Sydney Brown, una joven asocial desafortunada se ve forzada a trabajar en los baños de un templo.
Unos baños que cargan con una maldición que acecha desde los rincones en una espiral de rencor y odio que parece no terminar jamás.
Donde deberá elegir si...
¿Ser una heroína?
¿Ayudar a la maldición?
¿O no hacer nada y observar como el rencor destruye a las personas de su alrededor?
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Capitulo #8: Horu
A causa de la repentina muerte de Lizeth, Sora se quedó con los Shirakawa un tiempo hasta que se encontrara una casa para él.
También por la muerte de la señorita Nozomi, un detective llegó a los baños para intentar averiguar la verdad de lo que había pasado.
—¡Buenos días! Brown-san
—Ah… eh… ¡Bu-Buenos días! —respondí abrazando mi toalla con fuerza—.
—Escuché que usted fue quien encontró el cadáver de Mako Nozomi, hace una semana ¿eso es verdad?
—Yo… Yo… N-no vi qui-quién mató al se-señor Nozomi, pe-pero… —respondí agachando la cabeza y mordiendo mi labio—.
—Lo sé, y según lo que contaste, el señor Nozomi fue quien asesinó a Mako pero… mi intuición me dice que sabes más de lo que dices saber
—Lo-lo siento pero… n-no sé na-nada
—Entiendo… —me dejó una nota con un teléfono escrito—. Si pasa algo no dude en llamar, y no se preocupe… yo siempre encuentro la verdad
Después de que el detective se fuera, me recosté en la pared de la caseta mientras daba un largo y cansado suspiro. No entendía por qué los problemas por más que los evitara no dejaban de aparecer.
—Dis-disculpa señorita, me da una toalla por favor —dijo un chico asiático encapuchado y con una mascarilla—.
Sin decir una sola palabra agarré el dinero del chico y la nota con el número del detective para después darle la toalla. Por unos segundos pude notar que ese chico al agarrar la toalla estaba temblando, casi como si estuviera frente a una estrella o un famoso.
Fue una sensación rara, él era raro y me dio un poco de repelús que no dejara de mirarme mientras entraba a los baños de los hombres, pero siendo honesta todo era raro en los baños, supongo que ya me había acostumbrado.
Para suerte de mi salud mental el resto del día continuó con bastante normalidad; algunos clientes seguían siendo unos completos idiotas.
—Ugh, no le pudieron dar trabajo a una chica que no fuera de este pueblucho, porque ustedes los occidentales no entienden nada de disciplina y ya es la segunda vez que te tardas mucho
—¡Lo-lo siento! —me disculpé nerviosa con la cabeza agachada—
Otros eran más amables conmigo como la señora Makawa, que siempre me traía golosinas o un café calentito para mi hora de descanso.
—¿Te gusta? Mi nieta me lo compró pero yo ya me había comprado uno, jaja y recordé que la otra vez me contaste que te encantaba el café con leche
—S-sí, ¡Muchas gracias! Señorita Makawa
—No seas tan formal, Syd, dime Rika y por cierto, niña, ese auto es tuyo o de tu novio, era muy guapo jaja lo miré y dije, seguro es del tipo de Sydney
—¿Qué? Ah… eh… n-no, yo… yo no tengo no-novio aunque si que te-tengo u-una chica que me gus-gusta
—Oh ya veo, así que te gustan esos lados
—Jajaja un poco —respondí riendo y con las mejillas rojas—
Sin embargo, hubo uno que me hizo sentir un pequeño escalofrío; era alguien con un rostro similar a los típicos ídols asiáticos, fornido, alto y que siempre llevaba una chaqueta de cuero negra.
—Hola… es un placer conocerte por fin
—¿Eh? ¿Ya-ya no-nos conocíamos?
—Hmph, eres más guapa de cerca ¿Por qué no muestras la cara más a menudo? Deberías de hacerlo
—Ahm… —fruncí el ceño confundida y retrocedí unos pasos—. ¿Le-le pue-puedo ayudar en algo? Se-señor
—¿Harás directo hoy en tu casa?
—¿Qué? —susurré quedándome helada al escucharlo—.
Saber que ese tipo sabía que hacía directos hizo que un miedo que jamás creí sentir envolviera mi cuerpo. Mi sangre por unos segundos se congeló, mi respiración se disparó a otro nivel y mi visión se tornó tan borrosa que muy apenas veía su rostro.
—¡Oye! ¿Qué pasa? Parece que viste un fantasma
El burbujear en mi estómago se volvió tan intenso que no pude evitar correr al baño para vomitar lo que había comido. Me quedé unos minutos en el baño hasta que pude recuperar la compostura. Lo peor es que al regresar me encontré con una fotografía en la que yo estaba de pie frente a la cristalera de la tienda más cercana de mi casa. A su lado había una nota de ese tipo que decía:
“Buena suerte en tu directo hoy, Miely, espero y tu madre no esté otra vez en casa para poder verte. Prometo darte unas galletas favoritas, las famosas princesas.
Te ama…
Horu
Tu mayor fanático y el mejor novio del mundo”
Mis oídos no dejaron de pitar mientras el burbujeo en mi estómago seguía siendo tan presente como el temblor en mi cuerpo.
Intenté relajarme grabando un video en mi laptop, solo que por más que intentara concentrarme no podía debido a que mi mente relacionaba lo que había pasado con la vez que alguien entró a mi casa cuando estaba siendo un directo.
Sabía que debía intentar no pensar en ese tipo, pero mi miedo me hizo buscar entre mis seguidores a alguien llamado “Horu”. Logrando encontrar a uno llamado así, por lo que pude ver era uno de los seguidores más activos de todo mi canal y siempre comentaba que me amaba.
En una situación normal no me daría repelús pero suponiendo que es posible que sea el mismo que entró en mi casa sin permiso y el mismo que vino a mi trabajo, no era algo que me sentara muy bien.
El resto del día no podía dejar de pensar en cómo fue que terminé con alguien como él detrás de mí. Si ni siquiera hablaba con nadie, y por lo que había revisado en algunas interacciones que él tuvo con mis vídeos o directos, solo le había respondido a un solo comentario.
Gracias a que no dejaba de pensar en cosas atroces sobre ese tipo, terminé bañándome en los baños, junto a Moeka y a Sora para relajarme y olvidarme de ese acosador.
—No te preocupes, Brown-san, este sitio siempre limpia los malos sentimientos incluso el miedo o el estrés, se podría decir que el agua esta bendecida jaja
—No te preocupes por ese chico, Syd, mami no dejará que nadie te haga daño, ya que según ella ¡Tú eres mi hermana!
—S-sí jaja —respondí forzando un poco la sonrisa—.