la pandemia tanto que incluso la casa de ellos fue epicentro de muchas de esos carnavales sanguinolentos y mortales.

   La sangre corrompida no había sido lo único que venía extinguiendo a los vampiros, sino también los cazadores que por muchos siglos han ido mermando nuestra raza, pensándonos malignos, satánicos, ruines y malévolos. Esas cofradías de mata vampiros aún existen y obligó a mi estirpe a vivir siempre a escondidas.

  Lo peor es que los vampiros ya no podían convertir a los humanos con sus mordeduras. ¡¡¡La sangre humana se tornó inmune a nosotros!!!

  Mi padre murió en su ley, envenado de esa sangre corrompida por la droga cada vez más química y sintética, hecha en laboratorios con el fin de matar. Y con papá se fueron, también los últimos vampiros que sobrevivían, de la faz de la Tierra.

      El fentanilo químico lo había logrado. Y los humanos también iban muriendo por miles no solo en el país sino en el planeta entero. Fue una desgracia y fatalidad tan o más grande que él ébola, el sida y el covid  porque el fentanilo químico era barato, fácil de conseguir y su uso se hizo muy común en los cinco continentes, desesperando a las autoridades sanitarias, declarando la emergencia mundial y combatiendo los estupefacientes en una encarnizada lucha por la supervivencia. Y en ese escenario fantasmagórico, de pánico, caos y el miedo de la desaparición de la raza humana por su propia mano,  nací yo.

   Mamá no sabía que estaba embarazada de gemelas. Cinco meses después que falleció papá, el ginecólogo le dijo a mi madre que esperaba dos niñas.

   Mi madre ya frisaba 22 años, era bellísima por sus cuatro costados, súper millonaria, como les digo, y  sintió la maternidad como una maravillosa experiencia. Tatiana y yo nacimos sin problemas, por cesárea, con buen peso, idénticas hasta en el llanto. La diferencia fue que Tati era humana y yo una vampiresa. Pero eso no lo sabía nadie, ni los médicos ni mamá. Lo bueno fue que cuando yo vine al mundo, se había ganado la batalla al fentanilo químico. Pero lo malo fue que yo era la única vampiro que sobrevivía en el mundo entero,

  Ya desde pequeñas, entre mi hermana y yo, hubo una gran diferencia y que me clarificó tiempo después de que Tati era muy humana: a mi me gustaba la sangre y a ella no, je je je. Yo me metía siempre a la cocina y cuando las cocineras estaban distraídas, preparando el almuerzo o la cena, me bebía la sangre de los pollos que serían la merienda del día. Igual ocurría en los restaurantes de mamá o en el hotel de mi madre. Me colaba en la cocina para buscar la sangre de las aves que se preparaban y me los bebía sin asco. Nunca los cocineros me sorprendieron o si posiblemente me vieron se hicieron los tontos porque yo era la hija de la dueña y por ende no podían acusarme je je je.

   Tatiana en cambio tenía mucha repulsión a todo lo que era sangre, incluso cuando jugando se lastimaba, rompía en llanto aterrada de ver un hilo de sangre rodando por su rodilla. Yo, obviamente, le pasaba la lengua por la heridita y quedaba obnubilada y eclipsada por su gusto tan deífico, je je je.

   Nosotras éramos muy felices pese al infortunio de haber perdido a nuestro padre. Mamá había querido tanto a papá que ya les digo, ella no renunció a su apellido y su conglomerado siguió llamándose Dumitrache Corporation.

   Todo era Dumitrache además. La línea aérea se llama Dumitrache Air, los hoteles Dumitrache Hotel, el estadio Dumitrache Arena y el equipo de fútbol, FC Dumitrache.  Hasta la escudería de Fórmula Uno que tenía mamá se llamaba Dumitrache, a secas.

    El resto de la historia ya la sabe. Descubrí que era una mujer vampiro en la academia de policía después que mordí a un alférez que me gustaba mucho. Mamá ni Tati sabían que yo era una vampiresa, nadie jamás lo supo ni siquiera yo, je je je. Y por esas cosas del destino, me convertí en la única sobreviviente de esa raza de vampiros,  ahora extinta, sin abolengos ni sobrevivientes. Tan solo yo.

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