La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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Trataría de ganarse a sus hijos
Dos días después, la abuela falleció, Alex llamó a Édgar para avisar.
No se preocupen, tómense dos días, contestó Édgar.
Marco se presentó a darles el pésame, lo siento mucho, mi más sentido pésame. Fortaleza y resignación.
Gracias, patrón, dijo Alex sin emoción alguna.
El abuelo estaba inconsolable, amaba tanto a su esposa que no aceptaba que se hubiera muerto.
Tranquilo, abuelo, fue lo mejor para ella, ya estaba mal, ahora ya descansa, dijo Alex dándole apoyo.
Los compañeros del restaurante los acompañaron un rato, Santos agradeció a cada uno por su presencia.
Al día siguiente, partió el cortejo fúnebre hacia el panteón los Ángeles.
Cuando todo pasó, Marco se acercó a los gemelos. Quiero que sepan que cuentan con todo mi apoyo para lo que necesiten.
Gracias, pero nosotros nos podemos valer sin su ayuda, dijo Alex un poco molesto.
De acuerdo, de todos modos, no duden en buscarme si me necesitan.
Nos vemos todos los días, así que no tendremos que buscarlo, don Marco. Ahora, si nos permite iremos a casa, Alex parecía impaciente por dejar a Marco, no soportaba su presencia después de saber que es su padre.
Yo los llevo, suban al auto, por favor.
No es necesario, ahí viene un taxi, Santos le hizo la parada y los tres subieron, dejando a Marco parado.
¿Qué fue eso, Santos?, ¿por qué trataste así a Marco?, él solo quiso ser amable con nosotros, dijo el abuelo sin comprender la actitud de sus nietos.
Ya en casa...
Abuelo, ¿tú sabías que Marco es nuestro padre?
Lo supe hace poco, él vino aquí y nos dijo.
¿Y por qué no nos lo dijiste?, ¿qué esperas?, ¿que le hagamos caricias cuando él nunca se ocupó de nosotros?
Mira, hijo, yo sé que se los oculté, pero te aseguro que las cosas no son como las imaginan.
No me digas, como hayan sido, el caso es que él nunca estuvo con nosotros, aquí el único padre que conocemos eres tú, aunque nunca nos hayas querido, dijo Alex, en su voz se notaba una velada reclamación.
¿Por qué dices eso?, si ustedes dos son lo que más quiero en la vida, al abuelo le temblaba la mandíbula al hablar.
¿Por eso siempre nos trataste mal?, Santos entró a la plática.
Yo simplemente traté de que nada malo les ocurriera. No pueden culparme por eso.
Bueno, lo hecho, hecho está. Ahora, vamos a hablar claro, no quiero a ese señor husmeando por aquí, nosotros no lo consideramos nuestro padre.
Está bien, no necesitas repetirlo, el abuelo optó por irse a su cuarto. Al ver las cosas de la abuela se sintió triste, pero trató de ocuparse en algo para no decaer.
El cuarto se sentía terriblemente vacío.
En la habitación de los muchachos; ¿no crees que fuimos muy duros con el abuelo?, tal vez nunca nos quiso, pero no nos ha faltado nada, hasta nos ayudó a terminar nuestros estudios de chef, dijo Santos, tratando no parecer un desagradecido ni mal hermano.
Creo que tienes razón, Santos, pero una cosa si es verdad, no quiero ver a don Marco por aquí.
Confirmo.
Mientras, en el restaurante D'Marco (Marco había optado por cambiarle el nombre).
Amor, te ves extraño, ¿qué te pasa?, preguntó Gisela abrazando a su esposo.
Mis hijos no me soportan, les ofrecí apoyo, pero ellos me rechazaron.
Dales tiempo, no es fácil perder a su abuela y actuar como si no pasara nada, dijo Gisela de una manera muy reconfortante. Ellos no te conocen, y no saben que eres su padre.
A veces pienso que ellos ya lo saben, y no me aceptan.
Como te dije, dales tiempo. Gisela abrazó a su esposo.
Bueno, basta, el trabajo nos espera, dijo Marco saliendo hacia su despacho.
Gisela se fue a la cocina, todos los demás ya estaban ahí.
Buen día, dijo saludando a todos.
Santos y Alex, como era obvio, no se presentaron a trabajar, pero entre Gisela y Cristina sacaron el trabajo.
Ese día hubo pocos comensales, tal vez porque estaban de vacaciones escolares, y muchos se iban de viaje.
Al terminar el día, Gisela fue a ver a su esposo al despacho.
Amor, ¿por qué no les llevas algo de comer a tus hijos y a su abuelo? Hay suficiente comida para todos.
Me parece bien, dijo Marco, ilusionado.
Sin pensarlo dos veces, Marco preparó uma vianda con comida suficiente para cuatro (él se estaba incluyendo), y fue a la casa de sus hijos.
Al abrir... patrón, ¿qué hace aquí?, dijo Alex sin poder ocultar su disgusto.
Les traje comida, la suficiente para los cuatro, ¿me permites?, dijo señalando la puerta.
Lo siento, pero ya comimos, no es necesario que nos deje la comida, dijo Alex impidiéndole el paso.
¿Qué te pasa?, yo solo quiero apoyarlos.
No necesitamos nada, por el momento, Alex fue contundente.
Está bien, pero cuando gusten pueden regresar a trabajar.
Mañana mismo nos presentamos. Alex casi le cierra la puerta en las narices. Marco se dio la vuelta y se fue con cajas destempladas.
Se fue a sentar a la banca de algún parque.
Vio a la gente disfrutar con sus hijos a esa hora de la tarde, se sintió mal por no haberles dedicado tiempo a sus hijos, unos hijos que no conocía, pero que el destino había querido que se conocieran.
Un vagabundo se acercó a él, ¿me puede dar una moneda para comprar una "coca?", le dijo.
Marco le dio $100 pesos; cómprate una coca y ten, aún está caliente, dijo y le dio la vianda.
Gracias, con esto me quedará para mañana, que Dios lo bendiga.
Marco se sintió reconfortado con las palabras del vagabundo.
Sin embargo, se quedó sentado más tiempo. Deseaba entender a sus hijos gemelos. ¿Por qué no lo querían cerca?, ¿por qué habían cambiado tanto en tan solo unos meses?
Era un gran misterio, pero Marco no pensaba quedarse de brazos cruzados. Trataría de ganarse a sus hijos.