Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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Capitulo 14
El pasillo quedó en silencio después de que Valeria desapareciera tras la puerta de su habitación.
Alejandro no se movió.
Seguía mirando el lugar donde ella había estado.
Las palabras de Valeria repetían en su mente una y otra vez.
"Pregúntale a tu madre… ella sabe mejor que nadie por qué me fui."
Algo en su pecho se apretó.
No tenía sentido.
¿Su madre?
¿Qué podía tener que ver su madre con la decisión de Valeria de irse hace años?
Alejandro pasó una mano por su cabello con frustración.
Había algo que no encajaba.
Y por primera vez… sentía una incomodidad real en el estómago.
Porque conocía a su madre.
Úrsula Mendoza no era precisamente una mujer amable.
Pero tampoco quería creer que hubiera hecho algo tan grave.
Suspiró profundamente.
Luego caminó en dirección al salón principal.
Si quería respuestas… solo había una persona que podía dárselas.
Cuando entró al salón, las mujeres de la alta sociedad todavía estaban allí.
La conversación se había vuelto incómoda después del pequeño escándalo.
Camila estaba sentada al lado de su madre con una expresión irritada.
Doña Úrsula hablaba con aparente tranquilidad, como si nada hubiera pasado.
Alejandro entró sin saludar.
Su presencia hizo que varias mujeres se enderezaran en sus asientos.
Él caminó directo hacia su madre.
—Necesito hablar contigo.
Úrsula levantó la mirada.
—¿Ahora?
—Ahora.
El tono de Alejandro no dejaba espacio para discusión.
Úrsula suspiró.
—Disculpen un momento, señoras.
Se levantó con elegancia.
—Alejandro siempre fue un hijo impaciente.
Varias mujeres rieron suavemente.
Pero Camila observaba la escena con el ceño fruncido.
Úrsula caminó hacia el pasillo.
Alejandro la siguió.
Cuando estuvieron solos, ella lo miró con leve molestia.
—¿Qué ocurre?
Alejandro fue directo al punto.
—Quiero saber algo.
—Habla.
—¿Qué pasó entre tú y Valeria?
El rostro de Úrsula se quedó completamente inmóvil.
Pero solo por un segundo.
Luego soltó una pequeña risa.
—¿Valeria?
—Sí.
—No pasó nada.
Alejandro no apartó la mirada.
—Ella dice que sí.
Úrsula cruzó los brazos.
—¿Y vas a creerle a una desconocida antes que a tu propia madre?
Alejandro respiró hondo.
—No es una desconocida.
La mirada de Úrsula se volvió más fría.
—Ah… claro.
—La chica que te abandonó hace años.
El comentario golpeó fuerte.
Alejandro apretó la mandíbula.
—Eso no responde mi pregunta.
Úrsula lo miró con impaciencia.
—Esa mujer desapareció sin decir nada.
—Te dejó plantado— Exclamó la madre de Alejandro
—Y ahora regresa con un hijo, Solo viene a buscar dinero
Sus labios se curvaron ligeramente.
—¿No te parece sospechoso?
Alejandro frunció el ceño.
—No cambies el tema.
Úrsula suspiró con dramatismo.
—Alejandro, hijo… no tengo tiempo para esto.
Intentó irse.
Pero Alejandro dio un paso bloqueando el camino.
—No.
Úrsula levantó una ceja.
—¿Qué significa eso?
—Que no te vas a ir hasta responderme.
Por primera vez… el rostro de Úrsula mostró una pequeña grieta de irritación.
—No me hables en ese tono.
—Entonces dime la verdad.
El silencio entre ellos se volvió pesado.
Úrsula lo miró fijamente.
Luego soltó una risa breve.
—¿Sabes qué creo?
Alejandro esperó.
—Creo que esa mujer te está manipulando otra vez.
Sus palabras fueron frías.
—Como lo hizo antes.
Alejandro sintió una molestia creciente.
—Valeria no es así.
Úrsula inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Estás seguro?
—Porque yo recuerdo perfectamente cómo desapareció sin decir una sola palabra.
Alejandro respiró con fuerza.
—Justamente de eso estoy hablando.
—¿Por qué se fue?
Úrsula se quedó en silencio.
Luego respondió con indiferencia.
—Porque no era lo suficientemente fuerte para estar en esta familia.
Alejandro sintió que algo no estaba bien.
—Eso no tiene sentido.
—Claro que lo tiene.
—Las personas como ella no encajan en nuestro mundo.
Alejandro la miró fijamente.
—¿Qué hiciste?
Úrsula levantó una ceja.
—¿Perdón?
—Te lo preguntaré otra vez.
Su voz fue baja.
—¿Qué hiciste?
Úrsula lo miró con irritación.
—Nada.
Pero Alejandro no estaba convencido.
Algo dentro de él gritaba que había más.
Mucho más.
Y en ese momento…
otra voz se escuchó desde el final del pasillo.
—Yo también quiero escuchar esto.
Ambos giraron la cabeza.
Isabella estaba apoyada contra la pared.
Con los brazos cruzados.
Y una expresión seria.
Úrsula frunció el ceño.
—¿Desde cuándo estás ahí?
Isabella se encogió de hombros.
—Desde la parte interesante.
Alejandro la miró.
—Isabella…
Pero ella no apartó la mirada de su madre.
—Tengo curiosidad.
—Yo también quiero saber por qué Valeria se fue hace años.
Úrsula rodó los ojos.
—Esto es ridículo.
—Es pasado.
Isabella negó con la cabeza.
—No lo parece.
Luego señaló en dirección a la habitación de Valeria.
—Porque esa mujer no parece alguien que huye sin motivo.
El silencio volvió a caer.
Úrsula respiró profundo.
—Estoy cansada de este interrogatorio.
Intentó marcharse otra vez.
Pero Isabella habló de nuevo.
—¿La amenazaste?
Úrsula se detuvo.
Alejandro también.
Isabella inclinó la cabeza observando la reacción de su madre.
—Eso fue demasiado rápido…
La mirada de Úrsula se volvió helada.
—No sé de qué estás hablando.
Isabella se acercó lentamente.
—Mamá… te conozco.
—Cuando algo no te gusta…
—lo eliminas.
Alejandro frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
Isabella suspiró.
—Estoy pensando en voz alta.
Luego volvió a mirar a su madre.
—¿Qué le dijiste a Valeria para que desapareciera?
Úrsula no respondió.
Pero su silencio dijo mucho.
Alejandro sintió una presión incómoda en el pecho.
—Madre…
Ella lo miró con frialdad.
—¿De verdad crees que una chica como esa era adecuada para ti?
Las palabras fueron como una confesión disfrazada.
Alejandro apretó los puños.
—Eso no responde mi pregunta.
Úrsula habló con calma.
—Solo hice lo que cualquier madre haría.
Isabella soltó una risa amarga.
—Eso suena muy sospechoso.
Alejandro dio un paso hacia su madre.
—¿La obligaste a irse?
Úrsula lo miró fijamente.
—Le dije la verdad.
—¿Qué verdad?
Úrsula respondió sin emoción.
—Que nunca sería aceptada en esta familia.
El silencio fue absoluto.
Isabella frunció el ceño.
—Eso no suena suficiente para que alguien desaparezca por años.
Alejandro tampoco estaba convencido.
—¿Solo eso?
Úrsula dudó un segundo.
Y ese segundo fue suficiente.
Isabella abrió los ojos lentamente.
—Oh…
Alejandro sintió que el estómago se le revolvía.
—¿Qué más le dijiste?
Úrsula suspiró con irritación.
—Le advertí que si insistía en quedarse…
—tu vida se arruinaría.
Alejandro sintió un golpe en el pecho.
—¿Qué significa eso?
Úrsula lo miró directamente.
—Que una mujer sin apellido… sin dinero… y sin posición…
—solo podía convertirse en un escándalo.
Isabella negó con la cabeza.
—Dios…
Pero Alejandro no estaba satisfecho.
—Eso tampoco explica por qué se fue sin decirme nada.
Úrsula guardó silencio.
Y ese silencio…
fue peor que cualquier respuesta.
Alejandro sintió un mal presentimiento crecer.
—Madre…
—¿Qué hiciste?
Úrsula lo miró con frialdad.
—Le dije que si realmente te amaba…
—se alejara de ti.
El corazón de Alejandro latió más fuerte.
—¿Por qué?
Úrsula respondió con total tranquilidad.
—Porque si se quedaba…
—yo me encargaría de destruir su vida.
El silencio fue absoluto.
Isabella abrió los ojos con incredulidad.
—Mamá… eso es horrible.
Pero Alejandro…
se quedó completamente inmóvil.
Porque por primera vez…
empezaba a entender algo.
Algo que lo hizo sentir un frío terrible en el pecho.
Valeria no había huido.
Valeria…
había sido obligada a irse.
Y él…
nunca lo supo.