Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo XVII: Cicatrices y Delirios
Sebastián apenas si podía conciliar el sueño, se sentía atrapado como un animal enjaulado, buscando desesperadamente una manera de como salir de esa situación.
En medio de su insomnio recordó el pasado, cuando Pamela se comportaba de esa manera tan estricta y severa, Ada solía actuar de forma zalamera y dócil, utilizando su inteligencia y tacto para hacer que su madre bajara la guardia y suavizara el castigo.
Sin embargo, ahora Sebastián dudaba seriamente de que ella fuera a mover un dedo por él y fue en ese instante de aislamiento incapaz de aceptar el rechazo, que distorsionó la realidad por completo así que llegó a una conclusión tan absurda como conveniente, y una sonrisa arrogante comenzó a dibujarse en su rostro.
—Esa tonta está muerta de celos… Se dio cuenta de que el hombre en la habitación de Victoria era yo.
La retorcida idea de que Ada los había denunciado y atacado con tanta saña solo por un ataque de celos enfermizos le pareció brillante, ese engaño fue el bálsamo que le devolvió el control a su enorme ego, así que se recostó en su cama sintiéndose aliviado, y planeando ya en su próximo movimiento.
Estaba convencido de que, en cuanto Pamela le levantaran el castigo, le bastaría con buscar a Ada a solas, susurrarle un par de palabras de consuelo al oído y ella finalmente cedería, después de todo ella lo amaba con locura, por algo siempre había sido su pagafantas.
—Después del examen de admisión voy a buscarla —se prometió en voz baja—Va a estar completamente devastada cuando sepa que no podrá entrar a su universidad soñada.
Sebastián estaba convencido de que Ada debido a la presión familiar y el sabotaje de Victoria, Ada se quedaría sin opciones académicas, y él aprovecharía la situación para ponerla nuevamente bajo su control.
Cuando la casa de los Medina se quedó nuevamente en silencio, Mónica finalmente abrió la puerta de su habitación, bajó las escaleras con pasos lentos, y arrastrando una profunda mezcla de fastidio y orgullo herido.
Al llegar a la sala, se encontró a Gerardo sentado en el sofá, respirando con dificultad e intentando torpemente limpiar su rostro con un pañuelo empapado de su sangre.
Mónica lo observó por unos segundos con evidente desgano, sin emitir una sola palabra de consuelo, caminó hacia el baño, tomó el frasco de alcohol y un trozo de algodón, y regresó para sentarse a su lado.
Con movimientos bruscos y carente de ternura, comenzó a curar sus heridas, el dolor del alcohol hizo que Gerardo emitiera un quejido, sin embargo, Mónica ni siquiera se inmutó porque en ese momento su mente trabajaba en como desviar la culpa de Victoria.
—Todo esto es culpa de tu intrigante hija—le dijo Mónica con veneno en la voz, y presionando con más fuerza el algodón sobre el labio partido de su esposo—Ella planeó cada detalle para humillarnos y debemos castigarla de una vez por todas y ponerla en su maldito lugar.
Gerardo tomó su mano y detuvo su doloroso movimiento, no le había pasado por alto que, durante la agresión, ella en ningún momento lo defendió, ni tampoco se había molestado en llamar a la policía, y estaba muy desilusionado en ese momento.
—¡Ya basta, Mónica! —le frenó Gerardo, con la voz ahogada— Sé perfectamente lo que haces, solo quieres desviar la atención de las estupideces de Victoria.
Él había escuchado las acusaciones de Ada y por desgracia eran ciertas, porque el presidente de la junta de condominios lo llamó para quejarse por el ruido que salía de su casa la noche del sábado, solo que prefirió dejarlo pasar para evitar el cotilleo entre sus vecinos, pero el escándalo era algo inevitable en esa casa.
—No metas a Victoria en esto, ella no tiene nada que ver —insistió Mónica, recuperando el control— Esto es culpa de los aires de grandeza de Ada, y si lo dejamos pasar, terminará creyéndose la dueña de la casa.
Gerardo no estaba de acuerdo porque habían sido muy indulgentes con Victoria y ahora estaban viendo los terribles resultados, hacía trampas en los exámenes, estaba a punto de perder su admisión a la universidad y ahora incluso metía hombres a su habitación.
—Mónica, hemos sido demasiado indulgentes con Victoria—replicó él con amargura pensando en los errores de su hija— Entiéndelo, de una vez y es que, si le cobramos renta a Ada, indudablemente tendremos que hacer lo mismo con Victoria.
—¿Acaso te has vuelto loco? —bufó ella, indignada—Victoria no tiene un fideicomiso mientras que esa malcriada si, te lo digo o Ada paga o se va.
Gerardo se sentía completamente acorralado en ese momento, estaba presionado por su padre, por su esposa, y ahora también por sus hijas.
Y mientras Mónica le limpiaba los cortes y los hematomas que Damián le había dejado, la intrigante mujer no perdía la oportunidad de conspirar en contra de Ada proponiendo ideas sobre como cerrarles las puertas a sus aspiraciones y hacerle la vida imposible entre esas cuatro paredes y así cobrarse la humillación de Victoria.
Con cada curación, Mónica desviaba su frustración hacia la inacción de su marido y comenzó a regañarlo abiertamente por su cobardía.
—No puedo creer que te vayas a quedar de brazos cruzados, Gerardo, ese animal de Damián entró a nuestra casa y te puso las manos encima. Tienes que denunciarlo a la policía mañana mismo. Que lo saquen arrastrado de esa academia de bomberos y lo metan a un calabozo, que es donde pertenece.
Gerardo esquivó su mirada, mientras sentía un dolor punzante en su mandíbula y sacudió su cabeza con amargura.
Lo que Mónica no comprendía es que si Don Aurelio se enteraba de lo que había pasado cumpliría con su promesa de desheredarlo, y como si eso no era suficiente le temía a la intrigante Pamela de Hernández, porque a pesar de que esa mujer no favorecía a su hijo mayor, jamás permitiría un escándalo legal que manchara el apellido de su familia.
—No… es conveniente, Mónica — interrumpió Gerardo con voz ronca y el orgullo hecho pedazos, reviviendo la gélida advertencia de su vecina — Si la policía se mete en esto, saldrán a la luz las cosas que no nos conviene.
—Por Dios, Gerardo, deja de ser tan cobarde —protestó ella.
—¿Acaso quieres que llamen a servicios de protección a menores por lo que pasó con Mateo? —la confrontó él, elevando un poco la voz—O peor aún, ¿Quieres que mi papá se entere de todo?
—Tienes razón ese viejo está loco—admitió Mónica de mala gana—Y sería capaz de destruir tu reputación con tal de defender a esa mocosa.
—Nos toca tragarnos esto… por ahora—dijo Gerardo con dolorosa resignación.
Mónica soltó un bufido de desprecio, tirando el algodón ensangrentado sobre la mesa del centro, aunque sabía que Gerardo tenía razón no dejaba de considerarlo un hombre patético y sometido, mientras que él por su parte la veía como una mujer irracional que solo pensaba en tontas venganzas sin tener en cuenta todo el panorama.
Mientras Mónica se dirigía a su habitación estaba llena de ira y tenía claro de que si no podía descargar su furia en Damián entonces todo el peso recaería tarde o temprano en Ada.
Damián llegó a la residencia donde vivía cuando estaba por amanecer, apagó el motor de la motocicleta y al quitarse los guantes, un dolor punzante lo hizo sisear entre dientes.
Le dio un vistazo y notó que tenía los nudillos rotos, hinchados y ensangrentados producto de haber impactado la mandíbula de Gerardo, y mientras observaba sus manos se preguntaba, si su impulsividad solo había empeorado las cosas para ella en su casa.
Cuando entró a su habitación, ni siquiera se quitó la ropa debido a la fatiga, solo se dejó caer pesadamente en la cama, sintiendo una fatiga que le calaba hasta los huesos.
Por desgracia no había mucho tiempo para el descanso, porque en tan poco unas horas debía estar de pie y presentándose para el entrenamiento y cumplir con su jornada, cerró los ojos, sintiéndose exhausto, e intentando aferrarse a la esperanza de que Ada estaba a salvo.
Mientras tanto en la casa de los Medina, Ada en su habitación dormía plácidamente, sintiendo un dejo de satisfacción porque su padre recibió su merecido, en la habitación contigua Victoria no paraba de llorar y lanzarle maldiciones, y para Ada, aquellos sollozos cargados de impotencia se convirtieron en la más dulce canción de cuna.
Sebastián por su parte era un manojo de nervios y furia contenida en ese momento, caminaba de un lado para el otro dentro de su alcoba, quería cruzar la distancia que lo separaba y entrar en la casa de los Medina y confrontar a Ada por haber desatado semejante caos, sin embargo, estaba limitado porque Pamela la cual estaba muy enojada, le había prohibido terminantemente salir de la casa hasta el día del examen de admisión universitaria.
Apenas amanecía cuando Pamela llamó a la residencia de Damián, y debía admitir que fue la primera vez que sintió preocupación por este hijo tan rebelde, y cuando Damián habló con tono adormilado al otro lado de la línea, soltó un suspiro de alivio, aunque su tono no se suavizó.
—Todo está resuelto, pero te agradecería que no vengas a casa en mucho tiempo—dijo Pamela con una frialdad cortante.
La poca esperanza que su madre le dio la noche anterior cuando sintió que lo estaba protegiendo se rompió dejándolo con una sensación de un profundo vacío.
—Gracias… mamá. No volveré a molestarte en el futuro —respondió Damián, con una voz calmada, antes de colgar el teléfono.
El corazón de Pamela se estremeció ante la fría respuesta de su hijo, después de todo era su madre y aunque su relación siempre había sido conflictiva, no es que lo odiaba simplemente le irritaba su forma de ser tan impulsiva.
Y para tranquilizar su consciencia, se repitió a sí misma que el distanciamiento era algo temporal y que tarde o temprano su hijo regresaría, lo que Pamela no sabía es que acababa de destruir el poco afecto que existía entre ambos y eso jamás se volvería a recuperar.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre