Sol ha sobrevivido diez años sin nombre, sin recuerdos y sin más compañía que el dolor. Desde que despertó a los dieciocho sin saber quién era, su vida se convirtió en golpes y tortura. Pero todo cambia cuando llega al castillo del rey demonio... Y él, sin explicación alguna, le pide matrimonio.
¿Acaso ya se conocen? Quizás, el secreto de su recuerdos sean la respuesta porque él la ama tanto.
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Capitulo 8
Justo cuando los labios de Sol y Lumiel estaban a punto de tocarse, la puerta de la habitación se abrió desde dentro. El vacío detrás de Sol la hizo perder el equilibrio y, por instinto, se aferró a la ropa del rey, arrastrándolo con ella en la caída.
Al tocar el suelo, sus labios se encontraron de manera accidental.
El beso sorprendió a Sol apenas un instante. Pero la suavidad firme de los labios de Lumiel, y el modo en que él la sostuvo con seguridad, la hicieron cerrar los ojos, dejándose llevar por ese calor inesperado.
- ¡Sol!...
La voz de Noel rompió el momento. Sol abrió los ojos de inmediato. El niño estaba allí, observando la escena sin entenderla pero sintiéndola como una amenaza.
Sol empujó a Lumiel de inmediato. Él la observó con una sonrisa que desbordaba diversión.
- Vaya... no creí que tú dieras el primer paso - comentó.
- N-no te confundas... fue un accidente... Y tú quisiste besarme primero - murmuró ella, sin atreverse a mirarlo.
Lumiel alzó una ceja.
- Jamás dije que iba a besarte.
La incomodidad de Sol creció.
- T-tus acciones no justifican tus palabras...
- Solo iba a decirte algo más de cerca - replicó él, inclinando apenas la cabeza -. Tú fuiste la que se confundió. Pero si querías un beso... - sonrió con descaro - me lo hubieras pedido antes.
- ¡Lumiel!
Él se incorporó y la ayudó a levantarse. En cuanto lo hizo, dirigió la mirada hacia Noel. Su mirada se volvió fría, calculadora. Noel respondió con la misma tensión silenciosa.
"Si no fuera por ese mocoso... Morgan ya sería mía."
"Ese demonio quiere quitarme lo único que tengo... No lo permitiré."
Sol no comprendía por qué el ambiente se volvía pesado de repente. Noel se acercó y la abrazó por la cintura con fuerza, como si temiera perderla.
- Sol... Ya estás mejor. Vámonos a dormir - dijo, sin dejar de vigilar a Lumiel con odio silencioso.
Lumiel respondió con la misma intensidad antes de hablar con voz seria.
- Tiene razón. Debes descansar todo lo que puedas. Mañana será un día importante para ambos... el día de nuestra boda.
Se dio la vuelta para retirarse, pero se detuvo cuando Sol habló.
- Lumiel... las mujeres de la mansión solo me defendieron. Ellas no hicieron nada malo.
Lumiel asintió sin volver la vista.
- Lo sé, Sol. No les haré nada. Descansa.
Cerró la puerta detrás de él.
Sol soltó un largo suspiro. Estaba agotada. Se cambió a ropa cómoda y se acostó junto a Noel, quien se aferró a ella con la necesidad de un niño que teme perderlo todo.
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En la mansión de las flores
Ruth y las demás seguían limpiando el desastre que Antonieta había dejado tras su paso. El silencio se volvió pesado cuando Ruth se detuvo de repente, como si algo la hubiera golpeado en la memoria.
Catrina la observó.
- ¿Qué ocurre, Ruth?
- ¿Sol... no te recuerda a alguien? - preguntó en voz baja.
- No, ¿por qué lo dices?
- Olvídalo. Solo pensé en voz alta.
Pero en su mente, Ruth no podía evitarlo.
"Si tuviera ese retrato... podría confirmar si Sol es ella."
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Al día siguiente
En la entrada del castillo, los sirvientes se inclinaron ante un hombre imponente que avanzaba con pasos firmes. A su lado caminaba su asistente, nervioso.
- Mi Lord, por favor... no se enfurezca con el rey - suplicó el asistente.
- ¿Y quedarme callado ante el rompimiento con mi hija? - respondió Lord Alberich, con el ceño fruncido -. No soy un cobarde.
- Pero debemos mantener la alianza con este reino, mi Lord... aun si Antonieta ya no es la reina.
- Tonterías. ¿Quién se atreve a cambiar a una princesa legítima por una esclava marcada? Eso vine a entender.
Cuando llegaron frente a la oficina de Lumiel, Lord Alberich estuvo a punto de abrir de una patada, pero contuvo su impulso. Una criada abrió la puerta, revelando a Lumiel sentado detrás del escritorio, mostrando una sonrisa demasiado amplia.
- Bienvenido, Lord Alberich. Tome asiento.
El lord prefería romper algo antes que sentarse, pero mantuvo la compostura. Necesitaba una explicación.
Lumiel habló primero.
- Sé que está enfadado por su hija. Pero antes necesito explicarle algo importante. Conoce la situación del reino Mandrágor, ¿verdad?
- El reino más pobre del continente. ¿Qué tiene que ver conmigo?
- Sus cosechas, sus tierras... incluso sus árboles han muerto. No crece nada. ¿Sabe por qué?
- Porque Ricardo no tiene la bendición de la madre naturaleza. ¿Y?
Lumiel entrelazó las manos.
- ¿Qué pasaría si un miembro de la familia real siguiera con vida?
Lord Alberich lo observó con creciente irritación.
- Si existiera uno, Ricardo perdería el trono. El reino sería restaurado... y Mandrágor volvería a dominar la economía. - Golpeó la mesa - ¡Explique de una vez! ¿Cómo se atreve a divorciarse de Antonieta por una simple esclava?
La sonrisa de Lumiel se volvió más afilada.
- Esa "esclava"... que pronto será mi esposa... es la primogénita de la familia Mandrágor. Morgana Mandrágor.
El señor Alberich se quedó helado.
- ¡Imposible! Los vimos muertos hace diez años. ¡Usted mismo vio los cuerpos!
Lumiel bajó la mirada.
- Lo sé. Y ver a la familia que me cuidó morir... fue devastador. Especialmente al ver el cuerpo de Morgan. Pero algo estaba mal. Lo presentía, una parte de mí la creía muerta la otra no. Busqué inconscientemente hasta que la hallé.
El hombre cayó en el asiento, abrumado.
- Si esto es verdad... Si se casa con ella y recuperan Mandrágor... su reino será el más poderoso. Y el mío prosperará junto a ustedes.
- Ese es mi propósito - dijo Lumiel - Compartir fortalezas. Ser los tres reinos más poderosos del continente; la Gran Trinidad Sagrada.
Lord Alberich respiró hondo.
- Si todo esto mantiene nuestras alianzas... tendrá mi apoyo. Quiero conocer a la muchacha.
- Hay un inconveniente. Ella no recuerda quién es. Solo conserva recuerdos como esclava. Y el apodo que le di... Sol de mi vida.
- Vaya problema...
- Sea prudente. No quiero causar heridas innecesarias. Aunque será inevitable en un futuro cercano.
- Lo seré.
Lumiel bajó la mirada.
- Morgan me salvó aquella noche. Se interpuso entre los asesinos y yo. Dio casi su vida. Ahora... es mi turno de protegerla. Con la fuerza que no tuve en el pasado la protegeré.
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Mientras tanto, Sol y Noel, ya desayunados, caminaban hacia la mansión de las flores para disculparse por lo ocurrido con Antonieta.
(si en algunos capitulo, el guión está así - y no así — la app es quien me lo cambia y no se por que intentó editarlo pero siempre se queda igual)
en dos días (dándome pausas xd) la leí y me encanta!!
no sé si al final subirás o no un epílogo 🥹