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Entre Bestias Y Pasión

Entre Bestias Y Pasión

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Romance / Fantasía / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Llegué a la selva con miedo.
Me quedé por su protección.
Y sin darme cuenta… encontré un hogar.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 – Cuando el mundo responde

El amanecer llegó con un susurro.

No fue la luz lo primero que despertó a Aiden, sino la sensación. Una tibieza suave que se extendía desde su pecho hacia el resto de su cuerpo, como si algo dentro de él respirara al mismo ritmo que la selva. Abrió los ojos lentamente y durante unos segundos no supo dónde estaba.

El cielo, filtrado entre hojas gigantes, tenía tonos dorados y verdes. El aire olía a humedad fresca y flores nocturnas que aún no se cerraban del todo. Y junto a él, firme como una montaña, estaba Raegor.

El hombre bestia permanecía despierto, sentado a su lado, observando el entorno con atención tranquila. Ya no era la vigilancia tensa del cazador solitario, sino la presencia constante de quien cuida algo precioso sin temor a perderlo.

—Buenos días —dijo Raegor en voz baja, al notar que Aiden despertaba.

Aiden tardó un momento en responder. Se incorporó despacio, sorprendido por la ligereza de su cuerpo. No hubo dolor, ni rigidez. Solo una fluidez nueva, casi natural.

—Se siente… distinto —murmuró.

Raegor asintió.

—Porque lo es.

Aiden bajó la mirada hacia su piel. La marca seguía allí, aunque ya no brillaba como la noche anterior. Era más sutil ahora, integrada, como si siempre hubiese sido parte de él. Al tocarla, una oleada de calma lo recorrió, profunda y cálida.

No era posesión.

Era pertenencia mutua.

Había soñado. Eso lo sabía. Pero no como antes.

Sus sueños ya no estaban llenos de gritos, ni de manos que lo sujetaban, ni de corredores oscuros. En su lugar, había visto ríos interminables, llanuras abiertas y bestias corriendo bajo la luna. Había sentido raíces creciendo bajo sus pies, no atrapándolo, sino sosteniéndolo.

—Soñé con este mundo —dijo finalmente—. Como si me hablara… como si me aceptara.

Raegor lo miró con una expresión que mezclaba orgullo y algo más profundo, casi reverente.

—Cuando la marca se completa, el mundo escucha —respondió—. Y si el vínculo es verdadero… responde.

Caminaron juntos hacia la aldea cuando el sol comenzó a elevarse. Aiden notó cada detalle del trayecto como si lo viera por primera vez. Los colores parecían más intensos, los sonidos más definidos. Podía distinguir el batir de alas a lo lejos, el crujido leve de ramas incluso antes de pisarlas.

No tropezó ni una sola vez.

Su cuerpo se movía con una agilidad que jamás había tenido. Instintiva. Precisa. Casi felina.

Cuando llegaron, el cambio no pasó desapercibido.

Las conversaciones se apagaron lentamente. Las parejas de hombres bestia se detuvieron en lo que estaban haciendo, girando la cabeza hacia ellos. No hubo hostilidad. Tampoco sorpresa exagerada.

Hubo reconocimiento.

Aiden sintió un leve nudo en el pecho, un antiguo reflejo de inseguridad, pero antes de que pudiera retraerse, Raegor entrelazó sus dedos con los suyos. El contacto fue firme, cálido, protector.

—No estás solo —dijo sin palabras.

Un anciano de pelaje gris y mirada profunda se acercó. Caminaba apoyado en un bastón tallado con símbolos antiguos.

—La selva ha hablado —dijo con voz grave—. La marca ha sido aceptada.

Sus ojos se posaron en Aiden con curiosidad, pero no con juicio.

—No es una hembra común —continuó—. Es algo nuevo.

Aiden tragó saliva.

Durante toda su vida había sido “distinto” como algo negativo. Algo que debía ocultarse. Algo por lo que era castigado.

Aquí, por primera vez, “distinto” no sonaba a condena.

—Es un cambio —dijo el anciano—. Y los cambios verdaderos no llegan para destruir… sino para abrir caminos.

No hubo protestas.

No hubo rechazo.

Al contrario, varias parejas se acercaron, tocando el suelo en señal de respeto. Aiden sintió una emoción inesperada presionarle el pecho. No sabía cómo responder, así que inclinó ligeramente la cabeza, imitando a Raegor.

Con los días, el mundo comenzó a responder de formas sutiles.

Las plantas que Aiden cuidaba crecían más fuertes. Las hojas eran más verdes, los frutos más abundantes. Cuando cocinaba, el fuego parecía obedecerlo, manteniéndose estable, dócil. Cuando hablaba, incluso los más escépticos escuchaban.

No imponía ideas.

Las compartía.

Explicó formas simples de almacenar alimento sin que se estropeara, pequeños cambios en los recipientes para cocinar, mejoras en la distribución de las viviendas para protegerse de la lluvia y del frío de las estaciones.

Nada era excesivo.

Nada rompía la armonía.

Y aun así, todo mejoraba.

—Nunca habíamos pensado en eso —decían algunos.

—Es sencillo —respondía Aiden—. Solo… diferente.

Por las noches, dormía junto a Raegor. Al principio, el contacto todavía despertaba pequeños sobresaltos en su cuerpo, recuerdos que tardaban en desaparecer. Pero Raegor jamás forzó nada. Se limitaba a estar ahí. A respirar junto a él.

Cuando Aiden despertaba agitado, una mano firme se posaba en su espalda.

—Estoy aquí —susurraba—. Nada te hará daño.

Y poco a poco, el miedo fue perdiendo fuerza.

Una tarde, Aiden volvió solo al río.

El agua estaba fría, clara, deslizándose entre piedras lisas cubiertas de musgo. Se desnudó sin vergüenza, sumergiéndose lentamente. Su reflejo en el agua le resultó extraño y hermoso a la vez: el cabello más largo, el cuerpo más estilizado, los ojos brillando con una luz nueva.

Se sentó sobre una piedra y comenzó a cantar.

No era una canción de su mundo exactamente, sino una melodía suave, nacida del momento. Su voz se elevó, clara y etérea, mezclándose con el murmullo del agua y el canto lejano de aves.

No se dio cuenta de que Raegor lo observaba.

El hombre bestia se detuvo a distancia, incapaz de moverse. La escena era casi irreal: Aiden desnudo bajo la luz filtrada, el cabello húmedo cayendo por su espalda, la voz envolviendo todo como un hechizo.

Por un instante, Raegor pensó que estaba viendo algo sagrado.

Cuando Aiden lo notó, se sobresaltó, llevándose las manos al pecho, el rostro ardiendo de rubor.

—¡Raegor! Yo… no sabía que estabas ahí…

Raegor desvió la mirada, respetuoso, pero una sonrisa suave curvó sus labios.

—No quería interrumpir —dijo—. Tu voz… es un regalo.

Aiden bajó la mirada, avergonzado, pero algo en su pecho se expandió con orgullo tímido.

Esa noche, Raegor le entregó algo.

Era un collar sencillo, hecho con fibras naturales y una pequeña piedra pulida, brillante como el río al amanecer.

—Lo hice yo —dijo—. No es perfecto.

Aiden lo tomó con cuidado, como si fuera frágil.

—Es hermoso —respondió—. Gracias.

Días después, Aiden le devolvió el gesto. Había tallado con paciencia una pequeña figura en madera: una bestia felina sentada, vigilante, pero con expresión tranquila.

Raegor la sostuvo en silencio largo rato.

—Nunca nadie me había regalado algo hecho con tanto cuidado —admitió.

La selva seguía observándolos.

Y mientras el tiempo avanzaba, algo era evidente: el vínculo no los había detenido. Los había transformado.

Aiden ya no se sentía un visitante.

No se sentía perdido.

Sentía que pertenecía.

Y el mundo bestia, poco a poco, comenzaba a girar en una nueva dirección.

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soney_130602
espera que? :0
Luna cristal Rodriguez
pobre 😭 ...🤭 esperando lo bueno
Pirupiupiu
Muy lindo (⁠๑⁠♡⁠⌓⁠♡⁠๑⁠)
Pirupiupiu
♡⁠˖⁠꒰⁠ᵕ⁠༚⁠ᵕ⁠⑅⁠꒱
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