Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.
Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.
NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Como si fuera verdad
Isabella supo que había cometido un error en cuanto bajó del automóvil. No porque estuviera allí o hubiera aceptado acompañar a Alessandro l, Ni siquiera porque llevara un vestido que, desde el momento en que lo había elegido, sabía que podía llamar demasiado la atención.
El problema era la forma en que Alessandro la estaba mirando, estaba esperándola en la entrada.
Traje negro, camisa blanca, la corbata perfectamente anudada, su expresión segura de siempre. Pero cuando la vio salir del automóvil, algo cambió en sus ojos.
Isabella caminó hacia él.
—Hola.
Alessandro tardó unos segundos en responder.
—Hola.
Ella levantó una ceja.
—¿Qué?
—Nada.
—Me estás mirando.
—Sí.
—¿Por qué?
Alessandro sonrió.
—Porque estás preciosa.
Isabella negó con la cabeza.
—No empieces.
Él le ofreció el brazo.
—No he empezado nada.
Ella dudó.
Después colocó su mano sobre su brazo.
—Recuerda que solo soy tu compañera, esto es solo una boda.
—Por supuesto.
—Y... Y que somos amigos.
Alessandro la miró.
—Claro, el compromiso no es lo mío, ya lo sabes - Alessandro sintió por primera vez que sus palabras no eran totalmente sinceras.
—¿Qué significa esa sonrisa?
—Nada, me gusta sonreír, es mi encanto.
—Alessandro.
—Isabella.
Ella suspiró.
—Eres imposible ¿Porque tan orgulloso?.
—Soy imposible y aun así viniste y mi orgullo se debe a ti.
Isabella no respondió.
La ceremonia se celebraría en los jardines de la propiedad familiar de los Moretti.
Era un lugar impresionante, arboles centenarios, flores blancas, Velas, una pequeña capilla de piedra y cientos de invitados vestidos de gala.
Isabella sintió que todas las miradas se dirigían hacia ellos.
No sabía si era imaginación suya, hasta que una mujer se acercó.
—¡Aless!
Era Elena Moretti.
Su madre.
Elegante, sofisticada y con una sonrisa que parecía esconder demasiadas preguntas.Besó a su hijo en ambas mejillas, después miró a Isabella Y sonrió todavía más.
—Así que tú eres Isabella.
Isabella sintió un pequeño sobresalto.
—Sí.
Elena la tomó suavemente de las manos.
—Por fin ¿Puedo decirte Isa?
Alessandro frunció el ceño.
—Madre...
—¿Qué? - Volteó los ojos.
—No empieces.
Elena ignoró a su hijo.
—He escuchado mucho sobre ti.
Isabella miró a Alessandro.
Alessandro volteó a mirar a Matteo quién fingía no escuchar nada.
Alessandro pensó -Maldito traidor, rin rin renacuajo te queda grande - Murmuró tensando su mandíbula.
—¿En serio?- Preguntó Isabella con mirada acusadora hacia Alessandro.
—No exageres —intervino él.
Elena le lanzó una mirada.
—No seas maleducado.
Después volvió hacia Isabella.
—Eres mucho más hermosa de lo que imaginaba.
—Gracias.
—Y tienes muy buen gusto.
Isabella miró su vestido.
Alessandro sonrió - No lo dice por tu vestido, lo dice por mi.
Isabella codeó la costilla de Alessandro haciendo que este se sobresaltara y respondió a Elena.
—Gracias.
Elena le encantó esa complicidad, se acercó un poco.
—Me alegra mucho conocerte.
Isabella sintió que había algo extraño en aquella frase. No parecía una cortesía, parecía satisfacción, como si Elena estuviera recibiendo a alguien que llevaba tiempo esperando.
Alessandro se dio cuenta de la incomodidad de Isabella.
—Mamá...
—Déjame disfrutar muchacho loco.
Ella tomó a Isabella del brazo y la pelirroja no pudo evitar reír de el apodo que Elena había usado para reprender a su hijo.
Alessandro notó su burla y susurró en su oído.
-No querrás que sepa cual es mi apodo para ti, demonio.
—Ven conmigo - Dijo Elena rompiendo el secreto.
Isabella miró a Alessandro con reproche, el pelinegro levantó las manos.
—No puedo salvarte, asi es ella.
—Maldito- Gesticuló Isabella poco audible.
—Buena suerte.
Elena se llevó a Isabella.
—No le hagas caso. Es terrible para estas cosas.
Isabella sonrió.
—Eso he notado.
—Pero es un buen hombre. Es un poco exigente, por eso aun no se ha casado, pero es un buen hombre, yo lo crié.
La sonrisa de Isabella desapareció ligeramente.
—Sí.
Elena la observó.
—¿Te gusta?
Isabella abrió los ojos.
—¿Perdón?
—Mi hijo ¿A quien no? Es un encanto, no tiene que decir ni una sola palabra y todas ya están haciendo fila para tener una oportunidad.
—Nos conocemos por trabajo. A decir verdad, el es mi jefe.
Elena sonrió.
— Si, si Claro. Yo fui secretaria de mi esposo. no te imaginas lo emocionante que es hacer el amor en el escritorio.
Isabella casi se ahoga de risa —¿De verdad?
—Si es excitante. No te preocupes no tienes que explicarme nada Isa.
Isabella se sintió incómoda. Porque no sabía qué decir.
Poco después apareció el padre de Alessandro.
Vittorio Moretti.
Un hombre de porte elegante, cabello gris y una mirada que parecía analizar cada detalle.
Se acercó a su hijo.
—Aless.
—Padre.
Se estrecharon la mano y se abrazaron. Después Vittorio miró a Isabella.
-Es linda, de ese color de cabello no te había conocido ninguna. Tampoco habías traído a una chica a un evento familiar...
- Papá ¿tú también?
- No he dicho nada Aless, es hermosa. Algunos dicen que las pelirrojas son peligrosas.
Alessandro observó como se acercaba su adorable demonio rojo con su madre. Era la segunda persona que decía que las pelirrojas eran peligrosas.
Alessandro hizo las presentaciones.
—Isabella, él es mi padre.
—Mucho gusto, señor Moretti.
—El gusto es mío ¿Puedo llamarte Isa?
Alessandro volvió a mirar a Matteo y esta vez sus miradas se encontraron. Su socio levantó una copa y sonrió nervioso.
Vittorio miró a su hijo. Después a Isabella, nuevamente a su hijo.
—Ahora entiendo.
Alessandro frunció el ceño.
—¿Qué entiendes?
—Por qué has estado tan distraído últimamente.
Isabella sintió que sus mejillas se calentaban.
—Papá, si casi ni me has visto.
Vittorio sonrió.
—Tranquilo hijo. Me alegra verte acompañado.
—No es lo que piensas, ella es mi compañera de trabajo y amiga.
—Lo mismo le decía a mis padres que en paz descansen de tu madre y mira 38 años casados.
Todos aquellos quienes estaban alrededor soltaron una carcajada y Alessandro bebió su copa de un solo sorbo, inclusive Isabella quién habia dicho que no bebía también acabó su bebida.
Leonardo apareció minutos después.
—¡Aless!
Abrazó a su hermano.
—Pensé que no vendrías.
—Te dije que vendría.
—Sí y te creí, pero pensé que llegarías solo.
Leonardo miró a Isabella, se quedó en silencio, después sonrió.
Alessandro negó con la cabeza y susurró —Otro renacuajo.
Alessandro lo señaló sin decir palabra a Isabella. Leonardo extendió la mano.
—Soy Leonardo, me puedes decir Leo.
—Isabella o Isa, un placer.
—Encantado.
Leonardo miró a su hermano.
—Ahora entiendo por qué te tomaste tanto tiempo en decidir qué traje usar.
Alessandro soltó una carcajada y miró a Isabella y siseo con coquetería, ningún secreto guardado por quienes creía que estaban de su lado. Todos se dedicaron a delatarlo.
—Ve a casarte Leonardo Moretti - Soltó Alessandro.
—Yo también te quiero.
Valentina llegó detrás de Leonardo.
—¿Ya la conociste?
Leonardo asintió.
—Sí.
Valentina abrazó a Isabella.
—Bienvenida.
Isabella sonrió, nerviosa ¿Acaso todos eran así de espontáneos? Parecía que querían vender a Alessandro como fuese posible.
—Gracias.
—Por fin alguien que consigue hacer que mi cuñado llegue acompañado a un evento familiar.
—Valentina, tu lengua esta muy sueltecita hoy- Dijo Alessandro.
—Te la pasas jodiéndome la existencia, aguanta.
Todos rieron, Isabella también Y por primera vez desde que había llegado, comenzó a relajarse.
La ceremonia fue hermosa. Leonardo y Valentina intercambiaron votos frente a sus familiares y amigos.
Alessandro permaneció junto a Isabella. Durante toda la ceremonia, su mano estuvo cerca de la de ella. En un momento, sus dedos se rozaron.
Isabella lo miró, el no dijo nada, solo entrelazó discretamente sus dedos con los de ella.
Isabella debería haber apartado la mano, pero no lo hizo. Durante unos segundos permanecieron así, Como una pareja, como si aquello fuera natural, como si pertenecieran juntos a aquel lugar Y quizá fue eso lo que más la asustó. Porque por un instante se sintió bien. Demasiado bien.
La recepción comenzó después de la ceremonia.
Música, champán, luces, conversaciones.
Alessandro presentó a Isabella a varias personas Y todos parecían asumir lo mismo. Que ella era su pareja.
—Mucho gusto.
—Qué encantadora.
—Alessandro finalmente sentó cabeza.
—¿Cuánto llevan juntos?
Cada pregunta hacía que Isabella quisiera desaparecer.
La primera vez intentó corregirlos, lo peor era que cada vez que habia una pregunta o afirmación incomoda bebía de su copa o de la Alessandro quién estaba extrañado, ella no bebía.
—No somos...
Alessandro tomó suavemente su mano.
—Todavía estamos conociéndonos.
Isabella lo miró, el sonrió. Ella debería haberlo contradicho.
No lo hizo y bebio otra copa.
La segunda vez que alguien preguntó, simplemente sonrió, la tercera, guardó silencio, la cuarta, Alessandro respondió por ambos y ella ya estaba muy ebria para recordar que no habia nada entre ellos.
—Estamos muy bien.
Isabella lo miró de reojo, con la mejillas rojas y una pequeña sonrisa.
—¿Muy bien?
—¿No lo estamos?
—No sé, todo me da vueltas.
—Yo sí, estoy bien, pero preocupado, dijiste que no bebias.
-Es una restricción médica, pero me gusta beber - Dijo con la lengua empelotada.
Alessandro frunció el ceño - ¿Estás enferma?.
Isabella sonrió y suspiró - En realidad estoy loca, fue mi psicóloga, soy otra cuando bebo.
Alessandro no entendió muy bien lo que decía Isabella la acompañó a la mesa acariciando su espalda.
Durante la cena, Elena se acercó nuevamente.
—Isa.
—Sí.
—Quiero agradecerte por venir.
—Fue un placer, Elena.
Elena tomó su mano, y sonrió por su forma tan graciosa de hablar.
—Hacía mucho tiempo que no veía a Aless mirar a una mujer de esa manera.
Isabella sintió que el corazón se le detenía y empezó a sentirse un poco más sobria.
Alessandro estaba escuchando mientras hablaba de negocios con su hermano. Su brazo permaneció entrelazado con el de Isabella.
—¿De qué manera? - Pregunto Isabella sin soltar a su hombre.
Elena sonrió.
—Como si realmente le importaras.
Isabella miró hacia Alessandro. Este seguía hablando con Leonardo.
Parecía feliz.
—Creo que se equivoca, ninguno de los dos queremos compromisos, esto es solo atracción, que pasará cuando vayamos a la cama y tengamos se*o.
Elena negó suavemente, le parecio directa y coherente la respuesta de Isabella. Eso era lo que su hijo hacía con todas las chicas.
—Las madres rara vez nos equivocamos con nuestros hijos.
Isabella no respondió, porque no sabía qué decir.
La fiesta continuó hasta pasada la medianoche. Isabella había bebido un poco más, pero con la comida había disminuido su ebriedad.
Alessandro no había bebido demasiado. Pero la tensión entre ellos era imposible de ignorar.
Finalmente, él se acercó.
—¿Nos vamos?
Isabella lo miró.
—¿A dónde?
—A mi departamento.
Ella sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—Alessandro... Maldición no me ayudas, tú quieres cavar mi tumba.
—No estoy diciendo que tenga que pasar algo, le digo a las chicas del servicio que te preparen un caldo y cuando te sientas mejor te llevo a donde te hospedas.
Ella sostuvo su mirada y sonrió.
—Eso no es lo que estaba pensando - Agarró la corbata de Alessandro y le hizo rollitos.
Alessandro tragó con dificultad, tensándose —Yo tampoco.
—Mentiroso ¿Y mi sopa?.
Él sonrió.
—Ya la están empacando.
Isabella bajó la mirada.
Sabía que debería decir que no, sabía que aquello estaba cruzando demasiadas líneas, pero había pasado toda la noche junto a él.
Había sentido su mano, había escuchado a su familia hablarle como si ya perteneciera a ellos, había visto la forma en que Alessandro la miraba Y había sentido algo que llevaba días intentando negar.
—Está bien jefe, usted manda.
Alessandro extendió la mano y la sostuvo por la cintura para que no cayera.
—Espero escuchar muchas veces esa palabra mientras te cojo.