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Destino En Beijing.

Destino En Beijing.

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:907
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis_Ochoa

En la ciudad prohibida, las reglas no solo están escritas en piedra, sino también en el corazón de un hombre que juró nunca amar.

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Capítulo 11: Silencio Ejecutivo

La sede del Grupo Li se erguía como un monolito de autoridad en el corazón del distrito financiero. Al cruzar las puertas giratorias de cristal, Mei Ling sintió que entraba en un territorio hostil. El eco de sus pasos sobre el mármol pulido sonaba como disparos en el silencio sepulcral del vestíbulo. Los empleados que se cruzaban con ella bajaban la mirada o la observaban con una curiosidad maliciosa que le hacía arder las mejillas.

Zhang Bo la esperaba frente a los ascensores, luciendo más nervioso de lo habitual. Sus ojeras delataban que no había dormido mucho tras la gala.

—Mei, esto está tenso —susurró mientras subían hacia la planta 50—. He oído que la junta directiva ha convocado una sesión de emergencia antes de nuestra presentación. Dicen que Li Wei está de un humor de perros. Nadie ha podido entrar en su oficina desde que llegó a las siete.

Mei Ling no respondió. Mantenía la mirada fija en los números rojos que marcaban el ascenso. Cada piso que subían sentía que el oxígeno disminuía.

Al llegar a la sala de juntas principal, la atmósfera era gélida. Una mesa de roble oscuro, lo suficientemente larga como para albergar a veinte personas, dominaba el espacio. Al fondo, frente al ventanal que daba a la ciudad, estaba Li Wei.

No se giró cuando entraron. Estaba de espaldas, con las manos entrelazadas detrás de la cintura, observando la construcción de un edificio cercano. Llevaba un traje azul marino impecable, la camisa blanca almidonada y el reloj de platino brillando en su muñeca. Era la imagen perfecta del poder absoluto.

—Buenos días, señor Li —dijo Mei Ling. Su voz fue clara, profesional, sin una sola grieta que delatara la noche anterior.

Li Wei se giró lentamente. Sus ojos, que unas horas antes la habían mirado con una ternura devastadora, eran ahora dos esquirlas de obsidiana. No había reconocimiento en ellos. No había afecto. Solo una distancia ejecutiva que era más dolorosa que un insulto.

—Señorita Mei. Señor Zhang. Tomen asiento —dijo con una voz monótona, casi robótica—. Tenemos poco tiempo. La junta tiene dudas razonables sobre la viabilidad de la curvatura del "Ala del Fénix" y el coste de los materiales inteligentes que usted propone.

Zhang Bo comenzó a desplegar los planos, pero Li Wei lo detuvo con un gesto seco de la mano.

—No quiero ver dibujos bonitos, Zhang. Quiero ver datos. Quiero saber por qué debería seguir invirtiendo en un diseño que, según mis consultores externos, es más una fantasía artística que una estructura comercial funcional.

Mei Ling sintió el golpe en el pecho. Él estaba atacando el núcleo de su trabajo, el mismo diseño sobre el que habían discutido y soñado juntos durante la tormenta.

—Señor Li —intervino ella, clavando su mirada en la de él—, los cálculos estructurales fueron verificados por su propio equipo de ingeniería ayer por la mañana. Usted mismo dijo que la audacia del diseño era lo que daría valor a la marca Li Corp. ¿Ha cambiado de opinión en las últimas doce horas?

La pregunta quedó suspendida en el aire, cargada de un subtexto que solo ellos dos entendían. ¿Había cambiado de opinión sobre el edificio o sobre ella?

Li Wei se inclinó hacia delante, apoyando los puños sobre la mesa. La cercanía hizo que Mei Ling recordara el olor de su piel, pero él solo emanaba el frío del aire acondicionado.

—En este despacho no importan las opiniones de ayer, sino la rentabilidad de hoy. El mercado ha reaccionado con volatilidad a los eventos de anoche. Hay rumores de que mi juicio está siendo... influenciado por factores ajenos al negocio.

—Eso es absurdo —saltó Bo—. Mei es la mejor arquitecta de su generación. Su trabajo habla por sí solo.

—Su trabajo es excelente, no lo dudo —replicó Li Wei, sin apartar los ojos de Mei Ling—. Pero mi responsabilidad es hacia mis accionistas. No puedo permitir que un proyecto de esta magnitud se vea empañado por distracciones personales o escándalos de prensa amarillista.

—¿Distracciones personales? —Mei Ling sintió que la rabia empezaba a sustituir al miedo—. ¿Es así como define usted la integridad de este proyecto? ¿Como una distracción?

—Lo defino como un riesgo —sentenció él—. Y yo no tolero los riesgos que no puedo controlar.

En ese momento, las puertas de la sala se abrieron y entraron tres miembros de la junta directiva, hombres mayores de semblante severo que representaban el ala más conservadora de la empresa. Li Wei se levantó para recibirlos, ignorando a Mei Ling como si fuera parte del mobiliario.

La reunión fue un calvario de tres horas. Mei Ling tuvo que defender cada línea de su diseño, cada elección de material, bajo el escrutinio despiadado de unos hombres que solo veían números. Li Wei no la defendió. Se mantuvo en un silencio ejecutivo, interviniendo solo para señalar posibles fallos o pedir reducciones de presupuesto que desvirtuaban la esencia del edificio.

—Si reducimos el voladizo del ala sur, perderemos el efecto de ascensión —explicó Mei Ling, señalando la maqueta digital—. El edificio parecerá pesado, ordinario.

—Parecerá seguro —dijo uno de los directivos—. Y barato.

Mei Ling miró a Li Wei, esperando una señal, un destello de la pasión que él mismo había mostrado por el arte. Pero él solo asintió al directivo.

—Consideren la propuesta. Busquen alternativas más económicas para el revestimiento de titanio. Señorita Mei, espero una nueva propuesta en mi mesa mañana a las nueve.

—Eso es imposible —dijo ella, con la voz temblando de indignación—. Rediseñar esa sección requiere semanas, no horas.

Li Wei recogió sus papeles y se levantó.

—Entonces quizás no sea usted la arquitecta adecuada para el ritmo que exige Li Corp. Buenos días.

Salió de la sala sin mirar atrás, seguido por los miembros de la junta. Zhang Bo se dejó caer en su silla, exhalando un suspiro de derrota.

—¿Qué le ha pasado? Hace dos días estaba entusiasmado. Hoy parece que quiere enterrar el proyecto bajo tres metros de hormigón.

Mei Ling se quedó sola frente al gran ventanal, el mismo lugar donde él había estado al principio. Su reflejo en el cristal le devolvía a una mujer que se sentía utilizada y traicionada. Había cometido el error más antiguo del mundo: creer que la intimidad era sinónimo de lealtad.

Li Wei no solo la había dejado en la cama esa mañana; la estaba dejando caer en el ámbito profesional para proteger su propia imagen. El "Silencio ejecutivo" no era solo una táctica de negocios; era el muro que él había construido para protegerse de lo que sentía por ella.

—No voy a cambiar el diseño, Bo —dijo ella, con una resolución gélida—. No voy a dejar que destruya el "Ala del Fénix" solo porque tiene miedo de lo que la gente diga de nosotros.

—Mei, si no lo haces, nos quitará el contrato. Perderemos el estudio.

—Prefiero perder el estudio que perder mi alma como arquitecta. Y él lo sabe.

Recogió sus cosas con manos firmes. Si Li Wei quería guerra, la tendría. Pero no sería una guerra de sentimientos; sería una batalla de estructuras. Salió de la oficina con la cabeza alta, ignorando el vacío que sentía en el estómago. Sabía que en algún lugar de ese edificio, tras puertas cerradas, Li Wei también estaba librando su propia batalla, aunque su silencio fuera su arma más poderosa. El juego apenas comenzaba, y el precio de la entrada había sido su corazón.

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Liliana Maria Pico
Excelente! Me gustó la trama y que sea una novela corta
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