Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.
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CAPÍTULO 22: LA GUERRA DEL CONSEJO
El puerto quedó en silencio por menos de un segundo. Luego todo explotó.
El trueno retumbó sobre el mar mientras Darius avanzaba lentamente entre la lluvia, como si el caos a su alrededor no pudiera tocarlo.
Firme.
Frío.
Imponente.
Detrás de él aparecieron más de veinte lobos armados.
No eran guerreros comunes.
Eran ejecutores del consejo.
Los más peligrosos.
Los encargados de eliminar amenazas para las manadas.
Y esta noche, la amenaza era Lía.
La lluvia resbalaba sobre cuchillas de plata.
Arcos antiguos con puntas metálicas brillaban bajo los relámpagos. Algunos cargaban rifles adaptados para disparar balas lunares. Otros llevaban cadenas grabadas con símbolos antiguos.
Todos tenían la misma mirada.
Sin compasión.
Lía sintió cómo la corona de luz sobre su cabeza vibraba con fuerza.
La energía lunar seguía rodeándola, pero ahora era distinta.
Más pesada.
Más viva.
Como si estuviera respondiendo a la presencia del consejo.
Darius la observó directamente. Sus ojos dorados parecían atravesarla.
—Así que es cierto.
Su voz resonó entre el rugido del mar.
—La sangre real ha despertado.
Kael dio un paso al frente de inmediato.
Instintivo.
Protector.
Se colocó delante de Lía.
—No te acerques.
Darius levantó apenas una ceja.
—Sigues cometiendo el mismo error.
Miró a Kael con desprecio contenido.
—Elegir el corazón por encima del deber.
Ragnar soltó una risa seca mientras se limpiaba la sangre de la boca.
—Hoy no es el día para discursos, anciano.
Se posicionó al lado de Kael.
Los dos hermanos juntos.
Lía los observó apenas un segundo. Y entendió algo importante.
Eso lo cambiaba todo.
Porque si Kael y Ragnar estaban unidos…
Entonces el consejo sí tenía miedo.
Darius también lo notó.
Su expresión se endureció.
—Interesante.
La lluvia golpeó su bastón plateado.
—Los traidores finalmente se reunieron.
Selene aprovechó el momento.
Retrocedió lentamente entre las sombras de los contenedores.
Intentando escapar.
Lía la vio.
Y algo dentro de ella reaccionó de inmediato.
—No te muevas.
La energía lunar brilló en su mano.
Una onda plateada atravesó el aire.
Selene quedó inmovilizada contra el metal oxidado de un contenedor.
Sus ojos se llenaron de furia.
—Esto no termina aquí, Lía.
Lía sostuvo su mirada.
Su voz salió fría.
Segura.
—Esta vez termina contigo.
Pero antes de que pudiera acercarse, Darius levantó lentamente la mano.
—Ahora.
Los ejecutores atacaron al mismo tiempo.
La primera línea avanzó directamente hacia ellos.
El sonido de las botas golpeando la madera del muelle se mezcló con el rugido del mar.
Kael fue el primero en moverse.
Siempre era el primero.
Se lanzó contra los atacantes con una velocidad brutal.
El primer golpe impactó directamente en el pecho de uno de los ejecutores.
Los huesos crujieron.
El hombre salió despedido contra una grúa metálica.
Kael giró sobre sí mismo y desarmó al segundo atacante antes de que pudiera usar la cuchilla de plata. La hoja cayó al suelo.
Kael la tomó en el aire y la enterró en el hombro del enemigo.
Ragnar atacó por el lado contrario.
Mucho más salvaje.
Más brutal.
Sujetó a uno por el cuello y lo lanzó contra un contenedor con tanta fuerza que el metal se hundió.
Otro intentó dispararle.
Ragnar atrapó el arma con una mano.
La rompió.
Y golpeó al ejecutor directamente en el rostro.
Lía retrocedió hacia su madre.
La mujer temblaba.
Aterrada.
—Escóndete detrás de la grúa y no salgas.
Ella asintió rápidamente. Pero antes de alejarse, sujetó la mano de Lía.
—Ten cuidado.
La frase golpeó algo dentro de ella.
Porque por encima de toda la guerra…
Seguía siendo su madre.
Aunque ahora todo estuviera lleno de secretos.
Dos ejecutores avanzaron directamente hacia Lía.
Esta vez no dudó.
Levantó ambas manos. La luz plateada salió disparada en dos ráfagas violentas.
Una impactó directamente en el pecho del primer atacante.
El hombre salió despedido y atravesó la baranda destruida del muelle.
El segundo intentó esquivar.
Demasiado tarde.
La energía golpeó el suelo bajo sus pies y lo lanzó contra el mar.
La bestia lunar rugió.
El agua respondió.
Olas gigantescas se elevaron alrededor del puerto.
Golpearon parte de los contenedores y arrastraron a varios ejecutores.
Darius observaba todo sin moverse.
Eso inquietó a Kael de inmediato.
—Está esperando algo.
Ragnar bloqueó una cuchilla de plata con el antebrazo y partió la mandíbula de un atacante.
—Está esperando que ella se agote.
Lía escuchó la frase. Y supo que era verdad.
Cada descarga drenaba algo dentro de ella.
La respiración comenzaba a volverse pesada. El pecho le ardía. La corona de luz vibraba inestable por momentos.
Darius sonrió apenas.
—La corona aún no la reconoce por completo.
Kael giró bruscamente hacia él.
—¿Qué significa eso?
El anciano avanzó lentamente entre la lluvia.
Por primera vez entró completamente en el campo de batalla.
—Que todavía no es reina.
El silencio cayó como un golpe.
Incluso Ragnar se tensó.
Lía frunció el ceño.
—¿Qué?
Darius señaló la corona de energía sobre su cabeza.
—Eso no es la verdadera coronación.
La bestia lunar observaba en silencio detrás de Lía.
Como si estuviera esperando algo más.
—La corona de luz es solo el llamado.
La voz de Darius retumbó grave.
—La verdadera coronación ocurre en el Trono Lunar.
Ragnar soltó una maldición por lo bajo.
Kael giró hacia él.
—Lo sabías.
Ragnar sostuvo su mirada unos segundos.
—Lo sospechaba.
La rabia atravesó el pecho de Lía.
—¿Entonces todo esto…?
Darius la interrumpió.
—Todo esto es una guerra por llevarte al trono.
Selene soltó una risa amarga desde donde estaba atrapada por la energía lunar.
—¿Lo ves?
Miró directamente a Lía.
—Nunca fue amor.
La frase cayó como veneno.
Lía giró lentamente hacia Kael.
Solo un segundo.
Pero bastó.
La duda reapareció.
Kael lo vio de inmediato.
Y algo se rompió en su expresión.
Dio un paso hacia ella.
—No la escuches.
Darius sonrió apenas.
—Escúchame a mí.
Entonces levantó lentamente una daga antigua.
El aire cambió.
Kael palideció al instante.
Ragnar endureció el rostro.
La hoja no era plata común.
Brillaba con luz lunar.
Símbolos antiguos recorrían el metal.
Y la energía que desprendía hacía vibrar el puerto entero.
—La hoja del primer rey —susurró Ragnar.
Darius sostuvo el arma frente a Lía.
—Solo la sangre verdadera puede tocarla sin morir.
La tensión se volvió insoportable.
Incluso la bestia lunar levantó lentamente la cabeza.
Esperando.
—Tócala —ordenó Darius.
Kael avanzó de inmediato.
—Ni se te ocurra.
Pero Lía no apartaba la mirada de la daga.
Necesitaba respuestas.
Necesitaba dejar de vivir entre mentiras.
Su padre.
La sangre real.
La marca.
El trono.
Todo había explotado demasiado rápido.
Y ya no podía seguir huyendo de la verdad.
Dio un paso adelante.
Kael sujetó su brazo.
—Lía.
Ella giró lentamente hacia él.
Y por primera vez desde que lo conoció…Vio miedo real en sus ojos.
No miedo por él.
Por ella.
La voz de Lía salió baja.
Dolida.
—Necesito saber quién soy.
Kael no respondió.
Porque sabía que no podía detenerla.
Lentamente, Lía extendió la mano hacia la daga.
Todo el puerto quedó inmóvil.
La lluvia.
El mar.
La batalla.
Incluso el viento.
Todo pareció detenerse.
Sus dedos tocaron la empuñadura.
Y la luz explotó.
Una onda plateada recorrió el puerto entero.
La daga comenzó a brillar con intensidad cegadora.
No la rechazó.
La reconoció.
Darius sonrió lentamente.
Kael cerró los ojos apenas un segundo.
Ragnar dejó escapar el aire. Y entonces la voz de la bestia lunar rugió sobre el océano.
—La heredera legítima ha sido confirmada.
El cielo estalló con un trueno gigantesco.
La lluvia comenzó a caer todavía más fuerte.
Y a lo lejos…
En lo alto de las montañas que rodeaban la ciudad…Una torre comenzó a iluminarse.
Plateada.
Antigua.
Como un faro despertando después de siglos dormido.
Todos la miraron.
Incluso los ejecutores.
Darius levantó lentamente la vista hacia la montaña.Y cuando volvió a hablar, su voz ya no sonó fría.
Sonó preocupada.
—El Trono Lunar te está llamando.
Lía sintió que la marca ardía con más fuerza.
La torre parecía responderle.
La conexión era inmediata.
Profunda.
Como si algo dentro de ella quisiera ir hacia ese lugar.
Ahora.
La bestia lunar dio un paso hacia el mar.
—La coronación debe completarse.
Kael giró rápidamente hacia Lía.
—No puedes ir sola.
Darius soltó una risa oscura.
—No importa si va sola o acompañada.
Miró directamente a la torre.
—Porque ahora todas las manadas sabrán dónde encontrarla.
El rugido de múltiples aullidos respondió a la distancia.
Uno.
Luego otro.
Después decenas.
Las montañas comenzaron a llenarse de ecos salvajes.
Lía sintió el escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
Ragnar miró hacia la oscuridad.
—Ya vienen.
Kael tomó la mano de Lía.
Firme.
Protectora.
—Entonces nos adelantaremos.
Darius golpeó el suelo con el bastón.
Los ejecutores levantaron nuevamente las armas.
—Nadie abandona este puerto.
La energía lunar volvió a explotar alrededor de Lía.
El viento giró violentamente.
Kael mostró los dientes.
Ragnar se colocó al otro lado.
Y la bestia lunar rugió detrás de ellos como una tormenta viva.
La guerra apenas acababa de empezar.