En la ciudad de Arcadia, la rutina terminó en un instante 🔥. Lo que comenzó como un supuesto accidente químico terminó convirtiéndose en el encierro más grande de la historia moderna 💥. Un domo de energía azul eléctrico cubre la ciudad completa: bloquea señales, distorsiona el aire y descarga electricidad a cualquiera que intente cruzarlo ⚡️. Nadie entra. Nadie sale 🚫.
Mientras el caos consume las calles, una infección conocida extraoficialmente como VX-17 comienza a propagarse 🔴. No mata de inmediato. No destruye el cuerpo. Destruye la conciencia 🧠.
Los infectados —apodados Los Vacíos— no sienten dolor, no sienten miedo… solo un impulso violento que los vuelve más rápidos, más agresivos y más activos en la oscuridad 💀.
Pero el verdadero horror no está solo en ellos 🤯. Un grupo de jóvenes atrapados en el Instituto Central Arcadia deberá aprender que sobrevivir no significa seguir siendo humanos 👥. Aislados, vigilados desde el exterior por drones militares 🚁.
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CAPÍTULO 6
El zumbido seguía vibrando en el aire. Era profundo. Grave. Antinatural. Como si el cielo entero estuviera respirando.
Miles de ojos miraban hacia arriba. Estudiantes, maestros, personal del instituto… todos estaban en el patio central mirando aquella enorme estructura azul que ahora cubría completamente el cielo de Arcadia.
La cúpula de energía se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Una gigantesca pared de luz eléctrica.
Nadie hablaba. Nadie entendía.
Luis Morales sentía el corazón golpeándole el pecho.
...—¿Eso… estaba ahí antes? —preguntó Brajhan....
...—No… —respondió Rafa lentamente—. Eso definitivamente no estaba ahí....
Ismael entrecerró los ojos.
...—¿Es un… escudo?...
...—¿Un escudo de qué? —dijo Caro....
...—No lo sé....
Un profesor pasó corriendo por el patio intentando organizar a los estudiantes.
...—¡Todos tranquilos! ¡Regresen a sus salones!...
Nadie le hizo caso. Las conversaciones explotaron en todas direcciones.
...—¿Qué es eso?...
...—¿Es militar?...
...—¿Es un ataque?...
...—¿Es una prueba?...
...—¿Es alienígena?...
...—Cállate....
...—¡No estoy bromeando!...
Luis sacó su celular. Sin señal. Intentó abrir internet. Nada.
...—No tengo red —dijo....
Ismael miró el suyo.
...—Yo tampoco....
Caro levantó el teléfono.
...—Ni datos....
Rafa chasqueó la lengua.
...—Eso es imposible....
...—¿Qué? —preguntó Brajhan....
...—Que todas las señales desaparezcan al mismo tiempo....
Ángel Israel se acercó.
...—¿Qué pasa?...
...—No hay señal —dijo Luis....
Ángel Israel revisó su teléfono.
...—Mierda…...
...—¿Qué?...
...—Nada....
...—¿Qué?...
...—Tampoco tengo....
Brajhan empezó a reír nerviosamente.
...—Bueno… seguro es temporal....
...—¿Temporal? —dijo Rafa....
...—Sí, o sea… tal vez es una interferencia o algo....
Leleni no estaba mirando su teléfono. Estaba mirando el domo. Sus ojos analizaban la estructura azul con atención. La energía se movía sobre la superficie como relámpagos atrapados dentro de vidrio.
...—No es un holograma —murmuró....
Luis la miró.
...—¿Qué?...
...—No es una proyección....
...—¿Cómo sabes?...
...—Porque está interactuando con la atmósfera....
...—¿Interactuando?...
...—Mira el aire....
Luis entrecerró los ojos. El aire cerca del domo parecía distorsionado. Como calor sobre asfalto. Pero mucho más intenso.
...—Eso es energía —dijo ella....
...—¿Energía de qué?...
...—No lo sé....
Ismael levantó una ceja.
...—Eso no suena tranquilizador....
Un grito se escuchó cerca de la reja del instituto. Todos voltearon.
Un grupo de estudiantes se había acercado a la entrada principal. Desde ahí podía verse el domo descendiendo hasta tocar el suelo a unas calles de distancia.
Un chico estaba grabando con su celular.
...—¡Esto es increíble!...
...—¡No te acerques! —gritó alguien....
Pero el chico siguió caminando.
...—Solo quiero verlo de cerca....
El domo estaba a unos veinte metros. La superficie azul vibraba con descargas eléctricas que recorrían su estructura.
...—Bro, no hagas eso —dijo otro estudiante....
...—Relájate....
El chico levantó la mano.
...—Ni siquiera...—...
Su dedo tocó la superficie.
El sonido fue instantáneo.
CRACK
Un relámpago azul explotó desde el domo. El cuerpo del estudiante salió despedido hacia atrás como una muñeca rota. Su cuerpo golpeó el pavimento con violencia.
Un silencio absoluto cayó sobre el patio. Luego alguien gritó.
...—¡DIOS MÍO!...
...—¡LO MATÓ!...
...—¡¿QUÉ FUE ESO?!...
El caos explotó. Estudiantes corriendo. Gritos. Profesores intentando controlar la situación.
Luis sentía el estómago helado.
...—Está electrificado…...
Leleni asintió lentamente.
...—Sí....
Ismael miraba el cuerpo inmóvil en el suelo.
...—Mierda…...
Caro llevó una mano a su boca.
...—No se movió…...
...—No —dijo Rafa con voz baja....
...—Eso significa…...
...—Significa que estamos encerrados —terminó Ángel Israel....
Las palabras flotaron en el aire.
Encerrados.
Dentro del instituto, los pasillos estaban extrañamente silenciosos. Las luces fluorescentes parpadeaban. El eco de los gritos del patio se filtraba a través de las paredes.
El baño del segundo piso estaba vacío. Excepto por Mateo.
Las luces fluorescentes parpadeaban con un zumbido irritante, proyectando sombras temblorosas sobre los azulejos blancos. El eco lejano de los gritos del patio llegaba amortiguado, como si perteneciera a otro mundo.
Mateo estaba inclinado sobre uno de los lavabos. Sus manos temblaban. El reflejo en el espejo apenas parecía el suyo.
Su piel estaba más pálida… demasiado pálida. Bajo la superficie, finas venas oscuras comenzaban a dibujar líneas irregulares que subían desde su cuello hacia la mandíbula.
Respiraba con dificultad.
...—No… no… —susurró....
El sabor metálico en su boca era insoportable. Se inclinó hacia el lavabo y vomitó con violencia. El líquido salpicó la porcelana con un sonido espeso.
Cuando levantó la cabeza, un hilo de saliva rojiza colgaba de su boca. Sus pupilas estaban dilatadas. Demasiado.
Mateo parpadeó varias veces. Por un momento pareció recuperar la conciencia.
...—¿Qué… me… pasa…?...
Sus manos se aferraron al borde del lavabo con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos.
Entonces ocurrió.
Un espasmo brutal sacudió su cuerpo. Su espalda se arqueó de golpe. Un crujido seco recorrió su cuello.
Mateo soltó un grito ahogado que se transformó en un gemido grave, casi animal.
Algo dentro de su cabeza se rompió. No fue dolor. Fue silencio. Un silencio total.
Los recuerdos… las emociones… el miedo… Todo se apagó.
Mateo levantó lentamente la cabeza. Sus ojos estaban abiertos. Pero vacíos.
El reflejo en el espejo ya no parecía humano.
En ese momento la puerta del baño se abrió. Un estudiante entró caminando distraído, mirando su celular.
...—Bro, ¿viste lo que está pasando afuera? Esa cosa azul está—...
Levantó la mirada. Vio a Mateo.
...—Hey… ¿estás bie...—...
Mateo se movió. No corrió. No gritó. Simplemente se lanzó.
La fuerza del impacto hizo que el chico chocara contra la pared.
...—¡¿QUÉ DEMONIOS?!—...
Las manos de Mateo se cerraron alrededor de su cuello con una fuerza brutal.
El estudiante intentó empujarlo.
...—¡SUÉLTAME!...
Mateo no respondía. No reaccionaba. Sus ojos estaban fijos. Sin emoción. Sin conciencia. Solo impulsos.
El chico logró empujarlo un poco.
...—¡¿QUÉ TE PASA, IDIOTA?!—...
Mateo inclinó la cabeza de una manera antinatural. Y abrió la boca.
La mordida fue violenta. Sus dientes se hundieron en el hombro del estudiante.
El grito llenó todo el baño.
...—¡AAAAAHHH!...
Mateo no soltó. La sangre comenzó a brotar entre sus labios.
El estudiante cayó al suelo. Intentó arrastrarse.
...—A-ayuda…...
Mateo se abalanzó sobre él. Las manos del chico temblaban intentando apartarlo. Pero Mateo era implacable.
No sentía dolor cuando el estudiante le golpeó la cara. No reaccionó cuando intentó arañarlo.
Mateo volvió a morder. Esta vez más profundo.
La sangre comenzó a extenderse lentamente por el suelo del baño.
Los gritos se volvieron débiles. Luego se detuvieron.
El silencio regresó.
Mateo permaneció inclinado sobre el cuerpo. Respirando con fuerza.
Sus labios estaban cubiertos de sangre. Sus pupilas completamente negras.
Un hilo espeso cayó desde su barbilla hasta el suelo.
Pasaron unos segundos. Luego levantó lentamente la cabeza.
Escuchó algo. Pasos en el pasillo. Más estudiantes. Más voces.
Mateo se puso de pie. Su cuerpo temblaba ligeramente. No por miedo. Por hambre.
El primer vacío acababa de despertar.