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SUBASTADO

SUBASTADO

Status: En proceso
Genre:CEO / Casarse por embarazo / ABO / Venderse para pagar una deuda / Pareja destinada / Mafia
Popularitas:8.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabitha

Adán siempre pensó que, después de la muerte de su padre omega, su mundo no podía romperse más. Pero al iniciar su último año de universidad, descubre que su papá—un beta inestable, adicto al alcohol y a los casinos—no solo tenía una segunda familia, sino que también había cobrado el seguro por la muerte del hombre que lo crió. Cuando las deudas de su padre se vuelven impagables y los acreedores empiezan a presionar, Adán se ve obligado a enfrentar a uno de los dueños del casino: Víctor Salvatierra, un alfa de treinta años con fama de frío, calculador y peligroso. Un hombre que dirige negocios legales… y otros de los que nadie quiere hablar. Víctor está cansado de escuchar a su madre criticarlo por no tener pareja, convencida de que nunca podrá lograr un vínculo estable. Pero cuando Adán aparece en su oficina exigiendo que liberen a su padre, Víctor encuentra la oportunidad perfecta:
Una deuda enorme. Un omega desesperado. Y una propuesta que podría solucionarles la vida a ambos.

NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

ENCUENTRO

Al llegar a los autos, Adán notó que a los demás omegas los habían subido directamente a las ambulancias. Alcanzó a escuchar de la boca de Saúl:

—El jefe ordenó que fueran llevados al hospital para ser valorados por un doctor. Asegúrense de que, una vez terminados, los oficiales los lleven a su casa.

—Si— dijo uno de los hombres a su lado.

Por un momento, Adán creyó que él también podría volver a su hogar, a su vida normal. Una chispa de esperanza encendió algo dentro de su pecho. Pero su instinto le gritó: ¡Corre!

Esa sensación se intensificó cuando lo separaron de Pablo.

—Disculpe… señor… —intentó preguntar Adán, acercándose a Saúl, pero el alfa lo ignoró por completo.

—Señor… —insistió, casi suplicante.

Saúl soltó un suspiro pesado, resignado.

Sabía que el muchacho no lo dejaría en paz hasta obtener una respuesta.

—Muchacho… —lo miró directo a los ojos—. Nos dieron órdenes de llevarte con nosotros.

Esas simples palabras fueron suficientes para romperlo. Sintió cómo algo dentro de él se partía en dos.

—No… no, por favor —suplicó, con la voz quebrada cayendo de rodillas al suelo.

—Sube al auto —ordenó Saúl, ya sin paciencia.

—Se lo ruego… no diré nada. Solo… solo lléveme a mi casa… —Adán lloró abiertamente. Su cuerpo temblaba como si fuera a desmoronarse.

Saúl lo observó por un segundo. Cualquier otro alfa lo hubiera echado a gritos, pero él solo apretó los dientes.

—Si voy contra mi jefe, voy a recibir un disparo en la frente. Así que muévete —gruñó.

La voz alfa lo golpeó como una pared. Las piernas de Adán se aflojaron, su voluntad casi desapareció. Estuvo a punto de subir por su cuenta cuando Saúl, ya cansado de esperar, lo levantó del suelo, donde se había arrodillado sin darse cuenta, y lo subió al auto con fuerza.

El dolor le recorrió las muñecas. Aún estaban rojas, irritadas, marcadas profundamente por las esposas. Aunque había intentado quitárselas durante el escape, no había logrado nada.

—Conduce —ordenó Saúl al chófer—. El jefe nos está esperando.

Y no se equivocaba.

Del otro lado de la ciudad, Víctor había llegado furioso. Molesto. Con ganas de destrozar a cualquiera que se atreviera a hablarle. Pero se contuvo. Ser un alfa dominante tenía un precio, y mantener el control era parte del juego. El único aroma capaz de calmarle era el de su madre, por eso había salido apresurado del lugar apenas terminó el rescate.

Dejó a su chófer trabajando en la zona del operativo, prendió su propio auto y manejó a toda velocidad.

—Maldita sea… odio estar en esos lugares —masculló entrando a su casa.

—Hijo, qué bueno que llegas. Quería presentarte… —dijo Ana, su madre, bajando las escaleras con una sonrisa tenue.

—No es buen momento, mamá. Dile a tu invitada que no la requiero —respondió él, serio, con una mirada que nadie discutía.

—Pero si ni siquiera la has visto —protestó ella.

—He dicho que no es momento. Tengo algo que resolver. Dile que se vaya —repitió Víctor, más molesto.

—Está bien… —bufó Ana, claramente irritada.

Víctor se giró hacia Danilo.

—Cuando llegue, llévalo a mi oficina.

—Sí, señor —respondió Danilo, ya acostumbrado.

No eran ni las seis de la mañana y seguían trabajando. Lo único bueno era que las horas extra se pagaban bien.

Durante el trayecto, la mirada de Adán se había apagado. Se había vuelto de un blanco perdido, como si su corazón estuviera siendo estrangulado por pensamientos oscuros.

—Ya vamos llegando, Saúl —dijo el chofer.

—Bien. Oye, muchacho. Sé que quieres volver a tu casa… pero por el momento no es posible. Aún hay gente buscándote —explicó Saúl, mirándolo por el retrovisor.

Adán parpadeó y recién entonces sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

Apenas murmuró:

—Gracias…

—Mira, si haces bien las cosas y mi jefe y tú llegan a un acuerdo, todo puede mejorar —le aseguró el alfa, con un tono extraño: duro, pero sinceramente preocupado.

Pero en la mente de Adán los pensamientos eran un torbellino: ¿Qué acuerdo? ¿Qué quiere ese hombre de mí? ¿Qué va a hacerme?

No respondió.

Sus ojos, sin embargo, se abrieron de golpe cuando vio una gran puerta negra aproximándose. El chofer sacó una tarjeta y la acercó al escáner. Después sacó la cabeza por la ventana para que lo reconocieran. Un punto verde iluminó el panel y las puertas comenzaron a abrirse.

—Hemos llegado. Ten, para que puedas bajar —dijo Saúl, entregándole otra manta que lo cubría de pies a cabeza.

Al bajar, Adán vio unas escaleras amplias. En el último escalón, un joven de traje con lentes se acercó inmediatamente.

—Pueden ir a descansar. Saúl, quiero un reporte de los que perdimos para más tarde —ordenó el joven, con voz firme.

—Te lo entrego al mediodía si aceptas una comida conmigo— respondió Saúl.

—Sígueme —le indicó a Adán, ignorando por completo al alfa.

El omega estaba débil, pero aún podía mantenerse de pie. Subieron las escaleras y entraron a la casa, donde una joven los recibió con una reverencia.

—Llévalo a que se dé un baño —indicó el hombre de traje.

Ella asintió sin cuestionar; parecía hacerlo todos los días.

El baño al que lo llevaron era más grande que su casa entera. Adán se sintió fuera de lugar, pequeño, asustado. La joven lo ayudó a lavarse el cabello, pues las manos del omega le temblaban demasiado. Una vez vestido con ropa limpia, le curó cada una de las heridas que tenía en el rostro, brazos y piernas.

—Vamos. El señor Danilo aún lo espera —dijo ella al terminar.

Él solo bajó la mirada. A pesar de su edad juvenil, la voz de ella era lo suficientemente firme para helarle la sangre.

Danilo dio las gracias cuando lo vio llegar y le indicó que lo siguiera una vez más. Cruzaron un pasillo hasta llegar a una puerta adornada con detalles dorados.

Danilo tocó dos veces.

—Adelante —respondió una voz grave desde dentro.

Adán se tensó.

Esa voz…

La reconocía.

Era la voz del hombre que había disparado en la subasta.

El mismo que todos habían escuchado por los altavoces.

—Retírate, Danilo —ordenó el hombre desde el interior.

—Con permiso —respondió Danilo haciendo una leve reverencia antes de irse.

Adán quedó solo.

Y al levantar la vista… lo vio.

El hombre frente a él era completamente distinto a Danilo. Alto, imponente, con el cabello negro azabache y unos ojos tan oscuros que parecían devorarlo todo. Llevaba solo el pantalón de un traje y una camisa negra remangada, marcando su figura dominante.

Mientras Adán se preguntaba qué debía decir o hacer, Víctor lo observaba con atención.

No esperaba que fuera así.

Durante la subasta no le había visto el rostro, solo una parte del cuerpo cubierto con lencería.

Ahora lo tenía frente a él.

Un rostro cansado…

Cabello color morado —una anomalía imposible de ignorar—…

Ojos ámbar tan intensos que resultaban hipnóticos.

Víctor salió de su breve ensoñación y habló con firmeza.

—Soy Víctor Salvatierra. Fui yo quien ordenó que te trajeran.

Adán tragó saliva.

Su voz salió temblorosa:

—Disculpe… pero… ¿por qué?

—Porque tengo un problema con tu padre, Mateo Wilson. Y necesito que encontremos una solución juntos —respondió Víctor, sin rodeos.

El corazón de Adán se detuvo.

—Señor Salvatierra… yo no tengo ningún familiar con ese nombre. Y no pienso pagar algo que yo no pedí ni gasté.

—No intentes cambiar algo que sabes que ya investigué —replicó Víctor, acercándose un paso—. No planeo cobrarte. Si me escucharas, entenderías por qué ordené traerte. Ubicamos el cuarto que estabas rentando. Quiero saber de dónde sacaste este dinero.

Sacó una bolsa con los fajos de billetes.

Adán sintió que el piso desaparecía bajo sus pies.

Ese había sido su primer encuentro…

y las cosas habían comenzado de mal a peor.

1
ILikeYourFather
Uff, ahora entiendo a Victor. 👅👅
Gaby Rodriguez
No te preocupes, normalmente subo capitulo diario.🤭
Yudiela Arboleda
por que pones pausa en la mejor parte que mala aurora 😅😅😅😅
Estefanía Vanesa Flores Espino
muy buena historia 👏👏👏
Walva
Gracias por el capítulo
Yudiela Arboleda
solo espero que no dejes la obra incompleta como muchos de aquí tienes futuro autora 👏👏👏👏
Maria Elena Sanchez Bautista
me fascina☺️
amelia bozo
si autora a mí me encanta 🥰🥰🥰
amelia bozo
me encanta tu historia (⁠≧⁠▽⁠≦⁠)(⁠≧⁠▽⁠≦⁠)(⁠≧⁠▽⁠≦⁠)
Afrodita Hada♥️
muchas gracias por el capítulo 🥰🥰🥰
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