Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 7: Te vas Arrepentir
El profesor de música, el señor Smith, me resultaba familiar. Era una persona alegre, y ayudaba a sus alumnos a mejorar. Desde la primera vez que lo vi, me cayó bien; sin embargo, esta era mi primera clase. Todos mis otros compañeros estaban intentando tocar los instrumentos, algunos con poco éxito.
—¿Ha tocado algún instrumento antes? —me preguntó, mientras sostenía un cuestionario de preguntas y un bolígrafo en las manos.
— Sé tocar un poco el piano. Le respondí.
«A decir verdad, no era una profesional, porque no tengo ese tipo de ambición, pero tomé clase de piano todos los veranos desde los ocho años. A mi madre le encanta que le toque piezas clásicas y a Laura le gusta escuchar piezas infantiles; esos son buenos momentos que pasé con mi familia, los extraño; a veces quisiera volver y olvidarme de toda esta locura, pero si no puedo, darme por vencida»
—¿Por qué aprendiste a tocar el piano? —me siguió preguntando.
—A mi madre le gusta escuchar música clásica, siempre la escuchaba en casa, especialmente tocada en piano; entonces, cuando tuve que aprender algo en artes, me incliné a aprender a tocar piano.
El profesor se quedó callado, y me miró por unos minutos; parecía estar examinándome de alguna manera, mientras los acordes desafinados de los instrumentos volaban en el aire.
—¿Entonces no aprendiste por qué le gusté, sino porque le gusta a tu madre? —me pregunto.
«Nunca lo había pensado así, ni había cuestionado por qué piano y no violín o cualquier otro instrumento, solo lo aprendí, porque todos disfrutan de escucharme tocar, incluso mi padre, pero ¿me gusta?»
—Supongo que es así, aprendí por qué a mi madre le gusta escucharme tocar, y a mi hermana pequeña también, incluso a mi padre, y tenemos muchos buenos recuerdos gracias a que sé tocar el piano, así que no es cuestión de gustos, es una habilidad que me acerca más a mi familia.
«Todos somos muy diferentes: madre es alegre y dulce, Laura es tímida y tierna, padre es serio y responsable, yo soy como esas rocas que dejan caer a un río; al principio moverá mucho el agua, luego se vuelve otra roca más, sin brillo, solo existiendo, sin embargo, terca, sobreviviendo a las profundidades del profundo rio»
El profesor está sorprendido con mi respuesta, dejó el cuestionario hasta ahí y me pregunto.
—¿Quieres tocar ahora?
—Prefiero esperar que terminen mis compañeros, no me concentro con tanto ruido.
Luego de una hora desde que el profesor había acabado la clase, interpreté para él Sueño de amor de Franz Liszt. Era una de las piezas que siempre toco para mi madre, así que le puse a cada nota el sentimiento de amar y extrañar, porque de verdad extrañaba a mi familia, y no sabía por qué me sentía así, tan sola.
—¡Bravo!, de verdad tiene mucho talento; el sentimiento que transmite al tocar es algo maravilloso.
«El mundo es algo extraño, porque lo que algunos vemos como algo normal, otros lo ven como algo extraordinario»
—Gracias, profesor, sé que ya pasó la hora de clase, pero ¿me puedo quedar una hora más?
—No le veo problema, solo no olvides cerrar la puerta.
—Está bien.
El profesor salió, yo comencé a tocar Claro de luna; es una de las piezas que sé tocar mejor, y es triste, es el anhelo de no poder llegar a la persona amada; por lo menos, siempre lo he interpretado de esa manera.
«Qué sé yo del amor, no sé nada de eso, solo de libros, de lógica; al pensar tanto, mis sentimientos están en lo más hondo de mi corazón, en las profundidades, donde está aquella piedra, que resiste a la presión del agua y se mantiene firme e inmóvil a pesar de las fuertes corrientes de agua»
—Tocas bien, para no tener alma.
Esa voz molesta y llena de sarcasmo era inconfundible. Paré de tocar; hasta mis profundos pensamientos se detuvieron. Me quedé sentada frente al piano y no le hice el favor ni de mirarlo; cada vez que veía su cara, me sentía enojada; también recordaba el momento más desesperante de mi vida.
Lo ignoré y volví a tocar el piano, y decidí ignorarlo por completo, pero se acercó e interrumpió, poniendo una mano en el teclado del piano. Se escuchó un fuerte ruido al presionar tantas notas juntas con fuerza. Se me usó en la cara; al alzar la vista, quedamos mirándonos a los ojos. En sus ojos había ira y odio; en los míos, una cortina de indiferencia que ocultaba la oscuridad que se había formado en mi corazón.
—¿Te gusto? —le pregunté con toda calma.
Él se apartó de inmediato de mí, se rio como si estuviera loco, luego usó una silla al lado del taburete donde estaba sentada, se me sentó al lado y me agarró de un brazo, para que lo mirara.
—¿Está loca? —¿Cómo me iba a mí a gustar una chica fea?, que más bien parece un pequeño ratón; no tiene gracia, no tiene clase. —Solo eres una trepadora que vino de un campo, del cual nunca debiste salir y al cual volverías si fueras inteligente; en esta vida, alguien como tú solo puede estar debajo de mis pies.
Dicho eso, se levantó de la silla y me bajó hacia el suelo y, cuando había caído en el piso frío, me soltó. Al caer, me di un golpe en el pie que tenía el yeso; el dolor me cortó hasta la respiración un instante.
Me miró desde arriba, como si yo fuera una vil cucaracha bajo sus pies, mientras yo no me podía ni levantar. Puso en cuclillas, me agarró la cara y me dijo fríamente.
—Te vas a arrepentir de cruzarte en mi camino.
Me soltó la cara, se puso de pie, dio la vuelta y se fue, dejándome en el suelo.
«Nunca me había sentido tan mal, era como si me hubiera herido en un lugar que nunca imaginé que podía ser lastimado; quería llorar, pero no podía. Por primera vez me sentía indefensa e impotente; el dolor en la pierna nublaba mi mente; en mi corazón algo comenzaba a oscurecerse»