—¡Qué fastidio de historia! ¿Por qué dejarían morir al villano de esa forma? —fueron mis últimas palabras antes de tragar un puñado de palomitas… y atragantarme con una de ellas.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi sala, sino en el cuerpo del antagonista de esa misma historia. Un personaje destinado a morir antes incluso que el villano.
Ahora tengo una sola misión: sobrevivir.
Y si para lograrlo debo cambiar el destino, enamorar al villano no suena tan mala idea…
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ENEMIGOS
Las clases habían comenzado y, en el pasillo, solo se escuchaban nuestros pasos resonando en el silencio matutino.
{¿Cómo es tan alto?}
No podía dejar de pensar en sus facciones. Su cuerpo. Dios… definitivamente fue esculpido por los mismísimos griegos.
{Si tan solo su carácter no fuera todo un problema…}
Chocando mis pensamientos con la realidad, terminé estrellándome contra su espalda. Mi cara había golpeado directamente su espalda firme y, sin querer, me sonrojé de pura vergüenza.
Rafael se dio la vuelta. Por un segundo, creí que estaba enojado conmigo.
—Rafael —dijo, extendiendo su mano hacia mí.
—¿Eh?... ah… Nicolás —respondí, aceptando su saludo.
—Lamento haberte dicho “omega loco”, hace rato en la oficina del director —murmuró, bajando un poco la mirada.
En cuanto lo vi a los ojos, noté que tenía las mejillas ligeramente rojas, como si disculparse fuera algo que nunca hacía. Era… adorable.
—No, yo lamento haberme acercado sin tu permiso —respondí—. Es solo que… hace poco desperté como omega y aún no sé controlarlo del todo.
—¿Cómo? ¿No conocías tu segundo género? —preguntó sorprendido.
Negué con la cabeza.
—Había vivido como beta… hasta hace poco.
—Wow… y yo que pensaba que esas cosas solo pasaban en las novelas —rió, dejando ver una sonrisa que me desarmó por completo.
—Tu sonrisa es linda —se me escapó sin pensar.
En cuanto procesé lo que había dicho, ya era tarde. Rafael se sonrojó aún más.
—G-gracias —balbuceó.
De repente, las puertas del salón se abrieron junto con la voz molesta del profesor.
—Llegan tarde… y todavía quieren seguir platicando.
—Lo sentimos —respondimos al unísono.
—Pasen. Y ya que llegaron tarde, tendrán trabajo extra la siguiente semana.
Nos hizo un espacio para entrar. Apenas dimos un paso, anunció:
—Chicos, ellos serán sus nuevos compañeros.
Genial. Lo que siempre odiaba: presentarme delante de todos.
Aunque… ahora que lo pensaba, nadie me reconocía. Perfecto. Peor.
Rafael dio un paso adelante.
—Mi nombre es Rafael. Era el mejor atleta en mi antigua escuela, y no me gustan las personas hipócritas y mentirosas —dijo con sarcasmo, escaneando a todos como si fuera el inspector del apocalipsis.
Las chicas y varios omegas suspiraron. No había nada más cliché que un chico frío con cara de “no me hablen”.
Respiré hondo.
—Yo… bueno… a mí ya me conocen —murmuré—. Nicolás Smith.
El silencio duró medio segundo.
Y luego…
—¡¿Nicolás?!
—¡No puede ser!
—¿Ese es Nicolás?
Los murmullos estallaron como una bomba.
Los alfas comenzaron a adularme exageradamente.
Hasta que uno de los amigos de Viviana abrió la boca:
—Pero miren nada más, tremenda hermosura se escondía detrás de esa grasa —dijo, provocando risas.
Rodé los ojos.
—Tienes cerebro para insultar, pero no para pasar los exámenes finales del semestre —respondí con calma.
Las risas cesaron.
Él se levantó de golpe, dispuesto a golpearme…
Pero esquivé su puño y le di una patada que lo mandó directo al suelo.
El salón entero jadeó.
—¡TÚ! ¡¿CÓMO TE ATREVES A PEGARLE?! —gritó Alan entrando al salón, indignado como si le hubieran matado el perro—. Discúlpate o no dudaré en hacerte a un lado.
Todos lo miraron. Los murmullos crecieron.
Lo miré fijamente.
—Y si no lo hago… ¿qué problema te daría? En todo caso, él debería disculparse conmigo por insultarme.
Alan apretó los dientes.
—Si no lo haces, no esperes que te deje comer…
—¿Qué?, ¿Contigo y tu manada de idiotas que dicen ser tus amigos? —me burlé—. No, gracias. Agradezco la oferta, pero la rechazo.
Un silencio pesado cayó en el salón.
Las miradas estaban sobre mí.
Incredulidad.
Miedo.
Y también respeto.
Por primera vez, delante de todos, dejaba claro que conmigo ya no se metían.
Vengaría al verdadero Nicolás.
Y aquellos que fueron avispas…
Ahora serían mis enemigos.
Todos me miraron sorprendidos, mientras que Alan intentaba levantar a su tonto amigo, preferí sentarme en lo que parecía mi lugar.
—Alan, lleva a tu compañero a la dirección, que me espere ahí, levantaré un reporte— dijo molesto el profesor.
—Sí, vamos arriba— levanto al beta sin ningún problema, —Ya verás cuando regrese.
Ignore lo último, porque no era de mi interés.
—En cuanto a los demás, comiencen a prepararse para el proyecto de la siguiente semana y ustedes dos— dijo señalándonos a Rafael y a mí —No solo me traerán el proyecto, sino que también tendrán que exponer delante de toda la clase.
Era de esperarse, nuestro tutor detestaba la impuntualidad y las peleas, pero no me llamó para ir con él, eso era algo bueno.
—No te preocupes, Nicolás, haré saber al director lo sucedido— y se fue detrás de los dos tontos.
{Ojalá lo castiguen por intentar golpearme, ese idiota no sabe con quién se metió}
Los minutos transcurrían, así que me senté a lado de Rafael para avanzar algo del proyecto. Aunque no sabía de qué era o de que trataría.
Se nos acercó Diana, la chica que me había golpeado en el hospital.
—Te ves increíble, Nicolás— dijo algo ruborizada.
—Gracias, ya que estás aquí, ¿De qué trata el proyecto, o cuáles son las bases?
—Tranquilo, es de historia, el tema es libre, pero tiene que tratar de alguna civilización antigua— respondió Diana.
—Gracias— dijo Rafael —Será sencillo, solo debemos investigar y aprender datos para la exposición.
Asentí, pero no tardo en abrirse la puerta, dejando entrar a Alan solo, sin el otro idiota, lo ignoré, no lo miré porque a partir de ahora ya no tendría que darle explicaciones. Se acercó a mi oído para susurrarme
—Nos vemos en la cafetería— sabía a lo que se refería, pero ya no le tengo miedo, no respondí, no planeaba hacerle caso nunca más.
—No creo poder asistir, recuerdas rechace tú invitación— y por primera vez hizo algo que nadie había visto, me levanto la mano, intentando darme una cachetada, lo esperaba pero jamás llego.
Rafael le había detenido. —No te atrevas— dijo enseñando sus colmillos.
Algo era raro en eso, pero aún así le detuve, sabía por la historia leída que Rafael era bastante fuerte desde joven y no quería que lo llevaran a prisión por matar una cucaracha.