Miranda y Laura han sido inseparables desde la infancia. Sin embargo, su amistad se ve puesta a prueba cuando Laura se enamora del novio de Miranda, David, y queda embarazada. La traición de Laura hiere profundamente a Miranda, quien decide llevar a cabo una venganza bien planificada, que culminará en una inesperada revelación
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Tablero de Cristal
Miranda
El sol de Caracas se filtraba con una intensidad deslumbrante a través de los ventanales de mi nuevo consultorio, ubicado en una de las torres empresariales más exclusivas de la ciudad. El olor a pintura fresca se mezclaba con el aroma del cuero de los muebles de diseñador. Era un espacio diseñado para la calma, aunque mi mente fuera un hervidero.
La mañana había comenzado temprano. Habíamos llevado a Marian a conocer su nuevo colegio, una institución de élite que parecía más un campus universitario europeo que una escuela primaria. Verla correr por los jardines, con su uniforme impecable y esa curiosidad innata, me dio un segundo de paz. Cristian nos había acompañado, actuando con esa naturalidad protectora que ya era parte de nuestra rutina, antes de marcharse a su primer día en las sedes de PDVSA, donde su genialidad como programador e inversionista le abriría las puertas a los círculos más cerrados del país.
Estaba organizando mis títulos en la pared cuando un golpe suave en la puerta me distrajo. Era mi secretaria con un ramo inmenso de flores. No eran rosas comunes; eran orquídeas blancas y lirios, una combinación de elegancia y pureza.
—Llegaron para usted, doctora —dijo, dejando el arreglo sobre el escritorio de mármol.
Busqué la tarjeta con el corazón latiendo con fuerza. Al abrirla, la caligrafía firme de Cristian me hizo sonreír.
"Para que este espacio sepa que su dueña es la mujer más brillante que he conocido. Que este sea el inicio del fin que tanto buscas. Estoy a una llamada de distancia, en las oficinas o en la vida. — C."
Acaricié los pétalos, sintiendo esa calidez que solo él lograba provocar. Cristian ya estaba infiltrado en las altas esferas, moviendo piezas que David ni siquiera sospechaba. Pero antes de dar cualquier paso con mis enemigos, debía reportarme con la verdadera autoridad de mi linaje.
Cerré la puerta de mi oficina con llave y me acerqué al ventanal. Saqué mi teléfono cifrado y marqué un número que conocía de memoria. Al tercer tono, una voz firme, gélida y cargada de una sabiduría ancestral respondió.
—Pronto? —la voz de mi abuela, la matriarca de los Rinaldi, resonó desde el otro lado del océano.
—Nonna, sono io, Miranda, —dije, sintiendo cómo mi postura se enderezaba instintivamente.
—Cara mia, finalmente. He estado esperando tu señal. ¿Cómo está la situación en Caracas? — preguntó ella en un italiano fluido y elegante.
—Tutto è sotto controllo. Sono già nel mio studio e Marian è sistemata a scuola. Cristian è già entrato in PDVSA, proprio come avevamo pianificato. Il terreno è pronto per la semina, Nonna. — Todo está bajo control. Ya estoy en mi estudio y Marian instalada en la escuela. Cristian ya entró en PDVSA, tal como planeamos. El terreno está listo para la siembra, Abuela.
—Bene. Ricorda che la pazienza è la virtù dei forti, ma la precisione è l'arma dei vincenti. No podemos permitirnos un solo error. Esa gente debe sentir el peso de nuestro apellido.
—Lo so, Nonna. Quando sei pronta, manda Philip e gli altri. Ho bisogno dei miei uomini fidati qui. La sicurezza deve essere assoluta prima di fare la prima mossa contro Laura e David. —.Lo sé, Abuela. Cuando estés lista, envía a Philip y a los demás. Necesito a mis hombres de confianza aquí. La seguridad debe ser absoluta antes de hacer el primer movimiento.
—Philip partirà stasera. Avrai tutto il supporto necessario. Non lasciare che il cuore ti tradisca, Miranda. Il ragazzo, Cristian... è utile, ma non dimenticare il tuo obiettivo. —.Philip partirá esta noche. Tendrás todo el soporte necesario. No dejes que el corazón te traicione, Miranda. El chico, Cristian... es útil, pero no olvides tu objetivo.
—Non lo dimenticherò mai, —respondí con una sombra de duda que esperaba que ella no notara—. Ti chiamerò presto. Ti voglio bene, Nonna.
—Anch'io, cara. Sii forte.
Colgué el teléfono y me quedé mirando el horizonte. El tablero estaba listo. Mi abuela enviaba a Philip, su hombre más leal y letal, lo que significaba que la protección de mi familia ahora era un muro impenetrable alrededor de Marian y de mí.
Sin embargo, las palabras de mi abuela sobre Cristian quedaron flotando en el aire. ¿Era solo "útil"? Para mi familia, quizás. Para mí, él se estaba convirtiendo en el oxígeno que no sabía que necesitaba.
Justo en ese momento, mi teléfono personal vibró. Era un mensaje de Cristian:
"Dile a Marian que el Tío Cris llegará a tiempo para cenar. He tenido una reunión interesante en la sede. Creo que David ya ha empezado a preguntar por 'el inversionista que llegó de España'. La red se está cerrando, Miranda."
Un escalofrío recorrió mi espalda. No era de miedo, sino de una anticipación casi eléctrica. David estaba buscando a Cristian, buscando al amigo que creía tener, sin saber que el hombre con el que se sentaría a hablar era el mismo que dormía en la habitación de al lado de la mujer que él despreció.
Me senté en mi silla, rodeada por el lujo de mi consultorio y el aroma de las flores de Cristian. Estaba rodeada de secretos, de amor reprimido y de una sed de justicia que pronto dejaría de ser un plan para convertirse en una realidad sangrienta.
—Que empiece el juego —susurré para mí misma, mientras tomaba el primer expediente de un paciente real, fingiendo normalidad mientras el mundo se preparaba para arder.