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Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

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Capítulo 6

Ella levantó una ceja divertida

—Pero que claramente no lo sea.

La señalé enseguida.

—Exacto.

Mi mamá soltó una risa pequeña.

—Sabía que ibas a decir eso.

Seguimos buscando hasta que finalmente lo vi.

Un outfit sencillo.

Pero bonito de una forma tranquila.

Natural.

Como si no estuviera intentando impresionar a nadie… aunque claramente sí quería hacerlo un poquito.

—Ese —dijo mi mamá apenas salí del probador.

Me miré en el espejo otra vez.

Y sonreí.

Porque también lo sentí correcto.

—Sí… creo que es este.

Salimos de la tienda cargadas de bolsas.

Y apenas cruzamos el pasillo principal…

mi estómago decidió recordarme que no había comido casi nada.

—Tengo hambre —murmuré.

—Yo también —respondió mi mamá—. ¿Pizza?

La miré enseguida.

—Siempre pizza.

Terminamos sentadas en la zona de comida, rodeadas de ruido y conversaciones ajenas.

Y por un momento…

todo volvió a sentirse normal.

Seguro.

Hasta que mi mamá volvió al tema que claramente no iba a dejar ir.

—Dime algo.

Levanté la mirada.

—¿Qué?

Ella apoyó los codos sobre la mesa.

—¿Te gusta?

La pregunta cayó directo.

Sin aviso.

Sin escapatoria.

Bajé la mirada hacia mi vaso.

—Sí…

No tenía sentido mentir.

Mi mamá me conocía demasiado bien para eso.

—Pero quiero ir despacio.

—¿Por qué?

Respiré hondo antes de responder.

—Porque no quiero confundirme.

Hice una pausa pequeña.

Y después dije la parte más difícil.

—Y porque no sé si estoy lista para sentir algo así otra vez.

Mi mamá no respondió de inmediato.

Solo me observó en silencio.

Analizando cada palabra.

—¿Y Robert?

Ahí estaba.

El nombre que todavía dolía escuchar.

Jugué distraídamente con la servilleta entre mis dedos.

—Robert siempre va a ser importante para mí.

Mi voz salió más bajita.

Más honesta.

—Pero ya no es lo mismo.

Y decirlo en voz alta…

se sintió extraño.

Como aceptar algo que llevaba días intentando ignorar.

Mi mamá asintió lentamente.

Sin juzgarme.

—Mira, Cris… no tienes que decidir nada ahorita.

Levanté la vista hacia ella.

—Solo no te cierres por miedo.

Sus palabras se quedaron conmigo incluso después de terminar de comer.

Porque en el fondo…

sabía exactamente a qué se refería.

Y también sabía que tenía razón.

Salimos del centro comercial cuando el cielo ya empezaba a oscurecer.

El aire era más fresco ahora.

Más tranquilo.

Caminé junto a mi mamá en silencio, cargando las bolsas mientras mi cabeza seguía llena de pensamientos.

Hasta que ella habló otra vez.

—Por cierto…

La miré.

—¿Qué?

Sonrió de una manera sospechosa.

—Tu papá y yo tenemos una sorpresa para ti.

Fruncí el ceño enseguida.

—¿Qué tipo de sorpresa?

—No te voy a decir.

—Mamá…

—Vas a tener que esperar hasta el sábado.

Solté un suspiro exagerado.

—Eso no es justo.

Ella soltó una pequeña risa.

—La paciencia tampoco… pero a veces vale la pena.

Y aunque intenté seguir preguntando durante todo el camino…

no logré sacarle absolutamente nada más.

Llegamos a casa poco después de que oscureció.

El cansancio del día empezaba a caerme encima… pero mi cabeza seguía demasiado despierta.

Bajé del coche cargando las bolsas mientras mi mamá abría la puerta.

—Voy a subir a hacer mi tarea —dije apenas entramos.

—Está bien —respondió ella—. Te aviso cuando esté la cena.

Asentí y subí directo a mi cuarto.

Cerré la puerta lentamente.

Y por primera vez en todo el día…

me quedé completamente sola.

Dejé las bolsas sobre la silla y me senté en la cama.

Silencio.

Solo el sonido lejano de la televisión abajo y el ventilador girando lentamente sobre mí.

Respiré hondo.

Todo había pasado demasiado rápido.

Nueva escuela. Nuevas amigas. Tay. El baile.

Y aun así…

no me sentía abrumada.

Me sentía emocionada.

Eso era lo más raro.

Me dejé caer hacia atrás mirando el techo.

Y, sin querer…

volví a pensar en él.

En la forma en que sonrió después de que acepté ir al baile. En cómo habló con mi mamá sin ponerse nervioso. En la tranquilidad extraña que sentía cuando estaba cerca.

Sonreí apenas.

Y después negué con la cabeza.

—Tranquila, Cris…

Murmuré para mí misma.

—Paso a paso.

Pero incluso diciéndolo…

sabía que algo ya había empezado.

Me obligué a concentrarme en la tarea antes de seguir pensando demasiado.

Pasaron un par de horas hasta que finalmente cerré el cuaderno y estiré los brazos cansada.

—Por fin…

Tomé la laptop y la abrí casi por costumbre.

La pantalla iluminó el cuarto oscuro.

Y sin pensarlo demasiado…

entré a redes sociales.

Lo primero que hice fue buscar a las chicas.

Solicitud enviada.

Luego dudé unos segundos antes de escribir otro nombre.

Taylor.

Mi corazón reaccionó apenas apareció su perfil.

Sonreí sin querer.

Y envié la solicitud.

Ni siquiera pasó un minuto.

Aceptada.

Parpadeé sorprendida.

—Ok… eso fue rápido.

Y apenas pensé eso…

las demás solicitudes empezaron a aceptarse también.

Una tras otra.

Demasiado rápido.

Fruncí el ceño confundida.

Hasta que entendí.

—No puede ser…

Claro.

Ellas ya habían visto todo desde el recreo.

Las notificaciones siguieron apareciendo.

Mensajes. Etiquetas. Comentarios.

Y entre todos los nombres…

uno me hizo detenerme.

Robert.

Se conectó.

Sentí un pequeño nudo en el pecho.

No era dolor exactamente.

Era historia.

Todo lo que todavía seguía existiendo aunque estuviéramos lejos.

No pasó mucho antes de que entrara una videollamada.

Sonreí apenas.

—Ya sabía…

Contesté.

La pantalla se llenó rápidamente de caras conocidas.

Mis amigas. Y él.

Siempre él.

—¡Cris! —dijeron casi al mismo tiempo.

No pude evitar sonreír más fuerte.

Las extrañaba demasiado.

—¿Cómo estás? —preguntó Robert.

Lo miré un segundo más de lo necesario.

Seguía viéndose igual.

Y aun así…

todo era distinto ahora.

—Bien… —respondí suavemente—. Aunque cansada.

—¿Y qué tal tu primer día? —preguntó Dani enseguida.

Las miradas cambiaron al instante.

Ahora todas estaban esperando exactamente la misma historia.

—Normal… supongo.

—Mentira —dijeron varias al mismo tiempo.

Solté una risa pequeña.

—Ok, no tan normal.

Y empecé a contarles.

Cómo conocí a las chicas. Cómo Tay me ayudó. Cómo terminó invitándome al baile.

Pero cuando llegué a la parte del permiso…

el caos explotó.

—¡¿SE LO PIDIÓ A TU MAMÁ?!

—¡EL PRIMER DÍA!

—¡Eso ya parece película!

Me tapé la cara riéndome.

—Ni yo sabía qué estaba pasando.

—A ver… —dijo Luna entrecerrando los ojos—. ¿Y a ti te gusta?

Bajé la mirada automáticamente.

Demasiado tarde.

Porque todas empezaron a gritar al mismo tiempo.

—¡YA VIMOS ESA SONRISA!

—¡LE GUSTA!

—¡SE PUSO NERVIOSA!

—Cállense… —murmuré riéndome.

Pero no podía negar nada.

Porque incluso yo empezaba a notarlo.

Robert había permanecido callado todo ese tiempo.

Escuchando.

Observando.

Y cuando finalmente habló…

su voz sonó tranquila.

Demasiado tranquila.

—¿Y él te trata bien?

La pregunta me tomó por sorpresa.

Lo miré unos segundos antes de responder.

—Sí.

Y era verdad.

Robert asintió lentamente.

—Entonces eso es bueno.

La respuesta era correcta.

Perfecta incluso.

Pero aun así…

algo dolió un poquito.

Y creo que todos lo sintieron.

La conversación continuó un rato más entre bromas y comentarios sobre el baile.

Hasta que poco a poco el sueño empezó a ganarme.

—Chicas… ya me tengo que ir.

—Descansa.

—Buenas noches, Cris.

—Buenas noches…

La llamada terminó.

Y el silencio volvió de golpe.

Dejé la laptop a un lado y me quedé mirando el techo otra vez.

Pensando.

Porque ahora ya no era solo nostalgia.

Ya no era solo tristeza.

Ahora también había algo nuevo creciendo dentro de mí.

Algo que todavía no entendía completamente.

Pero que ya no podía ignorar.

Del otro lado de la pantalla…

el silencio también se quedó unos segundos después de que colgué.

Nadie habló enseguida.

Como si todos estuvieran pensando lo mismo… pero ninguno quisiera decirlo primero.

—¿Qué piensas? —preguntó Dani al final, mirando a Robert.

Él tardó unos segundos en responder.

Demasiados.

—Que… me alegra que el chico haya hecho las cosas bien.

La respuesta sonó correcta.

Madura.

Perfecta incluso.

Pero ninguno de ellos parecía completamente convencido.

Porque había algo en sus ojos…

algo que no coincidía con sus palabras.

Robert bajó la mirada hacia el teléfono apagado entre sus manos.

Y por un instante…

pareció más cansado que triste.

—¿La extrañas? —preguntó Luna suavemente.

Él soltó una pequeña risa sin humor.

—Todos los días.

Nadie supo qué responder a eso.

Porque había cosas que ya no necesitaban explicarse.

Y Cris…

era una de ellas.

Mientras tanto, en Guadalajara…

yo seguía acostada mirando el techo de mi cuarto.

La música sonaba bajito desde mi teléfono.

Una melodía tranquila.

Casi suficiente para callar mi cabeza.

Cerré los ojos intentando dormir.

Pero apenas lo hice…

apareció él otra vez.

Tay.

Su sonrisa. Su voz. La forma en que dijo “paso por ti”.

Abrí los ojos enseguida y me cubrí la cara con las manos.

—Esto va demasiado rápido…

Murmuré para mí misma.

Y aun así…

no quería detenerlo.

Porque después de semanas sintiéndome rota…

por primera vez algo dentro de mí empezaba a sentirse vivo otra vez.

El sueño terminó alcanzándome más tarde de lo que esperaba.

Y cuando abrí los ojos a la mañana siguiente…

todo se sintió distinto.

Más ligero.

Más emocionante.

Me levanté todavía medio dormida y bajé a la cocina.

Mis papás ya estaban desayunando.

Mi mamá sonrió apenas me vio entrar.

Pero mi papá…

mi papá me observó unos segundos antes de hablar.

Analizando.

Como siempre hacía.

—Te ves feliz —dijo finalmente.

Casi me atraganto con el jugo.

—¿Qué?

Él sonrió apenas.

—Nada. Solo digo que te ves diferente.

Sentí el calor subir directo a mis mejillas.

Mi mamá disimuló una sonrisa detrás de su taza de café.

Claro.

Ella ya sabía perfectamente por qué.

—¿Nos vamos? —pregunté rápido intentando cambiar el tema.

—Claro.

El trayecto a la escuela fue tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Y eso me puso nerviosa.

Porque cuando mi papá se quedaba tan callado…

significaba que estaba pensando algo.

El coche finalmente se detuvo frente a la prepa.

Y entonces lo vi.

Tay.

Esperándome afuera.

Apoyado contra la reja como si llevara rato ahí.

Mi corazón volvió a acelerarse inmediatamente.

Mi mamá tenía razón.

Definitivamente sabía lo que hacía cuando me deseó “suerte” esa mañana.

—Ya entendí tu sonrisa de ayer —murmuró mi papá antes de que pudiera bajar.

—Papá…

Él soltó una pequeña risa.

—Ve. Ya te están esperando.

Respiré hondo y abrí la puerta.

Pero apenas bajé del coche…

Tay empezó a caminar directamente hacia nosotros.

Y mi corazón dejó de cooperar por completo.

—Hola, señor —saludó con respeto apenas llegó.

Mi papá lo observó tranquilamente.

Serio.

—Hola, muchacho.

Yo me quedé completamente callada.

Sin respirar casi.

Porque presentía exactamente lo que venía.

Y efectivamente…

mi papá fue directo al punto.

—¿Me quieres pedir algo?

Sentí ganas de desaparecer.

Tay respiró hondo antes de responder.

—Sí, señor. Quería pedirle permiso para llevar a Cris al baile del sábado.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Juraba que podía escuchar mi propio corazón.

Mi papá miró primero a Tay.

Luego a mí.

Y finalmente sonrió apenas.

—Claro que sí.

Parpadeé confundida.

¿Eso era todo?

¿Así de fácil?

—Gracias, señor —respondió Tay rápidamente.

—Solo una cosa —añadió mi papá antes de subir el vidrio.

Los dos lo miramos de inmediato.

—Cuídala.

La voz de mi papá sonó tranquila.

Pero firme.

Importante.

Tay asintió enseguida.

—Sí, señor.

Y algo en la manera en que lo dijo…

me hizo creerle.

Mi papá arrancó el coche después de despedirse.

Y yo seguía ahí, procesando todo.

—Pensé que diría que no… —murmuré apenas desapareció el coche.

Tay soltó una pequeña risa.

—Yo también.

Lo miré sorprendida.

—¿Estabas nervioso?

—Muchísimo.

Eso me hizo reír.

Porque honestamente…

no lo había parecido en absoluto.

Entramos juntos a la escuela mientras el resto de alumnos seguía llegando.

Y aunque todo alrededor seguía igual…

algo había cambiado.

Definitivamente había cambiado.

Durante el descanso les conté todo a las chicas.

Y obviamente reaccionaron como si hubiera ocurrido el evento más importante del año.

—¡Te fue demasiado bien!

—¡Mi papá jamás diría que sí tan rápido!

—¡Eso ya parece aprobación oficial!

No pude dejar de reírme.

Porque honestamente…

yo tampoco entendía cómo había salido tan bien.

Los días siguieron avanzando rápido después de eso.

Más rápido de lo normal.

Tay y yo empezamos a hablar más.

En clases. En los descansos. Al salir de la escuela.

Y sin necesidad de decir nada…

todos empezaron a notarlo.

Las miradas. Las sonrisas. La forma en que siempre terminábamos buscándonos entre la gente.

Como si hacerlo ya fuera natural.

Como si llevara mucho más tiempo pasando.

Cuando finalmente llegó el viernes…

sentí nervios otra vez.

Subí a mi cuarto después de la escuela y dejé la mochila sobre la cama.

Mañana era el baile.

Y aunque intentaba actuar tranquila…

sabía perfectamente que algo importante estaba a punto de pasar.

Lo sentía.

Abajo, mis papás hablaban en voz baja mientras preparaban algo.

La famosa sorpresa.

Y por alguna razón…

eso también me ponía nerviosa.

Me dejé caer sobre la cama mirando el techo.

El viernes finalmente había llegado.

Y con él…

todos mis nervios también.

Mañana era el baile.

La palabra daba vueltas en mi cabeza una y otra vez.

Baile.

Tay.

La sorpresa de mis papás.

Todo junto.

Todo demasiado cerca.

Escuché voces abajo otra vez.

Mis papás seguían hablando en secreto desde hacía días.

Y eso empezaba a desesperarme.

Salí del cuarto lentamente intentando no hacer ruido.

Tal vez esta vez lograría escuchar algo.

Bajé apenas un par de escalones cuando la voz de mi mamá llegó primero.

—¿Ya escondiste todo?

Fruncí el ceño.

¿Esconder qué?

—Sí —respondió mi papá—. Pero casi nos descubre ayer.

Abrí los ojos inmediatamente.

Ok.

Definitivamente estaban planeando algo grande.

Me incliné un poquito más intentando escuchar mejor…

y el escalón crujió debajo de mí.

Silencio absoluto.

Perfecto.

—Cristina… —dijo mi mamá desde abajo—. ¿Qué haces ahí?

Cerré los ojos un segundo.

Atrapada.

—Nada…

—Ajá.

Suspiré derrotada y terminé bajando las escaleras.

Mis papás estaban sentados en la sala mirándome con cara de “te conocemos demasiado bien”.

—Solo quería agua —mentí.

Mi papá soltó una risa corta.

—Y seguramente el agua está arriba de las escaleras.

—Exacto.

Mi mamá negó divertida con la cabeza.

—De verdad tienes que aprender a espiar mejor.

Me crucé de brazos.

—Entonces sí hay algo.

Los dos intercambiaron una mirada rápida.

Y eso confirmó todo.

—Mañana lo sabrás —dijo mi papá finalmente.

—Eso no es justo.

—La vida tampoco —respondió él tranquilo—. Y aquí seguimos.

Lo señalé indignada.

—Odio cuando haces eso.

—¿Hacer qué?

—Responder como si fueras filósofo.

Mi mamá empezó a reírse mientras mi papá fingía ofenderse.

—Algún día vas a extrañar mis frases.

—Ya las extraño cinco minutos después de escucharlas.

Eso hizo que los tres termináramos riéndonos.

Y por un instante…

todo volvió a sentirse ligero.

Seguro.

Normal.

Como antes.

Mi mamá se levantó y acomodó un mechón de mi cabello detrás de la oreja.

—Ve a dormir temprano, Cris.

La miré sospechando.

—¿Por qué siento que mañana va a pasar algo importante?

Ella sonrió apenas.

—Porque sí va a pasar.

Mi corazón se aceleró un poquito.

No sabía exactamente por qué.

Pero sentía que algo estaba cambiando otra vez.

Y esta vez…

no parecía algo malo.

Subí a mi cuarto después de despedirme de ellos.

La casa estaba tranquila ahora.

Demasiado tranquila.

Me cambié lentamente y me dejé caer otra vez sobre la cama.

El celular vibró segundos después.

Tay.

Sonreí automáticamente antes incluso de abrir el mensaje.

“¿Lista para mañana?”

Mordí mi labio intentando no sonreír demasiado.

“Creo que sí.”

Los tres puntitos aparecieron enseguida.

“Eso sonó poco convincente.”

Solté una pequeña risa.

“Estoy nerviosa.”

Esta vez tardó un poco más en responder.

“Yo también.”

Leí el mensaje dos veces.

Porque de alguna manera…

eso me tranquilizó.

“¿En serio?”

“Claro. Quiero que todo salga bien.”

Mi pecho se sintió raro otra vez.

Calientito.

Ligero.

Diferente.

Y por más que intentara convencerme de ir despacio…

algo dentro de mí ya estaba avanzando solo.

Seguimos hablando un rato más.

De cosas simples.

Música. Películas. Historias tontas sobre la escuela.

Pero incluso en las conversaciones pequeñas…

todo se sentía fácil con él.

Natural.

Como si no tuviera que pensar demasiado antes de hablar.

Y después de todo lo que había vivido las últimas semanas…

eso se sentía casi imposible.

Cuando vi la hora, abrí los ojos sorprendida.

—Tengo que dormir…

Escribí rápidamente:

“Si mañana me veo horrible, será tu culpa.”

La respuesta llegó enseguida.

“Imposible.”

Mi corazón literalmente olvidó cómo comportarse por un segundo.

Apagué el teléfono rápido y me cubrí la cara con la almohada.

—Dios mío…

Murmuré riéndome sola.

Porque sí.

Definitivamente algo estaba empezando.

Y ya no podía fingir que no.

Me acomodé mirando el techo una última vez.

La oscuridad del cuarto ya no se sentía vacía.

Ahora estaba llena de pensamientos.

De nervios.

De emoción.

Cerré los ojos lentamente.

Y antes de quedarme dormida…

solo pensé una cosa.

Mañana…

todo iba a cambiar otra vez.

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