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Las Crónicas De Kathall Y El Hijo Del Re'Xhuz

Las Crónicas De Kathall Y El Hijo Del Re'Xhuz

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Mundo mágico / Batalla por el trono
Popularitas:720
Nilai: 5
nombre de autor: Deivis Blanco

hace 500 años "Kathall" sufrió tras la última guerra santa donde muchos murieron. En especial, Re'Xhuz el titan de la muerte quien fue derrotado por la primobestia "Fenixsera" pero algo de su esencia quedo vagando en el mundo. Esencia que se introduce en el cuerpo de una humana, siendo esta su cuna mientras se prepara para volver y así iniciar otra guerra santa.

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Capítulo 6: La Nieve en el Cabello y el Guardián de Hierro

​El ascenso hacia las Cumbres de Arkon era una agonía de piedra y viento. El sendero oculto por el que el Zorro de siete colas los guiaba era estrecho, bordeando precipicios donde la niebla se arremolinaba como un mar de fantasmas. Sobre ellos, el Cuervo trazaba círculos constantes, una mancha de tinta negra contra el cielo purpúreo; de vez en cuando, el ave se elevaba hasta perderse en las nubes eléctricas, escudriñando el horizonte en busca de los brillos metálicos de las armaduras de Belandria o la luz esmeralda de los rastreadores de Neressis.

​El Invierno Interno

​Liria tropezó, apoyando una mano temblorosa en una pared de roca húmeda. Clio la sostuvo de inmediato, y al tocar su piel, soltó un jadeo ahogado. La piel de Liria no estaba fría por el clima; estaba gélida, como si su sangre se hubiera transformado en agua de glaciar.

​—Liria, tus manos... —murmuró Clio, aterrado.

​Al mirarla bajo la luz de un relámpago, Clio vio el primer signo del precio que el Hijo del Re'Xhuz estaba cobrando. Entre los rizos castaños de Liria, justo en las sienes, habían brotado mechones de un blanco absoluto, el color de los huesos viejos. No era el blanco de la vejez, sino el de la vitalidad succionada.

​—Siento... como si hubiera un invierno eterno creciendo en mi pecho, Clio —dijo ella con la voz quebrada. Sus labios tenían un tinte azulado—. No es el frío de la montaña. Es él. Tiene hambre.

​Clio intentó canalizar un poco de su energía vital élfica para calentarla, pero al cerrar los ojos y buscar la conexión con la tierra, solo encontró el vacío que Sanir había dejado. Estaban solos, con una criatura que devoraba a su madre desde adentro para forjar su propia existencia.

​El Heredero de la Crueldad

​A kilómetros de allí, en las llanuras que precedían a las montañas, la vanguardia del Imperio Negro avanzaba con una disciplina aterradora. En el centro de la formación, Calanthe caminaba con las manos encadenadas a la montura de un oficial. A pesar de su liberación de las mazmorras, su custodia era ahora más severa que nunca.

​La profetisa alzó la vista y sus ojos de plata se fijaron en la figura que cabalgaba al frente. No era un capitán común. Era Kain, el primogénito de Thaneus.

​Kain era la imagen misma de la guerra fría. Vestía una armadura de placas negras mate que no reflejaba la luz, y sobre su espalda portaba un espadón cuyo pomo tenía la forma de un cráneo de dragón. A diferencia de su padre, que se movía por ambición, Kain era un fanático del orden y la fuerza; sus ojos eran pozos oscuros donde la piedad había muerto hacía mucho tiempo.

​Calanthe apretó los dientes, sintiendo cómo sus planes de escape se desvanecían. Ella había pretendido manipular a los cazadores comunes, usar sus visiones para desviarlos y huir hacia sus hermanas, pero Kain era diferente. El príncipe poseía una voluntad de hierro y una desconfianza natural hacia la magia que no pudiera controlar.

​—No intentes tus juegos conmigo, Zalem —dijo Kain, sin siquiera volverse a mirarla, su voz era un murmullo bajo y peligroso—. Mi padre te dio libertad para guiarnos, pero yo tengo permiso para cortarte la lengua si tus visiones nos llevan a un callejón sin salida.

​Calanthe sintió un escalofrío. La presencia de Kain era un muro infranqueable. Sabía que el príncipe no solo quería capturar a Liria; quería el poder que ella llevaba dentro para asegurar que el Imperio Negro nunca cayera.

​La Sombra que se Acerca

​Mientras el grupo de Kain aceleraba el paso, el cuervo regresó del cielo con un graznido estridente, aterrizando sobre el hombro de Clio. El ave agitó las alas con nerviosismo, picoteando el aire hacia el sur.

​—Ya vienen —tradujo Clio, mirando hacia la llanura oscura debajo de ellos—. Y no son solo los elfos o los humanos de tu tío. Hay algo más... algo que huele a hierro y muerte.

​Liria se enderezó, haciendo un esfuerzo sobrehumano para seguir caminando. El mechón blanco en su cabello brilló bajo un rayo, una corona de sacrificio.

​—Entonces debemos llegar a las cuevas de Arkon antes de que el sol intente salir —sentenció ella—. Si hemos de morir, que sea en la piedra, y no bajo sus cadenas.

​El Zorro de siete colas soltó un gruñido bajo y comenzó a correr hacia una grieta profunda en la montaña. El ascenso final había comenzado.

CONTINUARÁ...

1
Nancy
va a seguir actualizando está muy buena la historia te felicito
Nancy
Se ve muy prometedora la historia
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