Zaya siempre fue rechazada por su manada por no transformarse en el tiempo esperado. Cuando finalmente despierta a su loba, Sura, aun así es expulsada tras ser rechazada por su compañero destinado, el alfa Varg. Condenada como renegada, sobrevive en el bosque hasta encontrar la Manada de la Oscuridad.
Allí conoce a Zack, otro renegado, con quien crea un vínculo muy fuerte. Ambos se ven envueltos en un conflicto mayor cuando Zack descubre que es el compañero destinado de Maia, hermana del temido Alfa Razkan (Sombra), líder de la manada. Esto provoca tensiones entre el destino, la lealtad y la autoridad.
Mientras Zaya intenta adaptarse y sobrevivir en este nuevo mundo, secretos sobre el pasado de Razkan y la destrucción de su antigua compañera revelan que el destino de todos está profundamente conectado, y que Zaya podría tener un papel decisivo para cambiarlo todo.
NovelToon tiene autorización de Kel lopez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10
— ¡Voy a matar a ese renegado! —Razkan gruñó, con el aura sombría pulsando a su alrededor.
— Necesitas mantener la calma —dijo Zaxar con firmeza—. Si le pasa algo, tu hermana jamás te va a perdonar.
Razkan apretó los puños, los ojos ardiendo de furia.
— Busquen por toda la extensión de la manada y en los alrededores. ¡Ahora! —ordenó—. ¡Muévanse!
Los guerreros se dispersaron de inmediato, adoptando sus formas lupinas y desapareciendo entre los árboles.
* * * * *
En otro punto de la manada, cerca del río de aguas cristalinas, Zaya estaba sentada sobre una roca, observando la corriente con la mirada perdida. El corazón apretado delataba su inquietud.
¿Dónde te metiste, Zack?, pensó.
— Hola. Tú debes ser la nueva de la que todos están hablando.
Zaya alzó la mirada y vio a una joven de sonrisa amable acercándose.
— Soy Ruya. ¿Y tú?
— Zaya —respondió, devolviendo la sonrisa—. Mucho gusto.
— El gusto es mío —Ruya se sentó a su lado—. ¿Y bien? ¿Qué te parece nuestra manada?
Zaya observó la aldea a lo lejos antes de responder.
— Muy diferente de lo que imaginé.
Ruya rio suavemente.
— Yo pensé lo mismo cuando llegué. Al principio estaba asustada. Pero todos me recibieron muy bien… Incluso el alfa, a pesar de lo difícil que es.
Zaya frunció el ceño.
— ¿Difícil? Es inaccesible, frío y egoísta.
Ruya arqueó las cejas, sorprendida.
— Vaya… Definitivamente tu primera impresión de él no fue la mejor. Pero eso cambia con el tiempo, créeme. El alfa tiene buen corazón, mejor que el de muchos líderes por ahí.
— ¿Cómo llegaste aquí? —preguntó Zaya con cautela—. Quiero decir… ¿tú también fuiste expulsada de tu manada?
Ruya negó con la cabeza lentamente.
— No. Yo huí.
Zaya frunció el ceño, sorprendida.
— ¿Huiste?
Ruya respiró hondo antes de responder.
— Sí. Mi compañero me golpeaba… Me daba palizas. Ya no lo soportaba más.
El impacto atravesó a Zaya como un golpe. Su corazón se encogió.
— ¿Y qué pasó con él? —preguntó en voz baja—. ¿No vino a buscarte?
El silencio se instaló entre las dos. El sonido del río parecía demasiado lejano. Ruya bajó la cabeza, los dedos temblando al entrelazarse en su regazo.
Por un instante, pareció luchar contra sus propios recuerdos.
— Lo intentó —murmuró, casi inaudible.
Zaya sintió un escalofrío recorrer su espalda.
— ¿Lo intentó? —la alentó con suavidad.
Ruya tragó saliva, los ojos vidriosos.
— Pero aquí… Aquí estoy protegida —alzó la mirada, forzando una sonrisa frágil—. No todos los monstruos logran atravesar las sombras.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, demasiado pesadas para ser ignoradas.
Zaya comprendió, en ese instante, que Ruya cargaba marcas mucho más profundas de lo que podía imaginar.
Zaya iba a hablar cuando algo llamó su atención.
— Ruya… ¿Qué te pasó en el brazo?
La joven instintivamente se jaló la manga hacia abajo, ocultando el hematoma morado.
— Ah… Me caí en la ducha. Soy muy torpe —dijo apresuradamente—. Yo… Y
yo tengo que irme. Luego nos vemos.
Antes de que Zaya pudiera decir nada, Ruya se levantó y se alejó rápidamente, visiblemente nerviosa.
Zaya permaneció sentada, observándola desaparecer entre los árboles.
— Chica extraña… —murmuró.
Pero, en el fondo, algo la inquietaba. Ese moretón no parecía haber sido causado por una simple caída.
* * * * *
Lejos de allí, fuera del alcance de la manada, Zack y Maia estaban escondidos en una caverna antigua, un lugar que Maia conocía bien y usaba como refugio desde hacía mucho tiempo. La luz tenue que entraba por la grieta en las rocas iluminaba sus rostros, creando sombras danzantes en las paredes.
— ¿Estás segura? —preguntó Zack en voz baja—. Podemos esperar. No quiero que te arrepientas después.
Maia se acercó, sosteniendo el rostro de él con ambas manos.
— No me voy a arrepentir —sus ojos brillaban con convicción—. La Diosa de la Luna te eligió para mí. No existe elección más certera que esta.
Zack sintió el pecho calentarse, como si algo antiguo y dormido despertara dentro de él.
— Maia…
— Shh… —susurró ella, apoyando la frente contra la de él—. Solo vive este momento conmigo.
Ella lo besó, y esta vez no hubo sorpresa, solo entrega. El beso no fue apresurado, sino cargado de promesas, de reconocimiento, de destino. Cada roce parecía confirmar lo que sus almas ya sabían.
Cuando sus cuerpos se unieron, no hubo prisa, solo la certeza de que aquel instante lo cambiaría todo. El mundo allá afuera dejó de existir.
Zack sintió al lobo dentro de sí responder, reconociendo a su compañera. Con cuidado, inclinó la cabeza, posando los labios en la curva del cuello de Maia. El gesto fue instintivo, sagrado. Cuando sus dientes tocaron la piel de ella, un brillo plateado pareció recorrer el aire.
Maia jadeó, no de dolor, sino de aceptación.
El vínculo fue sellado.
En respuesta, ella hizo lo mismo, marcándolo con igual devoción. En el instante en que eso sucedió, ambos sintieron la conexión cerrarse como un círculo perfecto —fuerte, eterno, imposible de romper.
Los dos permanecieron abrazados durante largos minutos, respirando juntos, sintiendo el corazón del otro latir al mismo ritmo.
— Venga lo que venga —Maia susurró—, lo enfrentaremos juntos.
— Siempre —respondió Zack, estrechándola contra sí.
Y en aquel escondite silencioso, mientras la luna observaba desde lejos, dos destinos finalmente se encontraron.
— ¿Qué hacemos ahora? —preguntó Zack, besando la coronilla de Maia, aún sintiendo el calor del vínculo recién sellado.
— Vamos a volver a la manada —respondió ella con firmeza.
Zack se apartó lo suficiente para mirarla a los ojos.
— ¿Y tu hermano? Él es el Alfa de las Sombras… ¿No le tienes miedo?
Maia sonrió levemente, tocando el rostro de Zack con ternura.
— No. Él no puede hacerte daño sin hacérmelo a mí también. Ahora somos compañeros de verdad. Nuestro vínculo está sellado.
Posó la mano sobre su propio pecho.
— Si tú murieras, yo no lo soportaría. Conoces las leyes de nuestro mundo.
Zack asintió, serio.
— Lo sé… —hizo una pausa—. ¿Fue por eso que tuviste tanta prisa?
Maia respiró hondo, los ojos brillando.
— No solo por eso. Te deseé desde el instante en que te vi —sonrió, un poco tímida—. ¿Crees en el amor a primera vista?
Zack apoyó la frente contra la de ella, sonriendo.
— Creo… Pero solo en un amor como el nuestro.
Ella cerró los ojos, sintiendo el vínculo pulsar entre ellos, segura de que, a partir de aquel momento, nada ni nadie podría separarlos.