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LA ELEGANCIA DE LAS CENIZAS

LA ELEGANCIA DE LAS CENIZAS

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance / Completas
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Traicionada por la sangre que la vio nacer y despojada de todo lo que amaba en una sola noche de infamia, Cataleya Mendoza pensó que había tocado fondo al perder su hogar, su hijo y su dignidad bajo los golpes de un amor ciego. Creyó que el exilio y el silencio serían su único destino. Pero el destino, caprichoso y sediento de justicia, la colocó frente al imperio intocable de los Moretti y frente al hombre más temido del país: un titán arrogante al que nadie se atreve a retar. Lo que no sabían ni su exprometido, ni su familia, ni el implacable Gael Moretti, es que una reina destruida no regresa a pedir clemencia... regresa a reclamar su trono.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 : La Caída de Carol Mendoza: Entre Rejas y Desesperación

​La mañana avanzaba con un cielo plomizo sobre la capital, pero en el exclusivo y lujoso centro comercial de Las Mercedes, la rutina de la alta sociedad continuaba como si nada extraordinario ocurriera. O al menos, eso era lo que Carol Mendoza intentaba creer mientras caminaba por los pasillos de mármol pulido, aferrándose con desesperación a su costoso bolso de diseñador.

​A pesar de que los Laboratorios Álvarez se habían desplomado y las cuentas bancarias de su familia estaban oficialmente congeladas por orden judicial, Carol se había negado a aceptar la realidad. Utilizando una última tarjeta de crédito corporativa secundaria que aún no había sido bloqueada de forma definitiva, se había citado con un prestigioso abogado en una cafetería de categoría para intentar sobornar a un funcionario menor y conseguir un vuelo privado de huida hacia el extranjero. Sabía que su embarazo —apenas visible bajo su holgado vestido de alta costura— era su mejor escudo emocional, o al menos eso creía ella para calmar la paranoia que la consumía desde el día en que vio a Cataleya en la sala de juntas.

​—Todo va a salir bien... solo necesito sacar los fondos de emergencia y largarme de este infierno antes de que me encierren —murmuraba Carol para sí misma, mordiéndose las uñas postizas mientras caminaba apresuradamente hacia la salida principal del centro comercial, donde un chófer la esperaba con el motor encendido.

​Sin embargo, en el momento en que cruzó las puertas automáticas de cristal hacia la acera, el mundo se detuvo de golpe.

​Dos camionetas negras blindadas, idénticas a las que utilizaba el conglomerado de los Moretti, bloquearon el paso del vehículo que la esperaba. De inmediato, cuatro agentes de seguridad privada con trajes oscuros y una fría disciplina descendieron de los vehículos, rodeándola en un círculo perfecto que le cortó cualquier ruta de escape. Los transeúntes retrocedieron despavoridos ante el despliegue de poder.

​—¡¿Qué diablos creen que hacen?! ¡Apártense de mi camino! ¡Estoy embarazada y soy una Mendoza! —gritó Carol fuera de sí, agitando las manos en el aire mientras intentaba abrirse paso a empujones.

​Una figura alta y elegante descendió de la camioneta delantera. No era un agente de seguridad; era Brenda Moretti. Con unos impecables lentes de sol oscuros, un abrigo de diseño y una sonrisa maliciosa pintada en los labios, Brenda caminó hacia ella con pasos firmes y deliberados.

​—Vaya, vaya... miren a quién tenemos aquí —dijo Brenda con un tono cargado de un sarcasmo punzante, deteniéndose a menos de un metro de distancia—. La reina de la alta sociedad intentando escapar como una rata por alcantarillas ajenas. Qué decepcionante final para una villana de telenovela, Carol.

​Carol sintió que el color se le escapaba por completo del rostro. Sus ojos se abrieron desorbitados por el terror al reconocer a la hermana del hombre que había convertido su vida en una pesadilla.

​—¡Tú! ¡Tú no tienes derecho a detenerme! ¡Esto es un secuestro! ¡Llamaré a la policía! —chilló Carol con la voz quebrada por la histeria, intentando sacar su teléfono celular del bolso.

​Brenda le hizo una seña imperceptible al guardia principal, quien con un movimiento rápido y limpio le arrebató el teléfono de las manos antes de que pudiera presionar un solo botón.

​—¿La policía? Ay, querida... la policía está exactamente donde mi hermano y mi cuñada querían que estuviera: revisando cada una de las transferencias ilegales con las que financiaste tu vida de lujos a costa de la sangre de Cataleya —respondió Brenda con una frialdad implacable, cruzándose de brazos—. No vas a ir a ningún aeropuerto, Carol. Las órdenes de aprehensión por ser la autora principal de mandar a matar a Cataleya y por fraude corporativo internacional acaban de ser ejecutadas en tu contra.

​En ese preciso instante, dos agentes femeninas de la policía federal, escoltadas por la seguridad de los Moretti, se acercaron a Carol y le leyeron sus derechos con voz monótona, colocándole las esposas metálicas en las muñecas con firmeza, aunque cuidando el protocolo por su estado de gestación.

​—¡No pueden hacerme esto! ¡Tengo un bebé! ¡Cataleya no puede destruirme así! —comenzó a gritar Carol a pleno pulmón, rompiendo en un llanto desesperado mientras las lágrimas arruinaban su maquillaje perfecto—. ¡Déjenme en paz! ¡Por favor!

​—Deberías haber pensado en eso la noche en que organizaste el atentado contra mi cuñada —le siseó Brenda al oído mientras la escoltaban a empujones hacia la parte trasera de la camioneta blindada—. El karma no tiene fecha de caducidad, y el tuyo acaba de llegar.

​La puerta de la camioneta se cerró con un golpe seco y sordo, ahogando los gritos y los sollozos de Carol, quien fue trasladada directamente bajo custodia estricta hacia el ala femenil de la prisión.

​Dos horas más tarde, en el frío y solitario corredor de la penitenciaría, el eco de los tacones de Cataleya resonaba con una precisión quirúrgica.

​La nueva señora Moretti caminaba con paso firme, luciendo un impecable traje sastre negro y una expresión pétrea. Se detuvo frente a la celda donde Carol Mendoza yacía tirada en el suelo, hecha un ovillo sobre un colchón sucio, abrazando su vientre y llorando desconsoladamente con el uniforme naranja puesto.

​Cataleya se detuvo frente a los barrotes, observando a su hermana menor con una mirada ámbar carente de cualquier atisbo de piedad.

​—Mirarte ahí tirada, Carol, rogando clemencia y sintiendo el verdadero terror, me recuerda exactamente la noche en que me suplicaste piedad mientras tus hermanos me pateaban en el suelo —comenzó Cataleya con una voz baja, pausada y letalmente filosa que hizo que Carol levantara el rostro bañado en lágrimas—. Y pensar que tú fuiste la autora principal, la mente maestra que pagó para mandar a matarme el día de mi boda...

​—Cataleya... por favor... sácame de aquí... el bebé... el bebé no tiene la culpa de nada... te lo ruego, hermana... —balbuceó Carol con voz ronca, arrastrándose patéticamente por el suelo hasta tocar los zapatos de Cataleya a través de los barrotes.

​Cataleya dio un paso hacia atrás, apartando sus pies con un desprecio absoluto, y la miró con una frialdad glacial, mientras una sonrisa peligrosa y calculadora se dibujaba en sus labios.

​—Dale gracias a Dios que estás embarazada, Carol... —sentenció Cataleya con una voz que helaba la sangre, clavando sus ojos ámbar en los de su hermana—. Dale gracias a Dios que mi cuñada Brenda y los médicos de esta familia son doctoras y salvan vidas, y que respetamos el milagro de un niño inocente. Porque si no fuera por eso... si no llevaras esa vida en el vientre... te juro que mi cuñada y yo te hubiéramos hecho exactamente lo mismo que tú me mandaste hacer a mí.

​Carol soltó un grito ahogado de puro terror al escuchar la crudeza de las palabras de Cataleya, sintiendo que el aire se le agotaba por completo.

​—Disfruta de cada segundo en este infierno, Carol. Esta celda es el reflejo exacto del alma podrida que siempre tuviste —concluyó Cataleya.

​Dándose la media vuelta sin mirar atrás, Cataleya abandonó el corredor penitenciario con pasos firmes y seguros, dejando a Carol sola con sus gritos de desesperación, sabiendo que la mente maestra detrás de su intento de asesinato acababa de recibir su merecido castigo.

1
Cliente anónimo
Excelente
keila arias
Como puedes tu permitir que vengan a tu casa a molestar insultar y humillar y de paso tu misma familia??? Loa agarro y los despacho de una qué se vayan para el carajo vergacion
Diana Quintero
Espectacular novela ♥♥♥♥👏👏👏👏👏👏
Diana Quintero
Serán padres de gemelos, Fael atino muy bien 🤣🤣🤣♥♥♥
Diana Quintero
Cataleya va a resultar embarazada 🤰 Gael no ka deja respirar 🤣🤣🤣
Diana Quintero
Cataleya nunca les dijo del bebé que perdió a causa de los disparos 🤔🤔
Diana Quintero
Al fin Cataleya logró su venganza, gracias a su tóxico esposo 👏👏😉🤣🤣 todos quedaron en prisión
Diana Quintero
Todos son unos seres miserables y repugnantes 🤬🤬🤬 pero a cualquier detenido les hacen un juicio, porque los llevaron directamente a la cárcel? 🤔
Diana Quintero
Los hermanos cayeron 👏👏👏 ahora faltan los padres y Carol 🤬🤬🤬
Diana Quintero
Al fin esa basura Dennis esta en la cárcel 👏👏 ahora faltan todos esos engendros de la familia 🤬🤬
Diana Quintero
Gael y Cataleya son venganza y Amor al mismo tiempo, ellos no pierden el tiempo 🤭😉
Diana Quintero
El abuelo casi los encuentra en plena faena 🤣🤣🤣😉
Diana Quintero
Eso si fue un amor a primera vista ♥♥♥
Diana Quintero
La familia Alvarez no tendrá una mañana calida 🤬🤬🤬 ya deben saber la noticia 🤣🤣🤣
Diana Quintero
Al fin empezó la venganza de Cataleya, encontra de esos miserables 👏👏🤬🤬🤬
Diana Quintero
waaaaooooo impresionante ♥♥♥♥
Diana Quintero
Serán la pareja perfecta, ambos son implacables 👏♥
Diana Quintero
Cataleya deje que Gael la ayude, sola no puede contra esos miserables 😔😔🤬🤬🤬
Diana Quintero
Brenda le advirtió que no fuera sola, pero no le hizo caso y la golpiza que esos infelices le propinaron fue grande 😔😔🤬🤬🤬🤬
Diana Quintero
Gael se topo con una Eminencia y termina babeando por ella 🤗🤣😉
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