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Asado, Mate Y Destino

Asado, Mate Y Destino

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance / Yaoi
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Valentín Bianchi, un omega porteño de veinticinco años, está acostumbrado al ritmo frenético de Buenos Aires. Su vida gira entre cafeterías, subtes, reuniones y el ruido constante de la ciudad.
Todo cambia cuando hereda una antigua estancia en plena pampa bonaerense. Su único objetivo es venderla cuanto antes, volver a la Capital y olvidarse del barro, las vacas y los caminos de tierra.
Pero la estancia no está vacía.
Tomás Ferreyra, un alfa gaucho nacido y criado allí, administra el lugar desde hace años. Es serio, orgulloso, amante de los caballos y defensor de las tradiciones. Para él, esa estancia no es un negocio: es su hogar.
Desde el primer encuentro, ninguno soporta al otro.
—¿Vos sos el nuevo dueño? Mirá vos... pensé que mandaban a alguien que supiera ensuciarse las botas.
—Y yo pensé que los gauchos eran más educados.
Entre mates compartidos a regañadientes, asados con los peones, cabalgatas interminables y noches bajo un cielo lleno de estrellas, ambos descubrirán que hay se

NovelToon tiene autorización de nuestros sueños para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: El secreto del galpón

La tormenta terminó poco antes del atardecer.

Cuando regresaron a la estancia, el aire olía a tierra mojada y los charcos reflejaban un cielo que volvía a teñirse de naranja.

Los peones estaban guardando las herramientas antes de que anocheciera.

—¡Al fin volvieron! —gritó Nico al verlos entrar—. Pensé que se los había llevado el agua.

—Todavía no tenés tanta suerte —respondió Tomás con una sonrisa.

Valentín bajó del caballo con más seguridad que los días anteriores.

Don Ramón lo observó y asintió con orgullo.

—Mirá vos... ya no parece un porteño perdido.

—No se acostumbre, Don Ramón —contestó Valentín riéndose—. Sigo extrañando el subte.

—Eso se te va a pasar.

—No creo.

Pero, en el fondo, ya no estaba tan seguro.

Después de cenar, Marta apareció con una pequeña caja de madera.

—Esto era de Don Ernesto.

La dejó frente a Valentín.

—Él dijo que solo vos podías abrirla.

El omega la miró sorprendido.

La madera estaba gastada por los años y tenía grabadas las iniciales E.B.

—¿Nunca la abrieron?

Marta negó con la cabeza.

—Jamás.

Valentín respiró hondo y levantó la tapa.

Dentro había un reloj de bolsillo antiguo, una foto amarillenta y una carta cuidadosamente doblada.

Tomó primero la fotografía.

En ella aparecía un niño de unos siete años sonriendo con la cara llena de barro.

Al lado del niño había otro chico, un poco mayor, sosteniendo un caballo por las riendas.

Valentín abrió los ojos.

—Ese soy yo...

Tomás, que estaba detrás de él, también observó la imagen.

—Y ese soy yo.

Durante unos segundos ninguno habló.

La fotografía era la prueba de que realmente habían compartido momentos de su infancia.

—No recordaba nada de esto... —susurró Valentín.

Tomás sonrió con nostalgia.

—Vos insistías en seguirme para todos lados.

—¿En serio?

—Sí.

—No puedo creerlo.

Con manos temblorosas, Valentín abrió la carta.

La letra era firme y elegante.

"Querido Valentín:"

"Si estás leyendo esto, significa que finalmente volviste a casa."

El pecho del omega se apretó.

"No importa cuánto tiempo haya pasado. Esta estancia siempre fue parte de nuestra familia, y espero que algún día puedas verla con los mismos ojos con los que yo la vi."

"Quiero pedirte una sola cosa: antes de tomar cualquier decisión, conocé a las personas que viven aquí. Ellos son el verdadero corazón de este lugar."

"Y si Tomás sigue en la estancia... confiá en él. Es un hombre de buen corazón."

Valentín levantó lentamente la vista hacia el alfa.

Tomás parecía igual de sorprendido.

"Con cariño, tu abuelo."

Un silencio profundo llenó la cocina.

Marta se secó discretamente una lágrima.

Don Ramón carraspeó para disimular la emoción.

—Don Ernesto siempre pensaba en los demás... hasta el último día.

Valentín dobló la carta con cuidado.

Sentía un enorme peso en el pecho.

Por primera vez comprendía que aquella herencia significaba mucho más que unas hectáreas de campo.

Más tarde, incapaz de dormir, salió a caminar por la estancia.

La luna iluminaba los corrales.

El viento movía suavemente los árboles.

Encontró a Tomás sentado sobre un viejo tronco, tomando mate.

—¿No podés dormir? —preguntó el alfa.

—No.

Tomás levantó el termo.

—¿Un mate?

Valentín sonrió.

—Ya me estoy haciendo argentino de verdad.

—Siempre fuiste argentino.

Los dos rieron.

Valentín se sentó a su lado.

Durante unos minutos compartieron el mate sin hablar.

Ya no necesitaban llenar cada silencio con bromas.

—¿Te acordás de algo más? —preguntó Tomás.

Valentín negó con la cabeza.

—Muy poco.

Tomás miró las estrellas.

—Cuando eras chico querías aprender a montar como yo.

—¿Y aprendí?

—No.

—¿Por qué?

—Porque cada vez que intentabas subirte al caballo terminabas sentado en el pasto.

Valentín soltó una carcajada.

—Parece que algunas cosas nunca cambian.

—Ahora te caés menos.

—Gracias... creo.

Ambos volvieron a reír.

De pronto, el aroma de Tomás volvió a envolver a Valentín.

Madera.

Cuero.

Tierra mojada.

Era un perfume cálido y tranquilizador.

Sin darse cuenta, respiró un poco más profundo.

Tomás también percibió el dulce aroma del omega.

Esta vez no pudo ignorarlo.

Su instinto de alfa reaccionó de inmediato, haciéndolo tensar la mandíbula.

"Calmate...", se dijo a sí mismo.

No era el momento.

No quería que Valentín se sintiera incómodo.

El omega notó el cambio.

—¿Pasa algo?

Tomás tardó unos segundos en responder.

—No... solo hace frío.

Valentín no terminó de creerle, pero decidió no insistir.

Cuando se levantaron para regresar a la casa, un cachorro mestizo apareció corriendo desde el galpón.

Movía la cola con tanta fuerza que parecía perder el equilibrio.

—¡Pero mirá quién vino! —exclamó Valentín, agachándose.

El perrito fue directo hacia él y comenzó a lamerle las manos.

Tomás sonrió.

—Hace unos días apareció por la estancia. Nadie sabe de dónde vino.

—Es hermoso.

El cachorro se acomodó sobre los pies de Valentín, negándose a moverse.

—Creo que ya eligió dueño —dijo Tomás.

Valentín acarició la cabeza del animal.

—¿Qué decís, compañero? ¿Te quedás conmigo?

El cachorro respondió con un pequeño ladrido.

Los dos rieron.

Y, mientras caminaban de regreso a la casa bajo el inmenso cielo estrellado de la pampa, ninguno de los dos imaginaba que ese pequeño cachorro sería testigo de una historia que apenas comenzaba a escribirse entre mates, asados... y un destino que cada día los unía un poco más.

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Amparo Carvajal
historia diferente que relata la libertad de poder amar, sin señalamientos, además muestra el amor tierno de la pareja de amantes.
Pollo
Okeeeeeey, recién empiezo a leer pero ya quedé enganchada, me encanta 😁
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