Un CEO misterioso envuelto en una trágica muerte.
Una nueva secretaria que hará todo para ganarse la confianza de su dominante jefe.
¿Tendrá ella las respuestas que nuestro jefe busca?, ¿Que pasará cuando entre ellos surja algo más que solo química?, ¿Podrá el deseo contenerse en sus cuerpo llenos de pasión?
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Un verdadero demonio
Stefany abrió sus ojos al escuchar el cantar de las aves, estaba radiante, su buen humor y sonrisa de oreja a oreja la delataban, eran sin duda el reflejo de la noche que había pasado en brazos de Cristofer.
- Buenos días Sra. ¿cómo está?
- Muy bien Ana, no me digas señora... me pones más años encima, ¿dónde está Cristofer?
- El señor no está, salió muy temprano a su trabajo.
- Ah... iré a cambiarme para ir a trabajar también.
- Claro señorita, suba a su habitación ya todo está listo.
Stefany dió media vuelta y junto a Homero que se decidió no dejarla sola subió al segundo piso, cada escalón le parecía deslumbrante sin duda las escaleras eran su parte favorita de la casa, hasta que vio el guardarropa que había en su nueva habitación.
No importo la gran cama con sábanas de seda que había frente a ella, no importaba la alfombra, el sillón que daba la vuelta por una esquina, la mesa de noche con todo tipo de productos o el baño donde se podría hacer otra habitación perfectamente, no, eso no era importante lo único que le llamaba la atención era el guardarropa, el que no tenía nada que enviar a ninguna tienda por grande y lujosa que fuese, lo que si importo y saco a Stefany de su burbuja de cristal fue la nota que había en la isla a mitad del salón junto con los relojes y accesorios.
- "Pedí una noche y tomé dos, esto es lo correspondiente a mi error"
Cristofer
Su emoción descendió estrepitosamente, no había nada del hombre de la noche anterior ni de la anterior a esa, solo un tigre que había sabido cubrir sus amenazantes garras con el más fino hilo de mentiras.
Después de un corto baño se vistió, desayuno junto a Ana y se dispuso a ir con su verdugo.
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- Buenos días Stefa ¿cómo estás?
- Bien y tú Gabriel ¿cómo estás?
- Muy bien gracias por preguntar, quería saber si te gustaría almorzar conmigo hoy, claro si no hay problema.
- Claro Gabriel no hay problema, me encantaria almorzar contigo, nos vemos en la cafetería a las 12:00 m
Gabriel mostró una gran sonrisa antes de despedirse de Stefany, parecía complacido de que ella aceptará, ¿pero como no hacerlo?, si su metro noventa de estatura, su sonrisa perfecta, su físico envidiable y su seductora voz le hacian una gran invitación, ella no entendía como un ser tan hermoso vivía a la sombra del mundo del espectáculo, si el hombre parecía un modelo sacado de una revista.
-Buenos días Señor Lauder, dijo Stefany al ver a su jefe caminar por el pasillo.
Este ni siquiera la miro, no mostró ni la más mínima expresión en su rostro, solo se limito a darle una pila de documentos los cueles debían estar listos antes de la hora del almuerzo.
- Esto debe estar listo antes de las 12:00 cada ficha debe estar debidamente corregida y organizada, además quiero un archivo digital donde se guarde la información de cada carpeta, y también quiero una tabla en excel donde quede una gráfica de cada producto vendido en los últimos dos años, que muestre la cantidad de dinero obtenido, ¿entendido señorita Stefany?. dice Cristofer con una sonrisa de lado y una mirada llena de arrogancia.
- Claro, todo queda entendido ¿algo más?
Sin más que decir o mirar Cristofer camina a su oficina dejando a Stefany con una pila de documentos que sobresale de su escritorio.
La mujer no perdió tiempo y se dispuso a trabajar, todo era un caos en su cabeza pero ahora no había cabida para la locura solo debía concentrarse en lo que debía hacer. Cómo era de esperarse el reloj marco las 12:00, Stefany camino segura y llena de orgullo hacia la oficina de su jefe, luego de un leve golpe en la puerta entro.
- Señor Lauder, estos son los documentos que solicito, todo está organizado y debidamente revisado, acabo de enviarle los archivos digitales a su computadora, puede revisarlos cuendo desee.
Silencio, solo había silencio en la gran oficina, los minutos parecían horas y la mirada de su jefe no se apartaba de la pantalla del monitor.
- ¿Llamas a esto trabajo?, Cristofer soltó una risa forzada y llena de sarcasmo, - por favor, hasta una rata lo hubiera hecho mucho mejor, o por lo menos hubiera hecho algo decente no está mierda que llamas trabajo.
Stefany trago salida, ella estaba segura de que estaba todo correctamente hecho, ella había revisado cada detalle por mínimo que fuese, estaba corregido si es que había algún error, no era posible que dijera eso, no era posible que la humillar así.
- Se, Señor ¿que hay de malo en el trabajo?, ¿que debo corregir?
- Por favor, aparte de no saber leer, tengo que decirte que está mal con el trabajo, ¿Señorita Stefany está usted segura que esto es para usted? de ser usted ya me habría tirado de un puente. Mueva su trasero hasta la silla de su escritorio y hasta que no termine el trabajo no se levanté ni siquiera para ir al baño porque de hacerlo será castigada y me imagino que no desea que la castigue otra vez ¿verdad señorita Stefany?
- N... No señor, volveré a mi lugar, permiso.
- Llama a Adiel dile que venga a mi oficina, por lo menos haz eso bien.
- Si señor.
Adiel llegó 10 minutos más tarde y entro directamente a la oficina de Cristofer.
El almuerzo se había acabado, el vacío en el estómago de Stefany más que hambre significaba miedo, miedo de todas las malas palabras que salían de la boca de un hombre que podía parecer tan tierno, ¿tirarse de un puente? por Dios, tal vez por eso Bell estaba tan asustada cuando lo vio, tal vez por eso salió huyendo lo más pronto posible de allí, la pobre se salvó de ese infierno pero la dejo a ella padeciendo un tormento.
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6:00 p.m
Stefany sigue sentada en su lugar sin haberse movido de su asiento ni para tomar agua, ir al baño o estirar sus pies, el trabajo ya está nuevamente terminado pero no era capaz de volver a la oficina de Lauder, no con la amenaza de un nuevo castigo, ella no quería ser participe de esa burla a su dignidad e integridad.
9:00 p.m
Lauder salió de su oficina y sin mirar atrás dejo a Stefany dormida en su escritorio, su cabeza reposaba en el teclado de su ordenador que ahora en su pantalla tenía solo signos y letras sin sentido.
10:00 p.m
- Stefa.. Stefa, despierta ya es hora de ir a casa.
- hmmm... ¿que hora es?
- Son las 10:00 de la noche
- ¡10:00 ay Dios! cuando me quedé dormida, y que haces aquí Gabriel.
- jajajaja no se Stefa, cómo no fuiste a almorzar conmigo pensé que te arrepentiste y quise pasar por aquí ya que no te vi salir.
-Lo siento mi jefe me puso mucho trabajo, si quería ir contigo pero se me hizo imposible.
- No te preocupes, vamos te llevo a tu casa.
- Eh... está bien.
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- No pregunté dónde estaba tu casa ¿dónde debo llevarte?
- Está hacia... hacia el sur, dejame en los apartamentos que están unas cuadras más adelante.
- Claro no hay problema, si quieres puedo llevarte y traerte al trabajo, así pasamos tiempo juntos y... nos hacemos compañía, ¿que dices?
- Si es una buena idea, Gabriel aquí nos vemos mañana entonces.
- Hasta mañana, que descanses.
Muy bien... ahora debia caminar hasta la casa de Cristofer, ni loca le contaría a Gabriel que vive con él...
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- Hola Ana, ¿que tal tu día? dice Stefany mientras entra a la cocina.
La mujer se veía sería, con una expresión que demostraba que no estaba a gusto con ella, era miedo, angustia era como si ya no la cocinera como si en lugar de verla viera al mismísimo demonio, Stefany entendió su miedo cuando vio a Cristofer bajar las escaleras lentamente, vestido con una camisa blanca que estaba manchada por una tinta roja, al parecer sangre, en su expresión no se hallaba nada, era indescifrable... sus nudillos estaban rojos algunos sangraban, sus dedos sostenian un látigo negro que golpeaba la palma de su mano con fuerza, haciendo que el sonido hiciera eco en todo el lugar.
- ¿Ana querida, porque esa cara?, ¿te asusta el látigo que tengo en mis manos?, no te preocupes querida no te haré daño solo quiero una respuesta a lo que pregunte. dijo Cristofer mientras acariciaba la mejilla de Ana con el látigo.
La mujer temblaba y lloraba desconsoladamente mientras que Cristofer enseguecido por la rabia daba latigazos a la isla de la cocina.
- ¡Pregunte algo y necesito que me respondas! ¡Dime ya!
Ella no pronunciaba palabra alguna su boca estaba cerrada como una tumba.
Stefany no creía lo que estaba viendo, Ana era una mujer de edad, una linda señora que había cuidado de ella el tiempo que se había quedado en esa casa, ella no merecía ese trato no merecía que la maltrataran así.
- Déjala en paz, ¿no vez que la lastimas?, dice Stefany sujetando el brazo de Cristofer.
- Suéltame, no sabes nada, ¡quítame tus sucias manos de encima!, Dice Cristofer mientras intenta controlar su respiración agitada - Mantus ven aquí y llévate a esta basura lejos de mi, ya sabes que hacer con ella.
Cristofer tira a Ana al suelo, suelta el látigo que tenía en la mano y se va a su habitación. La casa quedó vacía, el silencio ahogaba el lugar, Mantus se había llevado a Ana quien sabe para dónde y la escena del crimen había sido limpiada a la perfección por las demás empleadas del lugar, nadie hablo, nadie rompió el silencio de la noche, la oscuridad y calma hacían que la casa diera aún más terror ni siquiera los grillos se atrevieron a hacer ruido por miedo a ser castigados con fríos y turbios latigazos.
La noche se sentía amarga, era como un limón echado a perder, pero sin duda la mañana sería aún peor...