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La Falsedad Del Amor

La Falsedad Del Amor

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Síndrome de Estocolmo / Atracción entre enemigos / Venganza / Venderse para pagar una deuda / Amor-odio / Completas
Popularitas:70k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Crisbella

Soy Anabella Estrada, única y amada hija de Ezequiel y Lorena Estrada. Estoy enamorada de Agustín Linares, un hombre que viene de una familia tan adinerada como la mía y que pronto será mi esposo.
Mi vida es un cuento de hadas donde los problemas no existen y todo era un idilio... Hasta que Máximo Santana entró en escena volviendo mi vida un infierno y revelando los más oscuros secretos de mi familia.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo VIII El verdadero rostro del lobo

Punto de vista de Ezequiel

La desesperación se apoderó de mí, una presión en el pecho que me impedía respirar. Esto no podía estar pasando. El hijo del maldito Maximiliano Santana debería estar muerto; estaba seguro de que su cobarde padre se había encargado de borrar el rastro de toda su estirpe hace ya veinte años. Pero el destino tiene una forma retorcida de cobrar las deudas.

​—Tenemos que ir por nuestra hija, Ezequiel. Ese hombre no la quiere a ella, viene por nosotros... viene por venganza —dijo Lorena, con la voz quebrada y sumida en un pánico que nunca le había visto.

​—Lo sé —respondí, apretando los puños hasta que mis uñas se clavaron en las palmas—. Pero su advertencia fue una sentencia: si pongo un pie en su propiedad, le quitará la vida delante de mis ojos. Me lo juró con una frialdad que me heló la sangre.

​—¿Crees que es capaz de hacer algo así? ¿De lastimar a una inocente? —preguntó mi esposa, envuelta en lágrimas, buscando en mí una seguridad que yo no podía darle.

​—No lo sé, Lorena. Máximo ha crecido alimentándose de odio hacia nosotros, respirando el rencor que su padre sembró —dije, mirando a la nada, recordando aquel despacho manchado de sangre—. Si su padre fue capaz de asesinar a su propia esposa y luego intentar lo mismo con su hijo antes de pegarse un tiro, seguramente Máximo heredó esos genes malditos. No es un hombre, es un arma diseñada para destruirnos.

​Me desplomé en mi sillón de cuero, sintiendo que el imperio que construí sobre las cenizas de los Santana se desmoronaba. Máximo no quería dinero. Quería mi alma, y la tenía personificada en Anabella.

No podía quedarme de brazos cruzados. Ignorando las advertencias y el sentido común, conduje como un demente hacia la mansión del infeliz de Santana. No podía dejar a mi hija en manos de ese monstruo sin escrúpulos, un individuo capaz de las peores bajezas con tal de cobrarse mis pecados en la piel de lo que más amo.

El trayecto fue eterno. La noche estaba en su punto más oscuro y el frío exterior se sentía como cuchillas de hielo contra el cristal. Al llegar al imponente portón de entrada, dos sombras armadas me cortaron el paso.

—¡Se le ordena alejarse de la propiedad ahora mismo! —rugió uno de los guardias, encañonándome con su fusil directamente al pecho.

Bajé del auto con movimientos lentos, levantando las manos para demostrar que no venía armado, aunque por dentro quería arrancarle la garganta a quien fuera que me detuviera.

—Solo he venido por mi hija —dije, tratando de mantener la autoridad en mi voz a pesar del pánico—. Díganle a su jefe que Ezequiel Estrada está aquí. No me moveré de este sitio sin Anabella.

El guardia tomó su radio. Tras un segundo de estática, emergió una voz que sonó más gélida que el viento que azotaba los árboles. La voz de Máximo.

—Dígale que se largue. Mañana le informaré cuáles son los términos para que pueda volver a ver el rostro de su amada hija.

—¡No me iré sin ella, bastardo! —grité hacia el radio, con el alma en un hilo—. ¡No permitiré que uses a Ana para tus retorcidos planes!

Una risa macabra y carente de cualquier rastro de humanidad llegó a mis oídos a través del altavoz, provocándome un sudor frío que me empapó la espalda.

—Si no se va, denle su merecido —ordenó Máximo a sus hombres—. Solo déjenlo vivo lo suficiente para que pueda ver cómo reduzco a su apetecible hija a cenizas. Haré que la dulce Ana se hunda en el mismo abismo que mi padre... solo que esta vez yo no dejaré que ella encuentre la salida. Su sufrimiento solo terminará cuando yo muera.

Punto de vista de Máximo

Desde la comodidad de mi despacho, escuché los gritos desesperados de Ezequiel. Sus súplicas eran la sinfonía que llevaba veinte años esperando componer; era música para mis oídos.

De repente, la puerta de la sala se abrió de golpe. Ana también lo había escuchado. Salió corriendo hacia la entrada principal, descalza y vistiendo solo la ropa ligera que llevaba desde la mañana. El frío del exterior era inclemente, una trampa mortal para alguien tan delicada como ella.

Me serví un trago y me quedé observándola a través de los ventanales. Sabía que el clima la obligaría a regresar a mi refugio, derrotada por la naturaleza. Y si no lo hacía por voluntad propia, mis hombres se encargarían de arrastrarla de vuelta a mi presencia. No iba a permitir que se escapara de mi red tan pronto.

Punto de vista de Anabella

Máximo ordenó a una mujer del servicio que me preparara una habitación. La seguí en silencio, arrastrando mis pies cansados, pero con los sentidos en alerta máxima; en esta casa, hasta el aire se sentía cargado de secretos.

La habitación era un oasis engañoso. A diferencia del resto de la mansión, esta era luminosa: paredes blancas, sábanas de seda inmaculada y cortinas de un color cálido que invitaban al descanso. Pero yo no podía descansar. La curiosidad, o quizá un sexto sentido, me empujó hacia el ventanal para observar la inmensidad de la propiedad.

A lo lejos, bajo la luz tenue de los faroles del portón, vi una silueta. Un hombre gritaba con una desesperación que me heló la sangre. No fue difícil reconocerlo: era mi padre. En medio de la noche cerrada, su figura se veía pequeña frente a los dos guardias que, de repente, abrieron el portón no para dejarlo pasar, sino para lanzarse sobre él como animales hambrientos.

El pánico me nubló el juicio. Pensé que lo habían confundido con un intruso, con un ladrón. Sin medir las consecuencias, salí de la habitación, bajé las escaleras y corrí hacia el exterior descalza, sintiendo cómo el pasto congelado me quemaba los pies.

—¡Déjenlo! ¡Papá! —grité, pero el viento se tragó mi voz.

Al estar lo suficientemente cerca, me detuve en seco, escondida tras la sombra de un roble. Uno de los sujetos, mientras descargaba un golpe seco en el estómago de mi padre, siseó con desprecio:

—El señor Santana fue muy claro cuando ordenó que se marchara. Esto es lo que se gana por desobedecer una orden directa del jefe.

El mundo se me vino abajo. No había sido una confusión. Máximo lo había planeado. Él estaba disfrutando de esto desde la comodidad de su despacho. En ese instante, la imagen del caballero elegante que me había "rescatado" se hizo añicos, revelando al sádico que se escondía detrás.

No me quedaría a descubrir qué más era capaz de hacer. Si mi padre estaba allí, aunque fuera herido y humillado, me iría con él. Prefería morir de frío en la carretera que pasar un segundo más bajo el techo de un hombre que usaba el dolor como lenguaje.

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Elizabeth Vivas
hermosa historia.....gracias autora
aunque quede con una duda y la nana?
Mirta Bernaccki
todavía no se lo q hizo Ezequiel pero ese Santana es un loco. no puede tener esa actitud tan mala con Ana. pobre chica, es preferible ser pobre 😭
Helizahira Cohen
Esto es interesante hasta la mamá parece que se enamoro de un Santana, esta intriga esta super
Helizahira Cohen
No creo que el padre de él sea tan inocente, así que se empezarán a descubrir secretos
Violette Hernandez
Ojalá y si sea un ser perverso y ratero el padre de ella 😅😅
Violette Hernandez
pues es lo que debería de hacer, ya que también por culpa de sus padres es que está ahí con él, que no le dice la mamá que hicieron para que Máximo los odie, dejarse morir.
Violette Hernandez
Espero y sea verdad y que lo haga sufrir al menos un poco, ya que enseguida luego, luego se calientan y se ponen flojitas y cooperando sólo porque el hombre en cuestión sufrió mucho y está bien bueno 🤣🤣😛🤣
Violette Hernandez
Es lo malo de los ricos se acostumbran a la opulencia y por no sufrir hasta la dignidad pierden,en primera no hubiera usado la ropa que le mandó mucho menos las joyas, y preferible estar en la pobreza y tener amor propio, que estar a sus caprichosa venganza 😁😁
Anonymous
Estoy de acuerdo, interesante.
Violette Hernandez
Porque el afán de ser tan tontas, no conocen al sujeto aaahh pero como es guapísimo entonces no hacen nada.😅😅😅
Violette Hernandez
Bueno pues se pasa de tonta, porque por muy dolida que esté como es que se sube en el auto de un desconocido, jajajaja o sea no piensa que le pueda hacer algo, sólo porque está súper guapo ya no le tiene miedo????
Violette Hernandez
Pudo haber buscado el taxi, pero no,se sintió rescatada por el hombre imponente.😅😅
Violette Hernandez
no me gusta que siempre les ponen de diez a doce o hasta catorce años de diferencia a los protagonistas 😒 siempre ponen a las mujeres muy chicas y tontas 😃 y a los hombres muy grandes
Anonymous
yo lo dije varios capítulos atrás, incluso les decía que me disculparan si estaba equivocada, pero el coño de madre de Fernando era el culpable o el mayor culpable.
Anonymous
si me equivoco me perdonan, pero les diré que coño de madre es el verdadero culpable de lo que pasó con la familia de Máximo...
Maggi González
Maravillosa, me encantó, muy lindo final, FELICITACIONES 👏👏👏👏
Nayade Caruso Rangel
cuando yo espero la parte más importante ,que es la intimidad, espero que sea explícito , no evade nada ,para eso esto es para adultos , cuando eso no pasa se pierde el interés de la novela ,carajo
Ana Moreno
Estuvo buena felicidades, pero que paso con la nana de maximiliano
Petra Melo
me encantó tu novela escritora de principio a fin. gracias y bendiciones ♥️🇻🇪🌻
Petra Melo
ahora a ser felices, Anabella y max♥️♥️
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